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Spurgeon: La Infalibilidad. Dónde Encontrarla y Cómo Usarla?

noviembre 2, 2008

Un sermón predicado la mañana del Domingo 20 de Diciembre, 1874

Escrito está.” Mateo 4:4.

Las mentes precavidas desean ansiosamente algún punto fijo en el cual poder creer. El viejo filósofo necesitaba un punto de apoyo para su palanca, y creía que si lo hubiera podido conseguir, habría movido el mundo. No es nada confortable estar siempre en alta mar; muy pronto desearíamos con vehemencia descubrir terra firma (tierra firme), y plantar nuestro pie sobre una roca. No podemos descansar hasta haber encontrado algo que es cierto, seguro, establecido, decidido, y que ya no se puede cuestionar. Muchas mentes se han asomado a la región brumosa del racionalismo, y no han visto nada excepto niebla y bruma perpetuas, y, temblando por el terrible frío de esas regiones árticas del escepticismo, han anhelado una luz más clara, una guía más cálida, una creencia más tangible. Este anhelo ha conducido a los hombres a extrañas creencias. Satanás, viendo su hambre voraz, los ha llevado a aceptar una piedra por pan.

Muchos han sostenido, y aún siguen sosteniendo, que es posible encontrar el cimiento infalible en el Papa de Roma. No me sorprende que prefieran considerar infalible a un hombre que estar completamente sin una norma de verdad; sin embargo, es tan monstruoso que los hombres crean en la infalibilidad papal, que si ellos mismos no lo manifestaran, nosotros pensaríamos que es muy insultante acusarlos de decir eso. Que una mente pueda torcerse, por medio de alguna contorsión posible, en una postura en la que es capaz de aceptar tal creencia, es uno de los misterios de la humanidad. ¡Cómo, si los papas yerran en cosas tan pequeñas, cuánto más en los grandes asuntos!

En el libro de Disraeli, “Curiosidades de la Literatura” está registrado el siguiente incidente divertido, bajo el encabezado de “Errata”: “Uno de los más egregios de todos los disparates literarios es el de la edición de la Vulgata, por Sixto V. Su Santidad supervisó cuidadosamente cada hoja que era impresa; y, para sorpresa de todo el mundo, la obra permaneció sin rival; ¡estaba plagada de erratas! Tuvieron que imprimir una multitud de trocitos de papel para pegarlos sobre los pasajes que contenían errores, para poder producir el verdadero texto. El libro tiene una apariencia fantástica con todos esos remiendos; y ¡los herejes se regocijaron con esta demostración de infalibilidad papal! La copias de la impresión fueron recogidas, y se hicieron violentos intentos por suprimirla; algunas de esas copias sobreviven para embelesamiento de los coleccionistas bíblicos; en una venta posterior, la Biblia de Sixto V fue vendida en sesenta guineas (unidad monetaria inglesa); ¡no fue demasiado para un simple libro plagado de desatinos! El mundo se divirtió en grado sumo con la bula pontificia que servía de editorial papal antepuesta al primer volumen, que excomulgaba a todos los impresores que al reimprimir la obra le hicieran alguna alteración al texto!”

La noción de una infalibilidad que reside en un hombre mortal es digna de un manicomio, y escasamente merece una discusión seria. Casi no se puede leer una página de la historia que aun los católicos admiten que es auténtica, sin descubrir que los papas han sido hombres y no dioses, y sus bulas pontificias son tan desacertadas y erróneas como los decretos de los príncipes mundanos. Mientras el hombre conserve un claro entendimiento, no puede descansar en la infalibilidad imaginaria de un sacerdote.

