El Movimiento Pro-Gay es Hueco
En Costa Rica así como en todo el mundo los políticos han entrado en diversos debates sobre el matrimonio gay, la naturaleza del homosexualismo, y los derechos humanos. Recientemente en mi país un diputado evangélico debatió con la defensora de los habitantes con respecto a los derechos de las personas homosexuales.
Es interesante que, así como se escucha en los países desarrollados y más liberales, se escuchan las mismas opiniones y defensas del movimiento pro-gay en Costa Rica. Y me imagino que en el resto de Latinoamérica es igual. Lo que digan los países desarrollados es repetido en nuestros países sin pensar si son afirmaciones consistentes o no; si son verdades o no; si tienen sentido o no.
Una de las afirmaciones del movimiento en pro de los derechos de los homosexuales es el siguiente: si usted es cristiano y cree lo que dice la Biblia con respecto a la homosexualidad, entonces usted es homofóbico. Y esto es, sin duda alguna, un absurdo! Pero esa ha sido la manera de escapar de un debate intelectual con aquellos que piensan diferente. En lugar de sentarse a debatir sus posiciones con el lado opuesto, es más fácil hacer acusaciones falsas y salir huyendo gritando: “Homofobia, homofobia!!!”
Dios no pasó por alto nuestro pecado!
La semana pasada fuimos bendecidos en la Conferencia Reformada en Montana. La palabra fue predicada por siervos de Dios fieles y aplicada por el Espíritu Santo en nuestros corazones. Pero, especial fue la predicación del domingo pasado por el misionero Scott Doherty, un hermano que está en Costa Rica aprendiendo español en preparación para su viaje a Perú para evangelizar y plantar iglesias, y que se ha estado congregando en nuestra iglesia con su familia.
Scott predicó el texto en 2 Samuel 12: 1-15 en el cual se nos narra la historia de la amonestación que le hizo el profeta Natán a David, el rey de Israel.
Para mostrar el punto que quiero hacer el día de hoy debemos recordar brevemente la historia. David, el rey de Israel, se rehusó a salir con su ejército a la guerra contra uno de los pueblos enemigos, los amonitas. Es importante recordar que este fue una irresponsabilidad de parte del rey, ya que esa era la época en que “salen los reyes a la guerra” (2 Samuel 11: 1). Porqué no salió David con su ejército? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que David no estaba cumpliendo con su deber como rey.
Esta irresponsabilidad llevó a David a tener tiempo libre el cual aprovechó para pasearse por el terrado de la casa real. Fue durante ese paseo que vo a una mujer llamada Betsabé bañándose. Su irresponsabilidad como rey llevó a David a codiciar la mujer de su prójimo. El rey preguntó por ella y le fue dicho que era la mujer de Urías, uno de sus guerreros. Sin importarle esto, sino dejándose llevar por la lujuria de su corazón, mandó a llamar a la mujer y al final se acostó con ella.
Quién iba a darse cuenta de lo que había sucedido? David creyó que su pecado iba a quedar oculto. Ya había satisfecho los deseos perversos de su corazón y no tenía porque saberse. Tal es la incredulidad del corazón del hombre! David conocía a Dios, pero un pecado tan pequeño como el ser irresponsable en su trabajo lo llevó a el pecado de la lujuria y luego a su incredulidad. David debió saber que Dios era omnisciente, que nada podía ser ocultado de Jehová! Pero, endureció su corazón con el fin de disfrutar los deseos de su corazón y pecó contra el Señor.
Sin embargo, el pecado tuvo consecuencias: Betsabé quedó embarazada! Y ahora qué? Qué iba a hacer David? Si esto se llegaba a conocer sería un escándalo para David! Noten lo terrible del endurecimiento: David no estaba preocupado por lo que Dios pensara, sino por lo que fueran a pensar de él. Qué hizo? Mandó a llamar a Urías del frente de batalla con el fin de que se acostara con su mujer y así engañar a todos para que pensaran que el hijo sería de Urías. Sin embargo, el guerrero era un hombre recto. Él no podía satisfacer sus deseos mientras sus hermanos estaban luchando contra sus enemigos, y se rehusó a complacer el mandato del rey y volvió a la guerra.
Cuando Satanás Entra en la Iglesia
Jeremy Walker de Reformation21 ha compartido una excelente cita del predicador galés Christmas Evans, quien habla sobre aquellos miembros o asistentes a las iglesias que escuchan los sermones de la misma manera en la que Satanás lo haría. Evans escribe,
La manera en la que un hombre escucha el Evangelio es un índice del estado de su corazón y de la naturaleza de sus afecciones y deseos. Si supusiéramos que Satanás entra en la congregación, que tipo de audiencia sería? Él es el empedernido enemigo de toda verdad, justicia, y piedad; y la santificación del alma, devoción, y las afecciones espirituales en los adoradores de la casa de Dios lo irritan grandemente. Si un día, entonces, en forma humana él tomara un lugar entre la audiencia del Evangelio eterno, podríamos imaginarnos que, para estorbar e irritar lo más que pueda, tomaría su asiento en un lugar llamativo, ya sea bajo el púlpito o al frente de la galería, ante los ojos de todos. Entonces haría caras desagradables y cerraría sus ojos, y aparentaría estar durmiendo. Muy ansiosamente se cuidaría de no dar la más mínima indicación de haber sido tocado por lo que fue dicho. Sin ningún rastro de convicción, sumisión, paz ni gozo debería jamás aparecer. Frunciría el ceño y movería su cabeza, y mostraría desagrado por el Evangelio que escucha, como si cambiara a todos los hombres en el lugar a la misma disposición diabólica. Tal, diría yo, sería la conducta del archi-enemigo como audiencia de la Palabra de Dios. Pero no hemos visto nosotros en muchos que llevan el nombre de Cristo sobre ellos un mismo cuadro como éste?”
