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Qué tan diferente puede ser una pregunta?-Parte II

marzo 5, 2013

En la entrada anterior estaba tratando de mostrar cuál fue la diferencia, o mejor dicho, que hizo la diferencia en las preguntas del joven rico (Lucas 18) y el carcelero en Filipos (Hechos 16). Si ponemos una al lado de la otra nos daremos cuenta que las preguntas son básicamente la misma: Qué haré para tener la vida eterna?

Tanto el joven rico en su encuentro con el Señor Jesús así como el carcelero con Pablo fueron confrontados espiritualmente. Ambos deseaban saber la respuesta a tan importante pregunta, sin embargo la manera en la que ambos respondieron a la exhortación de Jesús y Pablo fue totalmente diferente. Tanto así que el joven rico se alejó triste luego de que Jesús le mostró lo que debía hacer para ser salvo, mientras que se dice del carcelero que, “se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16: 34).

Entonces, qué hizo la diferencia? Y para responder a esta pregunta debemos dejar claro lo que “no fue la causa” de la diferente respuesta.

Ante esta pregunta muchos creyentes dirían: “Lo que hizo la diferencia fue que el joven rico se negó a hacer lo que Jesús le estaba pidiendo, mientras que el carcelero escuchó e hizo lo que se le había pedido, esto es creer el evangelio.” Sin embargo, debemos recordar que la respuesta de ambos a las exhortaciones hicieron que uno fuera salvo y el otro no, entonces si afirmamos que fue lo que cada uno hizo lo que marcó la diferencia, entonces estaríamos afirmando que la salvación es por obras, y obviamente esto es algo que la Biblia niega rotundamente. Por ejemplo,

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9

Lo que debemos tener claro es que si estos hombres hicieron algo que los hizo obtener la vida eterna, entonces ellos tienen de que gloriarse. Es decir, imaginemos que en la eternidad se llegaran a ver el joven rico y este carcelero. E imaginemos que llegue el apóstol Pablo y les pregunte: “Porqué estás tú en el infierno?” Y luego se vuelva al carcelero y le diga, “Y tú, porqué estás aquí?” Si su salvación hubiera dependido de lo que ellos hubieran hecho, entonces el carcelero tendría de que gloriarse. Él podría decirle a Pablo: “Es que fui más sensible a tu predicación,” o, “es que yo era un hombre más inteligente y capaz que este joven y pude comprender la importancia de tu evangelización,” o, “es que yo era…” y añádanle lo que ustedes quieran. Si la salvación consiste en lo que un hombre haga, entonces estamos afirmando que la salvación es por obras.

Si la Biblia niega rotundamente que la salvación llega por algo que el hombre hace, entonces la implicación lógica es que hay algo externo a los hombres que los hace salvos. Qué es lo que hace la diferencia? O mejor dicho, quién es el que hace la diferencia?

Y esta es la respuesta que he querido mostrar desde el inicio de estas entradas: La diferencia en la vida del joven rico como en la del carcelero la hizo el Espíritu Santo.

El joven rico aparentaba ser un hombre piadoso. Externamente había guardado desde su niñez la Ley de Dios. Sin embargo, lo que los hombres no podían ver era el estado de su corazón. Este hombre era como el resto de escribas y fariseos que eran, “semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). Por fuera parecía un hombre justo, sin embargo por dentro hedía a muerto.

Y esto fue lo que vio el Señor Jesús. Este hombre quería continuar engañándose a sí mismo creyendo que era justo y que por su justicia podía heredar la vida eterna. Sin embargo, Jesús siendo Dios, conocía lo que había en su corazón y con un sólo golpe derribó todo lo que el joven rico creía ser mostrándole que era un pecador, un idólatra, y por lo tanto, demotrándole lo lejos que estaba de la vida eterna.

Ahora, el carcelero en Filipos no era diferente. Él era un gentil, lejos de la ciudadanía de Israel, ajeno a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12). El carcelero estaba bajo pecado tanto como este judío que se encontró con el Señor, y por lo tanto, estaba bajo la ira de Dios (Romanos 3:9).

