Saltar al contenido.

¿Dónde estuvo Jesús los días previos a Su resurrección?

abril 12, 2018

Esta es una de las preguntas a la que los Cristianos han querido darle respuesta desde los primeros siglos de nuestra era. Y para lo cual los grandes teólogos de la antigüedad fueron a las Escrituras buscando encontrar aquellos pasajes que hablaran al respecto para confesar consistentemente esa parte tan importante de la fe católica.

Y la razón por la cual deseo escribir al respecto es por una grabación que hizo Miguel Nuñez, pastor de la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, en la cual proveyó su opinión acerca de este tema tan importante.

Mi deseo es proveer una respuesta más consistente, no sólo con las Escrituras, sino con las confesiones Cristianas del pasado.

Ahora, a la pregunta: “¿Dónde estuvo Jesús los días previos a Su resurrección?” el pastor Nuñez dijo lo siguiente,

…que antes de Cristo resucitar y ascender a los cielos que Cristo estuvo en este lugar llamado “el seno de Abraham” y que el Seol tenía como dos compartimentos, por así decirlo. En un lugar reposaban los santos del Antiguo Testamento que habían creído en el Mesías que había de venir pero que no habían ascendido a la presencia de Dios, y que en el otro lugar, pues, estaban los que no habían creído, los incrédulos del Antiguo Testamento, y que ese era un lugar, sí, de tormento y entonces que cuando Jesús asciende a los cielos lo que Él hace es que lleva consigo a esa multitud de creyentes del Antiguo Testamento que había estado esperando justamente por el pago de sus pecados en la cruz por medio de la persona de Jesús…Por otro lado, aunque sea un poco especulativo, a mí me gusta la idea de pensar que aquellos demonios que estaban encarcelados, porque la Biblia habla de demonios encarcelados -y ellos no son omniscientes ni omnipresentes, por tanto ellos no supieron nada de la crucifixión de Cristo y del triunfo de Cristo por el pecado y sobre la muerte- quizás Cristo estuvo en aquel lugar, no predicando salvación, pero predicando victoria y dándole a conocer a aquellos que estaban encarcelados también la victoria que Él había alcanzado sobre el pecado y como estaba ya a punto de alcanzar la victoria sobre la muerte el día de Su resurrección…Ahí es dónde nosotros estamos.” [1]

Esa es, entonces, la opinión del pastor Nuñez a esa pregunta. ¿Dónde estuvo Jesús inmediatamente después de morir y justo antes de resucitar? Bueno, según leemos en la transcripción de una parte de esa grabación el pastor Nuñez argumenta en favor de una posición que afirma que Cristo estuvo en un lugar intermedio llamado “el seno de Abraham.” Un lugar que, como él mismo afirma, no es ni el cielo ni el infierno.

Según el pastor de la IBI este lugar cuenta con dos “compartimentos;” en uno se encontraban las almas de todos los creyentes del Antiguo Testamento, y en el otro, las almas de todos los incrédulos del Antiguo Testamento. Y, según Nunnez, Jesús estuvo allí inmediatamente después de Su muerte para llevarse consigo, una vez que ascendiera en cuerpo y alma a la presencia de Su Padre, a todos esos creyentes.

Y por otro lado, le gustaría pensar a él, Jesús también estuvo ahí, no resucitado, es decir, sólo en alma, para predicarle Su triunfo sobre el pecado y la muerte a los demonios y a los incrédulos del Antiguo Testamento que no supieron lo que había ocurrido en la cruz del Calvario; para proclamarle Su triunfo a todos aquellas almas y demonios que nunca supieron de Su victoria en la cruz del Calvario.

Lo que nos debemos preguntar, entonces, es lo siguiente: ¿Es esta respuesta consistente con las Escrituras? ¿Enseñan ellas que Jesús estuvo en alma en un lugar intermedio por casi tres días antes de resucitar y ascender a la presencia de Dios el Padre? ¿Enseñan ellas acerca de un lugar para las almas de los muertos además del cielo y el infierno? Y finalmente, ¿fue cuando murió el Señor que pudo predicar Su victoria sobre el pecado y la muerte?

¿Qué es lo que afirman las Escrituras? ¿Cuál es la enseñanza más consistente de ellas al respecto?

