Someterse a la Iglesia Local
Una de las doctrinas más importantes y necesarias para los cristianos en nuestros días es la doctrina de la Eclesiología. Para algunos esta afirmación parecería algo extraña, sin embargo, no hace falta mirar a nuestro alrededor y preguntar para darse cuenta que la idea que muchos cristianos tienen de la iglesia es totalmente diferente a la enseñanza bíblica.
Vemos teologos y pastores argumentando que los cristianos no necesitan la iglesia. Es más, algunos han afirmado que un creyente puede crecer espiritualmente uniéndose o no a una iglesia local. Vemos a individuos quienes profesan fe en Jesucristo con los mismos argumentos, despreciando el día del Señor, y todo porque su casa y su computadora les proveen todo lo que ellos necesitarían de la iglesia local.
Esta visión de la vida cristiana está muy alejada de lo que Dios nos ha enseñado en Su palabra. Esta compromiso-fobia, como diría uno de mis pastores, Alexander León, lo único que evidencia es la necesidad de enseñar lo que las Escrituras dicen acerca de la Iglesia local y la responsabilidad de los creyentes hacia ella, la novia de Cristo.
Es por eso que han sido publicados gran cantidad de libros al respecto. Y en esta entrada quiero recomendar el libro de Jonathan Leeman, “La Membresía de la Iglesia: Cómo sabe el mundo quien representa a Jesús.” En su libro, Leeman provee ocho maneras en la que todos los creyentes deben someterse a la Iglesia local. Él escribe,
Para (No) Entrenar a un Niño
Hace algunos años mi esposa y yo fuimos invitados a participar de una clase para padres acerca de la crianza de los niños. En ese momento nosotros no teníamos ninguno, sin embargo, mi esposa estaba embarazada y esperábamos el nacimiento de primer hijo Diego.
Mi esposa y yo habíamos estado estudiando una gran cantidad de libros que considerábamos de excelente calidad y muy centrados en la importancia del evangelio para criar a nuestros hijos. Yo había adquirido libros como, “Cómo ser Padres Cristianos Exitosos” de John MacArthur; “Pastoreando el corazón de un niño” de Tedd Tripp; “Enséñesles Diligentemente” de Louis Priolo; “Démosle Gracia” de Elyse Fitzpatrick; “Amando los Pequeños Años” de Rachel Jankovic; entre algunos otros.
Pero, la clase a la que fuimos invitados no usaba libros como estos, sino el libro de Michael Pearl, “Para Entrenar a un Niño.” La clase se basaba en el libro, pero además usábamos el audio que lo acompañaba, y en cada clase escuchábamos algunas porciones.
Cuando mi esposa y yo escuchamos lo que Pearl argumentaba era la manera de “entrenar” a nuestros hijos lo primero que vino a mi cabeza y a la de mis esposa fue, “Pero esto es como entrenar animalitos!” El método de Pearl para criar niños obedientes no sólo trataba a los niños como animalitos, a pesar de que ellos fueron creados a imagen de Dios, sino que peor aún estaba basado en un sistema tremendamente moralista que aleja a los niños del evangelio bíblico; el único mensaje que es capaz de romper la dureza de sus corazones para llevarlos a Cristo.
En ese momento, mi esposa y yo no dijimos nada al respecto, pero nunca recibimos la enseñanza, pues iba en contra del evangelio que tanto amamos y en contra de los principios bíblicos que nosotros veíamos enseñaba la Escritura.
Y es debido a que este libro ha sido uno de los éxitos más grandes de ventas en Estados Unidos y porque me parece que lo es también en Latinoamérica, deseo compartir la traducción que hice de dos artículos del pastor Tim Challies en los cuales hace un análisis del libro. Mi deseo es que lean lo que Challies ha escrito y analicen el libro detenidamente.
Mi conclusión y recomendación es que se alejen de libros como éste en los cuales el evangelio está ausente para la crianza de nuestros hijos. Se lo que usted quiere es entrenar un niño como se entrena al perrito de su casa a no mojar el sofá, entonces compre este libro. Pero si lo que usted desea es disciplinar bíblicamente a sus hijos entonces aléjese de este libro.
Espero que sean bendecidos con esta traducción. Pueden leer la primera parte aquí, y la segunda aquí.
