Una Clara Diferencia entre La Biblia y Roma
La Biblia afirma que nuestros pecados son perdonados cuando una persona cree en Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres. Por lo menos, esto fue lo que predicaron los apóstoles (Hechos 10:43; 26: 18). Creer en Jesucristo significa en el Nuevo Testamento reconocer que Él es Dios y que sólo Él pudo vivir una vida perfecta, obedeciendo sin faltas la Ley de Dios, y que sólo Él pudo morir para sufrir el castigo de Dios por los pecados de Su pueblo.
Creer en Jesucristo es reconocer que ningún hombre es capaz de hacer algo para merecer la justificación de parte de Dios. Es reconocer que ningún hombre es capaz de hacer algo por sí mismo para agradar a Dios y ser reconciliado con Él por sus pecados. Es reconocer que estamos perdidos si estamos fuera de Cristo.
Pero, qué predica Roma? No sólo predica la salvación por obras, sino que ahora predica que un hombre puede ser perdonado si pasa a través de una ‘puerta santa’, se confiesa y ora por las intenciones del ‘sumo pontífice.’ El pasar por esa puerta, dice el rector de la basílica de Los Angeles en Costa Rica, “Es asumir un compromiso, un cambio en la vida, seguir los principios de nuestro Señor.” Dios le da perdón a aquel que se lo ha ganado.
La pregunta es: qué hombre puede ganar el perdón de Dios fuera de Jesucristo? Qué hombre puede ganar el perdón de Dios al pasar por una puerta? Si los hombres no pasan por la verdadera puerta que es Jesucristo (Juan 10: 7-10) con fe, nadie podrá ser perdonado. Fuera de Cristo no hay perdón. Fuera de Cristo todos los hombres están condenados por sus pecados contra Dios.
Es por eso que el evangelio de Roma no puede traer salvación, ya que insiste y guía a los hombres a buscar algo que no pueden hacer: justificarse por sí solos ante Dios por medio de sus obras. Ese no es el evangelio de Cristo, y esa fue la lucha de Pablo con la iglesia de los Gálatas, quienes habían aceptado a los judaizantes que predicaban el mismo evangelio de Roma (Gálatas 1:8).
Que todos nosotros podamos llevar el verdadero evangelio de gracia a los católicos romanos. Sólo ese mensaje puede traer vida espiritual a los muertos.
Debate entre Calvinistas y Arminianos
Quiere saber como terminan casi siempre los debates entre un calvinista y un arminiano? Vean esta ilustración,
Posmodernistas en el sigo V?
Si hay algo claro es que, “no hay nada nuevo bajo el sol.” Todo en la historia se repite, inclusive las herejías que vemos hoy son las mismas herejías del pasado. De igual manera, los errores filosóficos de nuestros tiempos son los mismos errores filosóficos que fueron expuestos en el pasado. Esto es lo que nos demuestra el pastor Sugel Michelén en su entrada, “Discípulos de Gorgias.” El pastor Michelén escribe,
El relativismo ha venido a ser, sin duda, uno de los credos más populares de nuestra generación, a tal punto que si alguien proclama la existencia de verdades o valores absolutos, corre el riesgo de ser tildado de arrogante, intolerante o tener una mente estrecha.
Pero esta doctrina no es nueva. Ya en el siglo V antes de Cristo el escepticismo radical de Gorgias sentó las bases del relativismo al afirmar que “toda declaración es falsa.”
Nunca había leído de este hombre, y esta entrada me ha metido curiosidad para leer más de este hombre. Sin embargo, creo que las conclusiones a las que llega el pastor Sugel deben ser meditadas por nosotros. Pueden leer su entrada aquí.
Porque Para Siempre es Su Misericordia
Anoche mi esposa y yo meditamos en el Salmo 136. Las verdades descritas con respecto a los atributos de Dios son increíbles. No es para menos que el salmista canta al final, “Alabad al Dios de los cielos, Porque para siempre es su misericordia.” Y sólo deseo mostrarles las verdades que afirma el salmista acerca de Dios e Israel.
Primero, el autor del salmo inicia afirmando a Dios como el Soberano sobre toda la creación. Noten las palabras, “Alabad al Dios de los dioses,” y en el siguiente versículo, “Alabad al Señor de los Señores.” El salmista asegura que el Dios de Israel es el Soberano sobre todas las cosas. No hay nada semejante a Él. Inmediatamente después afirma que Dios es el único ser Todopoderoso. En el siguiente versículo declara, “Al único que hace grandes maravillas.” Ahora, si los israelitas no sabían a cuales maravillas se refería el salmista, éste lo deja muy claro.
En los siguientes versículos afirma que fue Dios quien creó todas las cosas, “hizo los cielos con entendimiento,” “extendió la tierra sobre las aguas,” hizo las grandes lumbreras,” hizo al “sol para que señorease en el día,” y “la luna y las estrellas.” Todo fue creado por Dios. El salmista no es extensivo en su discurso sobre la creación de Dios, seguramente porque había afirmado que sólo Dios tenía ese poder, por lo tanto no hay nada en la creación que haya podido ser creado por otro. Sólo el Dios de Israel tenía ese poder.
