El Arminianismo y el Sínodo de Dordtrech
En esta entrada el pastor Sugel MIchelén hace una excelente y muy educativa reseña de los postulados de Jacobo Arminio y la respuesta dada por los reformados. Les recomiendo la lectura.
Debemos Pagar Salario a Nuestros Pastores-Parte II
La semana pasada escribí una entrada argumentando a favor del pago de un salario por parte de la congregación a su pastor. Mi argumento se basó, no en mis convicciones personales con respecto a los derechos de un trabajador, como si creyera que estos derechos fueron inventados por la mente humana, sino convencido plenamente que se trata de un mandamiento divino para la iglesia.
Este es el argumento utilizado por Pablo cuando le escribió a la iglesia en Corinto. El apóstol escribió lo siguiente,
6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? 7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? 8 ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? 9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. 11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? 12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?” 1 Corintios 9: 6-12
Todo el argumento de Pablo es que él tiene los mismos derechos que los demás apóstoles. Es más, argumenta que sus derechos son tales de hasta tener una esposa y llevarla con él mientras predicaba el evangelio, igual como los demás apóstoles, e inclusive como el mismo Pedro. Y si ellos tenían derecho a vivir del evangelio, Pablo también tenía ese derecho. Y es aquí donde el apóstol introduce un excelente argumento: primero, Dios así lo ordenó. Desde el Antiguo Testamento Dios había ordenado que aquellos que anunciaban las buenas nuevas de Dios tenían derecho a ser pagados por su trabajo. Si se alimentaba a los bueyes por su trabajo, más derecho tendría un pastor.
Qué clase de hombre sería aquel que pone a trabajar a un buey y nunca le da alimento? Definitivamente esto nos debe hacer pensar y meditar intensamente! Si analizamos brevemente este postulado, entenderíamos que aquel hombre que así haga es un irresponsable. Cómo no cuidará del animal que le provee ayuda para trabajar la tierra que al final le da alimento? Sería, para utilizar palabras salomónicas, un necio o insensato.
Y noten que al aplicar este texto del Antiguo Testamento, el apóstol dice que se refiere a los ministros de Dios. En los versículos 9 y 10 escribió, “¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.” Es decir, si los ministros trabajan arduamente para proveernos alimento espiritual, no deben recibir un pago por ello? No es este el argumento de Pablo? Él escribe,
11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? 12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?”
Entonces, claramente la Biblia nos enseña que los pastores y ministros de Dios tienen el derecho de recibir un pago por su trabajo. Si la congregación no lo hiciera así, entonces seríamos como el hombre del campo que hace trabajar a su animal pero no le da alimento ni cuidado. Si no hiciéramos así, seríamos insensatos.
En qué podemos notar que una congregación está agradecida y muestra su deseo por el alimento espiritual de sus almas? No lo es cuidando de aquellos que se lo proveen? Por supuesto que sí! El trabajador que aprecia el trabajo del buey en sus campos lo demuestra cuidándole, y este cuidado incluye alimento, bebida, techo, etc. Lo mismo se aplica a la congregación. La demostración de que apreciamos el trabajo de sembrar lo espiritual entre nosotros se hace cuidándole que tenga alimento, techo, etc.
Este trabajo debe ser valorado por nosotros como algo de inmenso valor-por decirlo de una manera, pues es algo de infinito valor. Qué cosa debe ser más preciada para nosotros que el conocimiento de Dios por medio de la predicación y estudio que hacen nuestros pastores cada semana de la Biblia? Espero que la respuesta sea: nada! No hay nada de más valor para nosotros. Porqué? Porque como creyentes nuestro mayor anhelo es el adquirir y crecer en el conocimiento del Señor.
Ryle: Has Nacido de Nuevo?