Historia

Bueno, a lo largo de la historia los Cristianos trabajaron arduamente, como dije al principio, por confesar lo más consistentemente posible con las Escrituras, no sólo la doctrina de Dios, sino también la doctrina de la persona y la obra del Señor Jesucristo.

Y este trabajo, especialmente el entendimiento bíblico de la obra del Señor Jesucristo, los llevó a desarrollar lo que se conoce en teología como la doctrina de “los estados” de Cristo. Su deseo era confesar lo que la Biblia afirmaba con respecto a los estados de la humillación y de la exaltación del Señor Jesucristo por medio de los cuales Él había cumplido Su oficio como Mediador entre Dios y los hombres.

De una manera sistemática los Cristianos de la antigüedad argumentaron que el estado de humillación de Cristo comprendía desde su encarnación hasta Su muerte y sepultura. Y que Su exaltación comprendía las etapas de Su resurrección, ascensión, sesión a la diestra del Padre, y finalmente, Su regreso a la tierra para juzgar al mundo.

Y fue intentando formular esta doctrina de la humillación de Cristo que la iglesia buscó darle respuesta a esa pregunta: ¿Dónde estuvo Cristo después de Su muerte y antes de Su resurrección? Bueno, ¿cómo fue, entonces, que la Iglesia le dio respuesta a esta pregunta?

En los Credos la Iglesia afirmó cosas como estas,

Cuando la persona siendo bautizada es sumergida dentro del agua, aquel que lo bautiza, colocando sus manos sobre él, dirá: “¿Crees en Dios, el Padre Todopoderoso?” Y la persona siendo bautizada dirá: “Sí creo.” Entonces poniendo su mano sobre su cabeza, le bautizará una vez. Y luego le dirá: “¿Crees en Cristo Jesús, el Hijo de Dios, quien nació de la virgen María, y que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y murió y fue sepultado, y resucitó al tercer día, vivo de entre los muertos, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos?” Y cuando él diga: “Sí creo,” se bautizará nuevamente. Y de nuevo dirá: “¿Crees en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia, y en la resurrección del cuerpo?” Y la persona bautizada dirá: “Sí creo,” y entonces será bautizado una tercera vez.” [2]

El Credo Niceno lo expresó de la siguiente manera,

Creo en un solo Dios Padre Todopodersos, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre; por el cual todas las cosas fueron hechas, el cual por amor a nosotros y por nuestra salud descendió del cielo, y tomando nuestra carne de la virgen María, por el Espíritu Santo, fue hecho hombre, y fue crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, y fue sepultado; y al tercer dia resucitó sugún las Escrituras, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre. Y vendrá otra vez con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; y su reino no tendrá fin. y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, pocedente del Padre y del Hijo, el cual con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado; que habló por los profetas. Y creo en una santa Iglesia Católica y Apostólica. Confieso un Bautismo para remisión de pecados, y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del Siglo venidero. Amén. [3]

Y el Credo de los Apóstoles, o también llamado el Símbolo Apostólico, llamado así por Ambrosio en el año 389 d.C, y que data, en la forma en la que le conocemos hoy, del siglo VII d.C, y que como sabemos fue compuesto progresivamente de lo que era la confesión de la Iglesia en aquel entonces. Especialmente lo que la Iglesia confesaba en las fórmulas bautismales como la de Hipólito desde los primeros siglos de nuestra era. El Credo de los Apóstoles lo expresó así,

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro; que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.” [4]

El Credo de Atanasio, otro credo compuesto lo más probablemente a finales del siglo V d.C, lo dijo así,

…Además, para la salvación eterna es necesario que también crea fielmente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Pues la fe recta es que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios, engendrado de la sustancia del Padre, antes de los siglos; y es hombre, de la substancia de su Madre, nacido en el mundo. Perfecto Dios y perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana. Igual al Padre en cuanto a su divinidad, y menor que el Padre en cuanto a su humanidad. Mas, aun cuando es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo. Y uno, no por la conversión de la divinidad en carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Pues según el alma racional y la carne son un hombre, así Dios y hombre es un solo Cristo, el cual sufrió por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la derecha del padre, Dios Todopoderoso, desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos…” [5]

Entonces, ¿cómo fue que la Iglesia respondió esa pregunta? ¿Cómo fue que la Iglesia respondió sobre el lugar donde estuvo Jesús inmediatamente antes de morir y justo antes de resucitar? Bueno, lo hizo afirmando que Jesús “fue muerto y sepultado,” o como veremos abajo, afirmando que había “descendido a los infiernos.”