Otros, sin embargo, acarician con esperanza la idea de una iglesia infalible. Ellos creen en las decisiones de los concilios generales, y esperan encontrar allí la roca de la certeza. Aparentemente esto es más fácil, pues en la multitud de consejeros hay sabiduría, pero en la realidad es igualmente ridículo; pues si juntas a un determinado número de hombres, cada uno de los cuales es falible, es claro que no te has acercado a la infalibilidad. Es tan fácil creer que un hombre es inspirado como que quinientos o seiscientos hombres lo son. El hecho es que las iglesias han cometido errores de la misma manera que los hombres, y han caído en lastimosos disparates tanto en materia de práctica como de doctrina. Miren a las iglesias de Galacia, Corinto, Laodicea, Sardis, y otras muchas más; más aún, descubrimos que los primeros discípulos de nuestro Señor, que constituyeron la iglesia verdaderamente primitiva y apostólica, no eran infalibles. Cometían graves errores en relación a una sencilla palabra de nuestro Señor.

Él dijo en relación a Juan, “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?” “Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?” Aun los mismos apóstoles podían cometer errores, y los cometían. Ellos eran infalibles en lo que escribieron cuando estaban bajo la inspiración del Espíritu Santo, pero no en cualquier otro momento. Sin embargo, hermanos, no me sorprende que en la penosa angustia a la que la mente es sometida a menudo, se considere mejor creer en una iglesia infalible que ser abandonado a la pura razón, ser sacudido de un lado al otro, como barca desolada azotada por vientos cambiantes a lo largo de terribles cúmulos de cuestionamientos que son encontrados en el intranquilo oceáno de la incredulidad. Anhelando, como lo hago, un cimiento seguro, y rechazando tanto a los Papas como a los concilios, ¿adónde voy a mirar?

Tenemos una palabra más segura de testimonio, una roca de verdad sobre la que nos apoyamos, pues nuestra norma infalible se encuentra en, “Escrito está.” La Biblia, toda la Biblia, y únicamente la Biblia, es nuestra religión. De este Libro inspirado decimos: hay verdades que están muy por encima de nuestra comprensión, puestas allí a propósito para permitirnos ver cuán superficiales son nuestras mentes finitas. Pero en lo relativo a puntos vitales y fundamentales, la Biblia no es difícil de entender, ni puede haber excusa alguna en relación a las multitudes de errores que los hombres pretenden haber encontrado en ella.

Un bebé en la gracia, enseñado por el Espíritu de Dios, puede conocer la mente del Señor en lo relativo a la salvación, y encontrar su camino al cielo únicamente por la guía de la palabra. Pero que sea profunda o sencilla, no es la pregunta; es la palabra de Dios, y es una pura verdad que no puede errar. Aquí hay infalibilidad, y no en ningún otro lado.

Deseo hablar hoy acerca de este Libro grandioso e infalible, que es nuestra única corte de apelaciones: y deseo hablar especialmente a los jóvenes convertidos que en los últimos días han encontrado al Salvador, pues este Libro debe ser usado por ellos como la espada del Espíritu en los conflictos espirituales que los esperan. Quisiera exhortarlos con mucho celo para que se pongan esta parte de toda la armadura de Dios, para que puedan resistir al gran enemigo de sus almas.

“Escrito está.” Voy a recomendar para uso de nuestros jóvenes soldados, el arma que no falla, comentando que ésta es la propia arma de nuestro Campeón; en segundo lugar, los exhortaré a que observen para qué usos Él aplicó esta arma; y, en tercer lugar, Lo observaremos para ver cómo la manejaba.

I. Yo recomiendo a cada cristiano el uso constante de la palabra infalible, porque FUE EL ARMA ESCOGIDA POR NUESTRO CAMPEÓN cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Él tenía muchas opciones de armas con las cuales combatir con Satanás, pero no tomó ninguna excepto esta espada del Espíritu: “Escrito está.” Nuestro Señor pudo haber vencido a Satanás por medio de una fuerza angélica. Sólo tenía que haberle pedido a Su Padre y le hubiera enviado inmediatamente doce legiones de ángeles, contra cuya poderosa embestida el archienemigo no hubiera podido prevalecer ni un instante. Si nuestro Señor simplemente hubiera ejercido Su deidad, una sola palabra habría enviado al tentador de regreso a su guarida infernal. Pero en vez de un poder angélico o divino, Él usó, “Escrito está”; enseñando así a Su iglesia que nunca debe invocar la ayuda de la fuerza, o el uso de armas carnales, sino que debe confiar únicamente en la omnipotencia que habita en la palabra segura del testimonio. Ella es nuestra hacha de combate y nuestra arma de guerra. Los patrocinios o las restricciones del poder civil no son para nosotros; ni tampoco nos atrevemos a usar ya sea los sobornos o las amenazas para convertir a los hombres en critianos: un reino espiritual debe ser establecido y sostenido únicamente por medios espirituales.

