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Porqué Somos Protestantes?-Solus Christus

October 29, 2009

Ya estamos casi finalizando la serie acerca de la Reforma Protestante y los postulados que surgieron de ella. Durante esta época se enfatizaron verdades que marcaron la historia de la iglesia. Grandes hombres de Dios lucharon por volver a la Biblia, pues en ella hallaron la Palabra de Dios. Los pueblos ya no tenían que creer en lo que los líderes de la iglesia decían era la verdad, sino que ellos mismos tenían la capacidad de buscar en ella la verdad de Dios.

Se enfatizó la salvación de los pecadores por gracia y sólo por gracia. Las obras humanas no contaban para nada, sino que era Dios quien le otorgaba el regalo de la salvación a un pecador que merecía Su ira. Con esta doctrina, venía muy ligada la doctrina de sola fide la cual expresaba que la justificación era por medio de la fe en Jesucristo. No había otra manera de ser justificado debido a que el hombre natural está desprovisto de toda justicia por causa de su pecado, la única manera de ser hallado justo por Dios era creyendo en la justicia que sólo Cristo le puede proveer al pecador.

El día de hoy llegamos a otra de estas preciosas doctrinas, Solus Christus o Solo Cristo. Durante la Edad Media los líderes de la iglesia enseñaban que los sacerdotes tenían una relación especial con Dios y que ellos podían suplir a los creyentes de una cierta gracia divina a través de los sacramentos. Los sacerdotes podían hacer salvos a los hombres con la simple administración de éstos.

Luego, poco antes de la Reforma, gran cantidad de pensadores renacentistas como Francesco Petrarca, promulgaban la idea de la unificación de las religiones. Este pensamiento humanista afirmaba que Dios tenía otros medios salvíficos en las demás religiones, y por lo tanto, éstas podían ofrecer la salvación de aquellos que le siguieran.

Pero cuando llegaron los reformadores, quienes previamente habían ido a las Escrituras para afirmar sus doctrinas, negaron estas posibilidades. No sólo la eucaristía católico romana fue condenada como una blasfemia, sino que el pensamiento humanista fue rechazado como una herejía.

Cristo, argumentaban los reformadores, no se encontraba presente en el vino y en el pan, sino que esto era meramente simbólico. Acusaron a los líderes católicos que tenían esta práctica de idolatras, pues veneraban el vino y el pan como si tuvieran alguna cualidad divina. El verdadero Cristo que salva se encontraba en el cielo, reinando a la diestra del Padre, no en la hostia.

Además, condenaron el pensamiento humanista, pues afirmaban que Cristo era el único camino para que un hombre pudiera ser salvo de la ira de Dios. Las demás religiones sólo traían condenación a los hombres. Cuál era el argumento de los reformadores?

Cristo el único Mediador entre Dios y los hombres

La Iglesia Católico Romana tenía una larga historia de corrupción. Esta corrupción no era solamente política y económica, como vimos en las entradas previas, sino que también era doctrinal.

Tempranamente en la historia de la iglesia se empezaron a introducir enseñanzas que más tarde fueron totalmente torcidas. Entre estas se encuentra la mariología y la veneración de los santos. Lo que vemos en el siglo quinto de esta era, por ejemplo, es la defensa de las dos naturalezas de Cristo, divina y humana. Para ello se le denominó a María “theotokos” o “Madre de Dios.” El nestorianismo promulgaba la idea que las Cristo no podía tener dos naturalezas, sino que María dio a luz a Jesús el hombre.

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Debe un Cristiano Ayunar Durante Ramadán?

October 29, 2009

Para aquellos que no saben, Ramadán es una celebración musulmana supuestamente debido a que fue en esa fecha cuando Mohammad recibió el Corán de Dios. Es triste ver la ignorancia de muchos que diciendo ser creyentes aceptan y hasta apoyan a aquellos que quieren ayunar junto a sus amigos musulmanes en estas fechas. Cuál es la idea? Solidarizarse con los musulmanes en su adoración a Dios. Y más triste aún es que una revista que dice adherirse a los principios ortodoxos-que creo que los abandonó ya hace mucho tiempo-como Christianity Today, haga la pregunta como si fuera algo muy normal. Tan sólo tiene que leer las respuestas de varios líderes de iglesias para saber la razón de la ignorancia de la iglesia en nuestros tiempos. Es a causa de líderes como estos por lo cual lobos como Brian McLAren han entrado a engañar a tantas almas para que sigan a un dios falso. Lo único bueno del artículo fue la respuesta de Douglas Wilson, quien dijo,

No es apropiado ayunar al lado de los musulmanes. Yo no haría un punto, si estuviera en un estado grandemente musulmán en donde todos estuvieran ayunando durante el día, o comiendo un hot dog y caminando afuera y comerlo…pero observar Ramadán con sus vecinos musulmanes, o dejarles saber que usted está observando Ramadán como un acto de solidaridad espiritual o religiosa, es simplemente un compromiso fundamental. Ellos están observando Ramadán en servicio a un falso dios y un falso evangelio, y no deberíamos tratar de expresar solidaridad con esto.”

