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La Auto-Justificación vs. la Gracia

noviembre 26, 2009

El domingo anterior prediqué el pasaje de Jeremías 31: 31-34 y expuse una verdad que ha sido negada por muchos creyentes: el pacto antiguo era excelentísimo. En este pasaje Dios le promete a Israel que hará un nuevo pacto. Es obvio suponer que si habría un nuevo pacto en el futuro, en el pasado y presente se vivía bajo un pacto antiguo. Además, si hubo la necesidad de hacer un nuevo pacto, implica que el pacto anterior falló.

Es en este último punto en donde muchos creyentes fallan. Muchos creen que el antiguo pacto, refiriéndose al pacto mosaico, falló porque era malo. Especialmente los antinomianos luchan por enseñar que la ley era mala. El problema es que muchos creyentes no afirman esto abiertamente, pero sin embargo, creen que el pacto mosaico. “Tan malo era“, afirman, “que Dios liberó a los creyentes de la Ley.” Ellos hallan en las palabras de Pablo acerca de la ley en Romanos 6: 15, la defensa a su argumento.

Sin embargo la Biblia se refiere a la Ley de una manera muy diferente. Las Escrituras afirman que la Ley de Dios es “santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7: 12). Porqué? Porque la Ley refleja el perfecto caracter de Dios. Es decir, la Ley es santa porque refleja la santidad de Dios. La ley es Justa porque refleja la justicia de Dios. La Ley es buena, precisamente porque Dios es bueno. En resumen, la Ley es excelentísima porque el que la dio es excelentísimo.

Porqué falló, entonces, el pacto mosaico? Recuerden que el pacto mosaico fue un pacto estabecido por Dios con el pueblo de Israel. Dios estipuló las condiciones que hacían el pacto un acuerdo legal. Dios le dio Su Ley a Israel con la condición de que fuera obedecida. Si los hebreos así lo hacían recibirían las bendiciones prometidas por Jehová, pero si desobedecían, recibirían las maldiciones del pacto. Dios le dijo a Israel, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Exodo 19: 5), y  todo el pueblo dijo a una voz, “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (Exodo 24: 3).

Israel se había comprometido a obedecer a Dios y a Su Ley. Qué ocurrió? El pacto fue roto. Ocurrió esto porque el pacto fuera malo? Jamás! Esto sucedió por la depravación del hombre. La Biblia nos dice que el hombre natural es incapaz de sujetarse a la Ley de Dios. Tan depravado es que es incapaz de tan siquiera querer obedecer a Dios (Romanos 8: 7-8). Jesús lo explicó de la siguiente manera, “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8: 34). Es decir, los hombres son esclavos del pecado y por ende lo único que pueden hacer es el mal. El mismo profeta Jeremías, quien habló de este nuevo pacto, resumió la condición del hombre natural así,

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17: 9

El hombre natural no es pecador porque peca, sino que peca porque es un pecador. Su naturaleza está esclavizada al pecado. No puede hacer nada que no sea continuamente pecar (Juan 3: 19-20). No es esto lo que vemos en Exodo? Dios le habla al pueblo. El monte Sinaí humeaba, habían truenos y relámpagos, y hasta una nube espesa cubrió el monte. El pueblo estaba aterrorizado al reconocer la presencia de Dios en el monte. Tanto temor tenían que dijeron a Moisés, “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos” (Exodo 20: 19).

Subió Moisés al monte y qué pasó mientras él estaba lejos del campamento? Viendo los israelitas que Moisés se tardaba hicieron un becerro de oro para adorarle y ofrecerle sacrificios. Tan sólo unos pocos días después de haber sido testigos de la presencia de Dios y ya habían caído en idolatría. No demuestra esto la depravación del corazón humano? Por supuesto que sí.

Fue por esta causa por la que falló el pacto mosaico. No fue por alguna falta en el pacto mismo, sino en los hombres. La Ley fue escrita en tablas de piedra para que los hombres meditaran en ella y fueran un pueblo santo. Sin embargo, a causa de que los corazones de los hombres naturales eran de piedra, la Ley perfecta de Dios no podía penetrar. Estos corazones duros no permitían que la Ley los sometiera, sino que se rebelaban contra ella constantemente. Y esto no fue hecho sólo por los descendientes de los israelitas que estaban en el exilio durante los tiempos de Jeremías, sino que fue hecho por ellos también.

