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Es el Feminismo la respuesta para la mujer cristiana?-Parte II

marzo 9, 2017

En la entrada previa hablé sobre la obra de Dios al salvar mujeres. Y dije que lo primero que el Señor hace es rescatarla. Es decir, salvarla del mundo y del feminismo. El día de hoy continuaremos con el otro propósito de Dios en la redención de la mujer.Y esto es, su restauración, como veremos, al modelo original.

La mujer restaurada

Ahora, el siguiente punto surge de la siguiente pregunta: ¿Con qué fin es que Dios rescata a la mujer del pecado? ¿Cuál es el propósito divino en rescatar a la mujer de su mayor problema?

Bueno, como dije en la entrada previa, el más importante es: “para alabanza de la gloria de Su gracia.” Es decir, el propósito más importante en la salvación de pecadores es magnificar la gloria de Dios.

Pero, el otro propósito por el cual Dios rescata a la mujer del pecado es para restaurarla del estereotipo al arquetipo. Es decir, para restaurarla del patrón de la feminidad fijado por el mundo al patrón o modelo original de Dios para la mujer.

Pero, ¿qué es lo que hace Dios?

1. Restaurando su identidad

 Lo primero que Dios hace al rescatar a la mujer es restaurar su identidad.

Como leemos en Génesis capítulo 1 Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen. Los creó perfectos; sin pecado. Dios sería su Dios, su Amo y Señor, y tanto el hombre como la mujer serían Sus siervos. Pero, Dios también sería su Padre. No sólo se había establecido esa relación Creador/criatura; sino también, esa relación familiar.

Pero, Dios creó al hombre y a la mujer para que ambos tuvieran comunión con Él y para que ambos magnificaran la gloria de Dios viviendo vidas santas; obedeciendo Sus mandamientos; viviendo para Dios. Dios los creó con vidas teocéntricas. Vidas centradas en Dios. Ese es el arquetipo, el patrón original de la mujer.

Pero, en Edén la victoria que Satanás obtuvo sobre la mujer fue convencerla de que su identidad como mujer estaba en la adquisición de su autonomía. Lo que era realmente malo para ella era estar bajo autoridad; no poder hacer lo que ella quería; no poder andar según sus propios deseos y pensamientos.

Lo que haría de ella una verdadera mujer, según el diablo, era lograr ser “como dios.” Ser capaz de vivir su vida sin depender de nadie más; ni de su esposo y mucho menos de Dios.

La mentira y el engaño satánico sería, entonces, que alcanzando esa autonomía ella lograría su plenitud y realización como mujer. Aquel fruto sería lo que le permitiría a la mujer alcanzar la sabiduría necesaria para vivir independientemente de Dios.

Y lo que Satanás le quiso hacer creer a Eva fue que Dios estaba evitando que ella alcanzara desarrollarse y realizarse plenamente como mujer no permitiendole alcanzar su autonomía.

Pero, como vemos en Génesis capítulo 3, esto era un engaño. Los ojos  de Eva realmente fueron abiertos, pero no a la libertad; no a la autonomía. Sino que sus ojos fueron abiertos para ver su propia muerte espiritual. Y con eso vino a su vida la esclavitud y la lejanía con Dios.

Y es por esa razón que Dios tiene que venir al rescate de la mujer para restaurar aquella identidad con la que había sido creada.

Dios no vino al rescate de la mujer para darle autonomía. Nada en el universo puede existir independiente de Dios. Él es quien le da vida a todo y es quien sostiene todo con el poder de Su Palabra. Él es Dios y todo lo demás fue creado por él. Así como la vasija de barro no puede vivir independientemente del alfarero, de la misma manera nada puede existir independientemente de Dios.

Entonces, Dios no vino al rescate de la mujer para otorgarle su autonomía, sino para restaurar aquella identidad que caracterizaba el patrón original. Vino para restaurar su relación con Dios como sierva y como hija.

Y esto es lo que afirma el apóstol Pablo en el capítulo 2 de la carta a los Efesios. La mujer por naturaleza, es decir, por ser parte de la humanidad caída, estaba bajo la ira de Dios; “sin esperanza y sin Dios en el mundo.”

Dios, entonces, viene al rescate de la mujer por medio de Su Hijo Jesucristo, quien se encarnó tomando forma de hombre con el fin de morir en la cruz del Calvario y acercarla a Dios. “Pero ahora en Cristo Jesús,” dice Efesios 2:13, “habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo;” aboliendo en Él, como dice el versículo 15, “la enemistad.

