Juan Calvino y Jeremías 31: 33
Uno de los errores interpretativos o hermenéuticos meas frecuentes es el que conocemos como eiségesis. Este abordaje ocurre cuando el lector de la Biblia quiere “forzar” a que el texto diga algo que esté de acuerdo con una creencia suya o entendimiento de alguna doctrina particular.
En todo este debate acerca de la relación entre el creyente y la ley moral mosaica, he encontrada muchos ejemplos de este tipo de errores hermenéuticos. Hoy quiero mostrar uno de ellos. Uno de mis argumentos ha sido que en la regeneración, es decir, en el nuevo nacimiento, Dios cambia el corazón de un pecador. Este cambio ocurre cuando Dios cambia el corazón de piedra, es decir el corazón que está muerto espiritualmente y coloca en su lugar un corazón de carne, es decir con vida espiritual. Además, en esa regeneración, Dios, le da Su Espíritu al creyente para que pueda obedecer a la ley que Él escribe en la mente y en el corazón de ese pecador que ha sido redimido.
Ahora, cuando interpretamos pasajes como Jeremías 31: 33 o Ezequiel 36: 22-32, debemos preguntarnos a qué ley se está refiriendo el autor. Este proceso hermenéutico se conoce como “intencíon del autor,” y es algo importantísimo para poder interpretar correctamente un texto bíblico. Es decir, debemos preguntarnos siempre cual era la intención que el autor quería dar a entender a una audiencia en el período de tiempo en el que escribió el texto. Read more…
Los Tres Usos de la Ley
Debido a que existen aún algunos cristianos que sin saberlo continúan aceptando los mismos argumentos antinomianistas, he decidido continuar unos pocos días más publicando algo acerca de la interpretación que le han dado los reformadores a la Ley Mosaica, y lo que han mantenido los reformados a través de los siglos
La Fórmula de Concordia de 1576 definió por primera vez los tres usos de la ley que fueron mantenidos y aceptados por la Reforma. Esta fórmula, como escribí en otra entrada establece lo siguiente,
I. Usus civilis
La ley presupone el pecado y sirve para frenarlo. Coadyuva a la obra de la gracia común que Dios realiza en el mundo. (Gálatas 3: 19; 1 Timoteo 1: 9).
II. Usus pedagogicus
Por la ley es el conocimiento del pecado. Sacude la conciencia y lleva a Cristo. En este sentido es un medio de gracia, pues hace conciente al pecador de su incapacidad para cumplir con las exigencias de la santa voluntad de Dios y, cual tutor, conduce a este mismo pecador a los pies de Cristo. (Romanos 3: 20; 5: 20; 5: 13; 7: 7,8,9,11; Gálatas 2: 19; 3: 24; 3: 21).
III. Usus didacticus o normativus
Este es el llamado “tercer uso de la Ley.” La Ley como regla de vida para los cristianos, cuanto que es la expresión de la voluntad del Señor. La Ley como instrumento del Espíritu Santo para llevar a cabo la santificación del creyente. Tanto los antinomianos como los dispensacionalistas extremos niegan este tercer uso de la Ley. (Romanos 3: 31; 1 Corintios 9: 21; Santiago 1: 25; 2: 8,9; Juan 14: 15, 21; 15: 10; 1 Juan 2: 3-5, 22-24; 1 Corintios 7: 19). Read more…
Ernest Kevan: La Ley Moral
Ernest F. Kevan fue un ministro bautista y director del London Bible College en el siglo pasado. Este bautista escribió varias obras concernientes a la relación del cristiano y la ley de Dios. El día de hoy quiero publicar un artículo de uno de sus libros, “The Moral Law.” El artículo se llama, “La Ley no fue Abrogada por Cristo para los Creyentes.” Lean lo que Kevan argumenta.
La pregunta básica de la controversia antinomiana histórica era si la ley moral de Dios es abrogada o no en el evangelio; y fue la aseveración que fue abrogada lo que le dio el nombre al Antinomianismo. Este asunto se presenta de nuevo en conexión con algunas de las exposiciones populares y actuales de la doctrina de la santificación.
