Algo en qué pensar?
Lo primero que les pido es que vean este video en el que el presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, hace algunas afirmaciones con respecto a la elección del nuevo papa Francisco.
Ya lo vieron? Ok, entonces pensemos un momento en las palabras del venezolano.
Las manifestaciones de este hombre no son para nada extrañas en el mundo. De hecho, las escuchamos todos los días, especialmente aquellos que estamos cerca de personas en su lecho de muerte o cerca de personas que han muerto.
Siempre que alguien muere podemos escuchar frases como: “Bueno, por fin halló descanso en el cielo!” o “Ya tenemos otro angelito arriba que nos cuide,” o “Otro santo más intercediendo por nosotros.” Pero, puede estar todo el mundo en lo correcto? Es decir, estas declaraciones salen de la boca de Católicos Romanos, Protestantes, Mormones, etc. Pero, de nuevo, podemos estar todos en lo correcto? Es que acaso todos lo que mueren van al cielo?
Qué tan diferente puede ser una pregunta?-Parte II
En la entrada anterior estaba tratando de mostrar cuál fue la diferencia, o mejor dicho, que hizo la diferencia en las preguntas del joven rico (Lucas 18) y el carcelero en Filipos (Hechos 16). Si ponemos una al lado de la otra nos daremos cuenta que las preguntas son básicamente la misma: Qué haré para tener la vida eterna?
Tanto el joven rico en su encuentro con el Señor Jesús así como el carcelero con Pablo fueron confrontados espiritualmente. Ambos deseaban saber la respuesta a tan importante pregunta, sin embargo la manera en la que ambos respondieron a la exhortación de Jesús y Pablo fue totalmente diferente. Tanto así que el joven rico se alejó triste luego de que Jesús le mostró lo que debía hacer para ser salvo, mientras que se dice del carcelero que, “se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16: 34).
Entonces, qué hizo la diferencia? Y para responder a esta pregunta debemos dejar claro lo que “no fue la causa” de la diferente respuesta.
Ante esta pregunta muchos creyentes dirían: “Lo que hizo la diferencia fue que el joven rico se negó a hacer lo que Jesús le estaba pidiendo, mientras que el carcelero escuchó e hizo lo que se le había pedido, esto es creer el evangelio.” Sin embargo, debemos recordar que la respuesta de ambos a las exhortaciones hicieron que uno fuera salvo y el otro no, entonces si afirmamos que fue lo que cada uno hizo lo que marcó la diferencia, entonces estaríamos afirmando que la salvación es por obras, y obviamente esto es algo que la Biblia niega rotundamente. Por ejemplo,
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9
Lo que debemos tener claro es que si estos hombres hicieron algo que los hizo obtener la vida eterna, entonces ellos tienen de que gloriarse. Es decir, imaginemos que en la eternidad se llegaran a ver el joven rico y este carcelero. E imaginemos que llegue el apóstol Pablo y les pregunte: “Porqué estás tú en el infierno?” Y luego se vuelva al carcelero y le diga, “Y tú, porqué estás aquí?” Si su salvación hubiera dependido de lo que ellos hubieran hecho, entonces el carcelero tendría de que gloriarse. Él podría decirle a Pablo: “Es que fui más sensible a tu predicación,” o, “es que yo era un hombre más inteligente y capaz que este joven y pude comprender la importancia de tu evangelización,” o, “es que yo era…” y añádanle lo que ustedes quieran. Si la salvación consiste en lo que un hombre haga, entonces estamos afirmando que la salvación es por obras.
Qué tan diferente puede ser una pregunta?
El día de ayer tuvimos la oportunidad de escuchar un excelente sermón basado en una de las narraciones históricas más impresionantes en los evangelios: el encuentro entre Jesús y el joven rico (Lucas 18: 18-30). Y digo que es impresionante no por lo que sucede al final del encuentro, sino por lo que ocurre desde nuestra perspectiva.
Sólo para enfatizar algunas cosas: Este joven, quien realmente era ya un adulto, era un principal entre los judíos. Este hombre tenía poder. Entre los israelitas era visto como ejemplo de ortodoxia, de clase, de virtud, de moralidad, y sobre todo de religiosidad. Este hombre era todo lo que un judío del primer siglo podía desear llegar a ser…y mucho más!
Tal era su carácter que, para los ojos del pueblo, Dios lo había bendecido con riquezas. En otras palabras, Dios lo había recompensado por ser quien era: un hombre justo y religioso.
Y no sólo era el pueblo quien lo veía así. Él mismo se miraba todos los días al espejo y quizás se preguntaba a sí mismo: “Espejito, espejito, quien hay más justo en el reino de Dios que yo.” Y la respuesta del espejo de su corazón era: “Tu y sólo tu!” Este hombre realmente creía ser justo. Según su doctrina religiosa él obraba todos los días en su favor delante de Dios. Cada día le proveía una oportunidad más para justificarse delante de Dios siguiendo reglas y leyes creadas por hombres, chequeando casillas en una lista de ‘quehaceres’ religiosos.
