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Creencias de Fariseos

February 5, 2010

Hace unas semanas me relataron la creencia de una persona que me pareció increíble. Resulta que esta persona evita, o mejor dicho, no usa ropa de otras personas, inclusive hermanos o hermanas, porque le da miedo contaminarse con alguna maldición que tenga la persona dueña de la prenda de vestir.

Me pareció increíble porque nunca había escuchado una tontería como esa. Pero, como si fuera un mensaje para confirmarme el triste estado del evangelicalismo latinoamericano, hace unos días recibí un correo de un hermano que me pedía consejos sobre la práctica de la imposición de manos en la Biblia. Él quería saber cual era esa práctica y cuando se utilizaba. Yo le dí una breve respuesta y algunas citas bíblicas, pero lo que me sorprendió fue su respuesta. En su mensaje, me contaba que en un estudio bíblico al cual asistía, se le había enseñado que no se debía imponer las manos a un homosexual por el riesgo de que se pudiera transferir algún pecado al creyente.

Parece risible, pero es verdaderamente triste. Es triste porque estas son las enseñanzas que salen de muchos púlpitos en la actualidad. No deseo hacer un gran análisis de esta enseñanza. Lo que sí deseo hacer es refutarla a la luz de las enseñanzas novotestamentarias. Es que acaso la Biblia dice que un hombre puede contaminarse por usar la ropa de otra persona? Puede un pecado transmitirse a otro hombre por una prenda de vestir? La respuesta bíblica es un rotundo no! En el evangelio de Marcos se compara esta creencia con una doctrina farisaica. Veamos lo que ocurre en Marcos 7,

1 Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. 7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga” Marcos 7: 1-16

En este pasaje vemos a los fariseos acercarse a Jesús para interrogarlo sobre una práctica de sus discípulos que era contraria a su propia tradición. La tradición judía era la de lavarse en muchas ocasiones y repetidamente las manos para evitar contaminar su cuerpo con algo que hubieran tocado. Por ejemplo, se dice que los judíos luego de ir al mercado volvían a sus casas y se lavaban las manos profundamente por aquello de haber tocado a un gentil y poder contaminar su cuerpo con el pecado de ese hombre.

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Mérito vs. Regalo

February 4, 2010

Ciertamente el arminianismo contemporáneo no es el mismo que fue formulado por Arminio hace más de 4 siglos. Sin embargo, cuando se estudia este sistema teológico uno se da cuenta de las profundas contradicciones que existen principalmente en lo que respecta a la soteriología (doctrina de la salvación).

Lo que el arminianismo contemporáneo afirma es lo siguiente: “La salvación es de Dios. Sólo por gracia puede un pecador ser salvo. Sin embargo, es el hombre, quien auxiliado por el poder de Dios, cree en Cristo y en respuesta a esa fe Dios le hace nacer de nuevo.” A esta ayuda brindada por Dios se le ha llamado gracia preveniente o preventiva.

Cuando el arminiano se refiere a la gracia preveniente se refiere a una gracia que es dada por Dios a todos los hombres básicamente con el fin de que sean apaciguados o prevenir los efectos de la caída en los hombres y puedan ellos hacer el bien. En principio esa gracia preveniente le otorga la libertad al hombre de la esclavitud del pecado, pudiendo el hombre desear amar a Dios.

Debemos enfatizar que esa gracia preveniente es otorgada a todos los hombres sin distinción. Y es por medio de esa nueva libertad que les es dada por ese regalo divino por la cual un hombre puede rechazar o aceptar la oferta del evangelio que le es predicado. Es decir, por medio de esa gracia común a todos los hombres, es el hombre quien decide tener fe o no. Es por ello que los arminianos pueden afirmar-según ellos-que la salvación es exclusivamente una obra de Dios.

Pero teorías como esta, famosa en los escritos de John Wesley, un ferviente arminiano, lo único que tratan es de hacer compatibles la soberanía de Dios y la libertad humana por medio de la sabiduría humana. Esta acusación puede parecer cruel, pero debemos enfatizar que la Biblia nunca habla de algo parecido a la gracia preveniente del arminiano. Si esto es así, entonces el origen de esa doctrina es la mente humana y por lo tanto debe ser rechazada. Sin embargo vemos a muchos creyentes afirmando con firmeza cosas como estas.

Para ser libre, dicen ellos, el hombre debe tener la capacidad de aceptar o rechazar algo. Para ser libres, el hombre debe ser capaz de creer en Cristo por sus propias fuerzas, de otro modo, esa libertad es una farsa. Es por ello que del arminianismo nacen gran cantidad de herejías como el movimiento de la Palabra-Fe; Teísmo Abierto; etc.

El Error Fundamental

Podríamos decir que puede existir algo en la creación que sea totalmente libre de Dios? Tan libre como para poder no estar sujeta a la voluntad divina? Eso es simplemente imposible. El Dios soberano de la Biblia dirige Su creación según Su placer e infinita sabiduría. No hay nada en el universo que esté libre de Su voluntad. La Biblia afirma esto de la siguiente manera,

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Qué Ocurre Cuando Desaparece el Calvinismo?