En un pequeño estudio de la primera epístola de Juan, Ryle nos muestra las características de una persona que ha nacido de nuevo. Allí dice,
La notoriedad de las mismas es muy variable entre diferentes personas. En algunas apenas son perceptibles. En otras son muy marcadas, inequívocas, de tal manera que todos pueden percatarse de ellas. Algunas de estas características sobresalen más que otras en diferentes individuos. Es raro que sean igualmente evidentes en cualquier persona.
Pero aun después de tomar en cuenta posibles diferencias, tenemos aquí cinco aspectos que marcan a un sujeto que ha nacido de Dios.
Como debemos reaccionar ante estas cuestiones? Lógicamente solo podemos concluir una cosa – sólo aquellos que han nacido de nuevo muestran estas cinco características, y quienes no las tienen no han nacido de nuevo. Esta es la conclusión a la cual el apóstol nos quiere hacer llegar. Posee usted estas características? Ha nacido usted de nuevo?”
Pueden leer el resto de la meditación de Ryle aquí. Puedes decir que cumples con estas características?
Un Gran Salvador
Hace unos días pude ver un increíble sermón predicado por el pastor Sugel Michelén de la IBSJ. En él, dice el pastor Michelén, “El problema del incrédulo no es intelectual. El problema del incrédulo es moral.” Les invito a ser bendecidos con esta gran predicación. Vean el video aquí.
Spurgeon: Has Nacido de Nuevo?
En uno de sus más grandes sermones, Spurgeon le hizo esta pregunta a su congregación, predicando del texto de Isaías 9: 6. El Príncipe de los Predicadores dijo lo siguiente,
Pero,” dirá alguno, “¿cómo puedo saber si soy nacido de nuevo o no?” Respondan esta pregunta haciendo a la vez otra pregunta: ¿Ha habido algún cambio obrado por la gracia divina dentro de ti? ¿Son tus amores totalmente lo contrario de lo que antes eran? ¿Odias ahora las cosas vanas que una vez admiraste, y buscas esa preciosa perla que en un tiempo despreciabas? ¿Ha sido tu corazón enteramente renovado en sus objetivos? ¿Puedes decir que la propensión de tu deseo ha cambiado? ¿Vuelves tu rostro a Sion, y tus pies están encaminados en el sendero de gracia? Mientras que tu corazón antes anhelaba los profundos sorbos del pecado, ¿ansías ahora ser santo? Y mientras que antes amabas los placeres del mundo, ahora se han vuelto como desperdicios y escorias para ti, pues sólo amas los placeres de cosas celestiales, y ansías gozar más de ellos en la tierra, para que estés preparado para gozar su plenitud en el más allá. ¿Has sido renovado internamente? Pues, observa, mi querido lector, el nuevo nacimiento no consiste en lavar la parte exterior de la copa y del plato, sino en la limpieza del hombre interior. Es totalmente en vano poner la piedra sobre el sepulcro, lavarlo hasta que quede extremadamente blanco, y adornarlo con las flores de la estación; el sepulcro mismo debe ser limpiado. Los huesos del muerto que yacen en ese osario del corazón humano deben ser limpiados. No, deben ser revividos. El corazón no debe ser más una tumba de muerte, sino un templo de vida. ¿Sucede así contigo, lector? Pues recuerda, puedes ser muy diferente en lo exterior, pero si no eres cambiado en lo interior, este niño no es nacido para ti.
Pero hago otra pregunta. Aunque el principal asunto de la regeneración yace en el interior, sin embargo se manifiesta en lo exterior. Dime, entonces, ¿ha habido un cambio en ti en lo exterior? ¿Piensas que otros que te miran se verán forzados a decir: este hombre no es lo que solía ser? ¿Acaso tus compañeros no observan un cambio? ¿No se han reído de ti por lo que consideran tu hipocresía, tu puritanismo, tu severidad? ¿Crees ahora que, si un ángel te siguiera en tu vida secreta, y siguiera tu pista hasta tu aposento y te viera de rodillas, detectaría algo en ti que nunca habría podido ver antes? Pues escucha, mi querido lector, debe haber un cambio en la vida exterior, pues de lo contrario no hay cambio en lo interior.
