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Debemos Pagar Salario a Nuestros Pastores-Parte II

diciembre 19, 2009

La semana pasada escribí una entrada argumentando a favor del pago de un salario por parte de la congregación a su pastor. Mi argumento se basó, no en mis convicciones personales con respecto a los derechos de un trabajador, como si creyera que estos derechos fueron inventados por la mente humana, sino convencido plenamente que se trata de un mandamiento divino para la iglesia.

Este es el argumento utilizado por Pablo cuando le escribió a la iglesia en Corinto. El apóstol escribió lo siguiente,

6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? 7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? 8 ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? 9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. 11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? 12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?” 1 Corintios 9: 6-12

Todo el argumento de Pablo es que él tiene los mismos derechos que los demás apóstoles. Es más, argumenta que sus derechos son tales de hasta tener una esposa y llevarla con él mientras predicaba el evangelio, igual como los demás apóstoles, e inclusive como el mismo Pedro. Y si ellos tenían derecho a vivir del evangelio, Pablo también tenía ese derecho. Y es aquí donde el apóstol introduce un excelente argumento: primero, Dios así lo ordenó. Desde el Antiguo Testamento Dios había ordenado que aquellos que anunciaban las buenas nuevas de Dios tenían derecho a ser pagados por su trabajo. Si se alimentaba a los bueyes por su trabajo, más derecho tendría un pastor.

Qué clase de hombre sería aquel que pone a trabajar a un buey y nunca le da alimento? Definitivamente esto nos debe hacer pensar y meditar intensamente! Si analizamos brevemente este postulado, entenderíamos que aquel hombre que así haga es un irresponsable. Cómo no cuidará del animal que le provee ayuda para trabajar la tierra que al final le da alimento? Sería, para utilizar palabras salomónicas, un necio o insensato.

Y noten que al aplicar este texto del Antiguo Testamento, el apóstol dice que se refiere a los ministros de Dios. En los versículos 9 y 10 escribió, “¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.” Es decir, si los ministros trabajan arduamente para proveernos alimento espiritual, no deben recibir un pago por ello? No es este el argumento de Pablo? Él escribe,

11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? 12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?”

Entonces, claramente la Biblia nos enseña que los pastores y ministros de Dios tienen el derecho de recibir un pago por su trabajo. Si la congregación no lo hiciera así, entonces seríamos como el hombre del campo que hace trabajar a su animal pero no le da alimento ni cuidado. Si no hiciéramos así, seríamos insensatos.

En qué podemos notar que una congregación está agradecida y muestra su deseo por el alimento espiritual de sus almas? No lo es cuidando de aquellos que se lo proveen? Por supuesto que sí! El trabajador que aprecia el trabajo del buey en sus campos lo demuestra cuidándole, y este cuidado incluye alimento, bebida, techo, etc. Lo mismo se aplica a la congregación. La demostración de que apreciamos el trabajo de sembrar lo espiritual entre nosotros se hace cuidándole que tenga alimento, techo, etc.

Este trabajo debe ser valorado por nosotros como algo de inmenso valor-por decirlo de una manera, pues es algo de infinito valor. Qué cosa debe ser más preciada para nosotros que el conocimiento de Dios por medio de la predicación y estudio que hacen nuestros pastores cada semana de la Biblia? Espero que la respuesta sea: nada! No hay nada de más valor para nosotros. Porqué? Porque como creyentes nuestro mayor anhelo es el adquirir y crecer en el conocimiento del Señor.

Sin embargo, teniendo en cuenta la premisa de que el pagar un salario a nuestros pastores es nuestro deber, quiero intentar responder la siguiente pregunta en esta entrada: Qué pasa cuando la congregación tiene la disposición pero no puede afrontar este derecho pastoral? Es obvio que existen muchas iglesias alrededor del mundo, principalmente en los países del tercer mundo, que no tienen esta capacidad. Entonces, qué deben hacer?

