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¿Celebrar la Cena del Señor por Internet?

April 3, 2020

Hace unos días leía un artículo titulado: “¡Coronavirus! ¿Ofrecemos la Cena del Señor, incluso cuando dos o tres NO estén reunidos?” El artículo fue publicado por Gary Shogren, PhD en Exégesis del Nuevo Testamento y profesor de un seminario en mi país, en el cual Shogren responde la pregunta afirmativamente. De hecho, el autor inicia su artículo con las siguientes palabras: “Compartiré mi conclusión por adelantado: ¡por supuesto que sí!

En su artículo Shogren desea responder una de las preguntas importantes en estos días: ¿Qué pasa con la Cena del Señor? Por causa de la pandemia las iglesias no se han estado congregando -por lo menos la mayoría de ellas- y responder esa pregunta es muy importante. Él escribe,

Las iglesias ofrecen servicios de adoración en línea: cultos o estudios bíblicos, por ejemplo, o grupos pequeños. Una iglesia menonita de que he escuchado está ofreciendo “auto-oración”: el pastor dijo que esperaba que las personas no de la iglesia les hicieran su primera visita en su propio carro, ya que no se sentirían “encajonadas” por el edificio físico.

Así que, vemos los muchos dones de Dios a través de su iglesia siendo entregados a distancia: la enseñanza de la Palabra; adoración; oración.

Estoy de acuerdo con el autor “que muy pocos evangélicos le dan el peso adecuado a la Cena del Señor.” Es claro que, en mi país, así como en muchos otros de nuestros países en Latinoamérica, la Cena es despreciada, no porque no se practique, sino porque se ignora su doctrina. Cientos de iglesias la administran como si fuera “otra cosa más” en la adoración a Dios, sin enseñarle a los participantes el significado y las implicaciones de la misma.

Y es por eso por lo que el día de hoy deseo responder a Shogren. No sólo porque su respuesta a la pregunta demuestra, en mi opinión, la necesidad que existe de entender correctamente la doctrina de la Santa Cena, sino también porque el artículo carece de un fundamento bíblico para favorecer la celebración “en línea” de la ordenanza. Cierto, el autor fundamenta su respuesta en un pasaje bíblico, pero, como veremos, lo hace con un pasaje que no tiene nada que ver con la Cena del Señor.

Y si vamos a declarar como es que una ordenanza de Cristo debe celebrarse, pues lo correcto es hacerlo conforme a la institución que el Señor nos dejó registrada en Su palabra. La ortodoxia debe preceder siempre a la ortopraxia. O como lo dice Shogren: “Como cristianos, debemos dejar que nuestra teología (¿qué debemos hacer?) venga primero y conduzca nuestro ministerio; y solo entonces, lo práctico (¿cómo hacemos lo que debemos hacer?) venga en segundo lugar, una vez que se decide lo primero.”

Mi respuesta, entonces, tratará de expresar la interpretación Reformada de la doctrina de la Santa Cena como la tenemos en las Escrituras, con la intención de demostrar que bíblicamente no hay el permiso divino para la práctica “virtual” de la ordenanza.

Sacramento

Desde el punto de vista reformado, tanto el Bautismo como la Santa Cena, no sólo son ordenanzas de Cristo. Es decir, no sólo son instituciones que Cristo le ordenó y le entregó a Su iglesia para que fueran realizadas perpetuamente por ella hasta Su regreso. Sino que también son sacramentos del Señor para Su pueblo.

Ahora, no quiero perder a nadie con el uso de ese término sólo porque es un término que los evangélicos asocian con el Catolicismo Romano. Pero históricamente los Protestantes han usado ese término para hablar de las ordenanzas Cristianas. Richard Müller define muy bien el entendimiento de nuestros antepasados al hablar de un “sacramento,”

Los sacramentos también son definidos por los escolásticos como la Palabra visible de Dios, distinta pero no separada de la Palabra audible o de la Sagrada Escritura. [1]

Para los Reformadores, tanto el Bautismo como la Santa Cena, era señales visibles precisamente porque hacían visible el Evangelio. Por medio del Bautismo Dios hacía visible la obra regeneradora en el pecador, y en la Santa Cena, Dios hacía visible la muerte de Cristo en nuestro lugar con todos Sus beneficios espirituales para los que participan de ella.

