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La Iglesia es la que los llama

marzo 18, 2017

A pesar de no ser tan joven sí confieso ser muy joven en el ministerio. Tengo muy claro que me faltan muchas cosas por aprender, muchas cosas por ver y muchísimas otras cosas por experimentar.

Sin embargo, durante todos estos años en la fe he podido ver cosas que tristemente han resultado en la destrucción de ministerios, en la división de iglesias, y ultimadamente, en la obstaculización del testimonio de Cristo al que hemos sido llamados como creyentes e iglesias.

Y una de esas cosas que han producido tales resultados es la manera en la que muchos hombres han sido puestos en el púlpito sin tener las calificaciones para ello.

En los tiempos de la Reforma Protestante los reformadores criticaron duramente la manera en la que la Iglesia Católica lo hacía. Muchos hombres compraban los puestos; los ricos compraban sacerdotes o arzobispos para que sirvieran en las capillas de sus palacios; y muchos otros eran puestos en el oficio sencillamente porque existía la necesidad de un hombre en algún lugar.

Fue por esa razón que los Reformadores fueron a la Biblia con el fin de enseñar, no sólo quienes eran las personas que debían ser puestas en el oficio pastoral y cuales eran sus calificaciones; sino también como era que esos hombres llegaban al oficio.

Y a pesar de que la doctrina reformada, por así decirlo,[1] se ha estado expandiendo, no sólo en Estados Unidos y Europa, sino también en Latinoamérica, este problema no se quedó en la época Medieval, sino que ha continuado atacando a muchas iglesias hasta el día de hoy.

Es típico escuchar a “pastores” que han sido puestos en el oficio porque era el hijo del pastor. A él le tocaba seguir la obra que su padre había iniciado, en muchas ocasiones, de la misma manera en la que puso a su hijo en el oficio. O se puede escuchar que un hombre fue puesto en el ministerio porque salió de un seminario teológico. Y como él quería ser pastor, entonces, empezó un estudio bíblico y se estableció a sí mismo como el pastor de la iglesia. Y peor aún, escuchamos de hermanos que han sido puestos en el oficio pastoral por la necesidad de plantar iglesias.

La Segunda Confesión Bautista de 1689 (2CBL 1689) entiende la enseñanza bíblica de una manera muy clara con respecto a la iglesia y al oficio pastoral. En el párrafo 8 del capítulo 26 los Bautistas Particulares escribieron lo siguiente,

Una iglesia local, reunida y completamente organizada de acuerdo con la voluntad de Cristo…”

Es decir, el entendimiento de la 2CBL 1689, es que la iglesia local debe ser levantada y organizada, no de acuerdo a las ideas de los hombres, ni a su sabiduría, ni conforme a sus deseos. La iglesia local debe ser levantada y organizada de acuerdo a la voluntad de Cristo como ha sido expresada en Su Palabra.

Muchos desean plantar iglesias de acuerdo a modelos mundanos y organizarlas de acuerdo a lo que ellos piensan es lo mejor. Pero, la 2CBL 1689 entiende que el dueño de la Iglesia es Cristo y por lo tanto quien la levanta y la edifica es Él. ¿Por qué? Porque la iglesia es Suya. Entonces, si la iglesia va a ser levantada y organizada, si se van a establecer oficiales y miembros, debe hacerse de acuerdo a la voluntad de Cristo en las Escrituras.

Pero, la 2CBL 1689 afirma también en ese mismo párrafo que una iglesia local levantada y organizada según la voluntad de Cristo, está compuesta por oficiales y miembros. Es decir, lo que las Escrituras enseñan es que en la iglesia hay una jerarquía o liderazgo. Y que ese liderazgo ha sido impuesto por Cristo. esos oficiales, dice el párrafo 8, son “designados por Cristo.”

Ahora, este es una de las cosas que no han sido bien comprendidas y que han llevado a muchos de estos problemas en las iglesias. “Designados por Cristo” es ese “llamado” que sienten muchos en “sus corazones” para el ministerio. “Cristo me está llamando al ministerio,” es lo que dicen, sólo porque sienten ese deseo en sus corazones.

Pero, la pregunta es: ¿Si la iglesia local organizada según la voluntad de Cristo tiene pastores, y si éstos son designados por Él, cómo es que esto ocurre? ¿Se trata simplemente de ese deseo que pueda estar en el corazón de un hombre? ¿Es así como Cristo designa los oficiales de la iglesia local? ¿Cómo es que la Biblia enseña esta designación?

Bueno, la 2CBL 1689 entiende que las Escrituras son muy claras al respecto:

…y los oficiales designados por Cristo para ser escogidos y apartados por la iglesia (así llamada y reunida)…”

En otras palabras, la voluntad de Cristo es que la iglesia local sea la que escoja y aparte a los hombres que serán los oficiales de la iglesia local. No son esos varones los que deciden ser pastores; ni son los pastores los que escogen quienes serán sus sucesores o los que irán a pastorear iglesias que han sido plantadas por la iglesia local en otro lugar; sino que es la iglesia reunida la que los escoge y aparta para este oficio.