Por la condición de nuestros países tercermundistas muchos de los miembros de nuestras iglesias ganan poco dinero. Muchos inclusive no tienen trabajos fijos, sino que viven de lo que puedan conseguir cada día. Y sin embargo si estas personas dieran su diezmo y ofrendas, es difícil que la iglesia pueda dar un salario a un pastor para tenerle a tiempo completo. La pobreza es, entonces, uno de los obstáculos.

Además, la feminización de la iglesia ha hecho de este problema algo peor, especialmente en las iglesias locales de poca membresía. Si vamos a varias iglesias protestantes de nuestras localidades, lo que saltaría a la vista es la gran cantidad de mujeres que allí hay. La iglesia ha perdido a los hombres y esto ha tenido un ipacto en la situación financiera de muchas iglesias, que no tienen dinero ni siquiera para pagar las cuentas por servicios básicos como agua y luz.

En nuestros países las mujeres tienden, aún en nuestros tiempos, a ser amas de casa, y si los esposos no se acercan a la iglesia, entonces las posibilidades económicas se reducen. Y debemos agregar la abundancia de iglesias falsas que andan predicando el evangelio de la prosperidad, las cuales atrae a miles de personas mensualmente, estafan a la congregación con sus mentiras y les hace creer que todas las iglesias locales son iguales, lo cual no sólo hace que muchos dejen la iglesia, sino que los que buscan una iglesia verdadera se hacen enemigos del diezmo y las ofrendas, pensando que los pastores se servirán de ellos como los falsos maestros que les guiaron una vez. Esto es lo que ha ocurrido con muchas personas que yo conozco y es verdaderamente triste.

Sin embargo, a pesar de estos problemas, qué debe hacer el pastor de una iglesia económicamente débil? Seguir el ejemplo de Pablo. Qué escribió Pablo a los corintios?

13 ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? 14 Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. 15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. 16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y !!ay de mí si no anunciare el evangelio! 17 Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. 18 ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. 19 Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.” 1 Corintios 9: 13-19

Qué hizo Pablo? Predicó el evangelio. Ese era la misión encomendada por el Señor. Y predicarlo a todos los hombres, por lo que el apóstol no usa de aquellos derechos que tenía, primero para no ser obstáculo a los que estaban en contra del salario suyo, pero también, y quizás más importantemente, para ganar a más hombres al evangelio. Pablo trabajaba para poder tener dinero para comer, y no se aprovechó del derecho que Dios le había dado de vivir de la predicación. Ay de aquel que no predicque el evangelio con la excusa de que la congregación no le da salario!!! (versículo 16). A esto le ha llamado Dios, y por lo tanto, esto debe hacer sin murmuraciones y no de mala gana, sino siguiendo el ejemplo de Pablo, quien sabía que haciendo y obedeciendo a Cristo tendría mayor galardón.

Entonces, como iglesia debemos orar para que Dios provea las posibilidades económicas a cada miembro para que puedan mantener económicamente a un pastor para que trabaje a tiempo completo pastoreando nuestras almas. No se trata de conformarse teniendo a un pastor a medio tiempo, trabajando fuera d ela iglesia para poder mantener a su familia, sino de querer con todas nuestras fuerzas que el siervo que Cristo nos ha dado como pastor trabaje solamente pastoreando a las ovejas del Señor.

Y así como él nos sirve con amor a nosotros, sirvámosle nosotros a él viendo por su salud, preocupándonos si tiene qué comer, si su familia está bien, etc. Este es al amor que Dios ha puesto en aquellos que han sido adoptados como hijos suyos. Cristo nos ordenó, “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13: 34). Amemos a nuestros pastores.

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One Comment leave one →
  1. Rene permalink
    diciembre 23, 2009 5:19 pm

    es correcto entonces que como iglesia suplamos simpre cualquier necesidad que surga o tenga el pastor, aun cuando el salario que se le da es bueno?
    o cuando sus necesidades familiares han crecido? aun cuando la iglesia tiene otras necesidades que cubrir y suplir?

    René

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