Por ejemplo, el apóstol Pablo habla del Bautismo en estos términos,

¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?  ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. [2]

Pablo afirma que el Bautismo hace visible la regeneración de un pecador. El nuevo nacimiento que es invisible a nuestros ojos nos es representado por medio de la inmersión del creyente bajo el agua. Dios, entonces, nos da a entender que la regeneración no es otra cosa más que la unión de un pecador por la fe a Cristo, trayendo su muerte al pecado, y su resurrección a una nueva vida.

Cuando habla de la Santa Cena el mismo Pablo lo expresa así,

que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí.  De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí.  Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga. [3]

El apóstol tenía claro la “visibilidad,” si puedo decirlo así, que la Cena del Señor le daba a la muerte de Cristo para los creyentes. Al ver el pan siendo partido y al tomar de la copa ellos podían ver los beneficios de participar de la muerte de Cristo por la fe.

Bueno, los Puritanos de Inglaterra lo entendieron así también. En el Catecismo menor de Westminster, por ejemplo, se hacen esta pregunta: “¿Qué es un sacramento?” A la que responden de la siguiente manera,

Un sacramento es una práctica sagrada instituida por Cristo; la cual, por medio de signos sensibles, representa a Cristo y a los beneficios de la nueva alianza, y los confirma y aplica a los creyentes.[4]

Y cuando responden la pregunta 96, “¿Qué es la Cena del Señor?” dicen,

La Cena del Señor es un Sacramento por el cual, dando y recibiendo pan y vino según la ordenanza de Cristo, se simboliza su muerte; y aquellos que dignamente lo reciben, son hechos, no de una manera corporal y carnal, sino por la fe, partícipes de su cuerpo y sangre, como también de todos los beneficios consiguientes, lo cuál conduce a su nutrimiento espiritual y a su crecimiento en la gracia.

La Cena del Señor, entonces, no es “cualquier otra cosa” de todas las demás que hace la Iglesia. La Cena es un sacramento del Señor.

Medio de gracia

Pero, además, para los Reformadores y sus herederos, la Santa Cena es un medio de gracia. Es decir, “es un instrumento o canal para la obra de gracia divina en la vida Cristiana.” [5] Por medio del Bautismo y la Cena el Señor nutre espiritualmente a Su pueblo. El Espíritu Santo trabaja en el participante en esos sacramentos para fortalecer, animar, y ayudarle en su fe.

La Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689 lo afirma así,

La Cena del Señor Jesús fue instituida por Él la misma noche en que fue entregado, para que se observara en sus iglesias hasta el fin del mundo, para el recuerdo perpetuo y para la manifestación del sacrificio de si mismo en su muerte, para confirmación de la fe de los creyentes en todos los beneficios de la misma, para su alimentación espiritual y crecimiento en Él, para un mayor compromiso en todas las obligaciones que le deben a Él, y para ser un vínculo y una prenda de su comunión con Él y entre ellos mutuamente. [6]

Así como el pan y el vino son usados para alimentar al cuerpo, esos elementos que son apartados para la Cena, son usados por el Espíritu Santo para que el creyente sea nutrido espiritualmente de Cristo por la fe.