Y habiendo hecho la paz en Cristo Jesús, Dios el Padre, la hace “miembro de la familia de Dios,” como dice Efesios 2:19. La mujer rescatada es ahora una “hija amada,” como afirma Efesios 5:1. Y por lo tanto, como hija, es receptora de “toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Pero, también, al rescatarla Dios restaura a la mujer a aquel patrón original de sierva. Y lo que la caracteriza no es su independencia de Dios; no es su autonomía, sino por el contrario, su total dependencia de Él, para andar, como afirma Efesios 4:1, “como es digno de la vocación con que fue llamada.”

Es decir, para andar en obediencia a Dios, su Padre, su Creador, y Su Señor.

Y por ello, no anda como los otros gentiles; como el mundo, “en la vanidad de su mente.” Sino que, por el contrario, la mujer rescatada es restaurada para luchar contra el pecado, para despojarse de su vieja mujer; y vestirse de la nueva.

Es restaurada para desechar la mentira y habla la verdad; para ser trabajadoras; compasivas y misericordiosa; no para vivir su vida amargada, ni enojada; sino más bien para ser benigna y perdonadora.

Es restaurada para que de su boca salgan palabras para edificar en lugar de palabras deshonestas, de necedades, o truhanerías que no convienen. Es rescatada para que en lugar de andar perdiendo el tiempo en vanidades, ande aprovechando el tiempo. No como necia, sino como una mujer realmente sabia obedeciendo la palabra del Señor.

Es restaurada para no andar calumniando, sino para que sea reverente en su porte, como le escribió Pablo a Tito, en Tito capítulo 2 versículo 3. Es restaurada para que se vista con pudor y modestia “con buenas obras,” le escribió el mismo apóstol a Timoteo, “como corresponde a mujeres que profesan piedad.” [1]

Y todo esto lo hace la mujer cristiana, no porque viva su vida independiente de Dios, sino porque su rescate trajo consigo, no sólo un nuevo corazón, por medio del cual ama y desea obedecer al Señor. Sino porque su rescate trajo también a su vida al Espíritu Santo, quien habita ahora en ella como mujer rescatada.

En el centro de los últimos tres capítulos de la epístola a los Efesios está la verdad de que la mujer cristiana vive su vida siendo llena del Espíritu Santo. Eso es lo que dice el apóstol Pablo en Efesios 5:18. Literalmente, siendo controlada por el Espíritu Santo.

Es así como la mujer de Dios; la mujer rescatada; la verdadera mujer, vive su vida. No buscando su autonomía, como lo hizo Eva, sino buscando vivir una vida en total dependencia de Dios el Espíritu Santo. Sólo así puede vivir su vida cristiana. Sólo así puede vivir su vida como hija de Dios. Sólo así puede vivir su vida como una verdadera mujer.

El feminismo le ha vendido a la iglesia un estereotipo equivocado de mujer. Una mujer autónoma, independiente, cuya autoridad es ella misma. Le ha vendido a la iglesia un estereotipo en donde la mujer es la que decide lo que es correcto e incorrecto; quien define lo que significa ser mujer; quien define su rol en la sociedad, en el matrimonio y en la misma iglesia.

Pero, Dios al rescatar a la mujer lo que hace es restaurarla al modelo original de la mujer. No uno de autonomía, sino uno de total dependencia de Dios: como Su sierva e hija amada. Al rescatarla del pecado, entonces, Dios restaura la identidad original de la mujer.

2. Restaurando su rol como esposa

 La otra cosa que hace el Señor cuando rescata a una mujer es restaurarla en su rol como esposa. Y la restaura con tres objetivos: para que sirva como la ayuda idónea; para que se someta; y para que respete a su marido.

Génesis afirma que Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen. Ambos con la misma dignidad; con el mismo valor; y con el mismo propósito: manifestar y magnificar la gloria de Dios.

Pero, Génesis también afirma que a pesar de esa igualdad Dios los creó con algunas diferencias. Específicamente en cuanto al rol o a las funciones que cada uno desempeñaría en su labor para glorificar a Dios. En dignidad y valor, iguales; pero, en rol o función, diferentes.

