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Una Clara Diferencia entre La Biblia y Roma

julio 17, 2010

La Biblia afirma que nuestros pecados son perdonados cuando una persona cree en Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres. Por lo menos, esto fue lo que predicaron los apóstoles (Hechos 10:43; 26: 18). Creer en Jesucristo significa en el Nuevo Testamento reconocer que Él es Dios y que sólo Él pudo vivir una vida perfecta, obedeciendo sin faltas la Ley de Dios, y que sólo Él pudo morir para sufrir el castigo de Dios por los pecados de Su pueblo.

Creer en Jesucristo es reconocer que ningún hombre es capaz de hacer algo para merecer la justificación de parte de Dios. Es reconocer que ningún hombre es capaz de hacer algo por sí mismo para agradar a Dios y ser reconciliado con Él por sus pecados. Es reconocer que estamos perdidos si estamos fuera de Cristo.

Pero, qué predica Roma? No sólo predica la salvación por obras, sino que ahora predica que un hombre puede ser perdonado si pasa a través de una ‘puerta santa’, se confiesa y ora por las intenciones del ‘sumo pontífice.’ El pasar por esa puerta, dice el rector de la basílica de Los Angeles en Costa Rica, “Es asumir un compromiso, un cambio en la vida, seguir los principios de nuestro Señor.” Dios le da perdón a aquel que se lo ha ganado.

La pregunta es: qué hombre puede ganar el perdón de Dios fuera de Jesucristo? Qué hombre puede ganar el perdón de Dios al pasar por una puerta? Si los hombres no pasan por la verdadera puerta que es Jesucristo (Juan 10: 7-10) con fe, nadie podrá ser perdonado. Fuera de Cristo no hay perdón. Fuera de Cristo todos los hombres están condenados por sus pecados contra Dios.

Es por eso que el evangelio de Roma no puede traer salvación, ya que insiste y guía a los hombres a buscar algo que no pueden hacer: justificarse por sí solos ante Dios por medio de sus obras. Ese no es el evangelio de Cristo, y esa fue la lucha de Pablo con la iglesia de los Gálatas, quienes habían aceptado a los judaizantes que predicaban el mismo evangelio de Roma (Gálatas 1:8).

Que todos nosotros podamos llevar el verdadero evangelio de gracia a los católicos romanos. Sólo ese mensaje puede traer vida espiritual a los muertos.

sujetosalaroca.org
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4 comentarios leave one →
  1. Hector permalink
    julio 17, 2010 6:18 am

    Jesus lo hizo todo por nosotros en la cruz. Lo que nos resta es tener fe en el. Siempre la iglesia catolica se a querido llevar la gloria que le pertenece a Jesus. La unica puerta que yo puedo pasar es la puerta de Jesus de nazaret el verdadero sumo saceldote!

  2. Deivid permalink
    julio 24, 2010 11:03 pm

    En el día del juicio, ¿podremos alegar a Dios que no nos arrepentimos porque él no nos consedió el arrepentimiento?
    S. Juan 14:16-17 : Y yo os rogaré al Padre, y os dará…….el Espírutu de verda el cual el mundo no puede recibir.
    S. Juan 16: 8 : ….y cuando el venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
    Si vamos a 1 Corintios 2 vemos aun más la profunidad del asunto. Sin embargo, cuando predicamos debemos apelar a la sensibilidad de la persona pero, pidiéndole a Dios por medio de su Santo Espíritu que termine de realizar la obra en cada una de las personas que han recibido el mensaje. Porque, como todos sabemos, la fe viene por el oir, el oir de la palabra de Dios.

    • julio 25, 2010 3:24 am

      Deivid,

      Dios no termina la obra de la salvación. Ni el hombre la inicia. Toda la salvación es de Jehová como bien lo dijo el profeta Jonás, y como lo expresa claramente toda la biblia. El hombre está muerto en sus delitos y pecados y por lo tanto no puede ni quiere obedecer a Dios (Rom 8:7-8). Dios lo debe hacer todo, desde cambiar el corazón, dar fe en Jesucristo y el arrepentimiento. Pero además le da a un hombre a Su Espíritu Santo para que pueda andar por los caminos que Dios trazó desde la eternidad para que ese hombre anduviese (Ef 2:10). Y al final no lo deja ahí, sino que lo perfecciona (Fil 1:6). Nunca vemos nada hecho por el hombre más que la respuesta a lo que Dios ha hecho en su vida.

      Cuál es nuestra misión? Predicar el evangelio. Ni Cristo ni los apóstoles apelaron a las emociones o sensibilidades de su audiencia. Ellos predicaron una verdad histórica y el mandato de Dios de arrepentirse y creer en Jesucristo. Por supuesto, sabemos por las enseñanzas de Jesús (Mateo 13) que los que hacen esto lo hacen porque Dios se los concedió.

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