Ordenanza

Los Bautistas Particulares del siglo XVII, por ejemplo, prefirieron usar el lenguaje de “ordenanza” para referirse al Bautismo y la Cena. ¿Por qué así? Bueno, porque ellos entendían claramente que ambas era instituciones de Cristo. Es decir, que tanto el Bautismo como la Cena habían sido ordenadas por el Señor. Fue así como, hablando del Bautismo, dijeron: “El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento, instituida por Jesucristo.” ¿Por qué? Bueno, porque el Señor les dio una orden a Sus discípulos,

 Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. [7]

Lo mismo dijeron de la Santa Cena: “La Cena del Señor Jesús fue instituida por Él la misma noche que fue entregado para que se observara en sus iglesias hasta el fin del mundo.” ¿Por qué? Bueno, porque según el apóstol Pablo esto fue lo que hizo el Señor. Esto había sido lo que él recibió del Señor y lo que enseñó a las iglesias; [8] porque esto fue lo que el Señor ordenó. “Haced esto en memoria de Mí,” fueron Sus palabras. [9]

La Teología detrás de la Santa Cena

La interpretación reformada de las Escrituras, entonces, es que la Cena del Señor es una “palabra visible” del Evangelio; un medio de gracia del Señor para el fortalecimiento de la fe de Su pueblo, y una ordenanza que el Señor instituyó para que fuera celebrada por los Suyos hasta Su segunda venida.

Por lo tanto, ver la Cena del Señor como “otra cosa más” en el culto público de la Iglesia a Dios, no sólo es un error, sino que es una irreverencia y un irrespeto a Aquel que la ordenó. La doctrina bíblica de la Cena, entonces, nos debe llevar a un entendimiento y a una práctica reverente de la ordenanza. La ortodoxia nos debe llevar a la ortopraxia.

Y este es el error en el artículo de Shogren. Para él la práctica de la Cena del Señor es similar, si no idéntico, a la unión espiritual que existe entre los creyentes. Así como los creyentes están unidos espiritualmente por su unión mística con Jesucristo, así mismo pueden estarlo al celebrar la Cena cada uno en sus hogares. Y es un error porque ignora la teología bíblica de la Santa Cena. Es decir, ignora la ortodoxia, lo que la Biblia afirma como una doctrina, y se desvía así hacia la heteropraxia.

La otra pregunta que debemos contestar, entonces, además de lo que ya hemos visto acerca de la Cena es: ¿A quién le fue dada la Cena? ¿Quién es el que debe administrar estos sacramentos o medios de gracia del Señor? ¿Cómo es que debe celebrarse? Y, como lo hicimos antes, si queremos responder estas preguntas debemos ir a los pasajes que tienen que ver con la Cena del Señor para contestarlas. No se trata de ir a un pasaje que diga lo que yo estoy pensando, sino de ir a un pasaje que tenga que ver específicamente con el asunto.

Porque Shogren, por ejemplo, comete dos errores. El primero es ir a pasajes como Colosenses 2:5 y 1 Corintios 5:3, en los cuales el apóstol Pablo les afirma a las respectivas iglesias neoestamentarias que él está presente con ellos “en espíritu,” para argumentar que, entonces, cuando celebramos la Cena del Señor, el mismo sentimiento de Pablo es el mismo que podríamos tener para celebrar la Santa Cena cada creyente en sus hogares. “No estamos juntos físicamente,” es el argumento, “pero en espíritu sí. Celebremos la Cena cada uno en donde está.” El error está en que ninguno de esos pasajes tiene que ver con la celebración de la Cena del Señor; ni con su doctrina, ni con su práctica.

El otro error es el de apelar a la práctica de los cristianos de la antigüedad. Shogren, por ejemplo, cita la 1 Apología de Justino Mártir en donde él afirma que en ocasiones los elementos de la Cena, el pan y el vino, le eran llevados a los miembros de la iglesia que estuvieron ausentes de la reunión pública de la iglesia. [10]

También cita el ejemplo de Martín Lutero quien, durante una de las plagas que azotaron a Europa, escribió en favor de hacer partícipes de los sacramentos a aquellos que estaban en sus casas muriendo de la peste bubónica. El error está en hacer de la práctica de otros en el pasado una práctica de la iglesia hoy sin un fundamento bíblico. La iglesia de hoy debe comparar la práctica de Justino y de Lutero con las Escrituras primero, antes de adoptarlas como prácticas para nuestras iglesias.

