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Desechando el Verdadero Tesoro

julio 14, 2010

Hace unos días, durante mi lectura anual de la Biblia, estuve meditando con respecto al pasaje en Mateo 19 que relata la historia del encuentro del joven rico con Jesús. Me entristeció mucho ver como este relato se aplica tan vívidamente a nuestros tiempos cuando se predica tanto el falso evangelio de la prosperidad. Veamos un momento el relato completo para luego poder mostrarles mis conclusiones al respecto,

16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” Mateo 19: 16-22

Es claro que este pasaje nos muestra que el hombre natural trata de llegar a Dios por sus propios medios. Esa es la auto-justificación contra la que luchó Jesús en su tiempo y es contra la que habla la Biblia entera. Es decir, las Escrituras claramente enseñan que debido al estado espiritual de todos los hombres, al ser descendientes del Adán caído, no pueden ser justificados por sus propias obras. Y los hombres naturales, o sea, todos aquellos que no han nacido de nuevo, es lo que pretenden hacer a lo largo de sus vidas. Cuántos de nosotros no dijimos en el pasado o conocemos a alguien que haya dicho que irán al cielo porque Dios verá todas las cosas buenas que ha hecho a lo largo de su vida. Cómo si Dios fuera a pesar en una balanza las cosas buenas contra las malas y dependiendo del resultado de la balanza Dios recompensará o condenará a un hombre. Bueno, esa es la filosofía del mundo. Es la filosofía que Satanás ha difundido en el mundo.

El joven rico de esta historia piensa igual que como muchos de nosotros pensábamos en el pasado o como piensan muchos de nuestros conocidos. Su idea de la salvación era: “Qué más tengo que hacer para ser perfecto y poder obtener la vida eterna?” Como el perfecto maestro que era, Jesús intenta demostrarle a este joven su imperfección. O para hablar en términos teológicos, intenta mostrarle lo injusto que era, y por lo tanto, hacerle entender su precario estado espiritual.

Tan sólo le muestra la mitad de los Diez Mandamientos y el joven, ciegamente, niega aceptar la realidad, y asegura haberlos cumplido todos. Sin embargo, Jesús le brinda otra oportunidad y le muestra como su corazón violaba la ley entera al violar el último mandamiento contra la codicia. Todo el punto del Señor era hacerle entender al rico que tenía una deuda impagable con Dios. Él no era perfecto como lo quería creer.

Y sin embargo, Jesús, siendo infinitamente misericordioso, como sólo Dios lo puede ser, se apiada de él y le muestra el único camino para obtener la vida eterna y ser verdaderamente perfecto: creer en Él! Noten las palabras de Jesús en el versículo 21, “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

Ahora, pónganse en los zapatos del joven rico. Él lo tiene todo. Era rico! Tenía una mansión, su auto de lujo; seguramente ni necesitaba trabajar porque era hijo del millonario de la ciudad. Qué más podía desear? Y al frente suyo tenía a un hombre pobre que no tenía ni que comer, ni donde dormir, y cuyos seguidores no estaban mejor que Él. Muchas veces pasaron hambre junto a su maestro. La decisión del joven rico era una decisión difícil de tomar. Se trataba de abandonar todos los lujos y comodidades que tenía o dejarlo todo-es más venderlo todo y darlo a los pobres-y seguir a Jesús y quizás morir de hambre y no tener donde poner su cabeza para dormir.

Al final de la historia vemos dos grandes peligros: las riquezas materiales y el creerse rico para con Dios.

Las Riquezas Materiales

Ciertamente todo lo que tienen los hombres es un don de Dios. Todo lo que tienen hombres como Bill Gates, el Príncipe Carlos, etc, les ha sido dado por Dios para Su gloria. Sin embargo la pobreza de millones de personas también le ha sido dada ha muchas personas por Dios mismo. La Biblia nos habla de muchos profetas los cuales fueron pobres (Hebreos 11: 37).

El problema es que muchos no ven el peligro de las riquezas materiales. Para hombres pecadores como todos nosotros, las riquezas materiales son especialmente peligrosas. Creyentes del pasado vieron estos peligros y escribieron oraciones como estas,

No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario;9 No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?  O que siendo pobre, hurte,  Y blasfeme el nombre de mi Dios.” Proverbios 30: 8b-9

Las riquezas traen consigo el problema de cegarnos a la realidad. Pueden darnos una falsa impresión de nosotros mismos que puede ser fatal. Podemos llegar a creer, como bien lo escribió Agur, que fuimos nosotros los que logramos obtenerlo todo y negar así a Dios. Más que a la pobreza, los hombres deben temerle a las riquezas. Y sin embargo que es lo que Satanás ha estado enseñando en el mundo?

-No estoy diciendo que las riquezas sean malas. Son una bendición de Dios.-

Creerse Rico para con Dios

Este es el punto al que quería llegar el día de hoy. Este joven rico no sólo era rico, sino que creía ser rico espiritualmente. Él creía que era perfecto, o por lo menos creía poder llegar a serlo si tan sólo Jesús le mostraba los pasos a seguir. Lo triste de la historia es el final. En el versículo 22 leemos que el joven se marchó triste porque verdaderamente amaba las cosas materiales. Nunca pudo ver, o quizás no quiso seguir el camino que Jesús le mostró para poder ser perfecto ante los ojos de Dios.

