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El Evangelio Para Salvación de los Creyentes

febrero 8, 2010

Una pregunta sumamente importante para nosotros es: Qué es en sí el evangelio? Es importante que nosotros como creyentes no sólo sepamos que es el evangelio, sino también que podamos definirlo.

He escuchado a muchos creyentes decir lo siguiente: “El evangelio se trata de mi nueva experiencia con Cristo,” o, “son los escritos de los apóstoles,” o, “es toda la Biblia.” La ignorancia que ha imperado en la iglesia en los últimos cien años es impresionante. Antes la gente, especialmente aquellos que se decían creyentes, podían comprender e identificar el evangelio bíblico.

El término evangelio viene de la palabra griega εὐαγγέλιον (euangelion). Etimológicamente es una palabra compuesta por eu que quiere decir “bueno” y angelion que quiere decir “mensaje o noticias.” Evangelio quiere decir, “buenas noticias.

En los escritos de la antigüedad, inclusive pre-bíblicos, la palabra era utilizada para describir las noticias traídas por un mensajero a un reino o a un pueblo después de haber ganado una batalla.

Cómo define la Biblia estas buenas noticias? De qué tratan estas buenas nuevas? Creo que la definición de evangelio la podemos encontrar en la primera epístola a los Corintios. En el capítulo 15, Pablo escribe lo siguiente,

1 Corintios 15: 1-9 1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. 9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.”

Entonces el apóstol Pablo define el evangelio como las buenas noticias de Cristo encarnado, muriendo por nuestros pecados, habiendo sido sepultado y habiendo resucitado al tercer día como había sido profetizado en el Antiguo Testamento.

Para Pablo no se trataban de cuentos fantasiosos, pues el mismo Señor había aparecido a más de 500 personas, a los apóstoles y al mismo Pablo. No era un cuento de hadas, sino que era un hecho histórico. Cualquier creyente en Corinto podía ir y preguntarle a estos testigos para verificar este evangelio.

Ahora, podríamos pensar que este mensaje es necesario únicamente para que un pecador sea convertido. Es decir, muchos creyentes, habiendo sido mal enseñados en sus iglesias, creen que el evangelio es necesario exclusivamente para que una persona nazca de nuevo. Es por ello que vemos como muchísimas iglesia se han dedicado a dejar de predicar el evangelio y han dejado esta tarea a los misioneros o a aquellos que hacen evangelismo en las calles.

Porqué ha ocurrido esto? Creo que la principal razón ha sido la ignorancia del poder del evangelio de Cristo.  Como dije antes, muchos creyentes creen que el evangelio es necesario al principio de su nueva vida espiritual, pero que luego, una vez habiendo entrado en la vida cristiana, ya no es necesario.

Es esto lo que dice la Biblia? La verdad es que las Escrituras enseñan todo lo contrario. Y eso es lo que vamos a ver el día de hoy. En la epístola a los Romanos Pablo escribe lo siguiente,

Romanos 1: 1-17 1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, 5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. 9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones,10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados;12 esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles.14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. 16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Nos vamos a enfocar en el versículo 15. Noten lo que dice el apóstol Pablo, “pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.” Con esto en mente vamos a ver primero a quienes les escribió Pablo, segundo cuál era su deseo para estas personas, tercero porqué tenía ese deseo, y cuarto porqué ese deseo era fundamentado.

Los Receptores de la Epístola

La pregunta  que debemos contestar es: a quienes estaba escribiendo el apóstol? Veamos lo que escribe Pablo en los versículos 5 al 7,

5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; 6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos

Entonces, a quiénes escribió Pablo? A los creyentes que estaban en Roma, aquellos que habían sido llamados por Dios mediante el evangelio de Cristo, y que habían sido llamados a ser santos.

El Deseo de Pablo

Una vez habiendo dilucidado quienes son los receptores de la epístola, quiero que veamos cuál era el deseo de Pablo. En el versículo 15 vemos claramente cuál era. El apóstol escribe,

15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.”

Pablo deseaba visitar a la iglesia en Roma. Con qué fin? Predicarles el evangelio. Muchos pastores y muchos creyentes se estarían preguntando cuál sería la intención de Pablo de predicar el evangelio a creyentes. No es que las buenas nuevas son necesarias únicamente para que crean los pecadores?

