Las Parábolas de Jesús: El Perdón (ParteII)
Continuando con el tema que veniamos tratando en la entrada previa, hoy discutiremos el pasaje de Mateo 18. Éste es el complemento de Lucas 15, ya que nos dice que es nuestro deber respondiendo a lo que Dios hizo por nosotros.
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” Mateo 18: 21-35
En éste pasaje vemos que Pedro se acerca a Jesús para preguntarle acerca del perdón. Jesús entonces le relata una historia de un rey, comparando así lo que hace Dios, con lo que hace el rey. Este rey hace cuentas con uno de sus siervos y se da cuenta que éste le debe diez mil talentos. El rey, ya que no puede pagarle, ordena que se venda todo lo que tiene, inclusive a la mujer y los hijos del siervo para pagar la deuda. Pero el siervo se tira a los pies del rey y le pide misericordia, prometiéndole que le va a pagar si le da la oportunidad de hacerlo. El rey entonces tiene misericordia de él y le perdona la deuda. El siervo entonces una vez que sale de la casa del rey, vé a un consiervo suyo que le debe cien denarios y lo toma y le reclama que le pague los cien denarios que le debe. Él consiervo le pide misericordia, pero éste no lo perdona y lo echa a la cárcel hasta que pagara la deuda. Otros siervos del rey ven ése acto y se lo cuentan al rey quien toma al siervo y lo obliga entonces a pagarle los diez mil talentos. Ahora, diez mil talentos era en esa época una gran cantidad de dinero. Según los historiadores, actualmente un talento equivaldría a 660 mil dólares. Quiere decir que el siervo le debería al rey 6 600 000 000 (6,6 billones de dólares). Pero por el otro lado el consiervo le debía cien denarios. Cada denario equivaldría en ésta época a 3,42 dólares. Cien denarios equivalían en ese tiempo, a cien días de trabajo.
Cabe por supuesto la siguiente pregunta: Cómo un siervo le podía deber al rey diez mil talentos? La pregunta es válida, pero debemos entender dos cosas. Primero, es imposible que el siervo pudiera pagar la deuda al rey. Reconocemos que éste siervo ganaba probablemente pocos denarios al día, lo cual no le daría para pagar ni en toda su vida la deuda al rey. Segundo, Jesús no intentaba enseñar algo real, sino más bien práctico. Que quiero decir? O sea que la deuda que tenemos nosotros con Dios por nuestro pecado es algo impagable. Ninguno de nosotros puede hacer algo para pagar la deuda que tenemos con Dios.
Ahora, el siervo malvado, se arrodilla y le dice al rey que lo perdone y él le pagará la deuda. Es probable que el siervo supiera muy en el fondo de su mente que le era imposible pagar esa suma de dinero; y el rey por otro lado sabía lo mismo. Pero el rey se llena de misericordia y le perdona la deuda. Cómo debemos acercarnos nosotros a Dios? Cómo el hijo menor en Lucas 15, es decir debemos llegar a Dios diciendo:
“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus
jornaleros.” Lucas 15: 18-19
Ya que sabemos que no podemos pagar la deuda que tenemos con Dios, y que no podemos hacer nada para ser salvos, entonces debemos caer a los pies de Dios y rogar por su misericordia. Éste es un paso importante, el reconocer que todos y cada uno de nosotros ha pecado contra Dios y que la ira de Dios está puesta sobre todos aquellos que se rebelan contra Él y no creen en su Hijo a quien envió para ofrecerlo como sacrificio perfecto y como propiciación por nuestros pecados, es decir en lugar nuestro (Romanos 3: 22-25; Juan 3: 36). Pecar es algo que debemos tomar muy seriamente, ya que estamos pecando contra Dios, el creador de todas las cosas, nuestro Amo y Señor, el Dios Todo poderoso, Yahwé. Pecamos contra YO SOY. Mentir, robar, fornicar, adulterar, andar en perversiones sexuales, etc, es pecado y nos lleva a nuestra muerte. Y Dios a través de Cristo nos dio la manera de ser justificados y ha limpiado de todo pecado a aquellos que creen en Él. Esto por supuesto no quiere decir que podemos andar pecando por ahí pensando que ya Cristo nos limpió, como andan predicando por ahí muchos pastores con la herejía de la doctrina de la inclusión. Por el contrario el verdadero cristiano, el verdadero nacido de nuevo odia el pecado pues ama a Cristo. El que continua pecando y no es santificado ni regenerado diariamente, no es un hijo de Dios y pertenece al diablo (1 Juan 3: 1-10).