Inmediatamente después de que Dios crea al hombre afirma en Génesis 2:18 que hay algo que no es bueno. La Biblia no está afirmando en este pasaje que Dios se había equivocado o que había hecho algo mal. Eso no es lo que significan las palabras en ese versículo. Cuando Dios afirma que “no es bueno que el hombre esté solo,”  lo que quiso decir fue que Adán estaba incompleto.

Al hacer pasar frente a Adán a todos los animales de la tierra lo que Dios le quiso enseñar fue su falta de un complemento. De un ser que pudiera complementar su vida para llevar a cabo la tarea que Dios le había encomendado en Génesis 1:28. Dios, entonces, le hace al hombre una “ayuda idónea,” y crea del costado de Adán a la mujer.

Esa era la otra parte en el arquetipo o en ese patrón original de Dios para la mujer. No sólo sería sierva e hija de Dios, sino que originalmente también había sido diseñada por Dios para ser la ayuda idónea de su marido. Su fin no sería competir con su esposo, sino ayudarlo. No como alguien inferior a él en rango, o en dignidad, sino como idónea.

El término hebreo que se traduce como “idóneo” en nuestras Biblias quiere decir “igual y adecuado para él mismo.” Como escribió Wayne Grudem, un teólogo hablando de este término,

Así que Eva fue creada como una ayuda, pero como una ayuda que era igual con Adán, y una que difería también de él, pero que difería en formas que complementaran exactamente quien Adán era. [2]

En el matrimonio, entonces, Dios le había dado a la mujer, no el rol del líder, sino el de la ayuda idónea de su esposo. Y sería cumpliendo ese rol como esposa, como ayuda idónea, en el que la mujer encontraría su verdadera realización como mujer.

Ayudando a su esposo completándolo no compitiendo con él. Y esto es lo que el feminismo no ha entendido. El feminismo quiere hacer de la diferencia de roles algo que tiene que ver con el valor intrínseco de la persona.

Como vimos, el feminismo le ha vendido la idea al mundo y a la Iglesia, que ese rol denigra y obstaculiza el total desarrollo del potencial femenino. Es por eso que muchas mujeres cristianas no son la ayuda de sus esposos, sino más bien su competencia en el hogar.

El legado del movimiento feminista,” dijo Carolyn McCuley, “ha sido convertir el hogar, que debería ser el lugar de cooperación, en una esfera de competición entre el hombre y la mujer.” [3]

¿Quién es el que tiene el mejor trabajo? ¿Quién es el que tiene más éxito? ¿Quién es el que gana más dinero? ¿Quién es el que toma más decisiones? Esas son las preguntas que están en las cabezas de muchos matrimonios en nuestros tiempos.

Al rechazar el rol que Dios le dio originalmente a la mujer en el matrimonio el feminismo ha traído destrucción a la familia, como vimos en las estadísticas que mencioné en la entrada anterior.

Para el feminismo, el rol de esposa, ser la ayuda idónea para su esposo, es denigrante para la mujer. Sin embargo, bíblicamente es lo que expresa de la mejor manera el majestuoso diseño divino para la mujer.

Ese término ezer, “ayuda idónea,” no hace de la mujer algo inferior. No la hace un ciudadano de segunda clase en el reino de Dios. La posición de la mujer en Cristo es idéntica a la de los hombres. Gálatas 3:28 afirma que “Ya no hay judíos ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Contrario a la interpretación de la teología feminista este pasaje no está enseñando la igualdad de roles entre los hombres y las mujeres, sino que está hablando de la igualdad que tenemos posicionalmente en Cristo Jesús por medio del rescate que Dios proveyó para nosotros. En cuanto a dignidad, tanto el hombre como la mujer, son iguales delante de Dios.

Ser la ayuda idónea del esposo, entonces, no hace a la mujer inferior al hombre, sino que eleva a la mujer al patrón original, a su arquetipo. Y esto es más claro cuando entendemos que ese término ezer es usado más frecuentemente en la Biblia para describir a Dios que a la mujer. Por ejemplo, en el Salmo 10:14 el salmista dice de Dios,

Tú eres el amparo [el ayudador] del huérfano.

