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Sí, Finney era un Enemigo del Evangelio!-Parte III

julio 13, 2011

Lo que hemos visto hasta ahora es que Charles G. Finney estaba fuera de la ortodoxia cristiana con respecto a la doctrina del pecado original y a la doctrina de la expiación sustitutiva de Cristo. Ahora, lo que debemos afirmar es que no sólo era heterodoxo doctrinalmente, sino que con sus enseñanzas se declaró un enemigo del evangelio enseñado en las Escrituras.

Como vimos en las entradas previas Finney negó la doctrina del pecado original, afirmando que la constitución del hombre no había sido afectada por el pecado, sino sólo su voluntad o su libre albedrío. El hombre, decía Finney, era capaz por sí sólo de cambiar su “egoísmo” y regenerarse (como veremos en una entrada futura). Además, negó que Cristo haya muerto en la cruz en sustitución por Su pueblo, sino que lo hizo para servir de ejemplo a una humanidad capaz de justificarse delante de Dios.

Y a esto es lo que vamos el día de hoy; veremos la enseñanza de Finney con respecto a la doctrina de la justificación.

Qué es la doctrina de la justificación? A lo largo de su historia, la iglesia ha entendido esta doctrina como “el acto legal instantáneo de Dios por medio del cual perdona los pecados e imputa la justicia de Cristo a los creyentes y los declara justos delante Suyo (2 Cor. 5:21).” Conociendo lo que implica esta doctrina podemos ver que ésta es la base del evangelio: que pecadores, rebeldes, y merecedores de la ira del Dios Santo y Justo, puedan ser perdonados por medio de la fe en Jesucristo (Rom 1:17), y que sean declarados justos, a causa de la imputación de la justicia perfecta de Cristo, esto son verdaderamente buenas noticias!

Lutero, uno de los grandes reformadores, amaba la doctrina de la justificación. En uno de sus tratados dijo lo siguiente,

Este es le verdadero significado [vera ratio] del Cristianismo, que nosotros somos justificados por fe en Cristo, no por las obras de la Ley. Este es el más grande artículo de nuestra fe, y si alguien la abandonara como lo hicieron los judíos o lo pervierten como los papistas, la iglesia no podrá sostenerse ni Dios podrá mantener Su gloria, que consiste en esto, que Él podrá ser misericordioso y que desea perdonar los pecados por el bien de Su Hijo y desea perdonar. Si esta doctrina de la justificación se pierde, toda la doctrina Cristiana se pierde. Esta doctrina jamás podrá ser demasiado urgente o demasiado enseñada. Si esta doctrina es desechada o desaparece, entonces todo el conocimiento de la verdad se pierde l mismo tiempo. Si esta doctrina florece, entonces todas las cosas buenas florecen, religión, la adoración verdadera, la gloria de Dios, y el correcto conocimiento de todas las condiciones de la vida y de todas las cosas.” Luther and the Doctrine of Justification.

Enseñó Finney la doctrina bíblica de la justificación? O la rechazó como lo hizo con muchas otras doctrinas bíblicas? Veamos!

En su Teología Sistemática, capítulo 32, escribió lo siguiente,

La doctrina de justicia imputada, o que la obediencia de Cristo a la ley fue contada como nuestra obediencia, está fundada en la más falsa y absurda suposición; es decir, que Cristo no debía obediencia a la ley en su propia persona, y que por consiguiente su obediencia toda junta era una obra de supererogación, y pudo ser hecha un sustituto por nuestra propia obediencia; que pudiera hacer para nuestro mérito, porque no necesitó obedecer para sí mismo.

Debo observar aquí que la justificación respeta la ley moral, y que debe intentarse que Cristo no debiera obediencia a la ley moral, y por tanto su obediencia a esa ley, siendo totalmente una obra de supererogación, es puesta para nuestro mérito como la base de nuestra justificación bajo la condición de fe en él. Pero seguramente esto es un error obvio. Hemos visto que el espíritu de la ley moral requiere buena disposición para Dios y el universo. ¿Acaso estaba Cristo bajo obligación de hacer esto? No, ¿acaso no estaba más bien bajo obligación infinita para ser perfectamente benevolente? ¿Acaso era posible para él que fuera más benevolente de lo que la ley requiere ser a Dios y a todos sus santos? ¿Acaso no debía él la consagración entera de corazón y vida para el bien supremo del ser universal? Si no, entonces la benevolencia en él no era virtud, pues no sería una conformidad con la obligación moral. Era naturalmente imposible para él, y es naturalmente imposible para cualquiera hacer una obra de supererogación; esto es, ser más benevolente de lo que le requiere la ley que sea. En efecto, un ser que no debía obediencia a la ley moral debe ser totalmente incapaz de virtud, pues ¿qué es virtud sino obediencia a ley?”