La respuesta a la pregunta sobre la abrogación de la Ley es dada categóricamente por Pablo cuando escribe, “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Romanos 3: 31). En los versos precedents deja claro la naturaleza de la justificación tan exactamente que todas las causas-eficientes, meritorias, formales, instrumentales, y finales-están claramente descritas, tanto como lo es consecuente con esta verdad, es decir, la exclusion de la autoconfianza y gloria en lo que un hombre haga. Él, entonces, llega a una conclusion declarando tanto positiva como negativamente (Romanos 3: 28). El argumento positivo es que la justificación es “por fé;” el argumento negativo es que se trata de una justificación “sin las obras de la ley.” Cuando todo esto ha sido dicho, el apóstol trae adelante la objeción con el fin de refutar la idea que él estaba destuyendo la Ley. Él pregunta, “¿Luego por la fe invalidamos la ley?” La única respuesta que hace el apóstol a esto es una eyaculación de aborrecimiento, “En ninguna manera,” y es con esta fuerte expression que queda claro cuán intolerable es tal doctrina. Pablo no solo repudia la insinuación que él está destruyendo la Ley, sino que sustituye la aseveración en su lugar. Él añade, “sino que confirmamos la ley,” usando una metáfora de una estructura siendo fortalecida que estaba pronto a caer.
Muchos intérpretes han quedado perplejos que Pablo pueda decir que él ha establecido la Ley, especialmente considerando aquellos tantos lugares en sus epístolas que parecen abrogarla. Una sugerencia es que Pablo quiere argumentar que la Ley es establecida en el sentido que la verdad que ella testificaba ha sido cumplida (ver verso 21). Esta interpretación, sin embargo, es insuficiente. Otra sugerencia, basada en la visión que estas palabras se refieren a la Ley ceremonial, encuentra su significado en el hecho que las ceremonias y tipos fueron cumplidos en Cristo. Esto, de nuevo, no es adecuado, pues cuando el apóstol habla de la Ley en este lugar incluye la Ley Moral. Read more…
Spurgeon: La Ley Escrita en el Corazón
Las próximas entradas las estaré publicando para ver si algunos lectores de este blog logran comprender lo que dice la Biblia con respecto a la ley y el creyente. Es increíble como muchos se han aliado con los antinomianistas simplemente porque no saben leer el Nuevo Testamento en su contexto, sino que hacen eiségesis de ciertos pasajes, sin darse cuenta de su error.
Pues bueno, leamos lo que escribe el gran Spurgeon, quien describe lo que han creído los creyentes que mantienen la teología reformada desde siempre, pues es lo que enseña la Biblia.
“Después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón.” Jeremías 31: 33.
El domingo pasado hablamos sobre la primera gran bendición del pacto de la gracia, es decir, el pleno perdón de los pecados. Después nos quedamos reflexionando con deleite en la promesa maravillosa, “Nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”. Espero que nuestras conciencias hayan sido apaciguadas y nuestros corazones hayan quedado llenos de asombro conforme pensábamos que Dios pone a Su espalda los pecados de Su pueblo; de tal forma que cantamos con David, “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” Esta grandiosa bendición del pecado perdonado, está siempre vinculada con la regeneración del corazón. No es otorgada debido al cambio del corazón, sino que siempre es concedida con el cambio de corazón. Si Dios quita la culpa del pecado, se asegura de eliminar a la vez el poder del pecado. Si Él aparta nuestras ofensas en contra de la ley, nos induce también a desear obedecer la ley en el futuro.
Observamos en nuestro texto la excelencia y la dignidad de la ley de Dios. El Evangelio no vino al mundo para abolir la ley. La salvación por gracia no borra ni un solo precepto de la ley, ni reduce la norma de la justicia en el más mínimo grado; por el contrario, como dice Pablo, no invalidamos la ley por la fe, sino que confirmamos la ley. El hombre caído no puede cumplir nunca con la ley mientras no sea sacado del encierro de su precepto condenatorio y camine por fe, y viva bajo el pacto de la gracia. Cuando estábamos bajo el pacto de obras no respetábamos la ley, pero ahora la veneramos como una perfecta manifestación de rectitud moral.
Nuestro Señor Jesús ha mostrado a todo un universo congregado, que no se puede jugar con la ley, y que cada transgresión y cada desobediencia deben recibir una justa retribución, pues el pecado que llevó por nuestra cuenta trajo sobre Él, -como nuestro sustituto inocente-, la condenación del sufrimiento y la muerte. Nuestro Señor Jesús ha testificado por Su muerte que aunque el pecado sea perdonado, no es quitado sin un sacrificio expiatorio. La muerte de Cristo rindió mayor honor a la ley que toda la obediencia que todos lo que estuvieron bajo la ley hubieran podido rendirle; y fue un desagravio más eficaz ante la eterna justicia que si todos los redimidos hubieran sido arrojados al infierno. Cuando el Santo hiere a Su propio Hijo, Su ira en contra del pecado es evidente para todos. Read more…
Esta es la segunda parte de la excelente serie de sermones de Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo de República Dominicana. Esta serie la hemos estado estudiando en la escuela dominical en mi iglesia. Será de gran bendición para ustedes también.