Pero volviendo a la historia, el rey perdona una deuda impagable a un siervo; y como responde éste? Va con un consiervo y le pide que le pague cien denarios, una suma, que al lado de la que le fue perdonada es insignificante. Esto es lo que debemos aprender. Cómo no vamos a perdonar a alguien que peca contra nosotros, si nuestro pecado es infinitamente más grande que el que hemos recibido? Porqué? Porque pecamos contra Dios, mientras que los humanos pecan contra nosotros, meros humanos. Jesús entonces le enseña a sus discípulos que así como Dios tuvo misericordia de nosotros y nos perdonó a través de su Hijo, así mismo nosotros debemos perdonar a todo aquel que peca contra nosotros y nos pide perdón. Amén.
Las Parábolas de Jesús: El Perdón (Parte I)
En esta entrada vamos a continuar con la discusión de algunas de las parábolas de Jesús, y en esta oportunidad nos enfocaremos en una parábola acerca del perdón. En la Biblia hay dos parábolas muy importantes, en Lucas 15 y en Mateo 18.
Nos vamos a enfocar en Lucas 15 porque creo que podemos aprender varias cosas importantes, pero por supuesto que hablaremos de Mateo 18 en la otra entrada. En Lucas 15 leemos lo siguiente:
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” Lucas 15: 11-32
En esta parábola hay dos historias muy importantes para nuestra vida cristiana, las cuales vemos representadas en cada hijo. Ahora, analicemos primero al hijo menor. Cuántos de nosotros no ha pensado en algún momento de su vida, que su vida le pertenece y que puede hacer con ella lo que le place? Muchos de nosotros nos hemos encontrado en ese punto. Hemos tomado los dones que Dios nos regaló, y los hemos desperdiciado viviendo para el mundo. Como el hijo menor en esta historia, que le pidió a su padre que le diera todo lo que le correspondía como hijo y lo malgastó en rameras y en vivir perdidamente, así muchos de nosotros desechamos los dones de Dios y decidimos vivir una vida lejos de Dios, persiguiendo los deseos de nuestro corazón.El pecado nos alejó de la presencia de Dios. Cuando Adán pecó, Dios lo sacó fuera de su presencia. Recordemos que Dios se paseaba por el Edén, pero debido a que Dios no puede convivir con el pecado, tuvo que echar fuera a Adán y a Eva (Génesis 3: 22-24). El hombre a partir de ese momento vive lejos de la presencia de Dios, hasta que Dios le ordena a Moisés que construya el tabernáculo, en donde habitará Jehová en medio del pueblo (Éxodo 33: 7-11) por muchos años, hasta que Dios ordenara que tanto el tabernáculo ni el arca eran necesarios y enviará a su Hijo para que nos trajera ante la presencia de Dios. El tabernáculo estaba hecho de tal forma que el velo, era un gran lienzo que separaba al pueblo del Lugar Santísimo, donde habitaba Jehová y que sólo los sacerdotes elegidos por Dios podían cruzar para hacer los sacrificios a Jehová. Cualquier otra persona que se atreviera a cruzar ese velo moría inmediatamente. Ese mismo velo estaba colocado en el Templo, para representar las ordenanzas dadas por Dios a su pueblo en tiempos de Moisés, los jueces y los reyes. Lo que hizo Cristo por nosotros lo vemos en Mateo 27: 51 y Lucas 23: 45. Cristo vino a la tierra a obedecer la voluntad de Dios. Vino a ofrecerse como sacrificio perfecto, ya que murió sin pecado, en lugar nuestro. Vino no sólo a remover la ira de Dios que estaba puesta sobre nosotros, y acercarnos a la presencia de Dios, rasgando en dos el velo del templo. Rasgando aquello que nos separaba del Lugar Santísimo. Aquello que nos separaba de la presencia de Dios.
