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Qué Dice la Biblia de Cristo como el Consumador del Plan de Redención?

febrero 24, 2012

En la entrada anterior vimos que Dios en la eternidad ideó un plan de rescate para salvar pecadores para Su gloria. Era una necesidad lógica, ya que la Biblia enseña que los hombres están muertos espiritualmente (Ef 2:1-3) y son incapaces de hacer o desear obedecer a Dios (Rom 8:7-8). Todo lo que el hombre hace en su estado natural, y como consecuencia de ser descendientes de Adán y por lo tanto habiendo heredado su naturaleza caída, es detener con injusticia la verdad de Dios (Rom 1:18). No hay nada que el hombre pueda hacer para ser salvo. Porqué? Porque está muerto! Físicamente vive, pero su corazón que es el centro de su voluntad, está muerto. Es por ello que si pecadores iban a ser salvos Dios tenía que actuar soberanamente para darle vida a esos pecadores.

La Biblia, como veremos en otras entradas, llama a esto “nuevo nacimiento” y en teología se le conoce como “regeneración.” Dios tiene que soplar vida espiritual y cambiar el corazón del pecador.

Además, vimos que para la ejecución de ese plan Dios reveló que enviaría a un hombre, nacido milagrosamente de una virgen, llamado “Dios Fuerte” (Is 9:6), capaz de cumplir perfectamente la ley de Dios y capaz también de cargar sobre sí mismo el pecado de Su pueblo sin Él haber pecado nunca, y así rescatar y justificarlo (Is 53: 1-12).

Ahora, el Nuevo Testamento nos revela que “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo” (Gal 4:4). En el preciso momento que Dios había determinado, Él envió a Su Hijo unigénito para cumplir todas las profecías. Con qué fin? Consumar el pacto hecho por Dios a Su pueblo (Ezequiel 36: 22-32). En qué consistía el pacto? En justificar y regenerar a cada individuo de Su pueblo para la gloria de Su nombre. Ahora, la pregunta que debemos contestar el día de hoy es la siguiente: Cómo hizo esto el Señor Jesucristo?

Por Su Vida

Todas las cualidades morales y milagrosas de nuestro Señor Jesús fueron cruciales para cumplir el plan de Dios.

Cuando el primer Adán pecó toda su descendencia cayó con él. El pecado de nuestro ancestro nos hace a todos y cada uno de nosotros condenados y corrompidos.

Pero, cuando el ángel visita a María, él le dice, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

Qué tiene de importante este anuncio? Bueno, que resuelve uno de nuestros mayores problemas, el pecado. Jesús, al ser concebido por el Espíritu Santo sería libre de todo pecado, así tendría la santidad que nosotros carecemos y que tanto necesitamos.

Sus padres lo educaron de acuerdo a la Ley de Moisés (Lucas 2:27), siempre estuvo sujeto a sus padres (Lucas 2: 51-52). Tan conocido era su carácter perfecto que cuando llegó a que su primo Juan lo bautizara, él no lo podía creer. Juan no quería aplicar el bautismo del arrepentimiento a Jesús (Mateo 3:14) porque sabía que Jesús no tenía nada de que arrepentirse. Pero, aún así, Jesús le mostró que debía cumplir con la ley (Mateo 3:15). Él era perfecto en santidad.

Y su carácter nunca cambió! En Lucas 4:34 hasta los demonios reconocen en Él perfecta santidad,

Déjanos; qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

Sus apóstoles, sus amigos íntimos, los que anduvieron con Él, comieron con Él, por espacio de tres años, lo reconocieron también. Ellos lo vieron con hambre, con sueño, cansado, perseguido y siempre notaron Su perfecta santidad. Noten como lo describió Pedro,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” 1 Pedro 1:19

el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente” 1 Pedro 2:22-23

Ni siquiera sus más fervientes opositores pudieron culparlo de pecado. Cuando Jesús les preguntó, “Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46), que fue lo que escuchó? Nada! Silencio! Nadie le podía acusar de pecado porque Él era perfectamente santo.

Lo único que pudieron hacer los judíos fue pagarle a impíos para que mintieran en contra de Jesús. Hasta el mismo Pilato confesó, “yo no hallo delito en Él” (Juan 19:6).

A diferencia de todos los seres humanos que han existido y que existirán, Jesús tenía un corazón que era gobernado, consumido, por el amor a Dios (ver Juan 4:34; 5:30; 8:29).

Debemos recordar que lo que Dios exige de cada uno de nosotros no es nuestro mejor esfuerzo. Dios exige la perfección! Cualquier cosa menos de eso significa que fracasamos.

Luego, cuando es enfrentado por Satanás, ante quien fracasaron Adán y Eva, Jesús lo derrota fácilmente.

También Sus milagros eran innegables! Sus opositores podían inventar cualquier excusa, hasta decir que eran por el poder de Satanás, pero no los podían negar. Pero esos milagros autenticaban que Él era quien decía ser –el Mesías- que traía las primicias del reino. Eso era una muestra de la restauración de todas las cosas.

Por eso es que sólo Jesús podía liderar la nueva humanidad.

Por Su Enseñanza

Cuando leemos los evangelio es claro que algo que caracterizó al Señor fue Su enseñanza. Vemos, por ejemplo, como Marcos cuenta que la gente se admiraba de su doctrina (Marcos 1:22). También afirma que la gente le llamaba maestro (Marcos 4:38), etc.

Y qué tiene de importancia esta enseñanza? Bueno, porque se trata del Rey anunciando y explicando las directrices que caracterizarían las vidas de Sus súbditos.

Para tener una relación con Él debemos escuchar Sus palabras, creerlas y obedecerlas. Si rechazamos Sus enseñanzas le rechazamos a Él y al Padre (Juan 3:34-36; 7:16-17).

Las enseñanzas de Jesús venían con la intención de destruir el orgullo humano. Los fariseos habían tratado de domar a Dios creando todo un sistema de reglas que pudieran ser seguidas y manejadas. Esto producía orgullo, totalmente lo opuesto a lo que caracteriza a los hijos del reino.

Para que el pecador pueda ser salvo su orgullo debe ser destruido, y por eso Cristo predicó Su ley la cual cumple con la justicia de la Ley, especialmente para tratar con el corazón del hombre. Con sus enseñanzas Jesús venía a declarar nuestra precaria situación espiritual delante de Dios.

Por Su Muerte Expiatoria

Cómo debemos entender la salvación lograda por Jesucristo? El nombre que le fue dado fue Jesús precisamente porque Él salvaría a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

Pero, lo que debemos entender es que ese nombre traía consigo una sentencia de muerte porque la única manera en la que Cristo podía salvar a Su pueblo era muriendo. Si hubiera existido otra manera Dios la hubiera ideado, pero el hecho de que así fue como ocurrió nos indica que esa era la única manera.

Dios nos pudo haber dado más mandamientos, más ejemplos morales y éticos, más enseñanzas y hasta más bendiciones y lo único que hubiera logrado es condenarnos más. Porqué? Porque nuestro problema está dentro de nosotros. El problema es nuestro corazón rebelde que busca continuamente el mal y por lo cual nuestra paga es la muerte eterna como pecadores.

En este plan de rescate vemos la sabiduría y el amor de Dios al hallar una manera para salvar pecadores. Y no es que Dios tenía que hacerlo. Nada obliga a Dios a salvar a rebeldes. Dios hubiera continuado siendo perfectamente justo si hubiera enviado a toda la humanidad al infierno.

Sin embargo, en Su misericordia, en Su sabiduría, y en Su amor encontró la manera para redimirnos sin comprometer Su santidad.

El Hijo, entonces, aceptó el plan de Su Padre. No había otra manera. El Hijo voluntariamente aceptó en la eternidad ser el Mesías.

Ahora, debemos entender que para el pueblo judío el Mesías sería aquel que vendría a conquistar y a derrotar a “su mayor enemigo” Roma y el que los libertaría para traer el reino prometido.

Muy diferente fue la enseñanza de Jesús y del Antiguo Testamento. Jesús vino como el Mesías a salvar a Su pueblo de su mayor enemigo, el pecado. Antes que libertarlos de un opresor externo a ellos, Jesús los libertaría de su opresor interno por el cual eran culpables y merecedores del infierno delante de Dios. Esta fue la enseñanza típica del Señor a Sus apóstoles,

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.” Mateo 16: 21

Y el Nuevo Testamento es claro en mostrarnos que esto era inconcebible para ellos. Pedro escuchando al Señor lo toma aparte y le dice, “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22). Literalmente lo que el apóstol le pide a Jesús es, “Señor, sea propicio a ti…” queriendo decir que Dios sea propicio hacia Él y quitara su ira de sobre Él para que eso no le ocurriera.

Qué hace Jesús? Lo reprende y le cambia de nuevo el nombre por “Satanás” (v. 23). Cualquier persona que hubiera estado con Jesús y le amara hubiera querido que esto no le sucediera.

Pero, esto fue precisamente lo que el Padre no hizo. Es más Isaías 53:10 nos dice literalmente que Dios se complació en quebrantarlo. Si Dios hubiera sido propicio para con Jesús, entonces Su ira aún estaría sobre nosotros y por lo tanto permaneceríamos condenados. Dios no fue propicio para con Jesús con tal de ser propicio para con nosotros. Tal es el amor del Padre por aquellos que le odiaban (Romanos 8:32). Tal fue el amor del Hijo también (Juan 13:1).

En Getsemaní, Jesús le pide al Padre en tres ocasiones, “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa” (Mateo 26: 39, 42, 44). Cuál fue la respuesta del Padre? Silencio total! La voluntad del Padre para rescatarnos era descargar la copa de Su ira sobre Su Hijo. Y el Hijo la aceptó.

Hace unos años un pastor inglés llamado Steve Chalke escribió en su libro “The Lost Message of Jesus” lo siguiente con respecto a la expiación,

la idea de la expiación es como un abuso infantil cósmico –un padre vengativo castigando a su hijo por una ofensa que no cometió[1]

Dios el Padre no es vengativo. Él es santo y justo y debe castigar el pecado. El Hijo no es una víctima, sino que Él mismo se sometió a la voluntad de Su Padre con el fin de ser castigado, no por Sus pecados [porque en Él no había pecado], sino por todos los pecados de cada individuo de Su pueblo que cargaría sobre Sí mismo en la cruz.

Esto fue lo mismo que dijo el Señor en Mateo 20:28, “como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” La palabra rescate  que viene del griego lutron implica substitución. Un precio es pagado para libertar a un prisionero. El precio se da y el prisionero es libertado. En este caso nosotros somos los esclavos y la vida de Cristo es el precio del rescate pagado.

Además, este versículo utiliza la preposición anti literalmente afirmando, “y para dar su vida en lugar de muchos.” De nuevo debemos ver sustitución en este texto.

Toda la Biblia enseña acerca de la expiación substitutiva, desde Génesis hasta el Nuevo Testamento. Lo vemos en las enseñanzas de Jesús y luego en la de Sus apóstoles. Noten lo que escribió Pablo a los Corintios,

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” 2 Corintios 5:21

Es por eso que sólo en Cristo hay satisfacción de la ira de Dios. Fuera de Él lo único que hay es condenación porque sólo en Él pueden haber sido expiados los pecados y propiciada la ira de Dios.

Y cuando todo terminó Jesús gritó, “telestai” “Consumado es” (Juan 19:30). Todo lo que era necesario para cumplir el plan de Dios ha sido hecho. Ya no ha necesidad de nada más. Y para demostrarlo el velo del templo se rasgó en dos (Mateo 27:51). El camino hacia el Lugar Santísimo había sido abierto por medio de Cristo.

Por Su Resurrección

¿Cómo sabemos que el sacrificio de Cristo fue aceptado por el Padre? Por Su resurrección. Esta palabra significa “restablecer de nuevo a la vida,” por lo tanto si la resurrección de Jesucristo no fue corporal entonces ni significó nada.

Pero el testimonio del Nuevo Testamento es que Cristo resucitó corporalmente al tercer día. Sus amigos lo vieron, lo tocaron, comieron con Él, etc (Lucas 24:40-43; Juan 20: 27; Mateo 28:39).

Pero, qué importancia tenía Su resurrección? Primero, que fue lo que Jesús predijo que sucedería (Juan 2:19-21).

Segundo, que esta resurrección corporal afirmaría que la obra de Cristo fue aceptada por el Padre (Romanos 1:4). La resurrección fue el sello de aprobación del Padre de todo lo que hizo y dijo el Hijo.

Tercero, la resurrección muestra que el sacrificio por nosotros fue también aceptado (Romanos 4:25). Dios nos declaró justos por el sacrificio de Jesucristo. La resurrección no fue la causa sino que ésta prueba que fuimos justificados por su muerte.

Qué hizo Jesús cuando todo fue consumado? Eso lo veremos en la próxima entrada.


[1] Steve Chalke. The Lost Message of Jesus, 2003, Zondervan, p. 182

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