Spurgeon: La Mente Puesta en la Carne es Enemiga de Dios

Un sermón predicado la mañana del Domingo 22 de Abril, 1855
Esta es una denuncia muy solemne que el apóstol Pablo aquí formula contra la mente carnal. Él la declara enemiga de Dios. Cuando recordamos lo que el hombre fue una vez, considerado sólo un poco menor que los ángeles, el compañero con el que Dios se paseaba en el huerto del Edén al aire del día; cuando pensamos que el hombre fue creado a imagen de su Hacedor, puro, sin mancha e inmaculado, no podemos menos que sentirnos amargamente afligidos al descubrir una acusación como esta, proferida en contra de nosotros como raza. Debemos colgar nuestras arpas sobre los sauces al oír la voz de Jehová, cuando habla solemnemente a Su criatura rebelde. “¡Cómo caíste del cielo, hijo de la mañana!” “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura, . . . los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.”
Nos sentimos muy entristecidos cuando contemplamos las ruinas de nuestra raza. Como el cartaginense que al hollar el sitio desolado de su muy amada ciudad, derramó abundantes lágrimas cuando la vio convertida en escombros por los ejércitos romanos; o como el judío que deambulaba por las desiertas calles de Jerusalén, mientras lamentaba que la reja del arado hubiese desfigurado la belleza y la gloria de esa ciudad que era el gozo de la tierra entera; así deberíamos dolernos por nosotros mismos y por nuestra raza, cuando contemplamos las ruinas de esa excelente estructura que Dios formó, esa criatura sin rival en simetría, con un intelecto sólo superado por el intelecto angélico, ese poderoso ser, el hombre, cuando contemplamos cómo cayó, y cayó, y cayó de su elevada condición,” convertido en una masa de destrucción. Read more…
Libro: Mortificando el Pecado en los Creyentes

John Owen nación en Inglaterra en 1616. Nació en medio del movimiento Puritano y se convirtió en el mejor pastor-teólogo del movimiento.
Ingresó al Queens College a los 12 años y recibió el bachillerato en Artes a los 16 años y su maestría tres años más tarde. Según las escasas biografía que existen acerca de este hombre, tenía un verdadero deseo por el conocimiento, que lo llevaba a permitirse 4 horas de sueño diarias, lo cual en ocasiones dañaba su salud.
En 1656 publicó una de sus grandes obras, “Of the Mortification of Sin in Believers“, un libro increíblemente personal, que nos muestra la batalla contra el pecado que estaba sucediendo en su vida.
J.I packer dice acerca de Owen,
“Por solidez, profundidad, poder y majestuosidad en presentar de las Escrituras los caminos de Dios con la humanidad pecadora, no hay nadie que lo pueda tocar.” Read more…
Romanos 10: 5-13
“Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. 6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Romanos 10:5-13
Algo que nos enseña la Biblia es que el pueblo de Israel es una representación de nuestra conciencia. Israel es el marco histórico utilizado por Dios, para mostrar la conciencia de cada uno de nosotros. Todo lo que ha sucedido espiritualmente en nosotros, ha sucedido a través de 4000 años de historia en Israel. Si queremos como ha sido nuestra condición espiritual frente a Dios a través de nuestras vidas, podemos verla en la historia de Israel que ha sido descrita en la Biblia.
Dios trata con Israel a través de Su ley no solo para dejar las cosas claras a Israel, pero al mundo entero. Veamos como podemos probar esto:
1. Cada uno de nosotros tiene la ley de Dios escrita en sus corazones (Romanos 2:15). Dios le dio esta ley a Israel escrita en el Antiguo Testamento. Podríamos decir que nuestra ley es invisible y la ley de Israel es visible.
2. Todos, tanto judíos como gentiles, fallamos al intentar mantener esa ley. (Romanos 3:9-12).
3. Todos sabemos que hemos fallado al mantener esa ley porque nuestra conciencia nos condena. Esta condenación es un eco, por así decirlo, de la condenación de Dios, la cual es mucho más severa y justa. Cuando vemos a Israel siendo juzgada por Dios a través de la historia, podemos ver lo mismo ocurriendo en nuestra vida espiritual ante Dios.
4. El propósito de Dios para salvar a los pecadores culpables es la misma para Israel y para los gentiles. La cura que Dios provee no es mantener mejor la ley, sino fe en la justicia, muerte y resurrección de Cristo (Romanos 3: 28-20).
5. Pablo nos hace ver la manera en que Israel falló, para que nosotros no hagamos lo mismo, y además para que ellos puedan hacerlo en el futuro. Es decir, Israel aprendía su historia descrita en el Antiguo Testamento, pero nunca vieron a Cristo. Read more…
Libro: Contado Justo en Cristo