Nuestro Señor pudo haber derrotado al tentador, simplemente descubriendo Su propia gloria. La brillantez de la divina majestad estaba escondida dentro de la humildad de Su naturaleza humana, y si Él hubiera levantado el velo por un momento, el demonio habría estado tan completamente confundido como lo están los murciélagos y los búhos cuando el sol brilla directamente en sus caras. Pero Jesús todavía se dignó esconder Su excelente majestad, y defenderse únicamente con “Escrito está.”

Nuestro Señor también pudo haber acometido a Satanás con la retórica y con la lógica. ¿Por qué no discutió los puntos con él, conforme fueron surgiendo? Aquí habían tres diferentes proposiciones que discutir, pero nuestro Señor se limitó a un solo argumento, “Escrito está.” Ahora, amados hermanos, si nuestro Dios y Señor, con todas las opciones de armas que pudo haber tenido, seleccionó únicamente esta verdadera hoja de espada de Jerusalén, la Palabra de Dios, no dudemos ni un instante, sino que tomemos y sostengamos firmes esta espada, la única arma de los santos en todos los tiempos. Arrojen lejos la espada de madera del razonamiento carnal; no confíen en la elocuencia humana, sino que ármense con las solemnes declaraciones de Dios, que no puede mentir, y entonces no tendrán que temer a Satanás ni a sus huestes. Jesús, podemos estar seguros de ello, eligió la mejor arma. Lo que era lo mejor para Él es lo mejor para ti.

Debemos tomar nota que nuestro Señor usó esta arma al inicio de Su carrera. No había dado comienzo todavía Su ministerio público, pero, si puedo usar la expresión, aún cuando Su joven mano no había sido probada en la guerra pública, el empuñó de inmediato el arma forjada para Él, y dijo valientemente “Escrito está.” Ustedes, jóvenes cristianos que han sido convertidos recientemente, probablemente ya han sido tentados, o muy pronto lo serán, pues yo recuerdo que la primera semana después que encontré al Salvador, fui sujeto a una tentación espiritual verdaderamente furiosa, y no me sorprendería que lo mismo les sucediera a ustedes.

Ahora los exhorto a que hagan como hizo Jesús, y empuñen firmemente: “Escrito está.” Es tan ciertamente el arma del niño como la defensa del hombre fuerte. Si el creyente fuera tan alto como Goliat de Gat, no necesita tener una mejor espada que ésta, y si fuera un simple pigmeo en las cosas de Dios, esta espada le vendría bien a su mano y sería igualmente eficaz para el ataque o la defensa. Cuán misericordioso es para ti, joven cristiano, que no tengas que discutir, sino creer; que no tengas que inventar, sino aceptar.

Sólo tienen que abrir sus Biblias, encontrar un texto, y arrojarlo a Satanás, como una piedra salida de la honda de David, y ganarán la batalla. “Escrito está,” y lo que está escrito es infalible; aquí está la fuerza de su argumento. “Escrito está;” Dios lo ha dicho; eso es suficiente. Oh, bendita espada y escudo que el pequeño niño puede usar con eficacia, y que es útil para el hombre ignorante y sencillo, y que da poder al de inteligencia deficiente, y logra conquistas para el débil.