 En el Salmo 54:4 el salmista repite esta verdad diciendo,

He aquí, Dios es el que me ayuda

 Además, fue precisamente porque Moisés entendió que Dios era su ayudador que le puso por nombre a su hijo Eliezer, “porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó.” [4]

El patrón original de la mujer era como la ayuda idónea de su marido. Y fue para esto que Dios rescata y restaura a la mujer cristiana. Para que ayude a su esposo a ser el líder que Dios le ha llamado a ser en su hogar; ayudarlo a gobernar bien su casa, como dice Pablo en 1 Timoteo 5:14: administrando bien el presupuesto del hogar; trabajando con sus manos para ayudar a su familia; para ahorrar dinero; ayudarlo en la disciplina espiritual de los hijos; ayudándolo siendo su acompañante, caminando a su lado en su peregrinaje aquí en la tierra; aconsejándolo; corrigiéndolo en amor; ayudándolo con su santificación, con corrección, en oración, etc.

Segundo, Dios rescata a la mujer para que se sujete a su marido. Y esto está implícito en el orden de la creación narrado en los primeros capítulos de Génesis y es el argumento de Pablo para la sumisión de la mujer en la iglesia: “Adán fue formado primero, después Eva.”

Por tal razón, afirma Efesios 5:22 y 24 “las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor…como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

Tanto el liderazgo masculino como la sumisión femenina en el hogar son dos lados de la misma moneda. La sumisión, contrario a lo que enseña la teología feminsita, no tiene nada que ver con inferioridad, ni con hacer de la mujer una ciudadana de segunda clase. Sino que tiene que ver con una actitud del corazón.

John Piper definió la sumisión de la esposa de la siguiente manera,

La sumisión se refiere al llamamiento divino de la esposa para honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarle a llevarlo a cabo de acuerdo con sus dones. No se trata de deponer por completo su voluntad. Sino, que hablamos de su disposición de ceder  a la guía de su esposo y a su inclinación de seguir su liderazgo. Cristo es su absoluta autoridad, no su esposo. Ella se somete a él por reverencia a Cristo. [5]

En lugar de buscar dominarlo, en lugar de buscar usurpar el lugar que Dios le ha dado en la familia a su esposo, la mujer que ha sido rescatada por Dios, entiende que su restauración incluye sujetarse al liderazgo espiritual de su marido. Su deseo es hacer todo aquello que su esposo considere es lo más necesario y correcto para su familia, sin que esto implique seguirlo en el pecado.

La sumisión, como bien lo dijo Piper, nunca enseña a la mujer a que debe seguir a su esposo en el pecado. Su cabeza, su autoridad absoluta es Cristo, no su esposo. Si lo que su esposo desea está en contra de lo que Cristo dice en Su Palabra, entonces la esposa no está en la obligación de sujetarse a él. Pero, si lo que su marido ha decidido para su matrimonio y su familia no es pecado, sino que viene de un corazón que desea honrar al Señor sobre todas las cosas, entonces, el deseo de la mujer rescatada por Dios es sujetarse.

No con hipocresía. No como cuando se le dice a un hijo que haga algo y él piensa dentro de sí: “Estoy haciendo lo que me pides, pero realmente quiero hacer lo contrario.” Eso no es sumisión. Por lo menos, no es la sumisión bíblica a la que ha sido llamada la mujer que ha sido rescatada por el Señor. Sino que es una sumisión sincera de un corazón que desea agradar al Señor.

Sujetarse a su marido es el deseo y la actitud del corazón de la mujer cristiana. Todo con el fin de que cooperando con su marido Dios sea glorificado en su matrimonio.

Tercero, Dios rescata a la mujer para restaurarla de manera que ame y respete a su marido. De nuevo, esto es lo que afirma Pablo en Efesios 5:33, “y la mujer respete a su marido.” Y es lo que le dijo a Tito en el capítulo 2 de su carta, “que enseñen a las mujeres jóvenes  a amar a sus maridos.”

Si Dios ha puesto al marido como el líder en su hogar, entonces, el deseo y la obligación de la mujer cristiana es amarlo y respetarlo. Es servirle como la iglesia le sirve a Cristo; es respetarlo como aquel a quien Dios ha puesto sobre la familia.

Y esto es una de las cosas que más resentimos los hombres: la falta de respeto de nuestras esposas. Qué tan fácil es ver las debilidades y deficiencias de los demás, especialmente de los esposos. Qué tan fácil es enfocarnos en ellas dejando de ver las cosas en las que Dios ha estado trabajando en su vida.

El deber de la mujer cristiana es respetar a su marido. No se trata de ignorar sus debilidades y pecados; no se trata de ignorar sus deficiencias y sus fallas. Sino de cuidarlo afirmando sus fortalezas, motivándolo a seguir perseverando, cuidando su reputación delante de nuestros familiares y amigos. Es ayudándole a crecer en la fe y en la santidad.