De nuevo, el pacto mosaico no falló porque fuera malo, sino por la maldad de los hombres. El pacto mosaico, según las palabras de Pablo era glorioso. Y es este pasaje en 2 Corintios el que deseo resaltar el día de hoy. En el capítulo 3 de esta epístola el apóstol Pablo escribe,

1 ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? 2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. 12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; 13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. 17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3: 1-18

Quiero que noten varias cosas:

Pablo se refiere al pacto mosaico como un pacto con gloria. La Ley es gloriosa. Sin embargo, a pesar de la gloria de ese pacto, lo único que podía producir era muerte. Porqué? Aquí es donde caen en error aquellos que creen que la ley o el pacto mosaico eran algo malo. Todos los hombres son legalistas por naturaleza. Es decir, todos los hombres buscan su auto-justificación. Es natural ver a inconversos decir que ellos son buenas personas porque no hacen tal o tal cosa. Todos los hombres buscan seguir reglas con la idea de sentirse mejor consigo mismos. Pero esto ocurre también entre los creyentes. Muchos creen que para poder ser justificados por Dios deben hacer esto o aquello. La salvación, para ellos, debe ser ganada.

Sin embargo esto es precisamente la razón por la cual dice Pablo que la letra debía ser abolida. Los israelitas intentaban por sus medios de ganarse la salvación y auto-justificarse guardando la Ley. Pero a causa de tener un corazón de piedra, esto les era imposible. Entre más intentaran guardarla, más caían en pecado y más quedaba evidente la dureza de su corazón. Así como la Ley fue escrita en tablas de piedra, la ley escrita en corazones de piedra no tenía efecto.

Israel intentaba justificarse mediante la ley, pero lo único que obtenían era muerte. Dios debía, entonces, hacer un nuevo pacto. El ministerio glorioso de la Ley debía perecer. El hombre era tan perverso que si Dios no hacía un cambio en su corazón, todos perecerían en el infierno. En Su misericordia, Dios decretó realizar un nuevo pacto. Cuál era? Darle a ciertos hombres un nuevo corazón. Ezequiel nos cuenta que Dios quitaría el corazón de piedra y pondría un corazón de carne. Noten que Pablo dice que cuando Dios escribe Su ley en este nuevo corazón, hay un resultado diferente. Las vidas de estos hombres son transformadas y Dios los utiliza como testimonio para los demás.

Este nuevo pacto es al que Pablo se refiere como el ministerio de la justificación. Porqué? Porque los hombres no pueden ser justificados por la Ley. La ley produce muerte a todo aquel hombre que desee justificarse guardándola. Esto es, como ya he dicho, a causa de la maldad de los hombres. Ningún hombre natural puede guardar la ley. Esto es imposible. Pero en el ministerio de la justificación, Dios le imputa la justicia que Él requiere a los hombres. La justicia de quien? La justicia perfecta de Su Hijo.

Dios exige que todos los hombres que vayan a entrar en su presencia sean perfectamente justos. Nadie que tenga pecado puede ingresar en la presencia de Dios. Porqué? Porque Dios es santo y no puede tener comunión con el pecado. Para ello Dios envió a Su Hijo, quien se encarnó, cumplió la Ley a la perfección, y luego se entregó voluntariamente, por amor a Su Padre, para ser crucificado y castigado por Dios, sufriendo el castigo que Su pueblo merecía por sus pecados [del pueblo]. Este es el maravilloso misterio de la expiación sustitutiva de Cristo. Dios le imputó a Cristo los pecados de Su pueblo, y le imputó a Su pueblo la perfecta justicia de Su Hijo.

Es por fe, entonces, el único medio por el que los hombres podrán ser justificados. Porqué? Porque sólo creyendo que Cristo fue el único que pudo cumplir la ley de Dios y sufrir el castigo por el pecado, para reconciliar a Su pueblo con el Padre, se podrá obtener la perfecta justicia de Cristo, que le es imputada por Dios a todo aquel que cree.

La ley era gloriosa, pero a causa del corazón de los hombres, no podía justificar a nadie. El nuevo pacto es más glorioso precisamente porque a través de él Dios justifica a los impíos, que eran incapaces de justificarse observando la ley. Dios justifica, entonces, en este nuevo pacto mediante la obra del Espíritu Santo, quien es Señor. Es porque el Espíritu Santo es Dios mismo (versículo 17) que la obra hecha en el corazón es perfecta para poder justificar a un pecador.

Aquellos que busquen justificarse manteniendo la Ley, pisotean la obra de Cristo en el Calvario, y por lo tanto lo único que obtendrán será la muerte. Pero los que por fe miren a Cristo serán salvos y justificados instantáneamente, habiendo cumplido la Ley a la perfección estando unidos a Cristo. Bendito sea el Dios nuestro!

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One Comment leave one →
  1. Jesús Duarte permalink
    noviembre 29, 2009 1:55 am

    Dios te bendiga Mi hermano excelente, si tienes el audio por favor me lo puedes facilitar? Dios guarde tu familia.

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