La respuesta bíblica es la siguiente: El evangelio es necesario no sólo para los incrédulos, sino también para los creyentes. Todos los hombres necesitan escuchar el evangelio.

La Razón de su Deseo

Ahora, debemos contestar la siguiente pregunta: Porqué creía Pablo que predicarle el evangelio a creyentes era necesario? Leamos lo que dice Pablo en el versículo 16,

16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.”

Literalmente Pablo dice, “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que está creyendo; al judío primeramente, y también al griego.” El verbo allí está en un tiempo presente e indica una acción continua. No se trata de que el evangelio sea poder de Dios para salvar a un hombre en el momento en el que creyó, sino que es poder de Dios para salvar a aquel que aún hoy está creyendo en Él.

Vean que es lo mismo que le escribió Pablo a los Corintios. En la primera epístola a los Corintios Pablo escribe,

1 Corintios 1: 18, 23-24 18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios… 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.”

De nuevo el verbo en el versículo 18 está en presente y aplicando la misma regla gramatical literalmente dice, “Porque la palabra de la cruz [es decir el evangelio] es locura a los que se pierden; pero a los que están siendo salvados, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”

Importantísimo es que veamos la enseñanza bíblica. Los creyentes no sólo fueron salvados en el pasado, sino que están siendo salvados. No sólo creyeron en el pasado, sino que continúan creyendo en el presente. El evangelio es necesario porque la salvación de los creyentes es un proceso continuo en el tiempo, es decir, no es algo que ocurrió en el pasado.

Ahora, quiero que se pregunten esto: Cuál es la fe que salva? Hay una fe que salva y otra fe que no. Para que vean más claramente lo que quiero decir quiero que vayamos al evangelio de Mateo. En el capítulo 13 leemos lo siguiente,

Mateo 13: 18-23 18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Cuando el Señor enseña a sus discípulos la parábola del sembrador les dice que hay una fe que es temporal, la cual parece haber recibido el evangelio con gozo, pero pronto deja de creer. A la luz de la Biblia esta no es una fe verdadera, es decir no es la fe que Dios le otorga a un hombre como un regalo según Efesios 2: 8-10.

Sin embargo hay una fe que es verdadera. Y según el Nuevo Testamento esta fe es aquella fe que persevera hasta el final. En Mateo 24 Jesús, hablando del fin del mundo dice,

Mateo 24: 9-13 9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

La fe que persevera hasta el final es la fe verdadera. Es por ello que la predicación del evangelio es tan necesaria para los que estamos creyendo. Volviendo a Pablo en Romanos se nos dice que el evangelio es necesario para nosotros porque es el poder de Dios para nuestra salvación.

El Fundamento de esa Verdad

Porqué es necesario el evangelio en la vida del creyente? Pablo escribe en el versículo 17 lo siguiente,

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”

El evangelio es un mensaje humillador. Qué quiero decir con esto? El evangelio es se encarga de aplastar el orgullo humano que dice, “Yo soy capaz de hacer lo que yo quiera,” “Yo soy suficientemente bueno como para ser salvo,” etc.

Cuando predicamos el evangelio estamos afirmando que Dios es infinitamente Justo, que es perfecto, Santo, glorioso, etc. Pero afirmamos también que el hombre es un rebelde, un enemigo de Dios, injusto, es decir, que está desprovisto de toda justicia necesaria para salvación.

Cuando predicamos el evangelio le decimos a todos los hombres, creyentes e incrédulos, que fuera de Cristo estamos bajo la ira de Dios. Lo único que merecemos es el infierno. Dios manifestaría su Justicia enviando a todos los hombres que han existido, existen y existirán al infierno. Todos son pecadores y eso es lo que merecen!

Pero además, el evangelio nos muestra que Dios en Su misericordia envió a Su Hijo, Dios mismo, a la tierra a encarnarse, vivir la vida perfecta, es decir establecer una justicia perfecta, aquella que era demandada por Dios, y a morir en la cruz recibiendo la ira de Dios por los pecados de Su pueblo, para darles vida eterna.

Cómo? 2 Corintios 5: 21 nos dice, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Cristo nos da vida eterna por imputación de Su justicia perfecta. Dios aplacó Su ira en contra nuestra al haber castigado nuestros pecados los cuales le imputó a Su Hijo en la cruz.