Muerto y Sepultado

Ahora, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿Qué entendían los Cristianos de la antigüedad con esa frase? ¿Qué entendían ellos de la sepultura y lo que ocurría cuando alguien llegaba ahí?

Bueno, para los teólogos de la Reforma Protestante, por ejemplo, la muerte podía definirse de la siguiente manera,

…la privación, o deprivatio, de la vida natural del hombre (privativo vitae hominem naturalis) por la disolución de la unión del cuerpo y el alma.” [6]

Bueno, cuando los Cristianos afirmaron en la antigüedad que el Señor Jesucristo fue sepultado, lo que estaban afirmando era que había muerto y que por lo tanto había sufrido, como parte de Su estado de humillación, la separación de Su cuerpo y alma. Como lo dijo Müller, que había sufrida la disolución de esa unión entre Su cuerpo y Su alma. Como escribió Louis Berkhof,

Resulta natural que cuando hablamos de la muerte de Cristo tengamos en esta conexión, primero que todo, la idea de una muerte física que consiste en la separación del cuerpo y del alma.” [7]

Y esto es lo que han creído los creyentes desde la antigüedad. Agustín de Hipona, por ejemplo, en su famosa obra “La Ciudad de Dios,” hablando sobre lo que ocurre con la muerte de un hombre dijo,

Por lo tanto, con referencia a la muerte corporal, esto es, la separación del alma y del cuerpo…” [8]

Entonces, cuando los Cristianos confesaban que Jesús había muerto y que había sido sepultado, como leímos en todas esas confesiones ortodoxas de la Iglesia, lo que estaban afirmando es que el Señor Jesucristo había sufrido esa misma separación del cuerpo y alma que sufrimos nosotros los hombres cuando morimos.

Dejando claro, por supuesto, que esta separación le fue impuesta al Mediador judicialmente por Dios Su Padre, y no por causa del pecado, pues Él era santo, inocente y sin mancha, como lo afirma la Escritura. [9] Sino, porque este era parte del sufrimiento que El Hijo de Dios debía sufrir al haber asumido de muy buena voluntad el oficio de Mediador.

Ahora, ¿por qué creemos esto? ¿Por qué confesamos que esto es lo que ocurre en la muerte? Bueno, porque esto es lo que afirman las Escrituras. La Biblia es clara al argumentar que cuando un hombre muere existe una separación entre el cuerpo y el alma.

Cuando el rey David, por ejemplo, se dio cuenta que el hijo que tuvo con Betsabé había muerto, él no dijo: “Bueno, su cuerpo ha quedado sin vida y su alma ha dejado de existir.” No, sino que David sabía que el alma de su hijo seguía con vida. El cuerpo sería puesto en una tumba para corromperse con el paso de los años, como lo sería el suyo cuando llegara a morir, pero el alma de su hijo recién nacido seguía viva. En 2 Samuel 12:23 leemos lo siguiente,

Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.”

En el Nuevo Testamento tenemos las palabras del apóstol Pablo. Escribiéndole a la Iglesia en Filipos acerca de la gran ventaja que sería la muerte, Pablo les dijo a los Filipenses,

21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.  22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.  23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;  24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” [10]

Notemos que Pablo afirma con toda claridad que su muerte resultaría en la separación de su carne y su alma. Su cuerpo quedaría en la tumba, corrompiéndose como ocurrió con el cuerpo del hijo de David, pero su alma estaría con Cristo en el momento en el que muriera.

Fue por versículos como estos que Juan Calvino, el gran Reformador, refutando algunas de las doctrinas de los Anabautistas sobre el estado del alma de los hombres luego de la muerte escribió lo siguiente,

¿Cuál es el estado de las almas después de la separación de sus cuerpos? Los Anabautistas ciertamente piensan que ellas dormirán como si estuvieran muertas. Nosotros decimos que ellas tienen vida y sentimiento.” [11]

Para Calvino, así como para la ortodoxia Cristiana a lo largo de los siglos, el momento de la muerte trae consigo la separación del cuerpo y el alma.