Lo que las Escrituras afirman, en aquellos lugares en donde se trata el tema de la Santa Cena, es que fue una ordenanza instituida por el Señor y que le fue dada a Su iglesia. El Señor la instituyó y se la enseñó a Sus discípulos, como aquel primordio de la Iglesia. Es la Iglesia, entonces, la que debe administrar correctamente esta ordenanza. Es decir, es ella la que debe vigilar que sea celebrada bíblicamente, según la institución del Señor Jesucristo.

Fue por eso que Pablo pudo reprender a la Iglesia en Corinto porque no estaban cuidando de celebrar la Cena de la manera en la que Cristo la había ordenado en Su Palabra. “Cuando, pues, os reunís,” les dijo, “esto no es comer la cena del Señor.” [11] Su praxis no estaba basada en la ortodoxia.

Además, Shogren erra al pensar que la Cena del Señor se puede realizar bíblicamente cuando los creyentes están “esparcidos por el mundo.” “Parece un salto lógico agregar,” escribe Shogren, “que el pueblo disperso de Cristo puede comunicarse con el Señor como cuerpo.”

La Cena del Señor no es tanto una comunicación con el Señor, como sí una participación. Shogren quiere asumir que la Cena es una mera comunicación con el Señor. Pero, de acuerdo con la teología bíblica de la Cena, esta ordenanza es, primero, una participación. Cuando el apóstol Pablo le está recordando a la Iglesia en Corinto el significado de la Cena, les dijo,

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo? [12]

Cuando el creyente participa de la Cena del Señor lo que está haciendo es participando de Cristo por medio de la fe. Por eso fue que cuando el Señor la instituyó le dijo a Sus discípulos: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.” [13]

No era que Pedro y los otros discípulos del Señor iban a comer literalmente de Cristo. No era eso lo que el Señor les quiso dar a entender. Sino que comiendo ese pan y tomando de ese vino ellos estarían participando deCristo por medio de la fe, apropiándose de los beneficios de la muerte de Cristo en su lugar.

Es por esta razón que la Iglesia aparta los elementos -el pan y el vino- de una manera especial. No los trata como si fueran algo común, sino que al apartarlos para la Cena, los consagra para que la Iglesia participe de Cristo por medio de la fe.

Pero, también la Cena del Señor es una participación los unos con los otros. En 1 Corintios 10:17 Pablo continúa diciendo,

Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

Para el apóstol Pablo, quien había aprendido su doctrina de la Cena directamente del Señor Jesucristo, [14] la Cena no era algo de lo que un cristiano podía participar en aislamiento del cuerpo. De hecho, para el apóstol la Cena era una palabra visible de la realidad del cuerpo de Cristo. Cuando la Iglesia se reúne y celebra la Cena del Señor, cuando cada miembro de la iglesia participa de los elementos, está evidenciando ser un solo cuerpo. Es por eso por lo que a todo lo largo de las Escrituras vemos que la celebración de esta ordenanza se daba únicamente cuando toda la iglesia estaba reunida. Esto fue lo que ocurrió después de aquel día en Pentecostés,

Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas. Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. [15]

Y fue lo que le enseñó el apóstol Pablo a los Corintios: “Por tanto, cuando os reunís;” [16] “Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros.” [17] Pablo no podría haber concebido participar de Cristo fuera del contexto de toda la iglesia reunida. Cuando leemos en las Escrituras de una iglesia celebrando la Santa Cena siempre lo leemos en el contexto de la reunión pública de la Iglesia.

La celebración “virtual” de la Cena del Señor, entonces, no sólo va en contra de las Enseñanzas de las Escrituras, no sólo atentan contra el Principio Regulador de la Adoración, sino que también promueven el individualismo que ha plagado a la iglesia de nuestros días. La Cena del Señor es una institución que promueve y fortalece el sentido de comunión de la iglesia, no místicamente, sino físicamente, estando todos los miembros de la iglesia reunidos presencialmente participando juntos de los elementos que fueron apartados para la ordenanza.