Esto es el evangelio. Vemos lo que realmente somos y vemos la maravillosa gloria de Dios en Su misericordia para con nosotros. Fuera de esa misericordia estamos perdidos. La justicia de Dios se revela, como dice Pablo, en el evangelio.

Y esta verdad es revelada por medio de la fe que Dios le otorga a un pecador para creer que ese mensaje es verdad y que es exclusivamente para él y para su salvación. Pero también, y es este el punto de esta meditación, se revela en el evangelio para fe. La predicación del evangelio a los creyentes tiene como meta producir más fe.

Sólo una fe que persevera puede hacer salvo a un pecador. Es por ello que el evangelio se encarga de producir más y más fe, para que pueda perseverar hasta el día final y así dar salvación a los pecadores que están creyendo. Y es por ello que Pablo cita Habacuc 2:4.

En el contexto del libro de Habacuc, el profeta está hablando del juicio de Dios sobre la nación de Judá. Leemos en el capítulo 1 que Dios levantará a los caldeos para que marchen en contra de los judíos, como juicio por sus iniquidades. Pero luego en el capítulo 2: 4 Dios dice, “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

El juicio de Dios será para aquellos que andan en injusticia, cuya alma no es recta. Pero el profeta escribe que los únicos que se salvarán del juicio de Dios serán aquellos cuya fe sea verdadera y la cual revela por medio del evangelio que la justicia que Dios exige de los hombres nos la ha dado como un regalo a nosotros. “Por fe y para fe.”

Entonces, el evangelio se encarga de revelarnos la justicia de Dios como un regalo para nosotros y de mantenernos creyendo continuamente. Y es por eso que es tan necesario que lo escuchemos todos los días. El evangelio nos salvará de la ira de Dios en el día final.

Es por ello que vemos tanta depravación y mundanalidad en la iglesia en nuestro país. Se ha dejado de predicar el evangelio y se ha cambiado el mensaje por un mensaje materialista, creyendo que el creyente no necesita escuchar más las buenas nuevas de Dios.

Entonces, deseo concluir esta meditación con diez razones por las cuales nosotros mismos debemos predicarnos el evangelio todos los días a nosotros mismos.

1.Nuestra Necesidad Diaria

La vida diaria es una constante lucha por creer. Nuestro corazón es tan perverso, y Satanás y el mundo nos llegan con tantas mentiras, que nos es necesario predicarnos el escandaloso evangelio de Cristo para que nuestra fe aumente cada día más y para nuestra edificación.

1 Juan 3: 18-19 18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él

Hechos 20: 32Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.”

2. Es el poder de Dios

La Biblia nos enseña que el poder de Dios se manifiesta en la creación. En el poder del mar, de los volcanes, de los truenos, etc. Sin embargo nunca se les denomina a estas cosas en la Biblia como el poder de Dios. Es el evangelio al que se le denomina así. Qué tan poderoso es el evangelio entonces para que Pablo pueda escribir, “16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación.”

Si el evangelio es el poder de Dios para nuestra salvación, quiere decir que necesitamos escucharlo todos los días.

3. Es la Cura para la Desconfianza

Como pecadores redimidos que somos podemos desconfiar de los madamientos de Dios para nosotros. En nuestra mente caída podríamos pensar que algo es bueno para nosotros, y llegamos a desconfiar en Dios cuando vemos en Su palabra que no es lo correcto.

Predicarnos el evangelio diariamente nos lleva a confiar en Dios. Si Él fue capaz de enviar a Su Hijo y sacrificarlo por mí, entonces quiere decir que en ese mismo amor me guía en Su palabra y por medio de Sus mandamientos.

Deuteronomio 5: 29 “!!Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!”

4. Es la Libertad del Poder del Pecado

Una de las armas que utiliza el diablo para mantenernos cayendo en pecado es la culpabilidad. Cuando pecamos nos sentimos culpables. Esta culpabilidad nos puede dominar.

Sin embargo, predicarnos el evangelio diariamente nos libera de la culpabilidad del pecado, pues nos muestra el perdón que hemos encontrado por gracia de parte de Dios. Esto nos libera del dominio temporal del pecado en nuestras vidas.