¿Dónde estuvo, entonces, el alma de Jesús inmediatamente después de Su muerte y justo antes de Su resurrección? 

Si parte de la humillación de Cristo consistió, como lo ha confesado la Iglesia desde el principio, en la separación de Su cuerpo y Su alma en Su muerte y sepultura, ¿dónde estuvo Su alma mientras Su cuerpo permanecía en la tumba de José de Arimatea sin sufrir corrupción?

Bueno, para esto no debemos especular, pues el Señor mismo nos dio la respuesta a esta pregunta. Estando en la cruz del Calvario sufriendo el vituperio de los judíos y los gentiles, los dos ladrones que habían sido crucificados uno a cada lado del Señor, mantenían una seria discusión teológica. Uno de los malhechores injuriaba al Señor diciéndole: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.” [12]

Al igual que el resto del pueblo judío; al igual que los demás fariseos, este ladrón estaba pidiéndole un milagro más al Señor para creer en Él. “Si tú eres el Cristo, entonces, haz esta señal, sálvate de morir esta muerte tan terrible, nos salvas a nosotros, y podrás demostrarme que realmente eres quien has dicho ser.” Al igual que el resto de los judíos, este hombre no había entendido el Evangelio que había sido predicado por Dios por medio de Sus profetas desde la antigüedad. Este hombre necesitaba una señal más para creer verdaderamente en su necesidad de un Salvador.

El otro malhechor, por el contrario, le dijo al primero,

¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.” [13]

En otras palabras: “Este que ha sido crucificado con nosotros es exactamente quien ha dicho ser: El Cristo, el Hijo de Dios, el Rey de los judíos. Ninguna mentira fue dicha por Él.” Y de pronto, se vuelve a Jesús y le dice: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” Y escuchen la respuesta del Señor: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” [14]

¿Cuál fue, entonces, la respuesta del Señor a esta pregunta que estamos tratando de contestar? ¿Dónde estuvo Su alma justo después de morir y antes de resucitar? En el paraíso.

El Paraíso

La pregunta, entonces, es: ¿Qué es el paraíso? ¿Dónde está? ¿Es verdaderamente un lugar intermedio entre el cielo y el infierno? ¿Es un lugar distinto a estos otros dos lugares mencionados en las Escrituras? No. El Paraíso era otra manera por parte de los judíos de llamarle al cielo.

¿Cómo lo sabemos? Bueno, porque los mismos apóstoles lo afirmaron en sus escritos. Leamos lo que le escribió el apóstol Pablo a la iglesia en Corinto,

Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor.  Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.  Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. [15]

Pablo está defendiendo su apostolado. Y para ello recurre a un evento que le sucedió a él; no sabe si esto ocurrió en el cuerpo o fuera de su cuerpo; pero lo que sí afirma es que fue algo que realmente le sucedió a él. Él, afirma Pablo, estuvo en el “tercer cielo” delante de la presencia del Señor recibiendo revelaciones.

Pero, notemos el sínonimo que usa Pablo para este lugar; para este “tercer cielo,” para ésta presencia del Señor. En el versículo 4 él le llama también “el paraíso.” Pablo estuvo, entonces, según nos lo afirmó inspirado por el Espíritu Santo, en el paraíso, el mismo lugar al que fue Jesús inmediatamente después de morir y antes de resucitar. Y, como nos lo dice claramente, era el mismo cielo donde está la presencia de Dios.

Lo mismo le afirmó el apóstol Juan a la Iglesia en Efeso. En Apocalipsis 2:7 el Señor le dijo a esta iglesia lo siguiente: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Y, ¿cuál es ese “paraíso de Dios”? Bueno, leamos lo que escribió al final del libro,

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.” [16]

¿Dónde dijo Juan que estaba el árbol de la vida? En el paraíso. Y, ¿qué es el paraíso? El cielo mismo, donde está el trono de Dios y del Cordero. Entonces, el alma del Señor estuvo, no en un lugar intermedio entre el cielo y el infierno, sino en el cielo mismo, en el paraíso, delante de la presencia de Dios Su Padre.

