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Cómo saldremos después de la pandemia?

April 6, 2020

Las Escrituras son muy claras al afirmar que Dios es soberano. Él, afirmó el profeta Isaías, “anuncia lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero;  que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:10-11). Unos años después, por medio del profeta Daniel, Dios le había recordado esto a Su pueblo,

Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Daniel 4:35).

Es precisamente porque Él es Dios que las cosas ocurren como ocurren. Dios lo ha decretado todo, absolutamente todo, desde el principio, y por lo tanto, como le dijo Dios a Su pueblo por medio Isaías, aquello que Él decretó, Él lo hará.Y esta pandemia no escapa de ese control soberano del Señor. “No hay,” escribió R. C. Sproul, “una sola molécula rebelde en el universo.” Todo, era el argumento de Sproul, está bajo el control divino. Desde la manera en la que giran y rotan las estrellas en el cielo, como dijo Daniel, hasta lo que hagamos los hombres. “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1). 

Pero, otra de las cosas que la Biblia afirma acerca de Dios es que, por causa de Su deidad, Sus pensamientos están mucho más arriba que los nuestros. En otras palabras, para el hombre es imposible conocer la mente De Dios, a menos que Dios nos la revele. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Entonces, a menos que Dios condescienda con el hombre y le plazca revelarnos Su mente  será imposible para nosotros entender lo que Él está haciendo en Su universo.

Sin embargo, la Biblia es clara en que a pesar de que no entendamos lo que Dios está haciendo, podemos estar seguros que Él lo hace con al menos tres propósitos: Su gloria, el bien de Su pueblo, confrontar a los rebeldes.

Cuando las Escrituras hablan acerca de la gloria De Dios, lo que el término hebreo כָּבֹוד (kabod) quiere dar a entender es “algo que es pesado.” Es un término que habla de la Majestad, el esplendor, y la grandeza de Dios. Es decir, debido a que sólo Dios es Dios; debido a que Él es perfecto; lo mejor que puede hacer es manifestar Sus perfecciones. Eso lo hace creando, mostrando así Su poder, sabiduría, bondad. Lo hace cuidando de Su creación, mostrando así Su misericordia, Su amor, Su bondad. Lo hace castigando el pecado, mostrando así Su justicia y santidad. Hasta cuando decide salvar lo hace con el propósito de manifestar Su gloria, mostrando en eso Su misericordia, Su sabiduría, Su poder, etc.

Pero también, la Biblia afirma que Dios lo hace todo para el bien de Su pueblo. El apóstol Pablo, hablando del plan divino le dijo a la iglesia en Roma,

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Para Pablo no sólo las cosas buenas que Dios traía a la vida de los creyentes eran para su bien. Las cosas malas llegan providencialmente a la vida de los creyentes para su bien. “Todas las cosas,” es lo que escribió el apóstol, “les ayudan a bien.” Si Dios había sacrificado a Su propio Hijo por Su pueblo, los creyentes pueden estar seguros de que lo que sea que venga de la mano de Dios a nuestras vidas será siempre y solamente para su bien.

Esta pandemia, entonces, según el principio y la verdad de la Biblia, ha sido traída al mundo por Dios. Él es quien está en control de ella. Pero, el pueblo De Dios puede estar seguro de que sea lo que sea que nos ocurra, será para nuestro bien. Muchos creyentes han muerto y probablemente morirán por el COVID-19; muchos han perdido y perderán seres queridos; muchos han perdido y perderán sus trabajos; muchos han perdido o perderán sus casas; muchos no tendrán que comer hasta que la economía se restablezca. Pero, de lo que el creyente debe estar confiado es que hasta esas cosas serán para su bien espiritual.

De una u otra manera Dios está trabajando por medio de esta pandemia para probar a Su pueblo. Así como se pasa el oro por el fuego para quitarle todas las impurezas, así mismo pasa el Señor a Su pueblo por las pruebas para remover de él todo aquello que no es propio de los Suyos.

El COVID-19 en la mano de Dios afirmará la fe de muchos, los acercará a Él, los ayudará a seguir corriendo la carrera de la fe, hará que muchos “levanten las manos caídas y las rodillas paralizadas, y que enderecen sus sendas” (Hebreos 12:12-13), hará que muchos se arrepientan de la negligencia espiritual en la que han caído, los restaurará, encenderá la llama de la fe en sus corazones.

Pero, tristemente en otros el COVID-19 servirá para mostrarles la realidad espiritual en la que se encuentran. Dios lo usará para mostrar su hipocresía, para mostrar que más que una profesión de labios, su fe era falsa. Muchos se quedarán tranquilos en sus casas, y lo que antes hacían por compromiso, quedará en el olvido para seguir viviendo una vida lejos del Señor al que una vez le profesaron su confianza.