Jesús le dijo, “ven y sígueme.” Lo que el Señor le estaba pidiendo a éste joven era que depositara toda su fe en Él. Ese era el único camino a seguir si verdaderamente quería obtener la vida eterna. Los fariseos querían esto también, pero se negaron a dejar su religión de obras. Y este joven, arraigado a una religión humanista de obras, despreció ese camino.

Unos capítulos más atrás el Señor había enseñado con la parábola de la perla de gran precio como un hombre entraba en el reino de los cielos. Este joven había despreciado la perla de gran precio. No la consideró digna como para hacer todo lo que fuera posible para obtenerla. La salvación que Jesús le había ofrecido no era tan atractiva. A sus ojos no se trataba de una perla. Creyó poder obtener un tesoro mejor por sus propios medios, por sus obras.

El Peligro del Evangelio de la Prosperidad

El gran peligro de este mensaje es que no son buenas noticias. Se trata de la misma religión farisaica contra la que predicó Jesús que trata de ganarse el favor de Dios por medio de obras. “Gánese la bendición de Dios,” dicen muchos apóstoles predicadores, “sólo tiene que depositar plantar su semilla.” Es decir, haga algo para que Dios le sea favorable.

Se trata de un mensaje que busca que la gente desee y anhele los tesoros terrenales. Busca hacer florecer lo depravado de los corazones humanos. Le dicen a los hombres que Dios quiere darles prosperidad material, prosperidad en su salud, prosperidad en sus trabajos, etc. Pero, que pasa cuando nada de esto le llega a los que asisten a estas iglesias? O qué pasa cuando ven en la Biblia el verdadero mensaje de Jesús? El Señor claramente pidió de sus discípulos dejarlo todo y tomar su propia cruz y seguirle.

Qué pasa cuando vean al Jesús que enfrentó al joven rico, un Jesús que no le prometía nada más-o nada menos- que la vida eterna, si tan sólo estaba dispuesto a dejarlo todo por seguirle a Él? Jesús siempre predicó un mensaje de arrepentimiento y de fe en Él para poder entrar en el reino de Dios. Fue lo que le predicó al joven rico. Claramente vemos a Jesús mostrándole su pecado, su inconformidad a la Ley santa de Dios, su injusticia, y su deuda infinita con el Dios santo al que había ofendido. Y luego le predicó sobre la fe que debía tener en Él si quería ser salvo.

Pero, es este el mensaje del mal llamado evangelio de la prosperidad? Lastimosamente no! Y es por eso por lo cual debe ser aborrecido por todo aquel que diga llamarse seguidor de Cristo. Simplemente no es el mensaje bíblico! El evangelio de la prosperidad no menciona absolutamente nada sobre la necesidad del arrepentimiento ni de la necesidad de la fe en Jesucristo. Se rehusan a hablar del pecado, y por lo tanto, si nadie peca, sino que comete “errores,” entonces nadie tiene de que arrepentirse.

Y sobre la fe en Jesucristo, lo único que se dice es algo general, como se habla de la fe en la virgen o los santos (para los católicos), etc, por la cual Dios me dará lo que yo quiero. Hablar de fe en Jesús en esos medios es el lenguaje para defender su mensaje como “cristiano.” Diga que tiene fe y Dios le hará realidad todos sus sueños-por más perversos que sean a los ojos de Dios.

En la doctrina de esta falsa enseñanza está enraizada la auto-justificación: “Dios me acepta por las justicias que yo hago.” Eso es un ataque directo al evangelio de Jesucristo que claramente nos muestra que el hombre no puede hacer nada para ser justificado, pues la Ley le condena al infierno. El evangelio de la prosperidad aleja a los hombres de Cristo, tanto como lo hizo el joven rico. Creyendo poder ser lo suficientemente buenos, o suficientemente capaces de poder agradar a Dios como para ser favorecidos por Él, se alejan de la verdadera salvación ofrecida por el Señor. Así como el pensamiento del joven rico buscaba hacer obras con las que pudiera ser favorecido por Dios, el evangelio de la prosperidad es una doctrina satánica que busca la destrucción de las almas de los hombres.

Si Jesús hubiera predicado ese mensaje al joven rico, quizás le hubiera seguido rápidamente. Era cuestión de que Jesús le diera dos minutos para pedirle permiso a su padre para seguir a un pobre maestro israelita, con la excusa de que le daría los pasos a seguir para obtener todo lo que su corazón anhelaba y de paso poder ganar el favor de Dios para ser salvo.

Lo más duro es que Jesús no predicó tal mensaje. Y digo duro precisamente porque muchos de estos predicadores están bajo el juicio de Dios por lo que están enseñando a los hombres. Y más duro aún es que muchos millones de personas están bajo el juicio de Dios porque han preferido tapar sus oídos y cerrar sus ojos para no ver ni escuchar al verdadero Jesús de la Biblia. Se han engañado a sí mismos con el fin de seguir los deseos perversos de sus corazones y seguir llamándose cristianos, mientras continúan engañándose creyendo que no necesitan a Jesús para poder obtener la vida eterna. Ellos pueden solos! Después de todo, su pastor dice que no son tan malos como ellos piensan. Si le dan a Dios, Él le retribuirá hasta con la vida eterna. Dios les favorecerá por lo que ellos hagan. La fe verdadera y el arrepentimiento del que tanto habló Jesús, no son indispensables. Buscando el falso tesoro rechazan el verdadero.

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