Observen a continuación, que como Cristo eligió esta arma de entre todas las armas, usándola en su primer conflicto, así también, la usó cuando no había ningún hombre cerca. El valor de la Santa Escritura no es visto únicamente en la enseñanza pública o cuando uno se esfuerza por encontrar la verdad; su silbo apacible y delicado es igualmente poderoso cuando el siervo del Señor está soportando aflicciones personales en el desierto solitario. Las contiendas más severas de un verdadero cristiano son usualmente desconocidas para todas las demás personas. Nosotros nos encontramos con las tentaciones más sutiles, no precisamente dentro de la familia, sino en el ropero; no combatimos con los principados y potestades en el taller, con la furia con que lo hacemos en los escondrijos de nuestro propio espíritu. Para estos terribles duelos, “Está escrito” es la mejor espada y escudo.

La Escritura es buena para convencer a otra persona; pero la Escritura es absolutamente necesaria para consolar, defender, y santificar nuestra propia alma. Debes saber cómo usar únicamente la Biblia, y entender cómo enfrentarte con los más sutiles enemigos, acompañado de ella; pues hay un diablo real y personal, como lo sabe por experiencia la mayoría de los cristianos, pues han estado frente a frente con él, y han conocido sus astutas sugerencias, sus horribles insinuaciones, sus afirmaciones blasfemas, y sus diábolicas acusaciones. Hemos sido atacados por pensamientos provenientes de una mente más vigorosa, más experimentada y más sutil que la nuestra, y para todo esto no hay más que una sola defensa: la infalible frase “Escrito está.”

Han ocurrido muchísimos conflictos entre los siervos de Dios y Satanás, que son más notables en los anales inéditos de la historia sagrada que el Señor registra, que los hechos más valientes de los héroes de la antigüedad, alabados por los hombres en sus himnos nacionales. Quien es saludado con el sonido de la trompeta y cuya estatua está colocada en la plaza pública, no es el único conquistador; hay vencedores que han combatido con ángeles y han prevalecido, cuyas proezas aun Lucifer debe reconocer con amargura. Todos éstos atribuyen sus victorias a la gracia que les enseñó cómo usar la palabra infalible del Señor.

Querido amigo, debes tener “Escrito está” listo junto a ti en todo momento. Hay personas que cuando comienza un conflicto espiritual, corren hacia un amigo solicitando su ayuda; yo no condeno esa práctica, pero sería mucho mejor si acudieran al Señor y a Su promesa segura. Algunos, a la primera embestida, están prestos a renunciar a toda esperanza. Ustedes no actúen de esa manera tan cobarde; busquen la gracia para actuar como hombres. Deben luchar si es que van a entrar al cielo; miren el arma que tienen, que no se puede torcer ni puede perder su filo; empúñenla con valor y húndanla en el corazón del enemigo. “Escrito está” cortará a través del alma y del espíritu, y herirá al propio viejo dragón.

Observen que nuestro Señor usó esta arma bajo las circunstancias más difíciles, pero le pareció suficiente para Sus necesidades. Él estaba solo; no había a Su lado ningún discípulo que Le pudiera acompañar, pero la palabra era el hombre a Su diestra, la Escritura tenía comunión con Él. Tenía hambre, pues había ayunado cuarenta días con sus noches, y el hambre es un dolor agudo, y a menudo los espíritus se hunden cuando el cuerpo tiene necesidad de alimento; sin embargo, “Escrito está” mantuvo a raya al lobo del hambre; la palabra nutrió al Campeón con tal alimento que no solo suprimió toda debilidad, sino que lo hizo poderoso en espíritu. Él fue colocado por Su adversario en una posición de gran peligro, poniéndole sobre el pináculo del templo del Señor. Sin embargo, allí estuvo y no necesitó ningún apoyo más seguro que ése que Le proporcionaban las promesas del Señor. “Escrito está,” le permitía mirar hacia abajo desde la altura vertiginosa y sin embargo frustar al tentador.