Y la 2CBL 1689 es aún más clara al respecto en el párrafo 9. Ahí leemos lo siguiente,

La manera designada por Cristo para el llamamiento de cualquier persona que ha sido calificada y dotada por el Espíritu Santo para el oficio de obispo o anciano en una iglesia, es que sea escogido para el mismo por la votación común de la iglesia misma, y solemnemente apartado mediante ayuno y oración con la imposición de manos de los ancianos de la iglesia…”

Es la iglesia, entonces, quien reunida escoge a aquellos varones que reconoce han sido dados por Cristo a la iglesia como ministros de la Palabra de Dios. Y esto lo hace reconociendo las calificaciones bíblicas para el oficio según 1 Timoteo 3 y Tito 1; y reconociendo también que ese hermano haya sido dotado por el Espíritu Santo para el oficio.

Y, ¿cómo hace esto la iglesia? Bueno, examinando la vida de este o estos hermanos. Examinando si tienen el anhelo; si son irreprensibles en su vida privada y pública; si ama a su esposa; si es sobrio, prudente, decoroso, hospedados, apto para enseñar.

Es decir, es la iglesia la que ha estado entrenando a estos hombres para la labor de la enseñanza. Ella los ha estado escuchando por mucho tiempo, ha estado vigilando su deseo de aprender y de ser fieles a la Palabra de Dios. Todo con el propósito de saber si son aptos para enseñar.

También ha estado examinando si ese varón no se deja llevar por vicios, si no es pendenciero, ni codicioso. Examinando si es amable, apacible, no avaro, y sobre todo que sea un buen gobernante de su casa ni un neófito, sino un cristiano maduro en la fe.

Porque son estos hombres, los que como dice la 2CBL 1689, los que atienden “constantemente al servicio de Cristo, en sus iglesias, en el ministerio de la Palabra y la oración, velando por sus almas, como aquellos que han de dar cuenta a Él…”

Esto es lo que TODA la iglesia debe hacer! Esto es lo que TODA la iglesia debe examinar en la vida de aquellos hombres que van a ser ordenados al oficio pastoral. Esta es la razón por la cual vemos tantas iglesias divididas, o con problemas internos, o desviadas doctrinalmente: por la presencia de hombres que no han sido dotados ni escogidos según la voluntad de Cristo. Sino que han sido “impuestos” en las iglesias, ya sea forzadamente o por ignorancia.

Y todo esto lo escribí con el único deseo de compartirles una cita del nuevo libro del pastor africano Conrad Mbewe, “Pastoral Preaching. Building a People for God” (Predicación Pastoral. Edificando un Pueblo para Dios), en el cual dice lo siguiente al respecto,

…la iglesia es el cuerpo que llama pastores a su obra…Ellos no se llaman a sí mismos. Aún si los individuos están convencidos que Dios los ha llamado al ministerio pastoral, la iglesia debe aceptarlos antes de que ellos puedan ejercer su ministerio. Esta fue la dificultad que el apóstol Pablo enfrentó luego de su conversión y llamado al ministerio apostólico. Debido a que había sido un perseguidor de la iglesia, todos huían de él. Por un tiempo ejerció el don evangelísticamente al mundo de afuera, pero tomó un tiempo antes que fuera capaz de usarlo dentro de la iglesia. Fue Bernabé, el hijo de consolación, quien finalmente rompió con esa fobia…Sí, fue sólo luego de que la iglesia aceptó a Pablo que él fue capaz de “entrar y salir entre ellos…hablando denodadamente en el nombre del Señor.” Este es una parte importante del beneficio que los predicadores obtienen de la iglesia. Más adelante, a Pablo le fue dada la mano derecha de la hermandad por los demás apóstoles y se le asignó el liderazgo del empuje la iglesia dentro del mundo Gentil mientras a Pedro se le dio liderazgo en el mundo Judío. Es una gran confirmación de su fe cuando la iglesia reconoce la dirección en la cual usted cree que Dios lo está llamando. Su hermanos en la fe son los que le han estado escuchando mientras usted enseña entre ellos de una manera no oficial. Ellos son los que le han entrenado. Ellos son los que le están llamando a ocupar ese oficio tan demandante y distinguido entre ellos. Es un gran honor. Es una gran responsabilidad. Es una gran confirmación que Dios de hecho los está llamando a esta labor. En los últimos veinte años han surgido un sinnúmero de “ministerios” a partir de divisiones en las iglesias. Usualmente, la división ha ocurrido porque individuos estaban pensando más de ellos mismos de lo que debían. Ellos no esperaron el tiempo de Dios. No queriendo trabajar más bajo el liderazgo de otros, ellos tomaron a unos pocos miembros de la iglesia y se ordenaron así mismos como pastores de sus iglesias. En ocasiones ellos se dieron grandes títulos como “Apóstol” o “Profeta.” Esta es una situación muy enferma. Ha dejado iglesias vulnerables debido que no hay estructuras de responsabilidad. El líder es auto-impuesto y no le reporta a nadie. Esto es peligroso. Lo que se necesita es un entendimiento correcto del rol de la iglesia en el llamamiento de pastores a su labor.”

Qué nuestras iglesias tengan ese cuidado! Que los hombres que vayan a ser ordenados en nuestras iglesias o que vayan a ser enviados a nuevas iglesias plantadas por las nuestras sean varones que hayan sido designados por Cristo para el ministerio. El testimonio de Cristo depende de ello.

[1] Quizás el término más apropiado es “calvinismo.” Sin embargo, uso el término porque es como muchas iglesias se identifican. Y esto es especialmente común entre los bautistas que se quieren llamar “Bautistas Reformados” simplemente por ser “calvinistas,” sin adherirse plenamente a la 2 Confesión Bautista de 1689.

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