February 3, 2010

Esta semana empecé a leer el libro de James M. Boice y Philip Ryken titulado, “The Doctrines of Grace: Rediscovering the Evangelical Gospel” (Las Doctrinas de la Gracia: Redescubriendo las Buenas Nuevas del Evangelicalismo). He encontrado una grata experiencia en esta lectura dado el enfoque hecho por los autores. La idea es evaluar históricamente lo que le ha sucedido a la iglesia cuando se ha dejado por fuera el calvinismo y las doctrinas de la gracia. El día de hoy deseo traerles una cita que encontramos en la página 59 del libro en donde los autores describen una de las consecuencias funestas de esto: “la llamada al altar.” De esto escriben,

A pesar que el movimiento de Calvinismo a Arminianismo empezó en las aulas de los seminarios, tuvo una profunda influencia en la cultura americana a través de los eventos de Segunda Gran Avivamiento. Los avivamientos del Primer Gran Avivamiento fueron eventos sobrenaturales, producidos por el poder del Espíritu de Dios. Lo mismo puede decirse de los avivamientos que empezaron en los 1790’s y que continuaron hasta el siglo XIX. Como su predecesor, el Segundo Gran Avivamiento empezó y floreció en las iglesias calvinistas, en donde se creía que debido a que el avivamiento es una obra exlcusiva de Dios, es “peculiarmente ilustrativo de las doctrinas de la gracia.”

Sin embargo, debido a que era natural el desear que el avivamiento continuara, algunos líderes cristianos-especialmente Metodistas-buscaron crear métodos para promover el avivamiento. Su preocupación por la salvación personal era buena. Sin embargo, en lugar de confiar en Dios para bendecir los medios ordinarios de gracia (oración, ministerio de la Palabra, y los sacramentos), ellos adoptaron las “Nuevas Medidas” asociadas con el sistema de invitación: la llamada al altar. Estas técnicas pragmáticas fueron susceptibles a la manipulación, especialmente en donde era considerado importante contar el número de conversiones. Los predicadores estresaban la necesidad de “venir adelante para recibir a Cristo,” con la consecuencia no intencionada de confundir la decisión humana (venir adelante) con la transformación divina (conversión espiritual). En resumen, ocurrió un cambio de avivamiento al relativismo.

Esta transición estaba basada en una teología Arminiana de la conversión que mantenía que los pecadores eran neutrales-libres para escoger su propio destino espiritual. Mientras que los Puritanos habían insistido que la depravación prevenía a cualquiera de escoger a Cristo aparte del trabajo previo del Espíritu Santo, los nuevos predicadores de avivamientos llamaban a la gente a ejercer su propia habilidad para recibir el evangelio. Gardiner Spring describió esto como la diferencia entre un avivamiento que es llevado arriba por el ingenio del hombre y uno que desciende por medio del Espíritu Santo. La diferencia puede ser ilustrada comparando a Jonathan Edwards, quien describió el avivamiento como “una extraordinaria dispensación de Providencia,” con Charles Finney, quien insistía que el avivamiento no es sobrenatural sino el resultado natural “del uso adecuado de los medios constituidos.” Como la mayoría de estos predicadores, Finney rechazó explícitamente las doctrinas de la gracia. Muy temprano en su ministerio dejó la iglesia Presbiteriana y repudió la visión calvinista de la expiación, regeneración, fe, arrepentimiento, la esclavitud de la voluntad humana, y otras doctrinas hermanas. La visión que eventualmente adoptó no fue meramente Arminianista sino Pelagiana. Finney creía que los pecadores podían iniciar su propia conversión: “En lugar de decirles a la gente que usaran los medios de gracia y que oraran por un nuevo corazón, los llamamos a que ellos mismos produzcan un nuevo corazón y un nuevo espíritu y enfatizabamos el deber de someterse instantáneamente a Dios.”

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Si Tan Sólo Tocares el Borde del Manto

February 3, 2010
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Este domingo pasado un hermano en mi iglesia (IBRL), Ronny Fallas, predicó un excelente sermón sobre uno de los milagros de Jesús en Marcos 5: 21-43. Les insto a ver el video de la predicación aquí.

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Esperanza en Medio del Sufrimiento

February 2, 2010

El sufrimiento es algo para lo que el hombre no fue hecho. Tan claro es esta realidad que a todos nosotros nos da temor experimentarlo. Yo lo veo todos los días en mi trabajo. Como médico escucho siempre lo mismo de mis pacientes, “Doctor, haga lo que haga, le pido que no me vaya a doler mucho.” En fin, el hombre no fue creado para sufrir.

Nunca hemos visto a alguien-por lo menos en su sano juicio-a quien le guste el dolor, ya sea emocional o físico. El dolor entró en la creación a causa del pecado. El hombre fue creado con la meta de vivir en comunión perfecta con Dios, sin embargo, a causa de su rebelión, el hombre fue sujetado junto a la creación a las consecuencias de su transgresión, entre ellas, el sufrimiento.

El error de muchos está en creer que ese sufrimiento fue tan sólo un castigo de Dios, sin pensar que Él tiene un propósito para todas las cosas que ocurren en Su creación, incluyendo el dolor y el sufrimiento. El error es tan grave que muchos creyentes piensan que cuando un cristiano sufre es una indicación de que Dios no lo ama, que tiene falta de fe, o que está en pecado.

Ciertamente el sufrimiento y el dolor pueden venir a una persona como consecuencia del juicio de Dios, sin embargo el fin último de Dios es brindar esperanza. Es bueno recalcar aquí que el creyente que sufre lo hace por el decreto soberano de Dios, quien como un Padre lo trae a su vida en amor y no en juicio o ira, como creído por muchos.

Nunca el creyente sufre dolor por falta de fe. Esto queda más claro cuando leemos el pasaje en el salón de la fe de Hebreos 11. En ese pasaje vemos a los profetas, quienes alcanzaron buen testimonio de la fe y de los cuales el mundo no era digno, sufrieron dolores indescriptibles. El autor del libro de Hebreos nos cuenta que muchos fueron,  “36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados” (Hebreos 11: 36-37).

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