También fue colocado donde los reinos del mundo se extendían bajo Su pie, un panorama sin par que a menudo ha deslumbrado los ojos de grandes hombres y los ha conducido progresivamente a la destrucción; pero “Escrito está” hizo a un lado las trampas de la ambición y se burló de la fascinación del poder. Ya sea en el desierto, o en el templo, o en una montaña sumamente elevada, no se requirió ningún cambio en el modo de combatir; el infalible “Escrito está” le ayudó en cada posición en la que se encontró, y lo mismo sucederá con nosotros.

Recomiendo encarecidamente la palabra de Dios para quienes se han alistado recientemente bajo el estandarte de mi Señor. Así como dijo David de la espada de Goliat, “Ninguna como ella,” lo mismo digo yo de las Santas Escrituras. Nuestro Señor fue tentado en todos los puntos al igual que nosotros, y en eso Él se identifica con nosotros, pero Él resistió las tentaciones, y en eso Él es nuestro ejemplo; debemos seguirlo plenamente si queremos compartir Sus triunfos.

Observen que nuestro Señor continuó usando su única defensa, aunque Su adversario frecuentemente cambió su punto de ataque. El error tiene muchas formas, la verdad es una. El diablo lo tentó para que desconfiara, pero ese dardo fue detenido por el escudo de “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” El enemigo le lanzó un golpe desde la perspectiva de la soberbia, tentándolo para que se arrojara desde el templo; pero cuán terriblemente cayó esa espada de dos filos sobre la cabeza del diablo, “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.”

El siguiente golpe insolente fue dirigido contra nuestro Señor con la intención que cayera de rodillas ante él, “Todo esto te daré, si postrado me adorares;” pero fue detenido y devuelto con aplastante fuerza por: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.” Esto hirió el corazón del leviatán. Esta arma es buena en todo momento; buena para la defensa y para el ataque, para proteger toda nuestra humanidad o para golpear a través de las junturas y la médula del enemigo.

Como la espada encendida del querubín a la puerta del Edén, se revuelve por todos lados. Ustedes no pueden estar en ninguna condición para la que la palabra de Dios no tenga una provisión; tiene tantos rostros y ojos como la misma Providencia. Descubrirán que nunca falla en todos los períodos de sus vidas, en todas las circunstancias, independientemente de la compañía en que se encuentren, en todas las pruebas, y en medio de todas las dificultades. Si fallara no sería útil en las emergencias, pero su verdad inerrante la vuelve invaluablemente preciosa para los soldados de la cruz.

Entonces yo les recomiendo que escondan la palabra de Dios en sus corazones, y que reflexionen acerca de ella en sus mentes. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros en toda sabiduría.” Estén arraigados y cimentados y establecidos en su enseñanza, y saturados por su espíritu. Para mí es un intenso gozo escudriñar con diligencia el libro de gracia de mi Padre. Crece en mí diariamente. Fue escrito por inspiración en tiempos antiguos, pero yo he descubierto, cuando me alimento de él, que no sólo fue inspirado cuando fue escrito, sino que aún es inspirado. No es un simple documento histórico; es una carta recién escrita por la pluma de Dios para mí. No es un sermón que fue predicado una vez pero que ha terminado; todavía habla. No es una flor marchita, arrinconada en un hortus seccus (huerto de flores secas), con su belleza nublada y su perfume evaporado; sino que es una flor fresca que acaba de surgir en el jardín de Dios, tan fragante y tan hermosa como cuando Él la plantó.

Yo no veo a las Escrituras como un arpa que fue tocada una vez por unos dedos diestros, pero que ahora cuelga como un recuerdo sobre la pared: no, es un instrumento de diez cuerdas que todavía está en las manos del trovador, llenando aún el templo del Señor con música divina, de tal manera que quienes tienen oídos para oír, se deleitan al escucharla. La Santa Escritura es una arpa eolia (1) a través de la cual el viento bendito del Espíritu siempre está soplando y creando música mística, tal que ningún hombre podrá oír en ninguna otra parte, y ni siquiera oírla allí mismo, a menos que sus oídos hayan sido abiertos mediante el toque sanador del Grandioso Médico. El Espíritu Santo está en la palabra, y es, por tanto, verdad viva. Oh, cristianos, estén seguros de esto, y por ello hagan ustedes de la palabra su arma escogida para la guerra.