Ahora, el seno de Abraham, era otra manera de llamarle al paraíso. El “seno de Abraham, de Isaac, y Jacob,” como le conocían los judíos durante el período del Segundo Templo, era el cielo; aquel lugar donde iban las almas de los justos para estar delante de la presencia de Dios. [17]

Entonces, cuando el Señor enseña la parábola del rico y Lázaro, Él no estaba hablando de un tercer lugar además del cielo y el infierno a donde iban las almas de los hombres. Un lugar con dos compartimentos. Sino que está enseñando acerca de los dos únicos lugares que existen para albergar las almas de los hombres: el cielo, o paraíso, o el seno de Abraham; y el infierno o Gehenna, el lugar donde el fuego nunca se apaga. [18]

Es por eso que todas las confesiones que salieron de la Reforma Protestante afirman esta verdad. La Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689 confiesa lo siguiente,

Los cuerpos de los hombres vuelven al polvo después de la muerte y ven la corrupción, pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio. Las almas de los justos, siendo entonces perfeccionadas en santidad, son recibidas en el Paraíso donde están con Cristo, y contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la plena redención de sus cuerpo. Las almas de los malvados son arrojadas al infierno, donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, reservadas para el juicio del gran día. Fuera de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos las Escrituras no admiten ningún otro.” [19]

Entonces, ¿dónde estuvo Jesús los días previos a Su resurrección? Como hemos visto, lo que enseñan las Escrituras es que el Señor estuvo en el cielo delante de la presencia de Su Padre.

Descendió a los infiernos

Ahora, ¿por qué razón es que el pastor Nuñez tiene esa opinión acerca de Jesús visitando a los demonios encarcelados para proclamarles Su victoria? Bueno, porque a lo largo de la historia han existido diversas interpretaciones sobre esa frase que contienen algunos de los Credos antiguos de la Iglesia, “descendió a los infiernos.”

Esa frase, que nos ha llegado a nosotros en la versión latina y final del Credo de los Apóstoles, que como dije arriba data del siglo VII d.C, no se encontraba en las versiones más primitivas del Credo. Phillip Schaff, por ejemplo, afirma que esta frase apareció por primera vez en la versión del Credo de la Iglesia de Aquilea en Roma, de la cual Rufino era su pastor, en el año 390 d.C. [20]

La frase vuelve a aparecer en el año 590 d.C con Venantius Fortunatus, quien tenía en sus manos el Credo de la iglesia de Rufino, y posteriormente en la expresión final del Credo en el siglo VII d.C.

Sin embargo, como afirma el mismo Schaff, en su comentario del Credo, Rufino anota que esa frase “descendió a los infiernos” era equivalente a la expresión encontrada en otras confesiones eclesiásticas “fue sepultado.”

La frase, entonces, trata de decir que Jesucristo murió y descendió al Hades. El término “infierno” en latín no sólo podía significar ese lugar de tormento eterno, sino también la sepultura. Lo mismo que podía significar su término correspondiente en griego, “Hades.” Literalmente, lo que el Credo Apostólico decía era: “descendió al Hades.”

La palabra “Hades” en el Nuevo Testamento fue usada para traducir el término hebreo “Seol.” Y podía significar, por lo tanto, la muerte (Salmo 55:15; Génesis 37:35); la tumba (Génesis 29:31; Job 14:13); o el infierno, ese lugar de condenación eterna (Deuteronomio 32:22).

Sin embargo, cuando los teólogos de la antigüedad afirmaron que el Señor Jesucristo luego de morir había “descendido al Hades” o “descendido a los infiernos” no estaban afirmando que había ido a ese lugar de tormento eterno donde están las almas de los que murieron en incredulidad y los demonios, sino que había descendido a la tumba. Es decir, que había muerto y que por lo tanto había sufrido esa separación de Su cuerpo y Su alma.

Ahora, como les dije, a lo largo de la historia esa frase a recibido varias interpretaciones. Una, por ejemplo, es la interpretación que afirma que Jesús descendió al infierno para terminar de sufrir el castigo en lugar de Su pueblo. La podríamos llamar la “Interpretación del Castigo.”