Como escribió Alikin, hablando sobre lo que significaba la Cena del Señor para la Iglesia primitiva,

El propósito de la cena comunal, entre otros propósitos, era hacer realidad la comunión (compañerismo, solidaridad y hermandad) entre los miembros de la congregación; una comunión que ellos dolorosamente perdían en la dura y jerárquica sociedad del mundo de afuera. La Cena del Señor tenía la intención de unir a los participantes, ya fuera que ellos fueran “Judíos o Griegos, esclavos o libres.” Esta unidad se daba por medio del comer del pan y el tomar de la copa por parte del participante, en otras palabras, por medio de convertirse en el cuerpo de Cristo. [18]

Fue por eso por lo que grandes hombres del pasado como William Ames escribieron lo siguiente,

Con respecto a la Institución de Dios, allí yace la más grande oportunidad sobre el uso fiel de estos Sacramentos, diligente, y religiosamente […] pero ni deben ellos en ese respecto, ser celebrados ya sea por aquellos que no son Ministros legítimos, ni fuera de la asamblea de la Iglesia. [19]

El que la Iglesia no puede celebrar la Cena del Señor en estos tiempos no debe llevarla a celebrar la ordenanza de una manera diferente y en contra de la teología con la que fue instituida por el Señor. Por el contrario, el hecho de que la Iglesia no puede celebrarla bíblicamente, todos juntos en comunidad, debe ser un motivo más para que la Iglesia caiga de rodillas delante del Señor suplicando Su misericordia para que derrame Su gracia sobre ella para que podamos volver a vivir la vida de la Iglesia como fue diseñada por Él.

Pero, de nuevo, el que la iglesia no pueda celebrar la Cena en estos momentos, y el hecho de que tengamos amplios medios tecnológicos para compartir de alguna manera con nuestros hermanos, no le da permiso a la iglesia para celebrar una ordenanza del Señor en contra de Su institución. Quiera el Señor tener misericordia de nosotros.

[1] Richard Müller. Dictionary of Latin and Greek Theological Terms Drawn Principally from Protestant Scholastic Theology. Página 267.

[2] Romanos 6:1-4 (LBLA).

[3] 1 Corintios 11:23-25 (LBLA).

[4] Catecismo Menor de Westminster. Pregunta 92.

[5] Müller. Página 187.

[6] 2CBL 1689. Capítulo 30.1.

[7] Mateo 28: 19.

[8] 1 Corintios 11:23.

[9] Lucas 22:19.

[10] Justino Mártir. I Apology. Chapter LXVII.

[11] 1 Corintios 11:20.

[12] 1 Corintios 10:16 (LBLA).

[13] Mateo 26:26-28 (LBLA).

[14] 1 Corintios 11:23 (LBLA).

[15] Hechos 2:41-42 (LBLA).

[16] 1 Corintios 11:20 (LBLA).

[17] 1 Corintios 11:33 (LBLA).

[18] Valeriy A. Alikin. The Earliest History of the Christian Gathering: Origin, Development and Content of the Christian Gathering in the First to Third Centuries. Página 105.

[19] William Ames. The Marrow of Theology. Chapter XL.4.

3 Comments leave one →
  1. April 4, 2020 4:03 pm

    Gracias por citarme, Pastor Eduardo, y por su tratamiento irénico de mis pocos pensamientos.

    Con permiso, quiero aclarar algunos puntos:

    Primero que nada, soy bautista – no Bautista Reformado como tal – sin embargo, comparto con usted una teología reformada del sacramento. Pero puedo asegurarle que, mi teología, como la suya, condena “el individualismo que ha plagado a la iglesia de nuestros días.” ¡Digo eso con frecuencia, de hecho! Y en mis enseñanza y escritos es un tema regular. Y mi agradó mucho que, todos los amigos míos reformados quienes expresaron una opinión, reaccionaron muy positivamente a mis ideas. Por supuesto, es posible que estoy equivocado y ellos también, sin embargo, empiezo de una posición reformada. No soy absolutista con respecto al Principio Regulador de Adoración, como debe ser obvio en mi artículo. Para algunos, eso me hace no auténticamente reformado, sin embargo, es el camino que sigo. Otro tema para otro día.