II. Nuestro Señor Jesucristo nos enseña QUÉ USO DEBEMOS DAR A ESTE “ESCRITO ESTÁ.” Observen en primer lugar que Él lo usó para defender Su condición de Hijo. El diablo dijo: “Si eres Hijo de Dios,” y Jesús respondió: “Escrito está.” Esa fue la única respuesta que se dignó darle. Él no trajo a la mente evidencias para demostrar Su condición de Hijo; ni siquiera mencionó esa voz venida de la excelente gloria que había dicho: “Este es mi Hijo amado.” No, sino que dijo: “Escrito está.” Ahora, mi querido hermano joven, convertido hace poco tiempo, yo no dudo que ya hayas sido sometido a ese infernal “si.” Oh, cuán fácilmente sale del labio de Satanás. Es su palabra favorita, la flecha preferida de su aljaba. Él es el príncipe de los escépticos, y ellos lo adoran mientras él se ríe de ellos, pues él cree y tiembla.

Una de sus peores obras de maldad es hacer que los hombres duden. “Si,” con qué mirada de desprecio susurra esto al oído del recién convertido. “Si,” dice él, “si.” “Tú dices que eres justificado y perdonado, y aceptado; pero ¡si! “¿No podrías después de todo estar engañado?” Ahora, queridos amigos, les suplico que no permitan nunca que Satanás los saque del terreno sólido de la palabra de Dios. Si él consigue alguna vez que ustedes piensen que el hecho que Cristo sea el Salvador de los pecadores puede ser probado únicamente por lo que ustedes puedan ver dentro de ustedes, muy pronto los hundirá en la desesperación. La razón por la que yo debo creer en Jesús, está en Jesús y no en mí. Yo no debo decir: “yo creo en el Señor Jesús porque me siento muy feliz,” pues dentro de media hora me puedo sentir miserable; sino que yo creo que Cristo es mi salvación, porque está escrito: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.”

Yo creo en la salvación dada por Jesucristo, no porque concuerde con mi razón o se adecúe a mi forma de pensar, sino porque está escrito, “El que en él cree, no es condenado,” “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” Nada puede alterar esta verdad, que permanece y debe permanecer para siempre. Creyente, apégate a esto independientemente de lo que venga. Satanás te dirá: “tú sabes que hay muchas evidencias; ¿puedes tú mostrarlas?” Respóndele que se ocupe de lo suyo. Él te dirá: “tú sabes cuán imperfectamente te has comportado, inclusive desde tu conversión.” Contéstale que él no es tan maravillosamente perfecto para que pueda criticarte. Si dice: “Ah, pero si fueras realmente un carácter cambiado no tendrías esos pensamientos ni esos sentimientos;” no discutas para nada con él, sino que debes reflexionar intensamente en el hecho que está escrito, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores; para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Si crees en Él, no puedes perecer, sino que tienes vida eterna, pues así está escrito. “Escrito está,” permanece firme, y si el diablo fuera cincuenta diablos en uno, no podría vencerte. Por otro lado, si abandonas el “Escrito está,” Satanás sabe mucho más de razonamiento de lo que tú puedas saber, él es mucho más viejo, ha estudiado a la humanidad exhaustivamente, y conoce todos nuestros puntos sensibles; por esa razón la contienda será desigual. No discutas con él, sino que ondea en su rostro el estandarte “Escrito está.” Satanás no puede tolerar la verdad infalible, pues ella es muerte para la falsedad de la cual él es el padre. En tanto que la verdad de Dios sea verdad, el creyente está seguro; si eso es derribado nuestra esperanza está perdida, pero, bendito sea Dios, no antes que eso suceda. Huyan a su fortaleza, todos ustedes que son tentados.