La Necesidad de la Iglesia de Hoy
Preparándome para la predicación del próximo domingo me vi revisando uno de los mejores tratados acerca de la predicación, “Preaching and Preachers,” de D. Martyn Lloyd-Jones. Y quisiera compartir una cita que pareciera sacada de los días en los que vivimos. Hablando sobre la primacía de la predicación, Lloyd-Jones dice,
la más urgente necesidad en la Iglesia Cristiana hoy en día es la verdadera predicación; y así como es la más grande y más urgente necesidad en la Iglesia, es obviamente la mayor necesidad del mundo también. Existe alguna necesidad de predicar? Hay algún lugar para la predicación en la Iglesia moderna y en el mundo moderno, o ha pasado de moda? El hecho que uno tenga que hacer tal pregunta, y considerarla, me parece, es el comentario más iluminador del estado de la Iglesia en el presente. Siento que esa es la principal explicación de la presente condición más o menos peligrosa y la ineficacia de la Iglesia Cristiana en el mundo de hoy…a menos que esté grandemente equivocado, el principal problema surge del hecho que la gente no tiene claro en sus mentes lo que la predicación es realmente…Usted no puede leer la historia de la Iglesia, ni siquiera de manera rápida, sin ver que la predicación siempre ha ocupado una posición central y predominante en la vida de la Iglesia, particularmente en el Protestantismo.”
Y la pregunta para nosotros es la siguiente: tenemos claro cual debe ser la posición de la predicación en nuestra iglesia? O, tenemos claro cual debe ser la posición de la predicación en nuestras vidas?
Como llegamos a Dios?
Esta entrada será corta. El propósito es simplemente ponernos a pensar un poquito en lo siguiente: Cómo es que puede un pecador llegar a Dios? Y hago la pregunta porque muchos afirman que es uno, el hombre, que va en busca de Dios, y cuando lo encuentra halla la salvación. Es por eso que escuchamos a tantas personas diciendo, “Es que ando buscando a Dios.” Pues, por medio del profeta Ezequiel, el Señor refuta tales afirmaciones.
Y es este pasaje el que deseo compartir para que lleguen a sus propias conclusiones. En Ezequiel 34: 11-16, el Señor dice así,
11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. 12 Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. 13 Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. 14 En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. 15 Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. 16 Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.”
Vuélvanse a preguntar: cómo llega un pecador a Dios? Ahora, si desean argumentar que Dios busca al pecador, pero que la salvación o el nuevo nacimiento depende del pecador, entonces avance dos capítulos más en el mismo libro y lea Ezequiel 36: 22-33.
Y mejor aún, piensen en esto: Qué nos dice, entonces, Juan 10:16 de la identidad de Jesús entendiendo lo que dijo Ezequiel 34? Bueno, ya Juan había dicho claramente quien era Jesús.
Entonces, quién es tu pastor?
Esta es una pregunta sumamente importante en nuestros días. Y el pastor Jim Savastio da su respuesta.
La pregunta de la identidad de su pastor podría parecer extraña. Usted dice, es el hombre a quien escucho predicar cada Día del Señor. Su nombre está en el sitio web de la iglesia o en su membrete. Esa es una pregunta muy fácil! Pero, realmente lo es?
Por cientos de años el Cristiano promedio podía fácilmente identificar aquella persona encargada por Cristo para pastorear y supervisar sus almas. En los 1600’s muchos Cristianos sin embargo podían leer sermones de una multitud de los pastores de otros que eran impresos. Además podían leer los escritos de teólogos bien respetados cuyos escritos empezaban a ser impresos. En los 1900’s los escritos fueron suplementados con la radio y eventualmente la televisión y grabaciones en cassette. En el siglo 21 uno sería capaz de añadir a su dieta espiritual, la enseñanza y predicación de cientos de miles de otros pastores y teólogos y conferencistas por medio de internet y MP3’s. Me imagino que hay muchos de nosotros con cientos de sermones de muchos diferentes predicadores en nuestros iPods o aparatos similares.
Hace algunos años me di cuenta que habían algunas personas en nuestra iglesia que estaban escuchando sermones de otro pastor en otra ciudad todos los días. No hay nada malo en ello, pero pronto me di cuenta que era éste hombre y no nuestro propio liderazgo quienes estaban realmente guiando y pastoreando a esta familia. Simplemente por las horas pasadas bajo este hombre y otros ministerios su perspectiva y teologías estaban siendo moldeadas a tal grado que eventualmente se mudaron para estar bajo el ministerio de este hombre. También empecé a notar esto con numerosos estudiantes de seminario que visitaban nuestra congregación. Para ellos, sus profesores eran la fuente principal de alimento espiritual-los estudiantes eran el ministerio del profesor por horas de horas cada semana y yo yo estaba con ellos únicamente en el Día del Señor. Yo me di cuenta que ellos estaban más atraídos, más receptivos, y tenían más confianza n profesores de seminario que en sus propios ancianos.