El pecado, nos mantiene alejados de Dios, y sólo a través de Cristo podemos llegar a los pies de Dios. Y es importante que tengamos muy claro que el pecado nos separá de Dios. Dios nos ha dado dones, inclusive desde antes de la fundación del mundo, ya cada uno de nosotros los tenía, otorgados por Dios, para cumplir con el trabajo para el cual Él nos creó. Y muchos de nosotros, en algún punto de nuestras vidas hemos decidido tomarlos y desecharlos. Malgastarlos viviendo una vida de vacío espiritual, lejos de la presencia de Dios. Algo importantísimo es que Dios es nuestro creador, y como tal es el amo y señor de nuestras vidas. Por lo tanto aquellas personas que creen que pueden hacer con sus cuerpos, sus vidad y sus bienes como mejor les plazca, no han leído la Biblia. Claramente leemos que TODO lo que existe le pertenece a Dios. Cuando alguna persona inventa algo, se le dice que es el dueño de ese algo. Lo mismo ocurre con nuestro creador. A Él le pertenece todo lo que existe (Isaías 45: 12; Colosenses 1: 16; Apocalipsis 4: 11).
Entonces cuando decidimos seguir nuestros deseos, pecamos grandemente, no por desechar los dones que nos dio Dios, sino porque como Jesús nos enseña, desechamos el primer y gran mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” Mateo 22: 37. Cuando decidimos seguir nuestro corazón, pecamos al no poner a Dios en primer lugar en nuestras vidas. Y eso es idolatría, lo cual es abominación ante los ojos de Dios. Ese mandamiento es tan importante que Jesús prácticamente nos dice que sólo existe ese mandamiento, esa orden, pues leemos en Mateo 22: 40 que todo el resto de la ley depende de éste.
En ésta parábola vemos hasta donde nos puede llevar el pecado. Es interesante como Jesús relaciona ésto cuando le está hablando a los judíos. A qué me refiero? Si ven cuidadosamente, Jesús les dice que el hijo menor, cuando le empezó a faltar dinero para alimento, decide ir donde un hombre para pedirle trabajo. Éste lo envía a apacentar cerdos. Para los judíos los cerdos eran animales impuros, y ni siquiera los podían comprar ni tener como animales, y mucho menos para alimento. Este hijo, siendo judío, se encuentra en tal necesidad que acepta apacentar los animales que eran prohibdos para su pueblo, y peor aún desea comer del alimento que le daban a estos animales. Qué hombre en su sano juicio desea comer la comida de un cerdo? Pues ésto es lo que trata de enseñarnos Jesús. Nos hace ver hasta donde nos puede llevar el pecado. La pobreza espiritual que nos trae; la lejanía a la que nos lleva de la presencia de Dios es tal, que empezamos a desear cosas que anteriormente encontrábamos desagradables. Es decir, el pecado nos va consumiendo y nos va hundiendo más y más en un mundo de inmundicias que nos llevan a la destrucción (1 Tesalonicenses 5: 3).
Pero algo muy interesante es que Jesús nos enseña que el hijo menor se arrepiente de haber tomado todo aquello que su padre le había entregado y lo utilizó de mala manera. Humildemente reconoce que no puede hacer nada para merecer el perdón de su padre, pero aún así decide hacerle ver a su padre que se arrepiente y pedirle que se apiade de él y le permita vivir como uno de sus siervos. Ahora cuando analizamos el arrepentimiento desde el punto de vista de la teología que enseña la biblia, vemos que el arrepentimiento es un regalo de Dios, que Él nos da para que seamos salvos:
“A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” Hechos 5: 31“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Romanos 2: 4
“ Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento” 2 Corintios 7: 9
” que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” 2 Timoteo 2: 25
Cómo hace Dios ésto? Nos regala su Espíritu Santo quién es el que se encarga de hacernos ver nuestro pecado y nos lleva al arrepentimiento con su poder, por la gracia de Dios que fue derramada sobre nosotros. Es el Espíritu Santo quién nos hace arrepentirnos y reconocer a Jesús como nuestro Dios, como el amo y Señor de nuestras vidas. Ningún hombre por sí solo puede conocer las cosas de Dios, sólo el Éspíritu Santo nos lo puede revelar:
“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.” 1 Corintios 2: 11“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” 1 Corintios 12: 3
Es decir, debido a que nosotros somos incapaces de buscar a Dios por sí mismos (Romanos 3: 9-12), es el Espíritu Santo quién nos guía hasta Dios. Es el Espíritu Santo quién nos guía primeramente al arrepentimiento y luego nos guía hacia nuestra regeneración y santificación (1 Pedro 1: 2), hasta que Cristo nos recoga y transforme lo corruptible en incorruptible, para que nunca más seamos esclavos del pecado que hay en nuestro ser (1 Corintios 15: 51-58).Y veamos lo importante del arrepentimiento. El hijo menor regresa a su padre, pide perdón por haberlo defraudado y su padre lo abraza, se alegra y mada a sus siervos a que le vistan con los mejores vestidos, maten un becerro y hagan fiesta para celebrar el regreso de aquel hijo que estaba muerto y que es hallado (versos 24 y 32). Noten que es un verbo que implica acción. No es el hijo quien encuentra a su padre, sino por el contrario fue encontrado. Esto mismo es lo que Dios hace con nosotros. Por su infinita misericordia derrama su gracia sobre nosotros y por el poder de su Espíritu Santo nos abre los ojos y los oídos para escuchar su llamado.
