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Qué tan diferente puede ser una pregunta?

marzo 4, 2013

El día de ayer tuvimos la oportunidad de escuchar un excelente sermón basado en una de las narraciones históricas más impresionantes en los evangelios: el encuentro entre Jesús y el joven rico (Lucas 18: 18-30). Y digo que es impresionante no por lo que sucede al final del encuentro, sino por lo que ocurre desde nuestra perspectiva.

Sólo para enfatizar algunas cosas: Este joven, quien realmente era ya un adulto, era un principal entre los judíos. Este hombre tenía poder. Entre los israelitas era visto como ejemplo de ortodoxia, de clase, de virtud, de moralidad, y sobre todo de religiosidad. Este hombre era todo lo que un judío del primer siglo podía desear llegar a ser…y mucho más!

Tal era su carácter que, para los ojos del pueblo, Dios lo había bendecido con riquezas. En otras palabras, Dios lo había recompensado por ser quien era:  un hombre justo y religioso.

Y no sólo era el pueblo quien lo veía así. Él mismo se miraba todos los días al espejo y quizás se preguntaba a sí mismo: “Espejito, espejito, quien hay más justo en el reino de Dios que yo.” Y la respuesta del espejo de su corazón era: “Tu y sólo tu!” Este hombre realmente creía ser justo. Según su doctrina religiosa él obraba todos los días en su favor delante de Dios. Cada día le proveía una oportunidad más para justificarse delante de Dios siguiendo reglas y leyes creadas por hombres, chequeando casillas en una lista de ‘quehaceres’ religiosos.

Y un día de pronto escucha que aquel Jesús del que tanto había escuchado hablar estaba en la ciudad. Marcos, el autor del evangelio, nos cuenta que este joven corrió al encuentro del Señor, quizás pensando dentro de sí: “Si hay alguien que sepa si debo hacer algo más para heredar la vida eterna es este Jesús.” Y corrió a su encuentro con esa motivación.

Lo que saltó a mi mente el día de ayer al volver a escuchar la predicación de este pasaje fue la pregunta que le hace a Jesús, “Maestro bueno, qué haré para heredar la vida eterna?” Por alguna razón las palabras que se fijaron en mi mente fueron “qué haré?” Inmediatamente el comentario que anoté en mi Biblia fue: “Religión humanista vs. Cristianismo.”

La realidad es esta: en el mundo existen solamente dos tipos de religiones, la falsa y el Cristianismo el cual es la verdadera religión. El punto de esta entrada no es argumentar a favor o en contra de esta afirmación. Lo que me propongo es demostrar la diferencia entra estas dos religiones. Muchos dirían que existen cientos o miles de religiones en el mundo: Catolicismo Romano, Mormonismo, Testigos de Jehová, Budismo, Islam, Cienciología, etc. Pero, si investigamos lo que todas estas religiones afirman sobre el hombre y la salvación, y por ende lo que implican con respecto al carácter de Dios, notamos que todas tienen un denominador común: el hombre es un ser moralmente bueno que puede obrar a su favor delante de la deidad. La iglesia ha llamado a este sistema soteriológico, “Pelagianismo,” y lo ha declarado una herejía de la doctrina bíblica.

Este hombre que se encontró con Jesús era un pelagiano: “Yo no sólo soy descendiente de Abraham, de quien son las promesas de Dios, sino que soy lo suficientemente bueno como para ser justificado por Dios y ser galardonado con la vida eterna por mi esfuerzo.

El Señor Jesús, siendo Dios, conoce el corazón de este hombre y sabe que su mayor amor no es Dios, sino las posesiones materiales. Primero, lo confronta con la segunda parte del Decálogo, aquella que tiene que ver con el amor al prójimo. Jesús le dice, “Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre” (Lc. 18:20).

La respuesta de este hombre no es para que nos impresione si conocemos el contexto religioso del que venía. El joven no tiene ni que pensar su respuesta a esta pregunta. Todos los días hacía un chequeo mental recitando el Decálogo y felicitándose a sí mismo al final. Inmediatamente le da su respuesta al Señor, “Todo esto lo he guardado desde mi juventud” (Lc. 18:21). Desde que tiene memoria esto es lo que le han enseñado a hacer y lo que ha hecho, por lo menos externamente.