La cruz, argumenta esta posición, no fue el final de Su castigo, sino que tuvo que ir al infierno para seguir sufriendo para pagar el precio de nuestra redención. Esta interpretación es muy popular entre los falsos predicadores de la prosperidad. Kenneth Copeland, por ejemplo, dijo esto,

Cuando Jesús exclamó, “Consumado es!” Él no estaba hablando del plan de redención. Aún faltaban tres días y tres noches por pasar antes de ir al trono…La muerte de Jesús en la cruz fue sólo el comienzo de la completa obra de la redención.” [21]

Obviamente esta posición no tiene cabida con lo que acabamos de decir y con las palabras del Señor Jesucristo en la cruz del Calvario: “Consumado es.” Afirmando categóricamente que Su sufrimiento concluyó en la cruz y fue suficiente, hasta ahí, para pagar por la redención de los Suyos.

Otra posición y que podríamos llamar “La Segunda Oportunidad,” afirma que Jesús bajó en cuerpo y alma al Hades, un lugar al que describen de castigo provisional, para predicarle el evangelio a los que murieron antes de Su primera venida y otorgarles una segunda oportunidad para creer. Y esta, estaría contradiciendo las palabras del autor a los Hebreos: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” [22]

La otra posición y que se asemeja mucho a la posición del pastor Nuñez es la que podríamos llamar el descenso a los infiernos para “Pronunciar el Triunfo” a los creyentes que se encontraban en el “seno de Abraham.” Obviamente sobra decir que esta posición argumenta en favor de un lugar “extra” para las almas además del cielo y el infierno, algo, que como vimos arriba, la Biblia niega.

Pero esta, por ejemplo, es la interpretación de la Iglesia Católica Romana, de la Iglesia Anglicana, y lastimosamente la de muchos evangélicos en nuestros días. Para los Católicos se trata del limbus patrum o el limbo, un lugar entre el Paraíso y Gehenna; un lugar transitorio para las almas de los muertos.

Una cuarta interpretación, y muy similar a la anterior, y de nuevo, similar a la de Nuñez, es que Jesús descendió a los infiernos en cuerpo y alma para proclamarle Su triunfo a Satanás. Y esta es la interpretación Luterana de esa frase en el Credo de los Apóstoles. Y los pasajes que usan para apoyar su interpretación son Efesios 4:9-10 y 1 Pedro 3:18-19, los cuales, no admiten de ninguna manera que Jesucristo haya descendido en algún momento al infierno.

En Efesios 4:9 el apóstol Pablo habla “las partes más bajas de la tierra,” no para afirmar que Jesús descendió al lugar de tormento eterno, sino refiriéndose a Su encarnación. Él había “subido a lo alto” en Su ascensión, precisamente porque primero había descendido en Su encarnación a la tierra.

Y en 1 Pedro 3, a pesar de ser un pasaje sumamente controversial, debemos entender que lo que el apóstol afirma, no fue que Jesús descendió al infierno a predicarle a los demonios, sino que Cristo le predicó a los hombres en los tiempos de Noé, siendo Noé un “pregonero de justicia.” [23]  Como escribió Calvino en su comentario de este pasaje,

Común ha sido la opinión que el descenso de Cristo al infierno es aludido aquí; pero las palabras no significan tal cosa; pues no hay mención del alma de Cristo, sino sólo que Él fue por el Espíritu: y estas son cosas muy diferentes, que el alma de Cristo fuera, y que Cristo predicara por el poder del Espíritu…Además, la extraña noción de aquellos que piensan que los incrédulos, luego de la venida de Cristo, fueron libertados del pecado, no necesita una larga refutación; pues es una indudable doctrina de la Escritura, que nosotros no obtenemos la salvación sino sólo en Cristo; entonces, no hay más esperanza para aquellos que continúan hacia la muerte en incredulidad.” [24]

O como escribió John L. Dagg, un teólogo bautista,

Cuando se dice, “Él fue y predicó a los espíritus encarcelados” el significado es, que Él, por Su Espíritu, en el ministerio de Noé, predicó a los antediluvianos, quienes, siendo desobedientes, y rechazando el ministerio, fueron llevados por el diluvio, y fueron, cuando fueron escritas estas palabras, espíritus en prisión.” [25]