Al igual que el padre en esta historia, Dios a través de la sangre que derramó Cristo en la cruz, nos lava de todas nuestras inmundicias, luego de habernos encontrado como el hijo en esta parábola, rodando con los cerdos; y nos hace nuevos. Dios nos da nuevos cuerpos y nuevas ropas. Así es como vé Dios a aquellos que son limpiados con la sangre de Cristo. Jesús nos justificó y por ello Dios nos vé como sus hijos y no como pecadores que merecían la muerte (1 Corintios 1: 30).
A pesar de que somos pecadores y estamos en constante rebelión contra Dios. A pesar de que ninguna de nosotros es justo y decide por voluntad propia seguir a Dios (Romanos 3: 9-12), la voluntad eterna de Dios fue enviar a su Hijo para sacrificarlo, llevando nuestros pecados, y así llevarnos al arrepentimiento y perdonarnos.
La otra parte de la historia la vemos con el hijo mayor en los versos 25 al 32. Jesús nos enseña dos cosas. Primero le habla a los judíos de que a pesar de que son el pueblo escogido de Dios para bendecir a todas las naciones (Génesis 22: 18) habrán otros que serán injertados a la promesa de Dios a Israel. Segundo, Jesús les habla a aquellos que se justifican a ellos mismos. El hijo mayor le reclama a su padre que él no hizo lo mismo que el hijo menor y su padre nunca se regocijó por ello. Ahora les hago ésta pregunta: Cuántos de nosotros hemos pensado que somos mejores que otras personas? Cúantos de nosotros piensan que somos menos pecadores ante Dios porque mentimos pero no asesinamos o robamos? Este es el error de muchos. Muchas personas se ofenden cuando uno les dice que son pecadores. Cuando la Biblia es muy clara y nos dice que TODOS y cada uno de nosotros en un pecador (Romanos 3: 23-24). Fue por eso mismo que Dios envió a su Hijo para que muriera por nosotros, ya que ninguna de nosotros puede hacer algo para justificarse ante Dios y salvarse.
Entonces, aquellos que creen ser justos, están errados. Ninguno de nosotros es mejor que un asesino, un ladrón, un homosexual, un afeminado, un fornicario ó un adúltero. Aquel que miente, comete el mismo pecado que aquel que comete un asesinato, esto es: viola el primer y gran mandamiento (Mateo 22: 37). Por eso es tan importante que reconozcamos que si mentimos, si adulteramos, si fornicamos, si robamos, si mentimos, etc, significa que NO hemos puesto a Dios como nuestro Señor y hemos pecado. El hijo mayor creyó que porque él no había hecho nunca lo que hizo el hijo menor, merecía recibir mejor trato por parte de su padre, cuando la verdad es que para el padre ambos hijos eran vistos como iguales a sus ojos. Lo mismo ocurre con Dios. Jehová vé a todos los hombres como pecadores, ninguna tiene un pecado mayor que el otro. Todos tienen el mismo gran pecado, que es no amarle con todo nuestro corazón, y todos merecemos el mismo destino, que es la muerte. Pero Dios en su infinita misericordia nos perdona si creemos en su Hijo, a quien Él envió para que pudieramos ser justificados. A Cristo, que es quien nos limpia de nuestros pecados, para que Dios nos vea de otra forma y sea removida su ira de nosotros.
Las riquezas de Dios son infinitamente más valiosas que cualquier cosa que pueda desear nuestro corazón humano. Es por ello que el pecado nos lleva únicamente a nuestra destrucción y Dios sacrificó a su Hijo para romper las cadenas que el pecado tiene sobre nosotros y hacernos libres. Dios nos ha perdonado por lo que Cristo hizo por nosotros.