Romanos 6: 14 “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

5. Cultiva Humildad

Dios diseñó el evangelio de tal manera que aplaste nuestro orgullo y evite que nos gloriemos en nosotros mismos. Esta es parte de la misericordia de Dios. Debido a que nosotros tenemos un concepto errado de quienes somos y Dios conoce verdaderamente el estado de nuestro corazón, en Su amor nos da un mensaje que evite que pongamos nuestra confianza en nosotros mismos.

No confiamos entonces en nuestra justicia, sino en la perfecta justicia de Cristo. No en nuestra obediencia a Dios, sino en la perfecta obediencia de Cristo. No en nuestro amor hacia Dios, sino en el amor de Cristo hacia el Padre. No confiamos en nuestras fuerzas para derrotar al pecado, sino en el poder de Cristo.

Predicarnos el evangelio cada día destruye ese orgullo y nos da humildad. Nada humilla más que recordarse cada día de la infinita gloria de Dios, de la infinita gravedad de nuestros pecados, y de la misericordia de Dios en el sacrificio de Cristo. Humillación es saber que sin esto estaríamos en el infierno. Tan malos somos que Cristo tuvo que morir en nuestro lugar. SI esto no nos humilla verdaderamente estamos endurecidos.

1 Corintios 1: 27-29 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.”

6. Brinda una Perspectiva en las Pruebas

El evangelio nos hace capaces de enfrentar nuestras tribulaciones para poder obtener las bendiciones que Dios nos trae en ellas. Predicarnos el evangelio nos hace ver la realidad de que Dios permite que ocurran cosas malas en nuestras vidas sencillamente porque le sirve para los propósitos que tiene para nosotros.

Dios desea mejorar nuestro carácter y conformarnos cada día a imagen de Su Hijo.

Filipenses 1: 29Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él

Romanos 8: 28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Santiago 1: 2-32 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

7.  Estimula Nuestro Amor por los Demás

Cuando nos predicamos el evangelio aumenta nuestro deseo de amar a otras personas. Es decir, debido a que en el evangelio vemos el amor de Dios hacia nosotros, mientras éramos sus enemigos, deseamos mostrar ese tipo e amor hacia los demás.

Cómo? No sólo buscando hacerle el bien a otros, sino también perdonando a aquellos que nos han hecho mal. No fue esto lo que Dios hizo por nosotros? Entre más experimentamos el evangelio, más deseos tenemos de amar a nuestros hermanos en la fe, sirviéndoles por medio del ejercicio de los dones que el Señor nos ha dado, y predicándoles y viviendo el evangelio para ellos también.

Tesalonisenses 2: 8 “Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.”

8. Nos da un Corazón para las Almas Perdidas

Entre más nos prediquemos y entendamos el evangelio nos daremos cuenta del estado espiritual de aquellos que no han creído y de su necesidad de escuchar el mensaje liberador de Cristo.

Predicándonos el evangelio diariamente seremos golpeados con la realidad de que si los incrédulos no escuchan el evangelio serán condenados eternamente al infierno. Conociendo las maravillas que tiene un pecador en el evangelio, tendremos la necesidad y el deseo de que otras personas experimenten el poder salvador de este mensaje divino.

Si nos predicamos el evangelio diariamente nos dolerá el corazón por evangelizar.

Romanos 9: 1-3 1 Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, 2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3 Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne”

9. Nos Brinda la Esperanza del Cielo

Entre más experimentemos las riquezas de Cristo al predicarnos el evangelio diariamente, más rápido y con mayor intensidad se desarrolla en nosotros el deseo de estar con Cristo en el cielo.

Cuando nuestro corazón pierde el rumbo y comienza a desear los tesoros de este mundo, predicarnos el evangelio nos reprende y corrige volviendo nuestro corazón hacia la búsqueda de los tesoros celestiales.

La esperanza de ver a Cristo algún día libera en nosotros una influencia purificadora del cielo en nuestras vidas cada día, y nos hace ser más como Cristo.

Colosenses 1: 3-6 3 Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, 5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, 6 que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros”

1 Juan 3: 2-3 “ 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”

10. Nos Hace Reconocer y Proclamar la Gloria de Dios

La Biblia nos dice que la Gloria de Dios nos es manifiesta en la Creación, pero fuera del cielo, la gloria de Dios se puede encontrar con mayor intensidad en el evangelio. Es por ello que en las Escrituras se describe al evangelio como “el evangelio de la gloria de Cristo” o, “el glorioso evangelio del Dios bendito” (2 Corintios 4: 4; 1 Timoteo 1: 11).