Es tan fácil ver que tan cercanos con Roma están algunos “cristianos” en respuestas como los que publicó la revista. Verdaderamente triste.

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Porqué Somos Protestantes?-Sola Fide

October 28, 2009
Estatua de Lutero

Estatua de Lutero

Esta es la tercera parte de la serie sobre la Reforma Protestante. Lo que he querido hacer notar es que este hecho histórico no sucedió por casualidad, sino que Dios venía desarrollando un plan de acuerdo a Su voluntad. Esto es la Providencia de Dios. Es decir, Dios, teniendo un pueblo al cual había decidido redimir de la esclavitud del pecado, obró a través de ciertos hombres para traer esta Reforma a la iglesia.

La impiedad de los líderes de la iglesia era tan que habían consumido al pueblo más profundo en las tinieblas espirituales. El Cardenal Hergenröther describe la época antes de la Reforma de la siguiente manera,

Con la decadencia de la autoridad eclesiástica se había introducido de nuevo en el pueblo cristiano la antigua rudeza de constumbres que había sobremanera difícil dominar las pasiones que a veces estallaban con irresistible violencia…En este período tomó gran incremento la superstición bajo sus diversas formas; así es que los astrólogos, agoreros y adivinos escontraban favorable acogida, lo mismo en los palacios de los grandes que en las chozas de los campesinos. Las cruzadas y los musulmanes españoles introdujeron en Europa el uso de amuletos y talismanes, así como la creencia en la virtud milagrosa de ciertas piedras preciosas, en la magia y en la astrología.” Ricardo Cerni. Historia del Protestantismo. Página 16

Ya hombres como Wycliffe se habían opuesto a la doctrina de la Iglesia Católica Romana, inclusive hasta el punto de llamar Anticristo al papa. Hombres como él iniciaron la traducción de la Biblia al inglés. Además otros pre-reformadores como Jan Huss o Jerónimo de Savonarola quienes fueron o muertos o excomulgados por el papado por estar en oposición con las principales doctrinas del romanismo. Pero Dios tenía a un hombre para revolucionar al mundo.

Fue a Martín Lutero a quien Dios tenía para esta misión. Dios estaba preparando al mundo para la reforma que Él había decretado. Su pueblo no permanecería más en las tinieblas a las que había sido expuesto por la impiedad de los líderes de la Iglesia Católico Romana. Lutero no quería ser monje, sino que se estaba preparando para practicar el Derecho. En la providencia divina mientras él viajaba en medio de un bosque, una tormenta intensa lo acechó. Los relámpagos eran tan intensos que cuando caían partían los árboles. Lutero muerto de temor cayó al suelo e imploró, no a Dios, sino a Santa Ana la patrona de los mineros, “Ayúdame Santa Ana y me convertiré en monje.” [1] Quizás Lutero recordó alguna enseñanza de su padre quien fue minero, y en medio del temor buscó una intercesión.

Monasterio en Erfurt

Monasterio en Erfurt

Lutero sobrevivió la tormenta y cumplió su voto, se convirtió en monje. Entró en un monasterio agustino en Erfurt en donde luego se convertiría en un sacerdote. Como le había sido enseñado en sus años monásticos, confesaba sus pecados diariamente, ayunaba, oraba sin cesar, pero sin embargo no conseguía sentirse bien con Dios. A pesar de hacer todas estas cosas para lograr conseguir justicia frente a Dios como le había sido enseñado por la iglesia romanista, Lutero lo único que encontraba era su propia injusticia.

Para Lutero la carga de su propio pecado era tan grande que pasaba horas diarias en el confesionario. Staupitz, quien fuera su superior en el monasterio, llegó al punto de ordenarle al reformador no volver al confesionario hasta que tuviera un pecado que debiera ser confesado. Pero Lutero hurgaba en su conciencia tratando de aliviar esa carga. La misma vida monástica era un medio para estar mejor con Dios, pero en ella Lutero sólo encontraba que tan alejado estaba del Dios Santo, hasta el punto que escribió, “yo estaba en perpetuo tormento.

Lutero dejó de buscar ayuda en Staupitz y fue a la Biblia. Fue en ella donde encontró la verdad. En las Escrituras encontró al Dios infinitamente justo y se halló a sí mismo totalmente injusto. Encontró A Dios exigiéndo perfecta obediencia a sus criaturas, y se encontró a él mismo totalmente desobediente. Lutero encontró al Juez. Su miseria aumentaba cada día a causa del conocimiento de su pecaminosidad.

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Aniversario 492 de la Reforma Protestante

October 28, 2009
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Como les había informado hace un par de días, este próximo sábado 31 de Octubre celebraremos un culto unido para conmemorar el aniversario de la Reforma Protestante, cuando Dios en Su providencia llevó a ciertos hombres para que devolvieran la luz del evangelio a Su pueblo. Si desean más información no duden en contactarme. Pueden descargar el boletín aquí.

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María la Madre de los Creyentes?