Las Parábolas de Jesús: Oración
En ésta entrada vamos a analizar algunas de las parábolas de Jesús con respecto a la oración y el deseo de Dios. La primera que vamos a analizar la encontramos en Lucas 11.
“Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite; Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abriráPorque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11: 5-13
La historia nos enseña que en esa época era una humillación no tener que ofrecerle a los invitados cuando visitaban a alguien. El hombre de esta parábola enfrentaría una humillación pública, y por eso acude a su vecino para que le provea lo necesario para oder atender a sus huéspedes.Varios puntos que debemos tomar en cuenta son los siguientes:
1. Las familias vivían generalmente en casas de un solo cuarto; o sea, todos los miembros de la familia dormían juntos.
2. La puerta estaba cerrada. En esa época cuando la puerta de la casa se encontraba cerrada quería decir que la familia deseaba privacidad. Por lo general, las casas se encontraban con las puertas abiertas (verso 7).
Jesús nos enseña que a pesar de que el hombre no se levanta para darle lo que necesita por amistad, se levantará para darle lo que le pide debido a lo inoportuno de su visita. Luego Jesús aplica la parábola para enseñarnos acerca de nuestra vida en oración (versos 9-13).
Ahora veremos la siguiente parábola, para luego llegar a el punto que debemos aprender acerca de nuestra vida de oración. La otra parábola la encontramos en Lucas 18:
“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18: 1-8
Como vemos en la Biblia, algunas de las parábolas que utiliza Jesús, las usa para comparar y otras como contrastes. En estas dos, Dios no es hecho similar al amigo ó al juez malvado, pero más bien mucho más generoso que ellos. Si nosotros como hombres hacemos cosas que para los ojos del hombre son buenas; que mejores cosas nos dará nuestro Padre, que es Santo y todo amor si se lo pedimos?Jesús nos dice lo siguiente: “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abriráPorque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”
Es importante que entendamos varias cosas. Todos y cada uno de nosotros es un pecador. Todos llevamos aún en nuestro ser el pecado de Adán. Claro, hemos sido justificados por la obediencia de Cristo y lo que hizo por nosotros en la cruz. Pero Dios derramó su gracia sobre nosotros y nos dio su Espíritu Santo, para que fuesemos santificados día a día. Es decir, diariamente somos regenerados por el poder del Espíritu Santo. Si alguna persona que se dice cristiano, no odia el pecado y no desea ser santificado, y sigue pecando, no es un verdadero cristiano y no es salvo. No estoy diciendo que aún en el proceso de la santificación no pequemos, porque eso es falso. Aún luchamos contra nuestro pecado y en ocasiones caemos por nuestra naturaleza. Esta naturaleza, que desea estar en rebelión contra Dios, nos hace pecar. Pero la gracia de Dios, a través del Espíritu Santo nos lleva al arrepentimiento y a cambiar nuestra manera de caminar en la vida. Pero en la resurreción seremos transformados y Dios quitará de una vez por todas lo corruptible en nuestro ser y nos hará incorruptibles, para no pecar nunca más (1 Corintios 15: 42). Entonces si nosotros siendo pecadores y malvados, damos a nuestros hijos cosas buenas, Dios siendo Santo y Amor nos dará lo que sea mejor para nosotros.
La voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4: 3, 7; 2 Tesalonicenses 2: 13). Entonces que es lo que debemos pedirle a Dios en nuestras oraciones? Muchos falsos maestros enseñan que debemos pedirle a Dios que mejore nuestra vida terrenal, con mejores casasm autos, dinero, trabajos, etc. Claro que esto es importante, pero debemos tener en cuenta que esta vida pasará y tenemos la eternidad por delante. Entonces la Biblia nos enseña que debemos pedir a Dios por su Espíritu Santo, para que transforme nuestras vidas, nos dé espíritu de poder y no de cobardía, para enfrentar a nuestra carne diariamente (2 Timoteo 1: 7); debemos pedirle a Dios por discernimiento, para saber distinguir entre las cosas que no son agradables a Dios y poder resistir al diablo (1 Corintios 12: 10; Hebreos 5: 14); pedir a Dios para que nos vista con su armadura cada día, para poder resisitir las acechanzas del diablo y que éste huya de nosotros (Efesios 6: 10-18; Santiago 4: 7). Es importante que tengamos nuestras prioridades bien delineadas. Es más importante pedirle a Dios que nos aleje del pecado, que pedirle por dinero. Recordemos que Dios no nos dá lo que nos perjudica en nuestra vida espiritual. Dios es infinitamente sabio, omnipotente y omnisciente, por lo tanto sabe que es lo mejor para nosotros. Muchos piden dinero, sabiendo que el dinero es su ídolo y que los va a llevar a la destrucción. Otros piden por maridos, esposas, casas, autos, trabajo, etc.