Pero, el salmista describe algo aún más maravilloso para Israel: el poder de Dios no les había sido manifestado a ellos en la creación, sino también en la redención lograda. Fue Dios quien sacó a Israel de Egipto; fue Dios quien partió el Mar Rojo; fue Dios quien destruyó al ejercito egipcio. Y después de haberlos redimido del poder de su más grande enemigo, no los dejó abandonados, sino que los pastoreó; derrotó a los grandes y poderosos pueblos de la tierra con el fin de entregarles la tierra prometida. Porqué? “Porque para siempre es Su misericordia.”
Pero, noten algo sumamente interesante. En el versículo 23 el salmista hace algo quizás con la intención de magnificar y exhortar al pueblo para que alabaran a Dios verdaderamente. En ese versículo escribe lo siguiente, “El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros.” Israel no había sido quien había buscado a Dios cuando estaba en esclavitud a manos de Egipto. De hecho, ellos se habían olvidado de Jehová, el Dios de Abraham y Jacob. Fue Dios quien, a pesar de que ellos estaban abatidos en su esclavitud, se acordó de ellos y por Su infinita misericordia los rescató, como dice el versículo 24, de sus enemigos. El énfasis del autor está en lo que Dios hizo a pesar de la condición en la que estaba el pueblo israelita.
Desechando el Verdadero Tesoro
Hace unos días, durante mi lectura anual de la Biblia, estuve meditando con respecto al pasaje en Mateo 19 que relata la historia del encuentro del joven rico con Jesús. Me entristeció mucho ver como este relato se aplica tan vívidamente a nuestros tiempos cuando se predica tanto el falso evangelio de la prosperidad. Veamos un momento el relato completo para luego poder mostrarles mis conclusiones al respecto,
16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” Mateo 19: 16-22
Es claro que este pasaje nos muestra que el hombre natural trata de llegar a Dios por sus propios medios. Esa es la auto-justificación contra la que luchó Jesús en su tiempo y es contra la que habla la Biblia entera. Es decir, las Escrituras claramente enseñan que debido al estado espiritual de todos los hombres, al ser descendientes del Adán caído, no pueden ser justificados por sus propias obras. Y los hombres naturales, o sea, todos aquellos que no han nacido de nuevo, es lo que pretenden hacer a lo largo de sus vidas. Cuántos de nosotros no dijimos en el pasado o conocemos a alguien que haya dicho que irán al cielo porque Dios verá todas las cosas buenas que ha hecho a lo largo de su vida. Cómo si Dios fuera a pesar en una balanza las cosas buenas contra las malas y dependiendo del resultado de la balanza Dios recompensará o condenará a un hombre. Bueno, esa es la filosofía del mundo. Es la filosofía que Satanás ha difundido en el mundo.
El joven rico de esta historia piensa igual que como muchos de nosotros pensábamos en el pasado o como piensan muchos de nuestros conocidos. Su idea de la salvación era: “Qué más tengo que hacer para ser perfecto y poder obtener la vida eterna?” Como el perfecto maestro que era, Jesús intenta demostrarle a este joven su imperfección. O para hablar en términos teológicos, intenta mostrarle lo injusto que era, y por lo tanto, hacerle entender su precario estado espiritual.
Tan sólo le muestra la mitad de los Diez Mandamientos y el joven, ciegamente, niega aceptar la realidad, y asegura haberlos cumplido todos. Sin embargo, Jesús le brinda otra oportunidad y le muestra como su corazón violaba la ley entera al violar el último mandamiento contra la codicia. Todo el punto del Señor era hacerle entender al rico que tenía una deuda impagable con Dios. Él no era perfecto como lo quería creer.
Y sin embargo, Jesús, siendo infinitamente misericordioso, como sólo Dios lo puede ser, se apiada de él y le muestra el único camino para obtener la vida eterna y ser verdaderamente perfecto: creer en Él! Noten las palabras de Jesús en el versículo 21, “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”
Ahora, pónganse en los zapatos del joven rico. Él lo tiene todo. Era rico! Tenía una mansión, su auto de lujo; seguramente ni necesitaba trabajar porque era hijo del millonario de la ciudad. Qué más podía desear? Y al frente suyo tenía a un hombre pobre que no tenía ni que comer, ni donde dormir, y cuyos seguidores no estaban mejor que Él. Muchas veces pasaron hambre junto a su maestro. La decisión del joven rico era una decisión difícil de tomar. Se trataba de abandonar todos los lujos y comodidades que tenía o dejarlo todo-es más venderlo todo y darlo a los pobres-y seguir a Jesús y quizás morir de hambre y no tener donde poner su cabeza para dormir.

