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Qué sucedió en un día como hoy en la vida de Jesús?-Viernes santo

abril 18, 2014

Continuando con la serie acerca de los eventos que rodearon la última semana en el ministerio terrenal del Señor Jesucristo, leemos que avanzada la noche, y mientras aún estaban en Getsemaní, lugar muy conocido por Judas, los evangelios nos cuentan del arresto de Jesús por parte de los principales sacerdotes de Israel. Mateo registra lo siguiente,

47 Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: !!Salve, Maestro! Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51 Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 55 En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” Mateo 26: 47-56 (ver Marcos 14:43-50; Lucas 22:47-53; Juan 18: 1-11).

Judas había acordado con los enemigos del Señor señalarlo mediante un beso en la mejilla. “Al que yo besare,” les dijo, “ése es; prendedle.” Consigo había llevado a una gran multitud, no sólo gente de parte del sanedrín, sino también soldados romanos, algo que era de extrañar especialmente por el pacifismo que había caracterizado el ministerio de Jesús. Él les confronta diciendo, “Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lucas 22:53).

Esa era, ciertamente la potestad de las tinieblas, pero lo que Satanás no sabía era que le quedaba muy poco tiempo. Todo lo que estaba sucediendo ocurría según el plan divino, como queda muy claro en la narración de los evangelios. Sin embargo, el Señor no era una víctima, sino que Él tomó el protagonismo inclusive en Su arresto. Es el Señor quien se acerca a la muchedumbre y les pregunta, “A quién buscáis?” (Juan 18: 4). Y cuando mencionan Su nombre, Él responde, “Yo soy” (Juan 18: 5). 

Ahora, porqué creen que Juan es el único que menciona esta respuesta del Señor? Bueno, porque a lo largo de todo su evangelio lo que ha querido testificar es lo que la iglesia primitiva afirmaba acerca del Señor Jesucristo: Él fue Aquel que se le apareció a Moisés en Éxodo 3:14 y le dijo, “Yo soy el que Soy.” Jesús, testifica Juan, es Jehová! Razón por la cual algunos de los que le oyeron cayeron a tierra (Juan 18:6).

Sin embargo, los discípulos no han entendido lo que está sucediendo. Jesús, siendo Dios mismo, puede llamar a legiones de ángeles para que le socorran, sin embargo, ese no era el propósito de Su primera venida. Su reino no es de este mundo, razón por la cual reprende a los Suyos cuando le preguntan si es hora de tomar las armas. Y es la razón por la cual cuando Pedro le corta la oreja a Malco, el Señor se apiada de él y lo sana. Tal fue la ironía de lo sucedido en Getsemaní esa madrugada.

El Señor, como el buen pastor, vuelve a demostrar que vino a cumplir las Escrituras y pide que lo arresten, pero que dejen ir a los Suyos. Juan registra, “para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno” (Juan 18: 9). Nada iba a impedir que el Señor bebiera la copa de la ira de Su Padre por los pecados de Su pueblo. Pedro, debía entender esto! Para esto había venido!

Luego de Su arresto, los evangelios nos cuentan del primer juicio judío. Juan registra lo sucedido,

12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. 14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.  19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. 22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? 24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.” Juan 18: 12-14; 19-24

Porqué fue llevado donde Anás? No lo sabemos, pues él no era el sumo sacerdote en ese momento. Quizás, aún poseía gran influencia entre el pueblo, pero la verdad es que lo que buscan los líderes religiosos es una acusación por medio de la cual acabar con la vida de Jesús. Y estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de acabar con el Señor. Pero, Jesús es muy claro: Él no ha dicho nada en secreto. Su doctrina es ampliamente conocida por todos, inclusive ellos, los principales.

Es por eso que cuando es golpeado por uno de los guardas, el Señor se defiende de la acusación de que ha hecho algo malo, pues no sólo ahí, sino durante todo Su ministerio ha dicho la verdad. Debido a que no pudo obtener algo que le sirviera para condenarle, lo envía ante el sumo sacerdote para un juicio más formal. Mateo dice,

57 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 59 Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60 y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63 Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: !!Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: !!Es reo de muerte! 67 Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.” Mateo 26: 57-68 (ver Marcos 14: 53-65; Lucas 22:63-71)

Jesús es llevado, entonces, donde Caifás, con quien estaban los ancianos y los escribas. Era obvio que esto era parte de la trampa. Sin embargo, es claro también que este juicio debe hacerse lo meas pronto posible y lo más encubiertamente para evitar una revuelta del pueblo en contra del liderazgo judío, pues Jesús era hasta ese momento muy estimado por el pueblo y ellos le tenían miedo al pueblo. Por ello deben hacer este falso juicio.

Para ello usaron a gran cantidad de falsos testigos, pero todos, se contradecían entre sí. Ante tal situación, y porque Jesús no respondía nada a sus acusadores, pues sabía que de nada serviría y que Sus palabras serían tomadas en Su contra, Caifás se pone en pie y le pregunta abiertamente, “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.” Durante todo Su ministerio el Señor se los dijo, no sólo a ellos, sino también a los que le seguían. No era que sólo Dios podía perdonar pecados? Pues, Jesús perdonó a muchos sus pecados (Marcos 2: 1-12).

Jesús, no pudiendo dejar de dar testimonio de Sí mismo y poniendo en evidencia la maldad de los líderes, cita Daniel 7 y el Salmo 110, para responder la pregunta. “Qué si soy el Cristo, el Hijo de Dios?” Su respuesta fue, “Por supuesto que sí!” Creyendo haber atrapado a Jesús, no sólo para acusarlo de blasfemia, sino de insurrección contra el Imperio Romano, lo sentenciaron a muerte. E inmediatamente, para que se cumpliese la Escritura de Isaías 53, comenzaron a agredirlo físicamente y a burlarse de Él.

Y mientras tanto, de lejos, Pedro está siguiendo lo que sucede. Varias personas le preguntan asociándolo con Jesús, pero se cumple lo que el Señor le había dicho, y el apóstol niega a nuestro Señor tres veces (Mateo 26: 69-75; Marcos 14: 66-72; Lucas 22: 54-62; Juan 18: 15-18; 25-27).

Una vez que llegó la mañana, y reuniendo la evidencia en contra de Jesús, el sanedrín entró en consejo para condenarlo a muerte, y proceden a llevarlo ante Pilato (Mateo 27: 1-2; Marcos 15: 1). Judas, dándose cuenta del veredicto, devuelve lo que se le había pagado por el servicio que había prestado, y fue y se ahorcó (Mateo 27: 3-10).

Una vez delante de Pilato, nos cuenta Mateo que,

11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.” Mateo 27: 11-14 (ver Marcos 15: 2-5; Lucas 23: 1-5; Juan 18: 28-38)

Debido a que los judíos no tenían el poder de matar a nadie, pues sólo Roma tenía ese derecho, deciden llevar al Señor donde Pilato.  Vemos la hipocresía de los sacerdotes, pues no pisan territorio gentil -la casa de Pilato- para no contaminarse durante la fiesta, pero estaban blasfemando contra Dios y Su ungido. La primera acusación que le traen a Pilato es la de blasfemia. Es obvio que Pilato no desea meterse en asuntos religiosos y desecha la acusación.

Los líderes religiosos al ver la respuesta del gobernador deciden acusar a Jesús de insurrección, pues se declaraba a Sí mismo el Rey de los judíos. Esto le preocupa a Pilato y le pregunta a Jesús si esto es cierto, a lo cual el Señor le dice, “Mi reino no es de este mundo,” calmando así la conciencia de él, pues Jesús no había venido para derrocar al Imperio Romano. Él había venido para dar testimonio de la verdad (Juan 18:37). Pilato responde, “Qué es la verdad?” No sólo es esto irónico, pues estaba demostrando que no conocía quien era realmente Jesús (Juan 14:6), sino que dejaba claro que él mismo, como los que le habían traído a él, no eran de la verdad.

Pilato, no haya ningún delito, pero en su cobardía, busca una salida. Cuando escucha que Jesús es de Galilea, decide enviar al Señor donde Herodes. Lucas registra lo que siguió,

Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. 10 Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. 11 Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. 12 Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.” Lucas 23: 6-12

Una vez delante del rey Herodes, Jesús continúa sin responder. Herodes desea utilizarlo como un bufón en su corte, pero Jesús no va a permitirlo. Sin embargo, viendo la negativa del Señor, Herodes procede a mofarse el Él vistiéndole como un rey. Sin embargo, Herodes tampoco desea involucrarse y le vuelve a enviar con Pilato, no encontrando en Él delito alguno. De vuelta donde Pilato vemos la sentencia final,

15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: !!Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: !!Sea crucificado! 24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.” Mateo 27: 15-26 (ver Marcos 15:6-20; Lucas 23: 13-25; Juan 18: 38-19: 1-16)

Ahora, los evangelios son claros al decirnos que Pilato sabe que Jesús es inocente de las acusaciones. Mateo nos dice que él sabía que lo habían traído delante de él “por envidia.” Pero, como cobarde y perverso le teme al pueblo antes que hacer lo que es justo. Debido a que en la fiesta se acostumbraba dejar libre a un preso, Pilato le ofrece esto a los líderes: Jesús o Barrabás?

Barrabás era un hombre perverso. Él estaba en la cárcel por haber organizado una revuelta contra el Imperio Romano. Había asesinado a muchos hombres, pero al final fue capturado y echado en la cárcel. Pilato cree que si les da a los sacerdotes sólo esas dos opciones, ellos van a querer dejar a Jesús libre. Después de todo Jesús no era como Barrabás. Pero, los evangelios narran aquí lo peor de los corazones humanos: los judíos prefirieron a un terrorista antes que a Jesús.

Pilato sabe que esto está mal. Hasta su esposa está temerosa de lo que está sucediendo y ella misma le dice a su esposo, “No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

Pilato intenta razonar con ellos, pero es algo imposible. Ellos no desean opciones. Ellos vinieron a Pilato. no para que hiciera un juicio. sino para que ejecutara la sentencia que ellos había dado en su falso juicio unas horas antes. Pilato, entonces, manda a sus soldados a que azoten a Jesús; quizás viendo a Jesús todo golpeado vayan a desistir de su deseo. Los soldados se lo llevan y le dan una golpiza.

Lo que experimentó el Señor de manos de estos soldados fue impresionante. Los romanos eran expertos en el arte de matar. Los látigos estaban hechos de cuero con piezas de huesos amarradas cada cierta distancia, unos de otros, con el fin de arrancar la carne del criminal. Y a Jesús lo golpearon con látigos incontables veces. Lo golpearon a golpes; y hasta le pusieron una corona de espinas que atravesaron su cuero cabelludo. Quien ha visto un sangrado del cuero cabelludo sabe que muy probablemente esto lo puso a sangrar profusamente. Y luego lo vistieron con ropas de púrpura para burlarse de Él.

Pilato vuelve a traer al Señor delante de ellos y les dice, “He aquí el hombre!” Pero los judíos no desean otra cosa que Su muerte, y gritan pidiendo Su crucifixión. Juan nos cuenta que entre los gritos dijeron, “según nuestra ley debe morir, porque se hizo a Sí mismo Hijo de Dios” (Juan 19:7). Esto pone aún más estrés sobre Pilato quien se vuelve a Jesús y le pregunta, “De dónde eres tú?

Pilato estaba desesperado, pero Jesús no le responde. En su desesperación le dice al Señor, “A mí no me hablas? No sabes que tengo autoridad para crucificarte y que tengo autoridad para soltarte? Y el Señor Jesús le responde,

Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.” Juan 19:11

Los judíos, pensando que Pilato se iba a retractar e iba a soltar a Jesús, su enemigo, le vuelven a recordar que dejar soltar a Jesús el que se había declarado Rey iba en contra de César, pues el emperador romano no admitía la posibilidad de competencia. Tener un rey en Israel era provocar revueltas. Pero, a pesar de que Jesús le había dicho que Su reino no era de este mundo, y por lo tanto no había venido a hacerle daño a Roma; escuchando a los judíos decirle, “Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone” (Juan 19: 12).

Ahora, César era, para los judíos, su mejor amigo. Qué hipocresía! Pero, su pecado se vio más claramente cuando Pilato les trae a Jesús y les dice de nuevo, “He aquí vuestro Rey!” (Juan 19: 14), pues ellos declaran,

!!Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.” Juan 19: 15

No queremos al Rey que Dios nos ha dado, sino a César.” Esto fue lo mismo que hicieron los israelitas en tiempos de Samuel. Tenían a Dios por Rey, pero prefirieron a un mero hombre por cabeza. Y eso fue lo que Dios les dio y sufrieron por la maldad de Saúl. Y en los evangelios los judíos rechazaron al Hijo de Dios como Rey, prefiriendo a un mero hombre. Y Dios se encargaría de que a manos de César el pueblo y la ciudad de Jerusalén fueran destruidas en el año 70 d.C como parte de Su juicio sobre ellos por desechar a Jesucristo.

Luego, Jesús es llevado hasta Gólgota para ser crucificado (Mateo 27: 32-56; Marcos 15:21-41; Lucas 23:26-49; Juan 19: 17-37). Los evangelios no describen con detalle como fue que lo hicieron, pero si podemos saber lo que quizás experimentó el Señor físicamente en la cruz (Un artículo publicado por William Edwards en el Journal of the American Medical Association en 1986 clarifica la clase de muerte que experimentó el Señor). Pero, recuerden, a esta muerte no fue la que le tenía miedo el Señor, sino a lo que experimentaría espiritualmente tomando la copa de la ira de Su Padre para propiciar los pecados de Su pueblo.

Lo que sí debemos recalcar son las palabras de nuestro Señor antes de morir, “Consumado es” (Juan 19:30). En el original estas palabras eran usadas en la antigüedad para sellar los testamentos o pactos que hacían las personas. Al final de un documento se escribía, “tetelestai,” para dar a entender que lo que se había pactado se le daría en su totalidad al heredero.

Bueno, Spurgeon dijo que esa palabra, “es la nota más maravillosa de toda la música del Calvario. El fuego fue puesto sobre el Cordero. Él ha cargado con toda la ira que era debido a Su pueblo.” Y Carlos Simeon dijo,

desde la fundación del mundo no ha habido una palabra hablada, en la cual un tema tan importante y diverso estaba contenido. Cada palabra que salió de la boca del Salvador merece la más atenta consideración; pero Tetelestai las eclipsa todas. Para hacerle justicia, está más allá de la habilidad de hombres o ángeles: su altura, su profundidad, su longitud, y su anchura, son absolutamente indescriptibles.”

Y esa fue la palabra que usó nuestro Señor para sellar el Nuevo Pacto, el pacto de Gracia, hecho por Dios para la salvación de Su pueblo. Y con Su muerte el Salvador afirmó que todas las bendiciones de ese nuevo pacto serían una realidad para todos y cada uno de los herederos del pacto (Ezequiel 36: 22-32; Jeremías 31: 31-34).

Nunca ha visto el mundo un día tan trágico, cuando se unieron los judíos y los gentiles, representando la maldad y el pecado de todos los hombres, para matar al Hijo de Dios. Pero, en Su muerte el Señor vino a abrir la entrada a hombres como nosotros para llegar a Dios, representado en la ruptura del velo en el templo.

Una vez muerto, los Suyos pidieron a Pilato llevarse el cuerpo para darle sepultura. Y para que se cumpliese la Escritura lo llevaron a una sepultura nueva, entre ricos (Mateo 27:57-61; Marcos 15:42-47; Lucas 23:50-56; Juan 19:38-42).

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2 comentarios leave one →
  1. abril 18, 2014 7:06 pm

    Esperemos la resurrección..

  2. mayo 18, 2014 10:50 am

    ES ENCANTADOR ESTE DOCUMENTO CADA MOMENTO DA MAS DESEO DE LEER LA SALVACION QUE DIOS DIO A LAS NACIONES. BENDISIONES ATODOS. VIVA JESUS, POR LOS DE LOS SIGLOS.

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