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El Gran Consuelo

enero 12, 2011

El apóstol Pablo le escribió a Timoteo lo siguiente, “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). Este versículo lo usé como la base de un sermón que prediqué en Navidad. Una de las cosas que me atrajo del pasaje fue las buenas noticias que representa la venida de Jesucristo; la encarnación de la segunda persona de la Trinidad.

Sin embargo, debemos notar que estas noticias son buenas para ciertas personas: los pecadores. La Biblia declara abiertamente que todos los hombres son pecadores (1 Reyes 8:46); que están bajo la esclavitud del pecado (Juan 8: 34); y que son enemigos de Dios y están bajo Su ira a causa de sus pecados (Efesios 2: 1-3; Romanos 5:10).

No creo que Pablo se esté refiriendo a esa verdad cuando escribe esas palabras. Creo que Pablo está refiriéndose a aquellas personas que se ven a sí mismos como pecadores. Porqué? Noten lo que dice Pablo, “de los cuales yo soy el primero.” El apóstol está hablando que la venida de Cristo Jesús al mundo son buenas noticias sólo para aquellos que se ven como lo que verdaderamente son: pecadores. Y tan claro era para Pablo la maldad de sus pecados que asumía ser el peor de todos los pecadores. Para él no había otro pecador más malvado que él.

Ahora, les pregunto: Qué hombre se ve a sí mismo de la manera en la que se vio Pablo? Salgan a la calle y pregúntenle a la gente como se ven a sí mismos. La gran mayoría dirá: “Yo soy una buena persona. Cometo errores, pero no soy tan malo como otros.” Y porqué? Esta respuesta demuestra que los hombres están verdaderamente bajo el control de Satanás. Es él quien los ha cegado a la verdad, y los mantiene en un estado de auto-engaño del cual nunca podrán escapar. Excepto, que Dios haga algo excepcional! Y es ahí a donde los quiero llevar. Pablo le escribió a los Corintios lo siguiente,

3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” 2 Corintios 4: 3-6

Noten dos cosas: primero, aquellos que no creen el evangelio, es decir, las buenas noticias de Dios, demuestran estar bajo el poder de Satanás, quien impide que ellos puedan ver la verdad. Segundo, aquellos que creen esas buenas noticias son los que han sido afectados por algo maravilloso, esto es, el poder de Dios. Es Dios quien eficazmente hizo que a estos hombres que estaban ciegos les resplandeciese la luz en sus corazones para que pudieran ver la gloria de Dios en Jesucristo.

Si Dios no hace eso, nadie podría ver la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, lo cual es una expresión clara de lo que representa la salvación de un hombre. Nadie tiene el poder de salir de las tinieblas por sí sólo, pues Satanás es más poderoso que cualquier hombre. Pero no hay nadie más poderoso que nuestro gran Dios. Y a pesar de que el diablo quiere mantener a toda la humanidad en las tinieblas, él no puede impedirle a Dios salvar a los pecadores que Él quiera.

Son estos, y sólo estos, que habiendo sido sanados por Dios de su ceguera espiritual, se ven a sí mismos como pecadores; como transgresores; traidores del Dios Creador; y como merecedores del más grande castigo. El resto, aquellos que permanecen bajo el poder satánico, permanecen engañados. Ellos no se ven, ni podrán verse como lo que realmente son.

Y es por eso que Pablo escribe que las buenas noticias de la encarnación de Jesucristo son precisamente eso, buenas noticias, sólo para los que se ven a sí mismos como pecadores. Los que no se creen pecadores no necesitan de un Salvador. Ellos creen ser capaces de pararse delante de Dios algún día y poder salir airosos por lo “buenos” que fueron durante su vida en la tierra. Ellos no necesitan del Dios encarnado sufriendo la ira de Su Padre en su lugar, precisamente porque ellos no creen que sus pecados merezcan tan vil castigo. Ellos no necesitan de un Redentor, pues ellos están bien con Dios. Eso es precisamente lo que Satanás quiere que ellos continúen creyendo, pues esa manera de pensar os llevará justo a donde el diablo quiere llevarlos, esto es, al infierno.

John Newton escribió lo siguiente con respecto a Isaías 40: 1-2,

La parte más evangélica de su profecía [Isaías], o al menos la parte en la que persigue el tema con la menor interrupción, inicia con este capítulo y con este versículo. Y él la propone para el alivio de los afligidos en Sion en sus días. Nosotros conocemos que el Hijo de DIos, del quien Moisés y los profetas hablaron, ha venido verdaderamente (1 Juan 5:20)-que la expiación por el pecado ha sido hecha, el rescate por los pecadores ha sido pagado y aceptado. Ahora las sombras pasaron, el velo removido, la noche terminó, el amanecer, el día ha llegado, sí el Sol de Justicia se ha levantado con sus rayos sanadores (Malaquías 4:2). Dios se reconcilia en Su Hijo, y los ministros del evangelio están ahora autorizados a predicar alivio a todos los que lloran bajo la convicción de pecado, para decirles que todo tipo de pecado es perdonado por el Redentor, y que la iniquidad de todos los que creen en Él, es libre y abundantemente perdonada.” [1]

Pueden ver lo que dice Newton? Vean, “los ministros del evangelio están ahora autorizados a predicar alivio a todos los que lloran bajo la convicción de pecado.” El alivio del evangelio es sólo para los que pueden sentir la convicción del pecado. No es para los que se sienten mal, sino para los que odian su pecado, para los que pueden ver su maldad, sentir el castigo que merecen y para los que creen que necesitan de otro para poder ser salvos.

La venida de Jesucristo son buenas noticias sólo para los que ven que sus pecados son tan graves que necesitan de un sustituto perfecto que asuma su castigo y les pueda dar la perfecta justicia que necesitan para poder ver a Dios. Y sólo Cristo puede ser ese sustituto perfecto. Todos nosotros estamos llamados a predicar el evangelio, que será refrigerio para todos aquellos que experimenten la gracia de Dios al llamarlos de las tinieblas a la luz. Que prediquemos esas buenas noticias a todas las criaturas, y que dejemos que Dios traiga a los que Él quiera a disfrutar de ese gran consuelo.

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2 comentarios leave one →
  1. enero 12, 2011 12:45 pm

    Qué buena entrada.

    Es el Espíritu Santo el que infunde en la persona convicción de pecado, tal como nos dijo el Señor, y el que subsecuentemente da al creyente arrepentimiento para vida,

    18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: !!De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
    Hechos 11

    Ha habido muchos debates en torno al Ordo Salutis, no obstante, lo único claro es que la Salvación es monergística.

  2. enero 12, 2011 11:36 pm

    buena enseñanza, La gracia de Dios es la que nos atrae y nos lleva a Jesucristo…

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