La Auto-Justificación vs. la Gracia
El domingo anterior prediqué el pasaje de Jeremías 31: 31-34 y expuse una verdad que ha sido negada por muchos creyentes: el pacto antiguo era excelentísimo. En este pasaje Dios le promete a Israel que hará un nuevo pacto. Es obvio suponer que si habría un nuevo pacto en el futuro, en el pasado y presente se vivía bajo un pacto antiguo. Además, si hubo la necesidad de hacer un nuevo pacto, implica que el pacto anterior falló.
Es en este último punto en donde muchos creyentes fallan. Muchos creen que el antiguo pacto, refiriéndose al pacto mosaico, falló porque era malo. Especialmente los antinomianos luchan por enseñar que la ley era mala. El problema es que muchos creyentes no afirman esto abiertamente, pero sin embargo, creen que el pacto mosaico. “Tan malo era“, afirman, “que Dios liberó a los creyentes de la Ley.” Ellos hallan en las palabras de Pablo acerca de la ley en Romanos 6: 15, la defensa a su argumento.
Sin embargo la Biblia se refiere a la Ley de una manera muy diferente. Las Escrituras afirman que la Ley de Dios es “santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7: 12). Porqué? Porque la Ley refleja el perfecto caracter de Dios. Es decir, la Ley es santa porque refleja la santidad de Dios. La ley es Justa porque refleja la justicia de Dios. La Ley es buena, precisamente porque Dios es bueno. En resumen, la Ley es excelentísima porque el que la dio es excelentísimo.
Porqué falló, entonces, el pacto mosaico? Recuerden que el pacto mosaico fue un pacto estabecido por Dios con el pueblo de Israel. Dios estipuló las condiciones que hacían el pacto un acuerdo legal. Dios le dio Su Ley a Israel con la condición de que fuera obedecida. Si los hebreos así lo hacían recibirían las bendiciones prometidas por Jehová, pero si desobedecían, recibirían las maldiciones del pacto. Dios le dijo a Israel, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Exodo 19: 5), y todo el pueblo dijo a una voz, “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (Exodo 24: 3).
Israel se había comprometido a obedecer a Dios y a Su Ley. Qué ocurrió? El pacto fue roto. Ocurrió esto porque el pacto fuera malo? Jamás! Esto sucedió por la depravación del hombre. La Biblia nos dice que el hombre natural es incapaz de sujetarse a la Ley de Dios. Tan depravado es que es incapaz de tan siquiera querer obedecer a Dios (Romanos 8: 7-8). Jesús lo explicó de la siguiente manera, “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8: 34). Es decir, los hombres son esclavos del pecado y por ende lo único que pueden hacer es el mal. El mismo profeta Jeremías, quien habló de este nuevo pacto, resumió la condición del hombre natural así,
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17: 9
El hombre natural no es pecador porque peca, sino que peca porque es un pecador. Su naturaleza está esclavizada al pecado. No puede hacer nada que no sea continuamente pecar (Juan 3: 19-20). No es esto lo que vemos en Exodo? Dios le habla al pueblo. El monte Sinaí humeaba, habían truenos y relámpagos, y hasta una nube espesa cubrió el monte. El pueblo estaba aterrorizado al reconocer la presencia de Dios en el monte. Tanto temor tenían que dijeron a Moisés, “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos” (Exodo 20: 19).
Subió Moisés al monte y qué pasó mientras él estaba lejos del campamento? Viendo los israelitas que Moisés se tardaba hicieron un becerro de oro para adorarle y ofrecerle sacrificios. Tan sólo unos pocos días después de haber sido testigos de la presencia de Dios y ya habían caído en idolatría. No demuestra esto la depravación del corazón humano? Por supuesto que sí.
Más Sobre la Declaración de Manhattan
Pedro Camino nos ha dado bendecido al haber traducido las opiniones de James White y de John MacArthur sobre la Declaración de Manhattan. Pueden leerlas aquí.
La Declaración de Manhattan
Muchos comentarios han surgido en internet sobre el reciente documento denominado “La Declaración de Manhattan.” Este documento surgió como una respuesta cristiana a los recientes ataques a los que se ha enfrentado la iglesia en los Estados Unidos. Chuck Colson, una de las mentes que produjo la declaración dice,
También es un claro mensaje a las autoridades civiles que no nos quedaremos quietos, bajo ninguna circunstancia, mientras nuestra libertad religiosa es atacada.”
Es claro que, por lo menos en el país norteamericano, las autoridades han atacado las creencias bíblicas a las cuales se adhieren millones de personas. Iglesias están siendo obligadas a prestar sus instalaciones para la realización de bodas entre homosexuales; pastores siendo demandados por predicar acerca del pecado y en contra del homosexualismo, etc. El odio a las verdades bíblicas y al Dios verdadero es tan evidente en muchos de los que representan el poder en los Estados Unidos, que se han dedicado a atacar a cualquiera que represente el cristianismo.