El Día del Señor es, para los creyentes, un día especial. Es el día en el que llegan a escuchar a Dios hablar. Es el día en que llegan a adorar a Dios. Es el día en que llegan a ser exhortados y guiados por el Espíritu Santo. Es el día en que celebran a Jesucristo. Porqué razón, entonces, muchos se comportan como si se comportaría Satanás en la iglesia? Sabias palabras de un gran hombre de Dios.
El Salmo 67 y la Gloria de Dios
Cuando leemos y meditamos en las palabras escritas en el Salmo 67 lo único que puede ocupar nuestros pensamientos es la gloria de Dios. Este salmo/oración busca ponernos a meditar en el propósito de Dios al bendecir a Su pueblo. Todos nosotros, creyentes, deseamos ser bendecidos por Dios. Este texto nos insta a ir a Dios en oración y pedir Su bendición hacia nosotros. Sin embargo, aún más importante es la razón que da el salmista del propósito de Dios al darnos esas bendiciones.
Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah 2 Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación. 3 Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. 4 Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah 5 Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. 6 La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. 7 Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra.”
Cuál es, según el salmista, el propósito de Dios al bendecir a Su pueblo? Para que “sea conocido en la tierra tu camino” (versículo 2); para que sea conocido “en todas las naciones tu salvación (v. 2); “para que todos los pueblos te alaben” (v. 3); para que se alegren y gocen las naciones en Él (v. 4); y para que le tema toda la tierra (v. 7). El propósito de Dios en las bendiciones que da a SU pueblo, así como en todas las cosas que hace es manifestar Su gloria en cada uno de Sus santos atributos.
El Evangelio en el Libro de Ester
Hoy he podido sentarme a escribir después de muchas semanas de ausencia. Por cosas de trabajo y de la iglesia no he podido prestarle la atención que le había dado al blog y espero que hoy sea el inicio de un nuevo aire. Son varios los hermanos que me han escrito preguntándose que ha pasado conmigo y a ellos les digo: “Aquí estoy, por la gracia de Dios, vivito y coleando!”
Hace unas semanas concluimos el estudio del libro de Ester predicado por el pastor Ronny Fallas en la IBRL. Por once semanas fuimos bendecidos de excelentes sermones con aplicaciones prácticas para nuestras vidas y principalmente centrados en el evangelio de Dios.
El día de hoy deseo mostrar porque razón este libro ha sido considerado como parte del canon bíblico por la iglesia a lo largo de la historia. Cómo? Mostrando como apunta el libro al evangelio de Jesucristo. Será una entrada corta -no esperarán que después de tanto tiempo vaya a extenderme mucho, o sí?- pero una centrada en el evangelio de Dios.
El Contexto del libro de
Los eventos registrados en el libro de Ester ocurrieron durante el período Persa y el reinado de Asuero; entre el regreso de la primera oleada de judíos luego de los setenta años de cautiverio en Babilonia y el regreso de la segunda oleada bajo el liderazgo de Esdras.
El tema principal del libro es: el Dios soberano de Israel y Su mano invisible protegiendo a Su pueblo. Ciertamente una de las razones por las que no fue aceptado por algunas personas a lo largo de la historia de la iglesia fue la ausencia de mención de Dios a lo largo del libro. Pero, para aquel que lea Ester es evidente la mano providencial de Dios guiando y guardando a Su pueblo en medio de la esclavitud.
De qué guarda Dios a los judíos? Del exterminio! Amán, un enemigo acérrimo del pueblo de Dios, tramó un plan para acabar con Israel. Amán, descendiente de Agag, odia a Mardoqueo quien es descendiente del rey Saúl (1 Samuel 9:1) y esta enemistad va tan atrás como mil años, pues cuando los israelitas salieron de Egipto fueron atacados por los amalecitas (Exodo 17: 8-16) y en ese momento Dios maldijo a esta nación y esto resultó en el exterminio de los amalecitas como nación.
En los tiempos de Saúl, el rey recibió ordenes de parte de Samuel de acabar con el rey Agag, pariente de Amán, sin embargo el rey Saúl desobedeció y Samuel terminó matando a Agag. Entonces, Amán, descendiente de Agag, decidió acabar de una vez por todas con Mardoqueo y toda la nación de Israel, aprovechando estar en una posición de poder en el reino persa y bajo las órdenes de un rey irresponsable.