    Puedo sugerir que, me ha interpretado mal cuando dice, “La Cena del Señor no es tanto una comunicación con el Señor, como sí una participación. Shogren quiere asumir que la Cena es una mera comunicación con el Señor.” Nunca dije eso, nunca he creído eso, es una inferencia, pero una incorrecta en este caso. En el artículo mí base, textualmente, fue “creo en la comunión de los santos.” Y mi propuesta tuvo que ver con tomar la Cena del Señor como grupo, no como individuos.

    Usted dice que estoy equivocado porque, “La iglesia de hoy debe comparar la práctica de Justino y de Lutero con las Escrituras primero, antes de adoptarlas como prácticas para nuestras iglesias.” Pero, ¡estoy totalmente de acuerdo! Yo estudié lo que ellos dijeron, sin embargo, en un artículo brevísimo (1000 palabras, sin las notas, en comparación con una refutación de – a ver – 3300 palabras), no entré en los detalles de Justino y Lutero, con quienes a veces estoy de acuerdo, a veces no. Esta vez sí. Por supuesto, analicemos bíblicamente a Lutero y a Justino antes de seguir sus ejemplos, también analicemos las palabras de William Ames, Valeriy A. Alikin, y hasta la Confesión de Westminster. Es decir, yo, y también usted, apelamos a la práctica de los cristianos de la antigüedad. Si no cree que lo hice bíblicamente, por favor, no deduzca de eso que no creo en analizándolos bíblicamente.

    Usted dice: “La otra pregunta que debemos contestar, entonces, además de lo que ya hemos visto acerca de la Cena es: ¿A quién le fue dada la Cena? ¿Quién es el que debe administrar estos sacramentos o medios de gracia del Señor? ¿Cómo es que debe celebrarse?” Cómo expliqué claramente en mi artículo: la iglesia, por medio de sus ministros, ofrece el sacramento. Nunca sugeriría otra cosa.

    Usted dice: “Es por esta razón que la Iglesia aparta los elementos -el pan y el vino- de una manera especial. No los trata como si fueran algo común, sino que al apartarlos para la Cena, los consagra para que la Iglesia participe de Cristo por medio de la fe.” Estoy totalmente de acuerdo, y en mi artículo digo que el sacramento es para la iglesia. Espero que nadie jamás pueda interpretar mis palabras para decir que el sacramento individualista o aun “algo común.” Lo tomo en seriedad, por eso escribí estos párrafos con respecto.

    Gracias por decir, “Cientos de iglesias la administran como si fuera otra cosa más en la adoración a Dios, sin enseñarle a los participantes el significado y las implicaciones de la misma.” Totalmente de acuerdo, y he escrito sobre el sacramento en otro artículo en mi blog, y en un libro mío, diciendo lo mismo.

    Creo que no lo he conocido, entonces, en algún momento después de Coronavirus, espero que podamos conocernos. Muchas bendiciones, Gary Shogren

  2. Cristian cardenas permalink
    April 5, 2020 10:17 am

    1. Hablar de la diferencia e comunión y participación es innecesaria, no marca ninguna diferencia.
    2.hablar de que la biblia no presenta casos en que la Santa cena se dio de manera individual es completamente obvio, los apóstoles no hablaron de todos los casos posibles para tomar la Santa seña, para la muestra un botón, nos estamos reuniendo de manera online.
    3. Refutar fuentes extra bíblicas no es correcto, ya que esas mismas fuentes se usan para relacionar los eventos bíblicos. No se puede refutar una fuente si se usa para otras cosas, además de que se usan mucho las opiniones de las confesiones de fe.
    4. El autor realmente no está refutando, está dando una respuesta dogmática.
    Shogren 1
    Sujetos a la roca 0

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  1. ¿Celebrar la Cena del Señor por Internet? – sujetosalaRoca – Reformed faith salsa style

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