Calvino, y los demás reformadores rechazaron todas estas teorías e interpretaciones de la frase “descendió a los infiernos.” Sin embargo, Calvino era de la opinión que esa frase debía ser tomada de una manera simbólica para afirmar que en la cruz del Calvario el Señor experimentó el infierno en Su carne por los pecados de Su pueblo. Como escribió Calvino,

Lo que afirmamos es que Cristo sufrir en Sí mismo el gran peso de la ira de Dios, porque al ser herido y afligido por la mano de Dios, experimentó todas las señales que Dios muestra cuando está airado y castiga.” [26]

Es por eso que leemos lo siguiente en el Catecismo de Heidelberg,

Pregunta: ¿Por qué se añade: descendió a los infiernos?
Respuesta: Para que en mis extremados dolores y grandísimas tentaciones me asegure y me sostenga con este consuelo, de que mi Señor Jesucristo, por medio de las inexplicables angustias, tormentos, espantos y turbaciones infernales de Su alma, en los cuales fue sumido en toda Su pasión, pero especialmente clavado en la cruz, me ha librado de las ansias y tormentos del infierno.” [27]

Finalmente, la interpretación más consistente con las Escrituras y con la interpretación histórica de la iglesia, esa frase “descendió a los infiernos” entiende que Cristo simplemente murió y fue sepultado; y que sepultado sufrió la separación de Su cuerpo y alma. Ulrico Zwinglio dijo,

Si Él no hubiera muerto y no hubiera sido sepultado, ¿quién hubiera creído que Él era Aquel Hombre? Y por la misma razón los Padres apostólicos añadieron a los Credos las palabras, “Él descendió a los infiernos.” Ellos usaron la expresión para significar la realidad de Su muerte.” [28]

Consistente con este entendimiento el Catecismo Mayor de Westminster afirmó lo siguiente,

Pregunta: ¿Cómo se humilló Cristo después de la muerte?
Respuesta: La humillación de Cristo después de la muerte consistió en ser sepultado, en continuar en el estado de la muerte y bajo el poder de ésta hasta el tercer día, lo que ha sido expresado otras veces en estas palabras: Descendió a los infiernos.” [29]

Francis R. Beattie, en su comentario de la Confesión de Fe de Westminster escribió lo siguiente,

Es en conexión con esto que la frase en el Credo de los Apóstoles, “y descendió a los infiernos,” que es aludida en el Catecismo Mayor, y que apropiadamente surge para algunos comentarios. Esta tan discutida frase no significa que Cristo, en su espíritu, fue literalmente, luego de Su muerte y antes de Su resurrección, al mundo espiritual, y a aquella región de lo invisible en donde los espíritus de los santos de la dispensación del Antiguo Testamento permanecieron por un tiempo, para declararles completamente el mensaje del evangelio a ellos, y así traerlos para que gozaran la felicidad del cielo. Ni tampoco significa esa frase que el alma humana de Cristo fue realmente al infierno, para asegurar una victoria sobre Satanás en su propio lugar. Ni, de nuevo, puede ser tomada para significar que Su alma humana fue realmente a aquel lugar de castigo donde las almas de los perdidos permanecen, para que pudiera sufrir todo lo que necesitaba sufrir para satisfacer plenamente por el pecado. Para entender la frase, el significado de “infierno” debe ser observado. No significa el lugar o el estado de los finalmente perdidos, sino por el contrario denota el mundo invisible de los espíritus que se han ido. Por lo tanto, el significado de la frase es, que durante el período entre Su muerte y Su resurrección el espíritu humano de Cristo, o alma, fue a la región de las almas acorpóreas en el mundo invisible, y al mismo tiempo Su cuerpo yacía en la tumba. En Su caso, por supuesto, el espíritu sin cuerpo iría al lugar de los benditos, pues Él le dijo al ladrón en la cruz, quien murió en penitencia, que ellos estarían juntos aquel día en el paraíso.” [30]