Iglesias serán fortalecidas, pero otras dejarán de existir, o se desviarán por un camino que no se veía venir antes de la pandemia.

Y esto, lectores, es bueno para el pueblo de Dios. El que el Señor fortalezca la fe de Su pueblo y limpie a Su iglesia de los falsos protestantes siempre es un acto de Su bondad y misericordia.

Dios también hace todas las cosas en Su creación para confrontar a Sus criaturas rebeldes. Cuando Dios envió a Su pueblo Israel al cautiverio por causa de su rebeldía en contra de Él, les dijo por medio del profeta Jeremías,

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.

Judá estaba lejos de su tierra. No porque Dios hubiera sido infiel a Sus promesas para con ellos, porque Dios les dio todo lo que les había prometido. Sino que ellos estaban en el cautiverio por su infidelidad para con el Dios que los había sacado de la tierra de Egipto y que los había amado como Su pueblo. De múltiples maneras ellos se rebelaron contra el pacto que habían hecho con Dios en el Monte Sinaí (Éxodo 19) y el Señor trajo las plagas que les había prometido por Su desobediencia (Levítico 26:14ff). Y el cautiverio en Babilonia era parte de ese castigo.

Pero, lo que e profeta Jeremías quiere que sus hermanos entiendan es que en lugar de estarse lamentando por estar en una tierra que no era la suya, y en lugar de estarse lamentando por ser esclavos de una nación pagana, deberían estarse lamentando por lo que los había llevado hasta allí: su pecado contra el Señor. Dios, entonces, llevó a Israel al cautiverio para confrontarlos con su pecado en contra de Su Hacedor.

Lo mismo fue lo que les enseñó el apóstol Juan a las iglesias en Asia. En Apocalipsis 6 y 9, por ejemplo, el apóstol les aseguró a las iglesias que en muchos puntos dela historia humana Dios ha traído plagas al mundo con el propósito de confrontar a los hombres con su rechazo del Creador. Dios les ha dado una ley, les ha mostrado que es a Él a quien ellos deben obedecer y adorar, pero los hombres han “detenido con injusticia esa verdad” y en lugar de adorar y agradecer al Creador, le entregaron sus corazones a todo que no es Dios (Romanos 1:18-23). Ese es el gran pecado del hombre, vivir sus vidas como si Dios no existiera, haciendo, no lo que Dios les ha ordenado, sino lo que ha estado en sus corazones.

Esta pandemia no ha sido diferente. Por medio de un virus invisible a nuestros ojos Dios ha confrontado con el peligro de la muerte y la incertidumbre de la eternidad a muchos. Muchos han vivido sus vidas como si ellos estuvieran en control, como si ellos fueran, como escribió el poeta William Ernest Henley, “el amo de su destino, el capitán de su alma.” Negando así al Creador y Sustentador de sus vidas. Y ahora, cuando una de las más diminutas obras de las manos De Dios amenaza sus vidas, están comprendiendo que su vida ha sido una mentira. Ellos no son los amos de su destino, ni los capitanes de sus propias almas. Es Dios, quien los creó, el Amo y Señor de ellos.

Cómo saldremos nosotros, entonces, de esta pandemia?

  1. Cómo cristianos? Saldremos purificados, fortalecidos en nuestra fe? O, será que nuestra apatía en estos últimos años será revelada al final de esta pandemia como la incredulidad que estábamos ocultando?
  2. Cómo esposos y esposas? Será que el tiempo obligado en familia nos mostrará lo negligentes que hemos sido con nuestras familias? Será que nos llevará al arrepentimiento por no haber sido los líderes que nuestras esposas e hijos necesitaban? Será que nos arrepentiremos por no haber sido la ayuda que nuestros esposos necesitaban? Será que después de todo esto nuestra vida como esposos y esposas seguirá igual? O será que al final saldremos con una mayor convicción de cuál es la responsabilidad que Dios nos ha dado en nuestros matrimonios?
  3. Cómo saldremos como iglesia? Saldremos convencidos de la importancia del Día del Señor para nuestras vidas? Saldremos convencidos de nuestra responsabilidad de adorar a nuestro Dios como un cuerpo? Saldremos convencidos de que el mundo necesita el mensaje del evangelio y dispuestos a evangelizar? Saldremos con un mejor entendimiento de nuestra responsabilidad para servirle a nuestros hermanos con los dones que el Señor nos ha dado? O seguiremos igual que antes?

Quiera el Señor que muchos de nosotros y de nuestras iglesias salgan de esto fortalecidas espiritualmente para la gloria de nuestro Dios. Pero, que perseveremos en medio de esta pandemia sabiendo que nuestro Dios gobierna y que esto resultará para nuestro bien.

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