Morir por Cristo: William Tyndale
Esta es la última historia de algunos de los mártires que han dado sus vidas por defender lo que Cristo hizo en sus vidas. La historia de algunos hombres, como muchos que mueren aún en nuestros días, por defender la verdad que ha sido revelada en la Biblia.
William Tyndale es uno de esos hombres. Un gran cristiano, con un gran corazón hacia aquellos, que eran considerados despreciables por el gobierno inglés, y la iglesia Católica Romana.
Tyndale luchó por llevar la palabra de Dios al pueblo, traduciendo el Nuevo Testamento al inglés, para que aquellos que eran engañados por el papado, pudieran ver y entender la verdad. Por esto, Tyndale fue asesinado, a manos del papa.
Así como los apóstoles, Policarpo, Blandina, y los demás, murieron para que todas las naciones vieran la gloria de Dios en sus vidas, Tyndale murió para que el pueblo pudiera ver la gloria de Cristo en la Biblia. John Foxe excribe, Read more…
‘ER’ Descubre la Falla del Postmodernismo
En el siguiente video de la serie de televisión americana ‘ER,’ un médico quien ha trabajado toda su vida en una prisión ejecutando pacientes por vía de inyección letal, ingresa al hospital luego de haberle salvado la vida a un niño. En el hospital le diagnostican un cáncer terminal, lo cual le despierta la realidad de un Dios y un juicio final.
Este hombre, al verse enfrentado a ello, intenta buscar a alguien que le pueda decir lo que debe hacer para expiar sus pecados. Uno de los médicos tratantes, siguiendo la filosofía del mundo, le dice que el haber salvado la vida del niño le debe servir de algo en la eternidad. Luego le llaman a una capellán con una mentalidad postmodernista (emergente) la cual lo único que le provee son dudas, alejándolo de la verdad. Al final el hombre la echa del cuarto y le dice,
“Yo necesito respuestas! Necesito un verdadero capellán que crea en un verdadero Dios y en un verdadero infierno!”
Vean el video, Read more…
Libro: The Supremacy of Christ in a Postmodern World de John Piper y Justin Taylor
En el año 2006, Desiring God Ministries realizó una conferencia llamada, “The Supremacy of Christ in a Postmodern World.” En esa conferencia participaron varios grandes personajes dentro del protestantismo americano.
Entre ellos, Tim Keller, John Piper, David Wells, D. A. Carson, Voddie Baucham, y un joven pastor que muchos conocemos y que ha estado muy en contacto con el movimiento emergente, Mark Driscoll.
La conferencia se basó en el problema actual del postmodernismo dentro de la iglesia, y como poder llevar el verdadero mensaje del evangelio tanto a los que se encuentran dentro de la iglesia, como a los que se encuentran fuera de ella.
Para nadie es un secreto, que uno de los graves problemas del movimiento emergente ha sido su rechazo de toda verdad. Los postmodernistas han venido huyéndo de la enseñanza de las grandes doctrinas que han sido mantenidas a lo largo de la historia del Cristianismo Ortodoxo. Read more…
La Gracia de Dios!
La otra semana quiero hablar acerca de una interesante interpretación de la gracia de Dios, y de lo que significa ser un cristiano. Pero antes de hacerlo, me gustaría conocer sus opiniones acerca del siguiente comentario, hecho por un prolífico autor cristiano, Read more…
Spurgeon: El Pecado que Habita en Nosotros
Un sermón predicado la mañana del Domingo 1 de Junio, 1856
Seguramente si algún hombre tenía el derecho de decir, yo no soy vil, era Job; pues de conformidad al testimonio del propio Dios, él era “varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” Sin embargo descubrimos que este eminente santo, cuando por su cercanía con Dios recibe suficiente luz para darse cuenta de su propia condición, exclama: “He aquí que yo soy vil.” Estamos seguros que eso que Job se vio forzado a decir, se aplica también a cada uno de nosotros, seamos hijos de Dios o no; y si somos partícipes de la gracia divina, esto se convierte en un tema de gran consideración para nosotros, pues aunque seamos nosotros mismos regenerados, debemos exclamar cada uno a nombre propio: “He aquí que yo soy vil.”
Es una doctrina enseñada por la Sagrada Escritura, según lo creo yo, que cuando un hombre es salvado por la gracia divina, no es purificado completamente de la corrupción de su corazón. Cuando nosotros creemos en Jesucristo, todos nuestros pecados son perdonados; sin embargo, el poder del pecado, aunque es debilitado y mantenido bajo el dominio de la naturaleza nacida de nuevo que Dios infunde en nuestras almas, no cesa, sino que se queda en nosotros, y se quedará hasta el día en que nos muramos. Es una doctrina sostenida por todos los teólogos ortodoxos, que los deseos de la carne todavía habitan en el hombre regenerado, y que lo depravado de la naturaleza carnal todavía permanece en los corazones de quienes son convertidos por la misericordia de Dios.
A mí me ha resultado sumamente difícil distinguir, en la vida diaria, lo concerniente al pecado. Es muy usual que muchos escritores, especialmente los que escriben himnos, confundan las dos naturalezas de un cristiano. Ahora, yo sostengo que hay en cada cristiano dos naturalezas, tan distintas como lo fueron las dos naturalezas del Dios-Hombre Cristo Jesús. Hay una naturaleza que no puede pecar, porque es nacida de Dios: una naturaleza espiritual, venida directamente del cielo, tan pura y tan perfecta como el propio Dios quien es su autor; y existe también en el hombre esa antigua naturaleza que, por la caída de Adán, se ha vuelto completamente vil, corrupta, pecadora y diabólica. Todavía permanece en el corazón del cristiano una naturaleza que no puede hacer lo que es recto, no más de lo que lo hacía antes de la regeneración, y que es tan depravada como lo era antes del nuevo nacimiento: tan pecadora, tan completamente hostil a las leyes de Dios, como siempre lo fue; una naturaleza que, como lo dije antes, es restringida y sujetada en una gran medida por la nueva naturaleza, pero que no es eliminada y nunca lo será hasta que este tabernáculo de nuestra carne sea abatido, y nos elevemos a aquella tierra en la que nunca entrará nada que contamine.
Mi trabajo esta mañana consistirá en decir algo acerca de esa naturaleza que todavía permanece en el hombre justo. Primero intentaré demostrar que todavía permanece; y los otros puntos voy a sugerírselos conforme avancemos.
I. El HECHO, el terrible gran hecho es que INCLUSIVE LOS JUSTOS POSEEN NATURALEZAS DEPRAVADAS. Job dijo: “He aquí que yo soy vil.” No siempre lo supo. A través de toda la larga controversia, Job se había proclamado justo y recto: él había dicho: “Mi justicia tengo asida, y no la cederé.” Y a pesar de que se rascaba con un tiesto y que sus amigos vejaban su mente con los más amargos ultrajes, él todavía sostenía firmemente su integridad, y no quería confesar su pecado; pero cuando Dios vino a argumentar con él, tan pronto como Job hubo escuchado la voz de Dios en el torbellino, y oyó la pregunta: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” de inmediato puso su dedo sobre sus labios, y no pudo responder a Dios, sino que dijo simplemente: “He aquí que yo soy vil.” Read more…