Y no hay nada peor dentro del feminismo que esto. Cuántas mujeres buscan quitarle la autoridad a sus maridos hablando mal de ellos; enfocándose en sus debilidades; chismeando de ellos con sus amigas. Y todo con el fin de tomar el lugar en el hogar que le corresponde a él.

Es que ese tipo no sé que es lo que piensa,” le dijo una mujer a mi esposa hablando de su esposo. Eso es el feminismo hablando. Esa es la motivación feminista de traerse abajo a los hombres con el fin de exaltar a la mujer en el hogar. Y esto es evidentemente satánico.

Dios rescata a la mujer y la restaura para cumplir estos propósitos en su matrimonio porque es el matrimonio y la familia lo que Satanás desea destruir. Si el matrimonio es el reflejo del evangelio de Cristo; de la relación entre Cristo y Su iglesia, entonces no hay otra institución que Satanás desee destruir más que ésta. Y lo ha querido hacer promoviendo la competencia entre esposos; promoviendo las luchas de poder y el irrespeto en el hogar.

La diferencia de roles; la diferencia entre los sexos, fue diseñado por Dios. Y fue hecho así para que se complementaran de tal manera que no sólo reflejaran de una mejor manera la imagen de Dios –como hombre y mujer- sino también para que reflejaran más adecuadamente el evangelio de Jesucristo.

3. Restaurando su rol como madre

 Otro de los propósitos de Dios al rescatar a la mujer del pecado, de su esclavitud, de su egocentrismo, es restaurarla a lo que era una parte esencial del arquetipo: la propagación de la fe.

La mujer cristiana buscará amar, no sólo a su marido, como leímos en Tito 2, sino también a sus hijos. Y esto lo hará dando su vida por ellos; sirviéndoles en todo lo que sea necesario; velando por su bienestar físico y espiritual.

La mujer cristiana entiende que Dios puso la responsabilidad de sus hijos sobre ella y su esposo. Ellos son los encargados de cuidarlos, criarlos y amarlos.

Para el feminismo la maternidad es un estorbo, un obstáculo para realizarse como mujer. Fue por causa del feminismo que surgieron los “maternales.” Cuando las mujeres empezaron a salir de sus hogares para trabajar y buscar su felicidad y su realización personal, necesitaron que alguien cuidara de sus hijos.

En algunos casos fueron los abuelos los que hicieron este trabajo; pero en la gran mayoría fueron personas ajenas a la vida de los niños. Es así como todos los años miles de familias, muchas de ellas cristianas, gastan millones de colones para pagar a quienes cuidan a sus hijos mientras las mujeres “cristianas” andan fuera de sus hogares buscando “su propia felicidad;” buscando “realizarse” como mujeres.

La mujer cristiana, por el contrario, entiende que su rescate divino tuvo el propósito de que su fe fuera propagada, especialmente entre sus hijos. Ejemplos de esto los tenemos en Loida y Eunice, la abuela y madre de Timoteo, a quien ellas le enseñaron la fe bíblica y probablemente a quienes usó el Señor para salvar a este hombre en su niñez.

Y, ¿por qué lo hicieron así? Bueno, porque esto es también un mandamiento del Señor. Efesios 6:4 dice,

Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

Ciertamente el término ahí se refiere a los padres (varones). Sin embargo, esta es también la responsabilidad de las madres hacia sus hijos. Bajo el liderazgo de su esposo la mujer cristiana busca influir espiritualmente en la vida de sus hijos enseñándoles la Palabra de Dios; evangelizándolos desde pequeños; orando por ellos; y entregando su vida para que ellos puedan ver lo que solamente la gracia de Dios puede hacer por una mujer.

4. Restaurando su rol como hija

Además, la mujer que ha sido rescatada por Dios, con el fin de restaurarla como hija, entendiendo que el mandamiento de “honrar a padre y madre” es también para ella.

Si se trata de una mujer cristiana soltera, ella estará sujeta a su padre; le obedecerá de la misma manera y con el mismo sentido que lo hace cualquier mujer casada, es decir, obedecerá en tanto no sea pecado contra Dios. Pero, mientras ella viva bajo el cuidado de sus padres, su deber es sujetarse a ellos en todo.

Ahora, si estamos hablando de una mujer casada, su deber es sujetarse a su marido. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos,” dice Efesios 5:22. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne,” dice Génesis 2:24.