October 27, 2009

Para el catolicismo romano el pasaje de Juan 19: 26-27 es testimonio claro de la maternidad espiritual de María de todos los creyentes. Cristo, según argumentan el entregó a su discípulo amado a su madre. Por ello, afirman, María debe ser venerada, pues nos fue entregada por Cristo a nosotros. Noten los argumentos romanistas,

1. Jesús, después de haber confiado el discípulo Juan a María con las palabras: “Mujer, he ahí a tu hijo”, desde lo alto de la cruz se dirige al discípulo amado, diciéndole: “He ahí a tu madre” (Jn 19, 26-27). Con esta expresión, revela a María la cumbre de su maternidad: en cuanto madre del Salvador, también es la madre de los redimidos, de todos los miembros del Cuerpo místico de su Hijo.

La Virgen acoge en silencio la elevación a este grado máximo de su maternidad de gracia, habiendo dado ya una respuesta de fe con su “sí” en la Anunciación.

Jesús no sólo recomienda a Juan que cuide con particular amor de María; también se la confía, para que la reconozca como su propia madre.

Durante la última cena, “el discípulo a quien Jesús amaba” escuchó el mandamiento del Maestro: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12) y, recostando su cabeza en el pecho del Señor, recibió de él un signo singular de amor. Esas experiencias lo prepararon para percibir mejor en las palabras de Jesús la invitación a acoger a la mujer que le fue dada como madre y a amarla como él con afecto filial.

Ojalá que todos descubran en las palabras de Jesús: “He ahí a tu madre”, la invitación a aceptar a María como madre, respondiendo como verdaderos hijos a su amor materno.

2. A la luz de esta consigna al discípulo amado, se puede comprender el sentido auténtico del culto mariano en la comunidad eclesial, pues ese culto sitúa a los cristianos en la relación filial de Jesús con su Madre, permitiéndoles crecer en la intimidad con ambos.

El culto que la Iglesia rinde a la Virgen no es sólo fruto de una iniciativa espontánea de los creyentes ante el valor excepcional de su persona y la importancia de su papel en la obra de la salvación; se funda en la voluntad de Cristo.

Las palabras: “He ahí a tu madre” expresan la intención de Jesús de suscitar en sus discípulos una actitud de amor y confianza en María, impulsándolos a reconocer en ella a su madre, la madre de todo creyente.

En la escuela de la Virgen, los discípulos aprenden, como Juan, a conocer profundamente al Señor y a entablar una íntima y perseverante relación de amor con él. Descubren, además, la alegría de confiar en el amor materno de María, viviendo como hijos afectuosos y dóciles.

La historia de la piedad cristiana enseña que María es el camino que lleva a Cristo y que la devoción filial dirigida a ella no quita nada a la intimidad con Jesús; por el contrario, la acrecienta y la lleva a altísimos niveles de perfección.

Los innumerables santuarios marianos esparcidos por el mundo testimonian las maravillas que realiza la gracia por intercesión de María, Madre del Señor y Madre nuestra.

Al recurrir a ella, atraídos por su ternura, también los hombres y las mujeres de nuestro tiempo encuentran a Jesús, Salvador y Señor de su vida.

Sobre todo los pobres, probados en lo más íntimo, en los afectos y en los bienes, encontrando refugio y paz en la Madre de Dios, descubren que la verdadera riqueza consiste para todos en la gracia de la conversión y del seguimiento de Cristo.

3. El texto evangélico, siguiendo el original griego, prosigue: “Y desde aquella hora el discípulo la acogió entre sus bienes” (Jn 19, 27), subrayando así la adhesión pronta y generosa de Juan a las palabras de Jesús, e informándonos sobre la actitud que mantuvo durante toda su vida como fiel custodio e hijo dócil de la Virgen.

La hora de la acogida es la del cumplimiento de la obra de salvación. Precisamente en ese contexto, comienza la maternidad espiritual de María y la primera manifestación del nuevo vínculo entre ella y los discípulos del Señor.

Juan acogió a María “entre sus bienes”. Esta expresión, más bien genérica, pone de manifiesto su iniciativa, llena de respeto y amor, no sólo de acoger a María en su casa, sino sobre todo de vivir la vida espiritual en comunión con ella.

En efecto, la expresión griega, traducida al pie de la letra “entre sus bienes”, no se refiere a los bienes materiales, dado que Juan -como observa san Agustín (In Ioan. Evang. tract., 119, 3)- “no poseía nada propio”, sino a los bienes espirituales o dones recibidos de Cristo: la gracia (Jn 1, 16), la Palabra (Jn 12, 48; 17, 8), el Espíritu (Jn 7, 39; 14, 17), la Eucaristía (Jn 6, 32-58)… Entre estos dones, que recibió por el hecho de ser amado por Jesús, el discípulo acoge a María como madre, entablando con ella una profunda comunión de vida (cf. Redemptoris Mater, 45, nota 130).

Ojalá que todo cristiano, a ejemplo del discípulo amado, “acoja a María en su casa” y le deje espacio en su vida diaria, reconociendo su misión providencial en el camino de la salvación.”

Ahora, ya que estamos celebrando la misericordia de Dios hacia la iglesia, pues fue hace 492 años cuando por medio de un hombre llamado Martín Lutero, Dios devolvió la luz a Su pueblo, veamos que fue lo que escribió el reformador con respecto a Juan 19: 26-27,

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