Es el Arminiano mi hermano?
En algunas otras entradas he respondido a esta pregunta tan importante, pero si debo hacerlo de nuevo y de manera más breve lo haré: Sí! Definitivamente creo que un arminiano que haya creído el evangelio es mi hermano; así como creo que un calvinista, a pesar de afirmar todas las doctrinas calvinistas, pueda no ser mi hermano.
Responder a esta pregunta es sumamente importante para los que nos confesamos reformados/calvinistas. Porqué? Porque existen algunos que en su inmadurez espiritual, habiendo abrazado el evangelio y las doctrinas de la gracia han caído en el error de pensar que un arminiano no puede ser salvo si permanece en esa doctrina. Y así, como muchos hiper-calvinistas, han creído que tener un entendimiento perfecto es parte del evangelio, y por lo tanto esencial para la salvación. Entonces, su razonamiento va así: el calvinismo es el sistema teológico más consistente, por lo tanto toda persona no-calvinista no puede ser salvo.
Lean lo que le escribió un hombre al Dr. James White en el año 2000,
Acusaciones de los Judíos a la Iglesia Primitiva
El autor Michael Green relata en su libro, “Evangelism in the Early Church,” los grandes obstáculos que enfrentaron los primeros cristianos al evangelizar a los judíos. Según Green, los creyentes tuvieron que desarrollar todo un cuerpo apologético con el cual responder a acusaciones como la siguiente, “Ustedes cristianos no tienen sacerdotes, ni sacrificios, ni un altar, ni un templo, ni circuncisión.” Nos cuenta el autor que la respuesta cristiana fue algo como esto,
De hecho que sí lo tenemos. Tenemos un templo no hecho con manos, el templo es el cuerpo de Cristo en el cual hemos sido incorporados. Tenemos un Sumo Sacerdote que ha entrado en el cielo mismo, para aparecer ahí a nuestro favor y de hecho como nuestro precursor. Tenemos un altar (la cruz?) de la cual ustedes no pueden compartir, pues ustedes adoran aún una sombra, no la realidad. Sus sacrificios son inefectivos: ellos no pueden traer adoradores a Dios. Pero nosotros somos traídos cerca a través del eterno sacrificio del Hijo de Dios, y ahora ofrecemos, como los redimidos, sacrificios de alabanza, agradecimiento, nuestro dinero, y nosotros mismos que son aceptables a Dios de una manera en la cual la de ustedes nunca podrá serlo, pues los suyos nacen de una relación equivocada con Él. Con respecto a la circuncisión, nosotros tenemos una circuncisión hecha sin manos, cumpliendo esa circuncisión interna del corazón exaltada por los profetas. Hemos sido bautizados en la circuncisión de Cristo, la remoción total del pecado que Él logró en la cruz; de ahora en adelante la circuncisión física es un tema secundario.” página 153
Así, dice el autor, fue como se trató con las ordenanzas externas en el Nuevo Testamento.
Confianza en la Verdad
En este momento estoy leyendo uno de los mejores libros que he leído este año. Se trata del libro de Michael Green, “Evangelism in the Early Church” (Evangelismo en la Iglesia Primitiva). Y es mi deseo citar lo que el autor escribe con respecto a la confianza que tenían los primeros cristianos en el mensaje que proclamaban y en lo que debería ser la fortaleza de la confianza del cristiano moderno. El autor escribe,
Lo primero y más importante es su confianza en la verdad de su mensaje. Todos son judíos, aquellos primeros discípulos, ardientes monoteístas. Ellos eran las persona más difíciles de convencer que Dios había venido a esta tierra en la persona de Jesús para compartir Su vida con la humanidad. Los discípulos lo habían conocido bien: habían viajado, trabajado y comido juntos. Debió haber sido escandaloso pensar en la posibilidad que Él podría ser lo que su nombre sugería, Jehoshua, ‘Dios al rescate’. Pero una vez convencidos, ellos no se debilitaron. Expresaron su fe de maneras distintas: es evidente que hasta en la misión judía tenemos trazos de tres abordajes muy independientes en el Nuevo Testamento mismo, como es evidenciado en Santiago, Mateo y los Hebreos. Pero la historicidad de Jesús, la continuidad entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, la realidad de la expiación, la seguridad de su resurrección física-estos constituían el fundamento en el cual construyeron su evangelismo.
Donde el evangelismo es fuerte en el mundo moderno hay un énfasis robusto en las verdades históricas de la encarnación, la expiación y la resurrección. Hay espacio, por supuesto, para mucho debate teológico sobre la doctrina Cristiana, pero cualquier presentación del evangelio que falle en hacerle justicia a estos tres eventos centrales quizás no llegue muy lejos. Han habido movimientos teológicos desde la Iluminación que han reducido a Jesús a un rabino con coraje, a una superestrella, a un carismático errante. Ellos carecen de poder persuasivo. Ellos no traen a la gente la nueva vida que los apóstoles experimentaron y que es tan evidente en dos tercios del mundo.
La Causa de Muchos Problemas en la Iglesia
Burk Parsons, editor de la revista Tabletalk del Ministerio Ligonier de R. C. Sproul escribió lo siguiente en el editorial de la edición del mes de Noviembre, con respecto a la causa de muchos de los problemas que vemos hoy en la iglesia protestante,
Muchos de los problemas actuales en la iglesia se deben a nuestra falta de conocimiento de la Escritura misma, y esto no es sólo un problema en las bancas sino en el púlpito también. El problema no es que no leamos la Biblia, el problema es que no estudiamos la Biblia. De hecho, la Biblia misma no nos pide simplemente que la leamos para terminarla lo más pronto posible en una manera superficial- por el contrario, la Biblia nos ordena devorarla una tilde y una jota a la vez, estudiarla como obreros sin vergüenza, dividirla correctamente, examinarla, meditar en ella, deleitarnos en ella, permitirle habitar ricamente en nuestros corazones, y esconderla en nuestros corazones para que no pequemos contra el Señor.
Correctamente afirmamos la inspiración e inerrancia de cada palabra, cada pensamiento de la Escritura, sin embargo frecuentemente fallamos en estudiarla palabra por palabra, pensamiento por pensamiento, frase por frase, y por lo tanto fallamos en entender el significado básico de las eternas y gloriosas palabras que Dios mismo nos ha revelado por gracia.”
Pueden leer todo el editorial aquí. Sin embargo, creo que estas palabras deben llegar a cada uno de nuestros corazones y ponernos a meditar en lo fácil que fallamos en esto y lo peligroso que es esto para nuestras almas.
Qué Significa Amar a Cristo?
En el culto de anoche de la IBRL, predicando de Hebreos 6:10, el pastor Alexander dio una excelente ilustración sobre lo que significa amar a Cristo, que tenía la intención de ponernos a meditar, a cada uno de nosotros, en nuestra expresión de amor hacia nuestro Salvador. Y la pregunta que surgió en mi mente fue: Amo yo verdaderamente a Cristo?
Creo que esa pregunta es tan importante para cada persona que se llame cristiano, que comparto con ustedes unos cuantos minutos del sermón.