Y un día de pronto escucha que aquel Jesús del que tanto había escuchado hablar estaba en la ciudad. Marcos, el autor del evangelio, nos cuenta que este joven corrió al encuentro del Señor, quizás pensando dentro de sí: “Si hay alguien que sepa si debo hacer algo más para heredar la vida eterna es este Jesús.” Y corrió a su encuentro con esa motivación.
Spurgeon y el don de Profecía
Algunos carismáticos han querido sugerir que Spurgeon, el príncipe de los predicadores creía que la profecía era un don que estaba presente en la iglesia de sus días. Continúan hablando de las ‘impresiones’ que le daba el Espíritu Santo como si estuviera de acuerdo con las tonterías de nuestros tiempos. Pero, que creía realmente Spurgeon sobre el don de profecía?
Ahora, hay algunas personas que cometen el gran error sobre la influencia del Espíritu Santo. Un hombre necio, que tenía la fama de predicar en cierto púlpito, a pesar de que a la verdad era incapaz de tal trabajo, llamó al ministro, y le aseguró solemnemente que le había sido revelado por el Espíritu Santo, que él debía predicar en su púlpito.
“Muy bien,” dijo el ministro, “supongo que no debo dudar de su afirmación, pero como no me ha sido revelado a mí que yo debo permitirle predicar, usted debe irse de aquí hasta que eso ocurra.”
He escuchado a muchas personas fanáticas decir que el Espíritu Santo les ha revelado esto y aquello a ellos. Ahora esto son generalmente tonterías reveladas. El Espíritu Santo no revela nada nuevo ahora. Él trae cosas antiguas a nuestra mente. “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” El canon de la revelación está cerrado; ya no hay más que añadir. Dios no da nueva revelación, sino que afianza la antigua. Cuando ha sido olvidada, y echada sobre el polvoriento cuarto de nuestra memoria, Él la busca y limpia el retrato, pero no pinta uno nuevo.
No hay nuevas doctrinas, sino las antiguas que son revividas. Esto no es, digo, por una nueva revelación que el Espíritu hace. Él lo hace repitiéndonos las cosas viejas de nuevo; Él trae una nueva lámpara para manifestar los tesoros escondidos en la Escritura; Él abre los viejos armarios en donde la verdad estaba escondida, y apunta al cuarto secreto lleno de verdades no dichas; pero Él no viene de nuevo, porque ya todo ha sido hecho.
La Reforma y el Carismaticismo
Hace unas semanas se llevó a cabo la conferencia para pastores, Desiring God 2013, liderada por John Piper. Un tiempo antes Piper había estando publicitando la conferencia con algunos videos cortos en los cuales trataba básicamente el tema de los dones carismáticos extraordinarios (i.e. profecía, lenguas, milagros, etc). Esto me llevó a pensar que este sería el enfoque de la misma.
Pues bien, justo como lo había pensado, así fue. Sin embargo, algunas de las predicaciones fueron edificantes pues el tema era más doctrinal que controversial, excepto por una. Tope Koleoso, pastor de la iglesia Jubileo en Londres fue invitado para predicar un sermón titulado, “Gracia Soberana, Dones Espirituales, y el Pastor: Cómo debe ser carismático el Pastor Reformado?”
Cuando escuché el sermón me desilusioné mucho, especialmente porque entendí la dirección que estaba tomando Piper con respecto al movimiento reformado. Piper es un neo-calvinista y en los últimos años ha dado su apoyo a otros neo-calvinistas que sinceramente han dejado mucho que desear en cuanto a sus acciones pastorales públicas. Y de nuevo, este año se volvió a equivocar con la dirección que le quiso dar a la conferencia (aunque ni él ni el resto de los ‘reformados carismáticos’ lo crean así).
Pues bien, alguien tenía que responder al sermón de Koleoso de una manera bíblica y responsable. Y así fue! De una manera pastoralmente responsable, bíblica y desde una perspectiva reformada han venido surgiendo respuestas y análisis del mensaje de Koleoso. Mi deseo es compartir estas respuestas para que ustedes puedan aprender las bases reformadas del cesacionismo y porqué esto es lo que nos hace reformados.
Llamarse ‘reformado’ y favorecer los dones carismáticos extraordinarios es negar la Reforma y sus logros en contra de las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana. El fundamento de la Reforma Protestante fue la doctrina de la Sola Scriptura: la Biblia es nuestra sola y única autoridad; nuestra única regla de fe y práctica. Por lo tanto favorecer y creer que la profecía es válida y necesaria en nuestros tiempos es negar el fundamento de la iglesia, la Biblia y por lo tanto es rechazar la Reforma y aliarse con el pensamiento de Roma del siglo XVI hasta nuestros días y sus adiciones a la Palabra de Dios. Read more…