Reconociendo la gloria de Dios en ese evangelio seremos transformados de un nivel de gloria a otro. Y cómo proclamamos esa gloria de Dios? Primero, esa misma transformación lograda por el Espíritu Santo en nosotros al predicarnos el evangelio cada día, le muestra al mundo la maravillosa gloria de nuestro Dios.

Segundo, esa transformación nos hace desear con todas nuestras fuerzas proclamar a Dios como lo más glorioso del universo. Nosotros no somos el fin último del evangelio. La gloria de Dios es el fin último. Entre más experimentemos el evangelio en nuestras vidas, más desearemos glorificar a Dios en todas las cosas. Por ello luego de haber predicado el evangelio a los Efesios, Pablo escribe en el capítulo 3,

20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

Tengamos siempre presente la necesidad que tenemos aún los creyentes de estar escuchando diariamente el evangelio glorioso de Jesucristo, pues es el poder de Dios para nuestra salvación, mediante la generación de una fe perseverante.

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5 comentarios leave one →
  1. juan cordova permalink
    febrero 20, 2010 1:28 am

    Cristo es el Evangelio. Los conocidos libros llamados los evangelios (mateo, Marcos, Lucas y Juan), trantan con el nacimiento, vida, muerte resurreccion y ascencion de nuestro Senor. Una vez ascendido a la diestra del padre nos encomende a que predicasemos el evangelio. Las noticias, de gran gozo, el poder de Dios para salvacion. El proposito es como lo expresa san Pablo en Romanos 1; el evangelio es “acerca de su hijo” esta es la tematica el centro del evangelio es acerca de Jesus. Si los predicadores hablan de otro asunto que no sea exclusivamente acerca de Jesus; me temo que no es el evangelio.

    • febrero 20, 2010 1:39 am

      Juan,

      Decir que Cristo es el evangelio no es lo correcto. El evangelio está claramente definido en el Nuevo Testamento. Qué dice Pablo que es el evangelio? Son las noticias de lo que sucedió hace más de 2000 años (1 Corintios 15: 1-9). La palabra euangelion quieren decir “buenas nuevas.” Y esas buenas nuevas se refieren a lo que Cristo hizo. Entiendo a lo que te refieres, pero si el Nuevo Testamento define lo que son esas buenas nuevas, entonces creo que debemos apegarnos a eso.

      • juan cordova permalink
        febrero 20, 2010 2:26 pm

        Les recomiendo a todos el libro del Pastor John Piper: “Dios es el Evangelio”
        Gracias

      • Guillermo Rincón B. permalink
        enero 11, 2012 2:42 am

        El evangelio es una persona, y esa persona se llama Jesucristo. ¿Qué mejores noticias he podido recibir en mi vida, que enterarme de que Dios envió a su Unigénito para morir, ser sepultado, y resucitar según las Escrituras, con el fin de justificarme por Su fe, y así llevarme a la presencia de nuestro Padre celestial(Gal 2.16)?
        Las buenas noticias: “Jesús tomó tu lugar en la cruz para salvarte y darte lo que necesitabas: vida, y vida en abundancia” caso contrario estaríamos irremisiblemente perdidos.

  2. mayo 19, 2013 1:24 am

    Que el Senor les continue usando y dando la sabiduria divina para exponer al mundo necesitado de un Salvador, sobre la apasionante bendicion que es ir cada dia creciendo en el conocimiento del Dios verdadero el de la Biblia. Este tema , como tantos temas nos ayuda a examinarnos a nosotros mismos a ver si estamos en la fe, tambien que la unica manera para que nuestra vida cristiana siempre para la glori de Dios es solamente permaneciendo en Su Palabra con oracion, darse cuenta que la salvacion no es solo pasada, sino presente porque hay que disriamente ir sl evangelio y reconocer solamente la obra redentora de Jesus en el Calvario…..mi oracion es que el Senor nos siga extendiendo Su Gracia y nos haga unos hacedores de Su Palabra y vuelvo y repito solo PERMANECIENDO en El , que Su Santo Espiritu siga haciendo esa obra restauradora.

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