Sin embargo, esto no quita la responsabilidad de que la mujer cristiana respete y honre con su vida a sus padres. Para eso la rescató el Señor, para que obedeciera todos Su mandamientos, incluyendo el quinto mandamiento.

5. Restaurando su rol en la Iglesia

 Y finalmente, como vimos, una de las críticas de la teología feminista ha sido que la Iglesia ha discriminado a la mujer. No se le ha permitido perseguir los mismos roles que se le han dado a los varones y eso, dice esta filosofía, es uno de los pecados más grandes de la iglesia contra la mujer.

Sin embargo, el Cristianismo bíblico no enseña que la mujer no tiene ningún rol en la Iglesia del Señor. Pablo, por ejemplo, en esta carta a los Efesios les escribió lo siguiente a los cristianos y cristianas presentes en la iglesia,

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios. [6]

 Pablo está hablando aquí de algo que se hace en la iglesia en donde participan tanto hombres como mujeres: la exhortación mutua entre hombres y mujeres durante la adoración pública cantando salmos, himnos y cánticos espirituales. Pablo no dice que esto es algo que sólo los hombres deban hacer. No! Todo lo contrario. Todos los creyentes, hombres y mujeres en la iglesia, deben cantar durante la adoración vertical a Dios con el fin de ministrar horizontalmente a los hermanos en la fe.

La mujer, entonces, tiene un rol en la iglesia de Dios. Y parte de ese rol, además de participar en la adoración pública a Dios, es el de la exhortación.

Ahora, cuando Pablo le escribe su primera carta a Timoteo lo hace para enseñarle como es que la iglesia debe conducirse; como es que cada miembro de la iglesia encaja en el ministerio. En 1 Timoteo 3:14-15, el apóstol le dijo esto al joven pastor,

Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Y Pablo ya le había dado instrucciones a Timoteo acerca de cómo era que la iglesia debía conducirse. En el capítulo 1 le dijo que él como pastor estaba encargado de enseñar a la iglesia. En el capítulo 2 le dijo que la iglesia debía orar. Y debía hacerlo por todo tipo de hombres.

Ahora, quienes debían estar a cargo de las oraciones públicas eran los hombres. Pablo le dice en 1 Timoteo 2: 8, “Quiero, pues, que los hombres [y éste no es un término genérico en el griego, sino que significa varón] oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.”

Pero, ¿Y qué de las mujeres en la iglesia? ¿Están relegadas? ¿Deben ser oprimidas por los varones? Para nada. Ahí mismo en el capítulo 2, empezando en el versículo 9 el apóstol le dice,

Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. 11 La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13 Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. 15 Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.

Bueno, lo primero que dice es que la mujer en la iglesia debe andar piadosamente. Sin embargo, lo segundo que dice en el versículo 11 es que la mujer debe aprender. En contraposición con las enseñanzas rabínicas de sus contemporáneos judíos, Pablo afirma que la mujer cristiana debe estar en la iglesia aprendiendo.

Para los rabinos era mejor que las palabras de la Torá se quemaran antes que le fueran confiadas a una mujer.

Pero, Dios rescata a la mujer con el fin de restaurarla para que aprenda de Él enseñándole Su Palabra en la iglesia. La Palabra de Dios es lo que la mujer cristiana debe aprender en silencio, o literalmente, “con tranquilidad o mansedumbre” en la iglesia. Igual como lo hace el estudiante serio que tiene un corazón enseñable.

Bueno, la mujer cristiana entiende que ha sido rescatada para ampliar su conocimiento. No un conocimiento general, sino un conocimiento cada vez mayor y más profundo de su Dios. La mujer cristiana entiende que la Escritura salió de la boca de Dios con el fin de enseñarnos, redargüirnos, corregirnos, instruirnos en justicia, para prepararnos para toda buena obra.

Para ello está en la iglesia. Para aprender la Palabra de Dios. Su mente no está en la preparación del almuerzo, ni en las tareas que quedaron pendientes en el hogar, sino en aprender cada vez más acerca de Dios.

Muchas mujeres cristianas saben muchísimo del último grito de la moda; de lo último en pintura de uñas; de los mejores ejercicios en el gimnasio; de los chismes más recientes en las revistas de las celebridades. Pero, son ignorantes de la teología bíblica.