Y el gran Mathew Henry, en su comentario de la Confesión dijo,

14. Cuando Cristo murió, ¿fue sepultado? Sí: ellos lo bajaron del árbol, y lo colocaron en un sepulcro, Hechos 13:29. ¿Fue sepultado de acuerdo a la costumbre? Sí: según la costumbre de los Judíos era la de enterrar, Juan 19:40. ¿Continuó bajo el poder de la muerte por un tiempo? Sí: pues como Jonás estuvo tres días y tres noches dentro de la ballena, así también el Hijo del Hombre debía estar tres días y tres noches en el corazón de la tierra, Mateo 12:40. ¿Fue esto el descenso a los infiernos? Sí: Él descendió a las partes bajas de la tierra, Efesios 4:9. ¿Fue Su alma al paraíso? Sí: Este día estarás conmigo en el paraíso, Lucas 23:43. ¿Sufrió Su cuerpo corrupción? No: no dejarás mi alma en el Sol, ni verá tu Santo corrupción, Hechos 2:27.” [31]

Entonces, ¿cuál es el entendimiento más consistente con las Escrituras sobre el lugar donde estuvo Jesús luego de Su muerte y antes de Su resurrección? Bueno, lo que afirman las Escrituras y lo que ha afirmado la Iglesia en sus credos y confesiones a lo largo de la historia, es que el Señor Jesucristo luego de morir, fue sepultado, sufriendo así, en Su humillación, la separación de Su cuerpo y Su alma. Su cuerpo permaneciendo incorruptible en la tumba por tres días, y Su alma yendo al cielo para estar con Su Padre por tres días. Después de que pasaron esos tres días Su alma y Su cuerpo se volvieron a unir en Su resurrección, y fue en ese momento, y no antes, como afirmó el pastor Núñez, cuando Jesús le proclamó al universo Su triunfo sobre el pecado y la muerte.

———————————————————————————–

[1] Mi transcripción

[2] Formula bautismal de Hipólito de Roma, circa 200 d.C https://www.creeds.net/ancient/Hippolytus.htm

[3] 325 d.C.  http://thirdmill.org/files/spanish/90480~1_16_01_5-12-49_PM~El_Credo_Niceno.html

[4] 650 d.C.  http://thirdmill.org/files/spanish/36088~1_16_01_1-07-06_PM~El_Credo_de_los_Apostoles.html

[5] Siglo V d.C. http://ec.aciprensa.com/wiki/Credo_de_Atanasio

[6] Müller, Richard A. Dictionary of Latin and Greek Theological Terms. Drawn Principally from Protestant Scholastic Theology. Páginas 195-196

[7] Berkhof, Louis. Teología Sistemática. Página 403

[8] Augustine. City of God. Book XIII, chapter 6. https://www.ccel.org/ccel/schaff/npnf102.iv.XIII.6.html

[9] Hebreos 7:26

[10] Filipenses 1:21-24

[11] Calvin, John. A Short Instruction for to Arm Good Christian People Against the Perniferous Errors of the Common Sect of Anabaptists. Artículo 2. http://www.truecovenanter.com/calvin/calvin_against_anabaptists.html

[12] Lucas 23:39

[13] Lucas 23:40-41

[14] Lucas 23:43

[15] 2 Corintios 12:1-4

[16] Apocalipsis 22:1-4

[17] Ver, por ejemplo, 2 Macabeos 13:17. http://www.jewishencyclopedia.com/articles/362-abraham-s-bosom

[18] Lucas 16:19-31

[19] 2 CBL 1689. Capítulo 31, párrafo 1. Ver también la Confesión de Fe de Westminster.

[20] https://www.ccel.org/ccel/schaff/creeds2.iv.i.i.iii.html

[21] Hank Hannegraf. Christianity in Crisis. Página 180

[22] Hebreos 9:27

[23] 2 Pedro 2:5

[24] https://www.ccel.org/ccel/calvin/calcom45.iv.iv.viii.html

[25] John L. Dagg. Manual of Theology. Página 206

[26] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. Libro II, capítulo XVI. xi

[27] Catecismo de Heidelberg. Pregunta 44

[28] Zwingly, Ulrich. An Exposition of the Faith. Página 252

[29] Catecismo Mayor de Westminster. Pregunta 50

[30] Beattie, Francis R. The Presbyterian Standards. Páginas 163-164  https://ia800301.us.archive.org/9/items/presbyterianstan00beat/presbyterianstan00beat.pdf

[31] Henry, Mathew. A Scripture Cathechism in the Method of the Assembly. Pregunta 27, 14 http://www.shortercatechism.com/resources/henry/wsc_he_027.html

 

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: