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La Doctrina de la Preservación Providencial de la Escritura y la Confesión de 1689

junio 12, 2017

Han pasado algunos años desde que conocí por primera vez al Dr. James Renihan. No sólo es pastor de una iglesia Bautista Reformada en San Diego, Estados Unidos, miembro de ARBCA, sino que es también es el presidente del Instituto de Estudios Bautistas Reformados.

El Dr. Renihan no es tan sólo un académico. Él es quizás el académico que mejor conoce los orígenes y el espíritu de nuestra confesión de fe. Algunos de sus colegas piensan que él ha leído todos los escritos de los puritanos. Pero esos mismos colegas afirman estar seguros que él ha leído todo lo que los Bautistas Particulares del siglo XVII escribieron. Es decir, en nuestros tiempos no hay un académico Bautista Reformado que conozca más nuestra confesión de fe que el Dr. Renihan.

Sus aportes para los estudios Bautistas Reformados han sido innumerables. Y el día de hoy deseo compartirles lo que escribió en su blog con respecto a una doctrina que está siendo muy promovida por algunos hermanos en Latinoamérica y por instituciones como la Sociedad Bíblica Trinitaria: la doctrina de la preservación providencial de las Escrituras.

Yo he escrito hace algunos años al respecto (pueden leer aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí), pero deseo compartir la opinión de un experto en nuestra confesión. Esto es lo que escribió Renihan,

Aquí hay algo que escribí hace muchos años buscando tratar la pregunta de la preservación providencial del texto de la Escritura y la doctrina de nuestra Confesión de Fe. Espero que sea para edificación. La afirmación en cuestión es del Capítulo 1, Párrafo 8, que dice,

  1. El Antiguo Testamento en hebreo (que era el idioma del pueblo de Dios en la antigüedad), y el Nuevo Testamento en griego (que en el tiempo en que fue escrito era el idioma más generalmente conocido entre las naciones), siendo inspirados inmediatamente por Dios y mantenidos puros a lo largo de todos los tiempos por su especial cuidado y providencia, son, por lo tanto, auténticos; de tal forma que, en toda controversia religiosa, la iglesia debe recurrir a ellos como autoridad determinante. Pero debido a que estos idiomas originales no son conocidos por todo el pueblo de Dios, que tiene derecho a las Escrituras e interés en las mismas, y se le manda leerlas y escudriñarlas en el temor de Dios, han de traducirse a la lengua común de toda nación a la que sean llevadas, para que morando abundantemente la Palabra de Dios en todos, puedan adorarle de manera aceptable y para que, por la paciencia y consolación de las Escrituras, tengan esperanza.

Aquí están mis comentarios:

Sobre el tema Confesional, yo creo que el tema se debe tratar con mucho cuidado. Por un lado, es fácil pensar que el lenguaje de la Confesión apoya el tipo de doctrina de la preservación providencial promovida por defensores modernos del Texto Recibido [Textus Receptus]. Pero, en el estudio que yo he hecho sobre el tema, pienso que esto es probablemente anacronístico. Mucho más trabajo debe realizarse, pero creo que la posición Confesional es matizada mucho más cuidadosamente de lo que en algunas ocasiones es representada para nosotros el día de hoy.

Consideren por ejemplo las palabras de William Bridge, un miembro de la Asamblea de Westminster, y por lo tanto alguien cuyos comentarios llevan algún peso en términos de las opiniones de (quizás) algunos de las Divinidades de Westminster. Acepto que él era un Independiente, y por ende sostener algunas de las ideas arriba anotadas pueden descartarlo, pero nosotros no podemos. De hecho su ministerio dio un gran impulso a los Bautistas Particulares en Norfolk. Daniel Bradford, un co-pastor original de la iglesia Bautista Particular de Norwich fue miembro de la iglesia de Bridge. Aquí está el comentario de Bridge (de sus Obras, 1:450):

“¿Cómo podemos sostener y abrazar la letra de la Escritura cuando hay tantas copias en Griego del Nuevo Testamento, y ellas diferentes unas de otras?