Cada uno de nosotros debe orar porque se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas. Debemos pedirle a Dios que nos revele el plan que tiene para cada uno de nosotros.
Los que desean estar mejor en la tierra (en esta vida), les aconsejo que lean el libro de Eclesiástes. Es muy práctico para aprender la verdadera importancia de las cosas terrenales con respecto a las cosas del reino de Dios. Debemos preguntarnos donde está nuestro tesoro, porque así sabremos donde está nuestro corazón (Lucas 12: 34). Entonces teniendo en cuenta que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, debemos tener contentamiento con lo que Dios nos ha dado (1 Timoteo 6: 8; Hebreos 13: 5) y debemos orar persistentemente para que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, ya que Dios sabe lo que es bueno para cada uno de nosotros. Oremos persistentemente como lo hizo Nehemías, quién oró por espacio de 3 meses, desde el mes de Quisleu a Nisán, para que Dios le permitiera ir a Jerusalén a reconstruir la ciudad (Nehemías 1: 1 y 2). Oremos únicamente porque el Espíritu Santo continue morando en nosotros y nos dé el discernimiento para caminar por el camino estrecho que lleva a la salvación. Amén.
Las parábolas de Jesús: El Sembrador
Esta es la parábola que fundamenta nuestra vida como cristianos, ya que cuando la entendemos, podremos escuchar adecuadamente la palabra de Dios y es por lo tanto una de las más importantes.
“ Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno El que tiene oídos para oír, oiga” Mateo 13: 3-9En ésta parábola tenemos que el sembrador es aquel que publica o predica la palabra de Dios. Las personas que escuchan están representadas por diferentes tipos de tierra, en las cuales la palabra de Dios tiene un efecto diferente. Vemos que hay cuatro diferentes tipos de tierra:
1. Junto al camino: “parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron” Mateo 13: 4
2. Los pedregales: “Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó” Mateo 13: 5-6
3. Los espinos: “Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.” Mateo 13: 7
4. La buena tierra: “Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.” Mateo 13: 8
Esta parábola nos habla de la productividad espiritual, cuyos frutos vienen de escuchar la palabra de Dios. Como pudimos leer, sólo el cuarto tipo de tierra pudo producir. Pero ésta se continua en los versos 19 al 23. Leamos lo que dice:
“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” Mateo 13: 19-23
Podemos ver que el verso 19 se relaciona con aquella tierra junto al camino. Si alguna persona escucha la palabra de Dios y no la entiende, entonces la palabra de Dios no va a producir frutos, y la vida espiritual de éste individuo va a permanecer vacía. La semilla no puede entrar ya que no hay tierra para que nazca la raíz y pueda crecer. Por lo tanto esa persona no puede retener la palabra de Dios ni aplicarla en su vida. Al no haber tierra en donde sembrarla, las aves, que representan al diablo, es más fácil de que robe de su corazón el mensaje de la palabra. Es como si nunca hubiera escuchado la palabra de Dios. Apenas la escucha, no la retiene, y por lo tanto no puede dar frutos.
En los versos 20 y 21 vemos el otro tipo de tierra. Los pedregales que son aquellas personas que reciben la palabra de Dios con alegría, pero no permiten que crezca raíz y or lo tanto mantienen la palabra en su corazón por un período corto de tiempo y cuando se enfrentan a problemas la olvidan y caen de nuevo. Si no dejamos que la palabra de Dios tome raíz en nuestra vida, para que reestructura y transforme nuestra vida, va a ser muy difícil continuar obedeciéndo lo que escuchamos en un principio.El verso 22 es muy interesante. Representan los espinos a aquellas personas que han puesto su confianza en las cosas del mundo. Estas personas han dejado dominarse por el mundo y ello los lleva a no poder dar frutos espirituales. Recordemos lo que dijo Jesús en los evangelios de Mateo y Lucas:
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Mateo 6: 24“ Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Mateo 6: 21
“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” Lucas 12: 15
En lugar de poner nuestros ojos en las cosas del mundo, o sea, intentar de hacer dinero para comprar una casa más grande; comprar autos de último modelo; vestir a la moda, debemos preocuparnos por poner los ojos en las cosas de Dios, ya que es lo único que va a determinar nuestra eternidad. Las cosas de este mundo pasan, pero las cosas de Dios nunca pasarán. Si estamos pendientes de vivir mejor en este mundo, vamos a descuidar nuestra relación con Dios.