Otro de las grandes obras, “Counted Righteous in Christ“, de John Piper, un hombre que ha demostrado ser uno de los pastores más respetados dentro del protestantismo actual.
En él, intenta defender una de las doctrinas más básicas y más importantes para nuestras vidas como cristianos, es decir, la doctrina de la “justificación”.
En la introducción del libro Piper dice, “la gloria de Cristo es la realidad más preciosa en el universo, y es oscurecida cuando la doctrina de la justificación se pierde o es tergiversada para la gente de Dios y la misión de la iglesia.”
Según Piper, las actuales tragedias mundiales han revelado la cobardía de la iglesia cristiana. En sus palabras, “la resistencia a orar públicamente en el nombre de Jesucristo; la falta de deseo de mostrar las claras diferencias entre Allah y Dios y Padre de nuestro Señor Jsucristo; el miedo a llamar la atención al hecho que el Islam concientemente rechaza la entera fundación dela salvación Cristiana, es decir, la crucifixión y resurrección de Jesús.”
En su libro, intenta refutar las ideas recientes de otros pensadores cristianos acerca de la imputación del pecado de Adán sobre su descendencia, y la imputación de la justicia de Cristo sobre aquellos que están unidos a Él por fe. Uno de estos hombres es Robert Gundry, autor y académico de Westmont College quien en dos ediciones de la revista Books and Culture (Enero/Febrero 2001; Marzo/Abril 2001) escribió,
“la doctrina de la justicia de Cristo imputada a los creyentes debe ser abandonada. Esa doctrina no es bíblica. Mucho menos es escencial para el evangelio. Esa noción es passé , no debido a la influencia de los Católicos Romanos o el liberalismo teológico, pero por fidelidad a textos bíblicos relevantes.” Read more…
Spurgeon: La Biblia

Sermón predicado la Noche del Domingo 18 de Marzo, 1855
Esta es la queja de Dios en contra de Efraín. No es una insignificante prueba de Su bondad, que Él se incline para reprender a Sus criaturas descarriadas; es una grandiosa evidencia de Su disposición llena de gracia, que incline Su cabeza para observar los asuntos de la tierra. Si Él quisiera, podría envolverse con la noche como si fuese un vestido; podría poner las estrellas alrededor de Su mano como si fueran un brazalete y ceñir los soles alrededor de Su frente como una diadema; puede morar solo, lejos, muy por encima de este mundo, arriba en el séptimo cielo, y contemplar con calma y silenciosa indiferencia todas las actividades de las criaturas.
Podría hacer como Júpiter que, según creían los paganos, se sentaba en perpetuo silencio, haciendo señas a veces con su terrible cabeza, para hacer que las Parcas hicieran lo que le placiera, pero ignorando las cosas pequeñas de esta tierra, y considerándolas indignas de llamar su atención; absorto en su propio ser, absorto en Sí mismo, viviendo solo y apartado. Y yo, como una de Sus criaturas, podría ascender a la cumbre de una montaña y mirar a las estrellas silenciosas, y decirles: “Ustedes son los ojos de Dios, pero ustedes no me miran a mí; la luz de ustedes es un don de Su omnipotencia, pero esos rayos no son sonrisas de amor para mí. Dios, el poderoso Creador, me ha olvidado; soy una gota despreciable en el océano de la creación, una hoja seca en el bosque de los seres vivientes, un átomo en la montaña de la existencia. Él no me conoce, estoy solo, solo.”
Pero no es así, amados. Nuestro Dios es de un orden diferente. Él nos observa a cada uno de nosotros. No existe ni un gorrión ni un gusano que no se encuentre en Sus decretos. No hay una persona sobre la que no se posen Sus ojos. Nuestros actos más secretos les son conocidos. Cualquier cosa que hagamos, que soportemos o que suframos, el ojo de Dios siempre descansa sobre nosotros y Su sonrisa nos cubre, pues somos Su pueblo; o Su enojo nos envuelve, pues nos hemos apartado de Él. Read more…