Si la condición espiritual de ambos era la misma que la de un muerto, entonces es lógico pensar que así como un muero no puede hacer nada para obedecer, así mismo el muerto espiritual no puede hacer nada para obedecer el mandamiento del evangelio de arrepentirse y creer.

Qué debió haber hecho el joven rico cuando Jesús le mostró su pecado de idolatría? Arrepentirse, creer en Él como el Dios eterno hecho hombre, y seguirle. Sin embargo, por estar muerto espiritualmente no pudo obedecer, sino que endureció más su corazón y se alejó de Jesús aferrándose a sus riquezas en lugar de haberse aferrado al Salvador. En lugar de haber sentido temor por causa de sus pecados y haber clamado a Jesús por misericordia, continuó amando las riquezas.

Pero, lo que ocurrió con el carcelero fue muy diferente! Este hombre luego del terremoto, y quizás habiendo escuchado a Pablo predicar, sintió un temor terrible por la condición en la que se encontraba. Fue ese terror lo que lo llevó a preguntarle a Pablo por lo que debía hacer para ser salvo. Esto llevó al apóstol a predicarle el evangelio y a que la salvación llegara a su casa. En Hechos 16 leemos,

31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.”

Pablo y los demás le explicaron el evangelio a este pecador, y él viéndose muerto por causa del pecado en contra de un Dios santo, se arrepintió y creyó el evangelio. Pero, cómo pudo haber ocurrido esto? Cómo pudo haber visto su terrible condición estando muerto espiritualmente?

La realidad es que el Espíritu Santo actuó en la vida de este hombre y lo hizo nacer de nuevo. Este hombre fue re-generado, es decir, recibió vida espiritual, un corazón nuevo, que le permitió ver su condición, temer, arrepentirse y luego poder ver a Jesús como Su único Salvador. Sin la acción de la tercera persona de la Trinidad este carcelero hubiera seguido en la misma condición en la que estaba y ni siquiera hubiese temido ni escuchado, ni creído el evangelio.

Quién hizo la diferencia entre estos dos hombres? Fue el Espíritu Santo! La salvación, dice la Biblia, es de Jehová (Jonás 2:9). No hay nada que el hombre pueda hacer para ser salvo. Los hombres están muertos espiritualmente y a pesar de que escuchen el evangelio y sean exhortados, aún por Jesús, a arrepentirse y seguirle, si no es porque el Espíritu Santo, quien de acuerdo con los decretos del Padre y la obra del Hijo, le cambia el corazón, entonces ningún hombre se arrepentirá ni creerá.

Esto nos muestra que nuestra responsabilidad es predicar el evangelio fielmente. Los hombres no podrán responder a él por sí mismos. Pero, sabiendo que la salvación es de Dios, y sabiendo que es por medio de la predicación fiel de Su evangelio que Él obra en la vida de Sus elegidos para salvarlos, entonces, predicaremos ese mismo evangelio sin adulterarlo.

Los hombres no necesitan que los convenzamos de algo. Los hombres necesitan que les prediquemos el evangelio fielmente. Es el Espíritu Santo quien convence de pecado al cambiar el corazón de las personas para que puedan arrepentirse y creer. El autor de la fe no es el hombre. El autor de la fe es nuestro Señor Jesucristo (Hebreos 12:2).

La diferencia, entonces, entre las preguntas del joven rico y el carcelero está en que uno estando muerto espiritualmente piensa que puede obtener la salvación por sus obras, mientras que el otro al haber recibido un nuevo corazón ve su condición delante de un Dios santo y se da cuenta que necesita un Salvador, quien luego de la explicación del evangelio, comprende es Jesucristo. Es en Él en quien cree y por quien es salvo.

Pero, de nuevo, la diferencia está en que la pregunta viene de corazones distintos, uno muerto y el otro que ha sido vivificado por Dios.

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One Comment leave one →
  1. ken permalink
    marzo 7, 2013 10:57 pm

    Muy buen artículo creo que en verdad nosotros mismo no podemos hacer nada para ser salvos solo Dios es el único que tiene ese autoridad y da vida a todos los que nos encontramos muertos espiritualmente

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