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” Jeremías 9: 23-24
Este pasaje es muy claro: Debemos complacernos únicamente en tratar de conocer más a Dios. Cómo hacemos ésto? Estudiando la palabra de Dios. No se trata de leer la Biblia. Se trata de escudriñar las escrituras; estudiarlas. Se trata de meterse de lleno en ellas y descubrir lo que Dios quiere decirnos a cada uno de nosotros. Muchas personas dicen ser “cristianas” y por el hecho de fallar a la hora de desear conocer más de Dios, son engañadas fácilmente con falsas doctrinas como la doctrina de la prosperidad, etc.Ahora, contrario a los demás tipos de tierra, tenemos la tierra fértil. Ésta representa a aquellos de corazón noble y bueno, que retienen la palabra de Dios y que perseveran, dándo buenos frutos espirituales (Lucas 8: 15). Ésta es la persona que comprende cuando escucha la palabra de Dios, que busca el crecimiento espiritual y persiste en ello. La palabra de Dios ha transformado su vida y no permite que el mundo defina sus prioridades (Romanos 12:2). El sabio cambiará su vida con respecto a lo que aprende de la Biblia y basa su conducta y pensamiento sobre la roca que es Cristo.
Con ello no quiero decir que debamos comprender toda la Biblia, como muchos cristianos creen. Piensan que por arte de magia el Espíritu Santo les va a revelar los pasajes más complejos que son enseñados en la Biblia, ignorando la verdadera forma en que actúa el Espíritu Santo. Es cierto que muchas veces no vamos a comprender ciertas cosas, y que vamos a requerir de discusiones con otros cristianos, para poder entenderlas. Lo importante es que el Espíritu Santo nos hace perseverar en esa búsqueda. El Espíritu Santo nos hace luchar y desear aprender las cosas que nos son difíciles de comprender.
Pero es importante que entendamos una cosa: nuestra santificación y nuestro perfeccionamiento espiritual no viene por nuestro esfuerzo. Esos resultados vienen de la energía que Dios ha puesto en nosotros a través de su Espíritu Santo:
“para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de El, la cual actúa poderosamente en mí.” Colosenses 1: 29
Es Dios quien nos regenera. Es Dios quien nos transforma. Es Dios quien nos santifica. Es Dios quien cambia nuestra manera de vivir, por su soberana voluntad. Es importante que sepamos que todos nosotros somos pecadores, y que no hay nada que nosotros podamos hacer para salvarnos (Romanos 3: 9-12).Es por ello que siempre debemos dar gracias a Dios por habernos hecho escuchar su palabra; dándole gracias or su Gracia y Misericordia para con nosotros.
Debemos trabajar, sabiendo que es Dios quien nos da el poder para hacerlo, estudiando la Biblia, para poder dar buenos frutos,debemos ser diligentes para ver el progreso espiritual en nuestras vidas (1 Timoteo 4: 15) y para que el día en que venga el sembrador, éste es Cristo, recoja nuestros frutos.
” y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.” Marcos 4: 29
Ahora les pregunto: Cúal de éstos tipos de tierra queremos ser?
Las Parábolas de Jesús: Introducción
En esta nueva serie vamos a comentar algunas de las parábolas de Cristo, que fueron registradas por los apóstoles En Griego, la palabra “Parábola” viene de “Parabole” una palabra compuesta que significa “comparar”. Bíblicamente se usa para comparar una realidad humana con una verdad espiritual. Lo importante cuando estamos estudiando la Biblia, y en especial las parábolas de Jesús, es que cada una contiene una idea principal. Es un error intentar buscar más de una idea en una sola parábola. Una vez que encontramos esa idea, entonces debe gobernar nuestra interpretacion y la aplicación de la misma.
Vamos a estudiar entonces algunas de las enseñanzas de Jesús que creo son de gran importancia para nuestra vida cristiana, con las cuales podremos acercarnos más a Dios y aprender como Cristo nos ordena a vivir.