“Sí, bueno; a pesar de que hay muchas copias recibidas del Nuevo Testamento, sin embargo no hay diferencia material entre ellas. Los cuatro evangelistas de hecho varían en relación con la misma cosa; sin embargo debido  a que no hay contradicción, o variación material, nosotros nos adherimos a todos ellos, y no negamos ninguno. En los tiempos de los Judíos, antes de Cristo, ellos tuvieron solamente una copia del Antiguo Testamento, sin embargo esa tenía varias lecturas: hay lecturas marginales, y una línea de lectura, y ellas difieren no menos que ochocientas veces una de la otra, sin embargo los Judíos se adherían a ambas, y no negaban ninguna. ¿Por qué? Porque no había diferencia material. Y por lo tanto ahora, pueden haber muchas copias del Nuevo Testamento, sin embargo, viendo que no hay diferencias materiales entre ellas, nos podemos adherir a todas: pues quienquiera vaya a entender la Escritura, debe estar seguro de mantener y aferrarse a esto último, no negarlo.”

Estos hombres eran ellos mismos académicos. Ellos sabían que afirmar la doctrina de la preservación providencial como es promovida frecuentemente hoy en día, uno tendría que afirmar que hay por lo menos un manuscrito que ha sido preservado siempre de cualquier clase de error. Pero es imposible saber cual de ellos es. Ellos no veían un manuscrito específico como el estándar para las Iglesias (¡plural a propósito!) sino que la Palabra de Dios estaba en los textos que ellos tenían. Richard Müller hace este comentario (Diccionario de Términos Teológicos de Latín y Griego, página 323 s.v. Variae lectiones): “específicamente, las variantes textuales en los diversos códices antiguos de la Escritura que lleven a debatir concerniendo a la infalibilidad de la Palabra escrita. Los ortodoxos, Luteranos y Reformados, generalmente argumentaban que el sentido del original podía ser recuperado por la colación cuidadosa de los textos. En la segunda mitad del siglo diecisiete, el argumento fue desarrollado que las inconsistencias ocurrían solo en las copias, o apographa, y no en los que ahora eran los originales perdidos, o autographa de la Escritura.”

Por ende, yo no creo que nuestra Confesión requiera de nosotros una doctrina de la preservación providencial como es afirmada hoy en día. Este es un tipo de sucesionismo, no diferente a la noción falsa promovida por los Bautistas sucesionistas. Es, en mi opinión, un intento de depender en algo terrenal: si no podemos probar antigüedad, no tenemos una base firme para nuestra fe (o práctica). Fue rechazada, y muy correctamente, por la primera generación de Bautistas particulares (cuando fueron retados que su bautismo era inválido porque no tenía un linaje sucesivo), y yo creo que debe ser rechazado por nosotros. La Palabra de Dios tiene una naturaleza auto-autenticable. Nosotros no necesitamos que los concilios eclesiásticos aprueben la Biblia. La Escritura está contenida en el texto, y en las traducciones fieles.

En mi entendimiento, la doctrina Confesional simplemente afirma lo que Bridge dijo arriba: nosotros tenemos la Palabra de Dios en nuestros textos. Dios siempre la ha preservado. Nosotros no tenemos que trazar una línea hasta Pablo o Juan o Isaías o Moisés (y el tema se convierte en algo más complicado cuando la doctrina de la Preservación Providencial se aplica al Antiguo Testamento). Nosotros simplemente confesamos que Dios ha mantenido Su palabra pura a lo largo de los siglos en los manuscritos que tenemos.

Yo espero en este año hablar más respecto a este tema, pero mientras tanto, espero que esto sirva para que muchos piensen en este tema y en las implicaciones de mantener una doctrina que fue formulada en el siglo XX y que nunca ha sido afirmada por la Iglesia: la doctrina de la Preservación Providencial de la Escritura.

Si desean leer el escrito original, pueden hacerlo aquí.

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2 comentarios leave one →
  1. junio 12, 2017 11:52 am

    Podría ampliarme que cree que significa lo dicho por Bridge: “por lo tanto ahora, pueden haber muchas copias del Nuevo Testamento, sin embargo, viendo que no hay diferencias materiales entre ellas, nos podemos adherir a todas”, ya que me da la impresión de que podemos adherirnos a todas las variantes que hay en las copias

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