Han habido voces a favor de la declaración, como Albert Mohler, quien firmó el documento (ver otros), otras voces en contra como John MacArthur (ver otros aquí) y hasta otros que parecen ser neutrales. Y a pesar de que no es un documento en el que deba participar un latino, considero que muchos de los líderes de nuestros países están siguiendo los pasos de los liberales norteamericanos, y están queriendo atacar el matrimonio, promover el homosexualismo, etc.
He leído varias respuestas con respecto a la declaración, y me gustaría dar un breve comentario de lo que creo es un problema real. Me estoy refiriendo, como muchos lo han expresado en sus propios blogs, sobre el ecumenismo tan notorio en la declaración. Quiéranlo o no, acéptenlo o no, el documento es una declaración que fue formulada con la idea de ser una respuesta cristiana. Para los que lo conocen, Chuck Colson es un hombre que apoya abiertamente el movimiento ecuménico entre protestantes y católicos romanos. Él mismo escribe lo siguiente, “es uno de los más importantes documentos producidos por la Iglesia Americana.”
Nadie puede negar que la Declaración de Manhattan es un documento ecuménico. Noten nada más uno de los párrafos del escrito,
Nosotros, como Ortodoxos, Católicos, y Cristianos Evangélicos, nos hemos reunido, iniciando en Nueva York el 28 de Setiembre del 2009, para hacer la siguiente declaración, que firmamos como individuos, no en representación de nuestras organizaciones, sino hablando hacia y desde nuestras comunidades. Actuamos juntos en obediencia al único Dios verdadero, el Dios trino de santidad y amor, quien ha tomado total posesión de nuestras vidas y por ese reclamo nos llama con los creyentes de todas las eras y todas las naciones para buscar y defender el bien de todos los que llevan Su imágen. Creamos esta declaración a la luz de la verdad que está basada en las Sagradas Escrituras, en el razonamiento humano, y en la misma naturaleza de la persona humana. Llamamos a toda la gente de bien, creyentes y no creyentes por igual, para que consideren y reflexionen criticamente en los temas que aquí tratamos pues nosotros, como San Pablo, hacemos este llamado a la conciencia de todos a la vista de Dios…Nosotros somos cristianos que nos hemos unido a pesar de las diferencias históricas en la línea eclesiástica para afirmar nuestro derecho-y más importante, abrazar nuestra obligación-de hablar y actuar en defensa de estas verdades.”
Si me pidieran firmar el documento-y no lo van a hacer-considero que no sería lo correcto por la razón que brindaré a continuación. La Declaración dice, “Nosotros, como Ortodoxos, Católicos, y Cristianos Evangélicos, nos hemos reunido…Nosotros somos cristianos que nos hemos unido a pesar de las diferencias históricas en la línea eclesiástica.” Mi pregunta, para iniciar mi respuesta, es la siguiente: Qué es lo que hace a una persona un cristiano? Lo hace el reconocer que el Dios de la Biblia es el único Dios verdadero? Lo hace el reconocer que Dios es trino? Por supuesto estas son doctrinas esenciales para ser salvos. Pero, no hacen lo mismo los demonios? Es decir, suponen ustedes que los demonios no creen que Dios sea uno, o que la Trinidad es una realidad? Los demonios saben perfectamente que no existe otro Dios, que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios, y que el Espíritu Santo es Dios.Y sabemos que ese conocimiento no hace a los demonios cristianos.
A.W. Pink Sobre la Lectura de la Biblia y la Oración
Estuve leyendo un documento escrito por el gran teólogo Arthur Pink con respecto a la lectura Bíblica y sus beneficios sobre el creyente. Y con respecto a la oración Pink escribe,
Un cristiano que no ora es simplemente una contradicción. Como el niño que nace muerto es un niño muerto, un creyente profeso que no ora está desprovisto de vida espiritual. La oración es el respirar de la nueva naturaleza del creyente, como la Palabra de Dios es su alimento. Cuando el Señor dijo al discípulo de Damasco que Saulo de Tarso se había convertido de veras, le dijo: «He aquí, Saulo ora» (Hechos 9: 11). En muchas ocasiones el altivo fariseo había doblado sus rodillas ante Dios y había cumplido sus «devociones», pero esta vez era la primera vez que «oraba». Esta importante distinción debe ser subrayada en este día de fórmulas sin poder (2ª Timoteo 3:5). Aquellos que se contentan con dirigirse a Dios de modo formal no le conocen; porque «el espíritu de gracia, el de suplicación» (Zacarías 12: 10), no se separan nunca. Dios no tiene hijos en su familia regenerada que sean mudos. «¿No vengará Dios a sus escogidos que claman a El de noche y de día?» (Lucas 18:7). Sí, «claman» a El, no meramente «rezan» sus oraciones.