Para Finney, entonces, la doctrina ortodoxa de la justifiación era absurda! Los creyentes, pensaba Finney, no recibían la justicia de Cristo por imputación. Es más noten lo que escribió después,

Pero si Cristo debía obediencia personal a la ley moral, entonces su obediencia no podría ser más que justificarse a sí mismo. Nunca puede ser imputada en nosotros. Estaba obligado él mismo para amar a Dios con todo su corazón y alma y mente y fuerza, y a su prójimo como a él mismo. No hizo más que eso. Fue naturalmente imposible, entonces, para él que obedeciera por nosotros.”

O sea, si Cristo fue obediente a la ley moral de Dios, lo hizo para justificarse Él mismo, no para justificar a Su pueblo. Si esta afirmación no nos alarma, entonces no estamos pensando bien en lo que creía este hereje. Finney dice que Cristo fue obediente a la ley moral sólo para justificarse Él mismo delante de Dios!

Entonces, si el pecador no era justificado por imputación, es decir, recibiendo como suya la justicia perfecta de Cristo, cómo es justificado según Finney? Cuáles son las condiciones para la justificación?

1. El arrepentimiento es también una condición de nuestra justificación. Obsérvese, aquí también el uso del término condición en el sentido de un “sin la cual no”, y en el sentido de un “aquello por la causa de la cual” el pecador es justificado. Seguramente que el gobierno de Dios no puede indultar el pecado sin arrepentimiento. Ésta es una doctrina de lo natural tan cierta, como la de religión revelada. Es obvio que hasta que el pecador rompa con sus pecados mediante el arrepentimiento o el volver a Dios, no puede ser justificado en ningún sentido.

2. La fe en Cristo es, en el mismo sentido, otra condición de justificación.

3.  La santificación presente, en el sentido de consagración plena y presente para Dios, es otra condición, no el fundamento, de justificación. Algunos teólogos han hecho la justificación una condición de santificación en vez de hacer la santificación una condición de justificación. Pero esto veremos que es una postura equivocada del tema. El error está fundado en un malentendido de la naturaleza de justificación y santificación.

4.  La perseverancia en la fe y la obediencia, o en consagración a Dios, es también una condición inalterable de justificación, o de indulto y aceptación con Dios. Por este lenguaje en esta conexión, se entenderá desde luego que la perseverancia en la fe y la obediencia es una condición, no de presente, sino de aceptación y salvación final y última.”

Son todas estas condiciones para ser justificado? La Biblia dice que la justificación es por fe (Rom 1:17)! Es decir, el pecador viéndose a sí mismo injusto delante de Dios confía plenamente en Cristo y en Su obra perfecta en la cruz en su lugar, y por ello Dios le imputa la justicia perfecta de Cristo y lo declara justo! Eso es el evangelio! Ahora, debemos entender lo que Finney decía de los que creemos en la justicia imputada. Él escribió lo siguiente,

Quienes sostienen que la justificación contada por justicia es un acto forense toman la postura de justificación final y última según su punto de vista de la naturaleza de la transacción. Con ellos, la fe recibe justicia imputada y una justificación judicial. El primer acto de fe, según ellos, introduce el pecador en esta relación, y obtiene de él una justificación perpetua. Sostienen que después de este primer acto de fe es imposible para que el pecador entre en condenación; que, una vez siendo justificado, en adelante siempre será justificado, sin importar lo que haga; en efecto, que nunca es justificado por gracia, como para pecados que son pasados, bajo la condición de que deje de pecar; que la justicia de Cristo es la base para que de hecho su propia obediencia presente o futura a la ley de Dios no sea, en ningún caso, y en ningún sentido, un sine qua non de su justificación presente o máxima.

Ahora esto es ciertamente otro evangelio del que estoy inculcando. No es una diferencia meramente sobre algún punto teorético o especulativo. Es un punto fundamental para el evangelio y la salvación, si cualquiera puede ser.”

Y es aquí donde se equivoca Finney con respecto a la doctrina reformada que tanto criticó: Finney creía que la doctrina de la justificación por imputación como ha sido creída por la iglesia a lo largo de su historia, llevaba a los hombres a vivir una vida de pecado sin preocupación alguna. Es decir, si se les enseñaba a los hombres que una vez que creyeran siempre iban a ser justos delante de Dios, hicieran lo que hicieran, entonces, esto haría que los hombres pecaran sin ninguna preocupación.

