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Obrando para Merecer la Bendición Divina

octubre 2, 2009

El pastor Sugel Michelén de nuevo ha escrito una excelente entrada con respecto a un tema bastante confuso para muchos creyentes. Es que acaso debo esforzarme para merecer las bendiciones de Dios? A esto Michelén responde,

Dios ha diseñado nuestros cuerpos para que responda a esas cosas; si eres responsable en el cuidado de tu cuerpo, aun así puede ser que te enfermes, y que mueras antes de cumplir los 40 años; pero lo cierto es que esas son las cosas que debemos hacer en nuestra responsabilidad para tener una buena calidad de vida.

Ahora bien, cuando yo hago todo eso, ¿lo hago para merecer la salud? No, no es un asunto de méritos, sino de ser responsable en el cuidado de mi cuerpo, tomando en cuenta la forma como Dios lo creó. Si estoy enfermo y me tomo la medicina que el médico prescribió, no es para merecer ser sanado. Simplemente estoy actuando como un hombre sensato que sigue las prescripciones de su médico.

Pues lo mismo ocurre con el alma. Cuando hacemos un uso responsable de los medios que Dios ha prometido usar para nuestro fortalecimiento espiritual, no lo hacemos para merecer la bendición de Dios, sino porque esos son los medios de gracia que Dios ha establecido para que nuestras almas sean fortalecidas.”

Y concluye diciendo,

De manera que la gracia no se opone al esfuerzo humano, sino al mérito humano. Los que descansan en la gracia también se esfuerzan en la gracia, porque la gracia no anula nuestra responsabilidad en el proceso de santificación. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”, dice Pablo en Fil. 2:12. Hay algo que nosotros debemos hacer si queremos crecer en santidad; pero siempre amparados en la gracia de Dios, no en nuestras fuerzas: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”, sigue diciendo Pablo en Fil. 2:13.

Sería una insensatez de nuestra parte pedir a Dios en oración que nos mantenga saludables, si no nos ejercitamos, ni cuidamos nuestra alimentación, ni damos descanso a nuestros cuerpos. Una cosa es necesaria para que se produzca la otra. Pues de igual manera es una insensatez pedir en oración que nuestras almas sean fortalecidas, y que nuestra vida espiritual crezca y se desarrolle, si descuidamos al mismo tiempo los medios de gracia que Dios ha provisto para que eso ocurra.”

Pueden leer el resto de la entrada aquí.

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