Y también hay muchas mujeres que, no es que la ignoran, sino que no les interesa adquirir mayores conocimientos teológicos. El deseo de la mujer cristiana es que su mente sea restaurada, o como dijo Pablo en Romanos 12:2, que sea renovada, para saber cual es la buena voluntad de Dios.

El terrible peligro es que sin profundidad de conocimiento, sin estar aprendiendo en la iglesia la Palabra de Dios, se exponen a ser llevadas por todo viento de doctrina. Pablo, hablándole a Timoteo en su segunda carta acerca de los falsos maestros le dijo en el capítulo 3,

Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.

El peligro de estar en la iglesia y no estar dedicadas a aprender cuidadosamente la Palabra de Dios es que las mujeres se exponen a la mentira. Y algunas, finalmente, serán arrastradas por la mentira lejos de Dios.

Pero, también, Dios le ha dado a la mujer un ministerio en la iglesia. Pero, un ministerio para con las otras mujeres en la iglesia. Y de esto fue lo que Pablo le escribió a Tito en el capítulo 2 de su carta con respecto al discipulado de mujeres hacia las mujeres. Esto es lo que Tito, como pastor, debía enseñarle a las mujeres a hacer con otras mujeres,

Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

 La realidad es que todo cristiano tiene la responsabilidad de discipular a otros hermanos más inmaduros en la fe. Esto es lo que implica la gran comisión del Señor para Sus discípulos: ellos debían enseñarle a los cristianos a que obedecieran todo lo que Él les había enseñado. [7]

Y esto no es opcional para la mujer cristiana. Dios la ha rescatado y la ha restaurado para que ella sirva como instrumento para equipar a las mujeres más jóvenes con la Palabra de Dios. Deben enseñarlas a ser esposas, a amar a sus maridos, a cuidar de su hogar y de sus hijos. Deben enseñarlas a ser mujeres bíblicas.

Si los pastores no son los que están enseñando estas cosas, ni las mujeres mayores le están enseñando estas cosas a las más jóvenes en la iglesia, entonces, será el mundo quien les enseñe a ellas acerca de la feminidad.

Y de la misma manera, las mujeres jóvenes, o están aprendiendo del mundo, o de los pastores, o de las mujeres maduras en la iglesia. El deber de las mujeres más jóvenes, de las más inmaduras en la fe es aprender de las mujeres más maduras en la fe, de las ancianas en la iglesia.

Su deber, no es buscar consejos entre sus iguales, sino entre aquellas que tienen más experiencias en esta vida cristiana; entre aquellas que han pasado, muy probablemente hace muchos años, las mismas cosas por las que ellas están pasando ahora. Y aprender de cómo ellas lograron tener victoria por la fe.

 Esto no es opcional. No hay justificación para no hacer esto. Ni las ancianas ni las más jóvenes pueden decir jamás: “Es que no tengo tiempo. Estoy muy ocupada como para ayudar a otras hermanas.” Esto es un mandamiento del Señor para todas aquellas mujeres que Él ha rescatado del mundo.

 Entonces, a modo de conclusión, debemos tener claro que Dios ha rescatado a la mujer con el fin de restaurarla por completo al patrón original de la creación. Poco a poco, con la ayuda del Espíritu Santo, Él está obrando en cada una de ustedes con ese fin.

¿Qué debemos pensar del feminismo? Bueno, como escribió Susan Hunt,

Cualquier forma o intensidad que tome el feminismo, es un ataque al diseño de Dios. Cualquier desviación de la verdad deja a las personas en profunda oscuridad.

El feminismo no es lo mismo que la feminidad bíblica. El feminismo es satánico. La verdadera feminidad está descrita en la Biblia y puede ser recuperada solamente por la obra de gracia del Dios trino. Lo que debemos tener claro es que la verdadera feminidad ha sido restaurada por Dios en la mujer cristiana.

Entonces: ¿Es el feminismo la respuesta para la mujer cristiana? No. La respuesta para la mujer no es el feminismo, sino solamente Dios. Sólo Él la puede rescatar y restaurar para que sea lo que Dios ideó en el principio.

[1] 1 Timoteo 2:9-10

[2] Wayne Grudem. Evangelical Feminism and Biblical Truth. Página 119

[3] Ibid. Página 81

[4] Éxodo 18:4

[5] John Piper. Recovering Biblical Manhood and Womanhood. Página 61

[6] Efesios 5:18-21

[7] Mateo 28:19-20

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