Pero, estaba totalmente equivocado! La doctrina de la justificación por imputación declara que aquel que había sido justificado por fe viviría, por el poder del Espíritu Santo que le regeneró, una vida de santificación continua. Para Finney, la santificación era la base de la justificación, es decir, aquellos que vivieran santamente serían, por causa de su manera de vivir, justificados por Dios (esto no es otra cosa que justificación por obras). Por ello escribió más adelante,

La Biblia, en casi toda variedad o modo, representa la perseverancia en la fe, y obediencia al fin como una condición de justificación máxima y final de salvación.”

Claramente Finney no entendía el evangelio y enseñaba lo mismo que enseñó Pelagio, su ancestro doctrinal. Como vemos en estas citas, para este hereje, Dios justificaba a los hombres que se lo ganaban viviendo una vida santa. Noten en la siguiente cita que no entiende lo que los reformadores creían,

Si entiendo a los redactores de la Confesión de Fe de Westminster, consideran la justificación como un estado de la relación de un hijo adoptivo de Dios, cuyo estado se entra en la fe sola, y sostienen que la justificación no está condicionada a la obediencia por el momento, pero que una persona en ese estado puede, como mantienen en esta vida , pecar diariamente, e incluso continuamente, pero sin condenación por la ley, su pecado que lo lleva sólo bajo la displicencia paternal, y que lo sujeta a la necesidad de arrepentimiento, como una condición de su favor paternal, pero no como una condición de indulto o salvación final. Parecen haber considerado al hijo de Dios como ya no más bajo el gobierno moral en un sentido tal que el pecado fue imputado a él, hagamos lo que podamos, después del primer acto de fe es contado y tratado en su persona como totalmente justo. Si esto no es antinomianismo, no sé qué sea, ya que sostienen que todo el que una vez cree ciertamente será salvo, pero que su perseverancia en obediencia santa al fin es, en cualquier caso, una condición de justificación final, pero que esto está condicionado al primer solo acto de fe. Apoyan su posición con citas de la escritura sobre tanto en un punto como en lo que es común para ellos. Con frecuencia dependen de textos de prueba que, en su significado y espíritu, no tienen la más remota alusión al punto en apoyo de lo que son citados.”

La doctrina de la justificación sólo por la fe no lleva al antinomianismo, jamás! Esta doctrina lleva a los hombres, como dije antes, a vivir una vida santa. Los que han sido justificados también han sido libertados del poder del pecado. Ya Satanás no tiene control sobre ellos. Ahora ellos han sido trasladados de las tinieblas a la luz y vivirán una vida guiada por el Espíritu Santo, en santidad. Sin embargo, esto era tan difícil de entender para Finney debido a su pésima antropología (doctrina del hombre), pues creía que el hombre no era constitucionalmente un pecador.

Cómo entendía la justificación?

La Trinidad, en el ejercicio de su compasión y amor adorables, buscaron la salvación de los pecadores por medio de la muerte y obra mediadoras de Cristo. A esta muerte y obra de Cristo se recurrió, no para crear, sino como resultado de la disposición misericordiosa de Dios como un medio para asegurar el universo contra una mala interpretación del carácter y diseño de Dios para perdonar y salvar a los pecadores. Para Cristo, como Mediador entre la Trinidad y el hombre, la obra de pecadores justificados y salvos es realizada. Se hizo a los pecadores “sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). En consideración a Cristo habiendo por su muerte para los pecadores asegurado a los sujetos de gobierno divino contra una mala interpretación de su carácter y diseños, Dios, bajo las condiciones posteriores de un arrepentimiento y fe que implican una renuncia de su rebelión y retorno a la obediencia de sus leyes, libremente indulta el pecado pasado, y restaura al pecador creyente y penitente, como si no hubiese pecado, mientras permanezca penitente y creyente, sujeto no obstante a la condenación y muerte eterna, a menos que sostenga el principio de su confianza firmemente hacia el fin. La doctrina de una imputación literal del pecado de Adán a toda su posteridad, de la imputación literal de los todos los pecados de los elegidos para Cristo, y de su sufrimiento por ellos por la cantidad exacta debido a los transgresores, de la imputación literal de la justicia de Cristo u obediencia a los elegidos, la justificación perpetua consecuente de todos quienes se convierten del primer ejercicio de fe, cual sea la vida subsecuente–digo yo que considero estos dogmas como increíbles, y que quedan mejor en una novela que en un sistema de teología.”

Para terminar, vemos que Finney veía la justificación como una declaración de Dios a los hombres que obedecieran la ley y que fueran santos hasta el final (esto es justificación por obras). Y veía como “dogmas increíbles” la doctrina de la justificación por medio de la fe como fue afirmada en la Confesión de Fe de Westminster. Con sus propias palabras Finney demuestra que era un enemigo del evangelio.

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