Ciertamente la comprensión de este hombre de la Ley de Dios era insuficiente. Así como el resto de judíos y fariseos, su comprensión de la Ley era sumamente superficial, razón por la cual Jesús tuvo, en múltiples ocasiones, que corregir a los escribas y doctores de la ley en cuanto a sus interpretaciones de la misma. Sin embargo, no debemos dudar de que este hombre externamente haya sido perfecto.

Pero, a diferencia nuestra Jesús si podía ver su corazón de este joven. Las apariencias de religiosidad no engañaban al Señor quien podía ver si un hombre estaba vivo o muerto espiritualmente. Y la siguiente petición de parte del Señor iba a revelarle a este joven la verdad que resultaría en un duro golpe a lo que él creía ser. Jesús le dice, “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Lc. 18: 22).

Este hombre creía ser perfecto y justo. Según su percepción él ya estaba en el reino de Dios. Lo que necesitaba era una confirmación. Per, buscándola encontró la realidad: “Soy un pecador, un idólatra! Digo amar a Dios por sobre todas las cosas, pero me han revelado mi materialismo y mi amor por las riquezas.” Y lo único que pudo hacer fue entristecerse y alejarse de Jesús.

Ahora, luego me puse a pensar en la pregunta que le hizo el carcelero en Filipos a Pablo. En Hechos 16 el apóstol es encarcelado junto con Silas, Timoteo y Lucas por supuestamente “alborotar la ciudad” (Hechos 16:20). Ellos terminan en la cárcel cantando himnos al Señor tan fuerte que todos podían escuchar lo que cantaban (Hechos 16:15). Y de pronto se vino un terremoto que abrió todas las puertas de la cárcel y se soltaron las cadenas de los presos (16:26).

Ahora, qué estaba haciendo el carcelero? Estaba durmiendo! Cuando se despertó y vio lo que había sucedido temió por su vida (pensando que lo iban a acusar de haber dejado libres a los presos o que había sido irresponsable en su cuidado) y se iba a suicidar (16:17). Cuando Pablo se dio cuenta de lo que iba a hacer le grito desde adentro, “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí” (16:28). El carcelero corrió hacia Pablo, y noten lo que le dijo, “¿qué debo hacer para ser salvo?” Impresionante!

Lo que quiero hacerles notar son estas dos preguntas hechas por estos dos hombres. La pregunta es la misma en ambos: “Qué haré para heredar la vida eterna,” es lo mismo que, “Qué debo hacer para ser salvo?” Sin embargo, las personas son totalmente distintas: uno era un judío y el otro era un gentil; uno conocía la Ley de Dios, y el otro ignoraba los tratos de Dios para con Su pueblo, especialmente con respecto a Su legislatura. Pero, a pesar de esto, ambos hacen la misma pregunta y el resultado final es diferente.

Qué fue lo que hizo la diferencia?

Mañana responderemos a esta pregunta. Mientras tanto comenten sus respuestas! Bendiciones.

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5 comentarios leave one →
  1. Frank permalink
    marzo 4, 2013 3:36 pm

    Espero la segunda parte :D ! ! !

  2. Henry permalink
    marzo 5, 2013 7:53 am

    Al primero se le pidió que “diera todo a los pobres”, al segundo se le pidió “creer”… hay una gran diferencia entre los dos. El seguir a Cristo demanda de tomar su cruz, cada uno a su medida… para mi es más “fácil” que un inconverso venga a Jesús a que un religioso decida realmente seguir a Cristo… a cada uno según su medida de fe.

  3. Cesar A. Hernandez Gonzalez permalink
    marzo 5, 2013 11:09 pm

    Me encanto el articulo, tambien espero la segunda parte. Personalmente creo que la gran diferencia radicaba en que el joven rico estaba estableciendo su PROPIA JUSTICIA mientras que el carcelero al ver la manifestacion del poder de Dios sintio la necesidad de Justificacion para poder librarse de la ira de Dios. En resumen el primero se sentia como alguien que podia ganarse el favor de Dios, el segundo se sintio como un pecador en manos de un Dios airado por el pecado, que dice que debo hacer para ser salvo (justificado).

  4. kene permalink
    marzo 7, 2013 10:35 pm

    Bueno la verdad nunca había pensado eso que preguntaron tan profundamente, pero me puedo dar cuenta que es muy cierto lo que se dice hay muchas personas que dicen amar a Dios con todo su corazón pero en realidad sus acciones dicen mucho que hablar.

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  1. Qué tan diferente puede ser una pregunta?-Parte II | sujetosalaRoca

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