En vano me muestras el árbol, y me dices que la naturaleza del árbol ha cambiado. Si veo que está todavía produciendo uvas silvestres, es todavía un viñedo silvestre. Y si te comparo con las manzanas de Sodoma y las uvas de Gomorra, todavía eres un árbol maldito y condenado, independientemente de tu experiencia imaginaria. La prueba del cristiano está en su vida. Para otras personas, la prueba de nuestra conversión no es lo que sintamos, sino lo que hagamos. Para ti mismo, tus sentimientos podrán ser una evidencia suficiente, pero para el ministro y para otras personas que te juzgan, el caminar exterior es la guía principal. A la vez, permítanme observar que la vida exterior de un hombre puede ser muy semejante a la de un cristiano, y sin embargo, puede ser que no haya ninguna religión en él.
¿Han visto alguna vez a dos juglares en la calle con espadas, pretendiendo pelear entre sí? Miren cómo cortan y cercenan, y se tajan mutuamente, hasta que llegas a estar medio temeroso que pronto se cometerá un asesinato. Dan la impresión que lo están haciendo en serio, y llegas a pensar en llamar a la policía para que los separe. Mira con qué violencia uno le ha tirado un golpe tremendo a la cabeza del otro, que su camarada evita con destreza, protegiéndose oportunamente. Sólo obsérvalos un minuto, y verás que todos estos cortes y arremetidas siguen un orden preestablecido. La pelea es fingida, después de todo. No pelean tan ferozmente como lo harían si fueran enemigos verdaderos.
De la misma manera, a veces he visto a un hombre que pretendía estar muy airado contra el pecado. Pero obsérvalo un corto tiempo, y verás que es únicamente el truco de un espadachín. No da sus tajos espontáneamente, no hay intención en sus golpes; todo es pretensión, es un teatro de mimos. Los espadachines, después que han terminado su espectáculo, se dan la mano, y dividen las ganancias que la multitud boquiabierta les ha proporcionado; y lo mismo hace este hombre, se da la mano con el diablo en privado, y los dos engañadores comparten el botín. El hipócrita y el diablo son después de todo muy buenos amigos, y se regocijan mutuamente por sus ganancias: el diablo mirando socarronamente porque ha ganado el alma del que profesa la fe, y el hipócrita riéndose porque ha ganado sus riquezas mal adquiridas. Cuiden, entonces, que su vida exterior no sea una mera puesta en escena, sino que su antagonismo contra el pecado sea real e intenso; y den golpes a diestra y siniestra, como si verdaderamente quisieran matar al monstruo, y arrojar sus miembros a los vientos del cielo.
Sólo voy a hacer otra pregunta. Si has nacido de nuevo, hay otro asunto por el que se te puede probar. No sólo se ha alterado tu yo interno, y tu yo externo también, sino que la verdadera raíz y el principio de tu vida deben ser totalmente nuevos. Mientras estamos en el pecado, vivimos para el yo, pero cuando hemos sido renovados, vivimos para Dios. Mientras no hemos sido regenerados, nuestro principio es buscar nuestro propio placer, nuestro propio avance; pero el hombre que no vive con una meta totalmente diferente a esta, no ha nacido de nuevo verdaderamente. Cambien los principios de un hombre, y habrán cambiado sus sentimientos, y habrán cambiado sus acciones. Ahora, la gracia cambia los principios del hombre. Pone el hacha a la raíz del árbol. No corta con sierra alguna rama gruesa, ni trata de alterar la savia; sino que proporciona una nueva raíz, y nos planta en un terreno nuevo. El yo más íntimo del hombre, las profundas rocas de sus principios sobre las que descansa la superficie del terreno de sus acciones, el alma de su condición humana es enteramente cambiada, y él es una nueva criatura en Cristo.”
La pregunta de Spurgeon aplica para todos nosotros. Hemos nacido de nuevo? Nuestra eternidad depende de que tan sinceros seamos al contestar esa pregunta.