Pero es probable que el lector se sorprenda cuando siga leyendo que el autor cree que, probablemente, el propio pueblo de Dios ¡peca más en sus esfuerzos para orar que en relación con ningún otro objetivo en que se ocupa! ¡Qué hipocresía hay en la oración, cuando debería haber sinceridad! ¡Qué exigencias tan presuntuosas, cuando debería haber sumisión! ¡Qué formalismo, cuando tendría que haber corazones quebrantados! ¡Cuán poco sentimos realmente los pecados que confesamos, y qué poco sentido de la profunda necesidad de su misericordia! E incluso cuando Dios consiente en librarnos de estos pecados, hasta cierto punto, qué frialdad en el corazón, qué incredulidad, cuánta voluntad propia y autocomplacencia. Los que no tienen perceptividad para estas cosas son extraños al espíritu de la santidad.
Ahora bien, la Palabra de Dios debería dirigirnos en oración. Por desgracia, cuán a menudo hacemos que nuestra inclinación carnal sea la que dirige nuestras peticiones. Las Sagradas Escrituras nos han sido dadas para que «el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra» (2ª Timoteo 3:17). Como que debemos «orar en el Espíritu» (Judas 20), se sigue que nuestras oraciones tienen que estar de acuerdo considerando que El es el autor de ellas. Se sigue también que según la medida en que la Palabra de Cristo mora en nosotros en «abundancia» (Colosenses 3:16), o escasamente, más (o menos) estarán nuestras peticiones en armonía con la mente del Espíritu, porque «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). En la medida en que atesoramos la Palabra de Dios en nuestro corazón, y ésta limpia, moldea y gobierna nuestro hombre interior, serán nuestras oraciones aceptables a la vista de Dios. Entonces podemos decir, como dijo David en otro sentido: «Todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos» (1ª Crónicas 29:14).
Así que la pureza y el poder de nuestra vida de oración son otro índice por el cual podemos decidir la extensión de los beneficios que sacamos de la lectura y estudio de las Escrituras. Si nuestro estudio de la Biblia, bajo la bendición del Espíritu, no nos resarce del pecado de la falta de oración, revelándonos el lugar que la oración debe ocupar en nuestra vida diaria, y en realidad no nos lleva a pasar más tiempo en el lugar secreto con el Altísimo; si no nos enseña cómo orar de modo más aceptable a Dios, cómo hacer nuestras sus promesas y reclamarlas, cómo apropiarnos sus preceptos y hacer de ellos nuestras peticiones, entonces, no sólo no nos ha servido para enriquecer el alma el tiempo que hemos pasado leyendo y meditando la Palabra, sino que el mismo conocimiento que hemos adquirido de la letra, servirá para nuestra condenación en el día venidero. «Sed hacedores de la Palabra, no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22). Se aplica a sus amonestaciones a la oración y a todo lo demás.”
Pueden leer el resto del document aquí.
Metáforas Bíblicas
Steve Henning fue el pastor de mi iglesia por muchos años. Con amor se dedicó a enseñar la palabra de Dios con temor y temblor. Ahora goza de estar en la presencia del Señor, pero nos ha dejado algunos de sus pensamientos. El día de hoy deseo enlazar a uno de sus escritos con respecto a las metáforas bíblicas. En éste el pastor Henning escribió,
Hay muchos adjetivos para describir las doctrinas de la gracia: lógicas, bíblicas, útiles, y hermosas. ¿Hermosas? Aún para muchos calvinistas el adjetivo hermosa para describir la elección, la predestinación, y la expiación particular no cabe dentro de sus pensamientos. Sin embargo, Charles Spurgeon pensaba así. El dijo que el sistema arminiano, que alega que el factor determinante en la salvación es el libre albedrío del hombre en vez de la elección soberana de Dios, destruye la hermosura de las muchas metáforas que describen la relación del creyente con su Salvador. Hay muchas metáforas que podríamos analizar, pero vamos a ver solamente cuatro: la relación conyugal del creyente con Cristo, la adopción del hijo de Dios con su Padre, la seguridad de las ovejas dentro del rebaño del Buen Pastor, y el sacerdocio de cada creyente con Dios. Al nacer de nuevo, cada creyente entra en una relación muy íntima con Jesucristo. Efesios 5:25-32 habla del misterio de la relación de Cristo con Su iglesia. Lo maravilloso de esta relación es la metáfora que se usa en este pasaje: la relación conyugal. Esta intimidad entre el marido y su esposa es la más secreta, profunda, y especial relación experimentada en la tierra. No obstante, Dios creó la relación conyugal para que la iglesia entienda algo mucho más bello. La Biblia nos declara que Cristo es el Esposo y nosotros la iglesia somos Su novia. La belleza de esta metáfora lastimosamente se pierde mucho significado al enfatizar el libre albedrío. En primer lugar, en un sistema arminiano, los papeles tradicionales se reversan. En dicho sistema, vemos a la esposa eligiendo al Marido y el pobre Marido forzado a recibir a toda mujer que lo escoge a El. Es interesante que los que niegan la elección y la predestinación de un Dios soberano, que escoge a los Suyos, están contentos a obligarle a Dios a casarse con cualquier persona que le pide la mano en matrimonio, pero no están dispuestos a reconocer a un Dios que escoge a los que quiera para ser Su conyugue. Pero la Biblia afirma que nosotros lo amamos porque El nos amó primero.”
Pueden leer el resto del documento aquí.