A continuación, nuestro Señor usó la Escritura para vencer la tentación. Él fue tentado para que desconfiara. Había piedras a sus pies, abundantes como hogazas de pan; no había pan, y Él tenía hambre, y la desconfianza decía: “Dios te ha abandonado; te morirás de hambre; por tanto deja de ser un siervo, conviértete en señor, y ordena que estas piedras se conviertan en pan.” Jesús, sin embargo, se enfrentó a la tentación y no quiso darse provisión a Sí mismo, diciendo, “Escrito está.”

Entonces, jóvenes cristianos o cristianos viejos, ustedes pueden ser colocados por la Providencia donde pueden pensar que tendrán necesidad, y entonces si tienen miedo que el Señor no les proveerá, surgirá la oscura sugerencia, “voy a seguir el camino del malvado, y así me colocaré en circunstancias confortables.” Cierto, la acción sería un error, pero muchos quieren hacerla, y por tanto Satanás susurra: “la necesidad no tiene ley; aprovecha la oportunidad que se te presenta.” En tal hora contrarresta al enemigo con “Escrito está, no hurtarás.” Se nos ordena no ir más allá o no defraudar a nuestro vecino. Escrito está, “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” Escrito está, “No quitará el bien a los que andan en integridad.” Sólo de esa manera puedes enfrentarte con seguridad a la tentación de desconfiar.

Luego Satanás tentó al Señor a la soberbia. “Si eres Hijo de Dios, échate abajo,” le dijo; pero Cristo tenía una Escritura lista para rechazar su embestida. Muchos son tentados a la soberbia. “Tú eres uno de los elegidos de Dios, no puedes perecer; puedes por lo tanto entregarte al pecado; no tienes necesidad de ser tan cuidadoso, puesto que no puedes caer final y fatalmente,” así susurra Satanás, y no siempre el convertido sin instrucción está preparado para responder a esta ruin falacia. Si en cualquier momento somos tentados a ceder a tales alegatos especialmente convincentes, recordemos que está escrito, “Velad y orad, para que no entréis en tentación.” Escrito está, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” Escrito está, “Sed santos, porque yo soy santo. Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Vete, Satanás, no nos atrevemos a pecar por la misericordia de Dios; eso sería ciertamente un agradecimiento diabólico por Su bondad; nosotros aborrecemos la idea de pecar para que la gracia abunde.

Entonces Satanás nos atacará con la tentación de que seamos traidores a nuestro Dios y que adoremos a otros dioses. “Adórame,” dice él, “y si lo haces tu recompensa será grande.” Él pone ante nosotros algún objeto terrenal que quiere que convirtamos en ídolo, algún objetivo egoísta que quiere que persigamos. En ese momento nuestra única defensa es la palabra verdadera, “Escrito está, amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” “¿O ignoráis…..que no sois vuestros? Por precio fuisteis comprados.” “Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” “Hijitos, guardaos de los ídolos.” Citando tales palabras como éstas con todo nuestro corazón, no sucederá que caigamos.

Amados, debemos guardarnos del pecado. Si Cristo nos ha salvado ciertamente del pecado, no podemos tolerar el pensamiento de caer en él. Si algunos de ustedes se deleitan en el pecado, no son hijos de Dios. Si ustedes son hijos de Dios, odian el pecado con un odio perfecto, y su propia alma lo aborrece. Para que se guarden del pecado, ármense con la palabra de Dios más santa y pura, que limpiará su camino, y hará que sus corazones sean obedientes a la voz del Dios tres veces santo.

A continuación nuestro Señor usó la palabra como una dirección en Su camino. Este es un punto muy importante. Demasiadas personas dirigen sus caminos por lo que ellas llaman providencias. Ellos hacen cosas erróneas y dicen, “parecía tal providencia.” Yo me pregunto si Jonás, cuando descendió a Jope para huir a Tarsis, consideró como una providencia que una nave estuviera a punto de partir. Si ése es el caso, él era como demasiadas personas hoy día, que buscan culpar a Dios, al declarar que ellas se sintieron obligadas a actuar como lo hicieron, pues la providencia así lo sugería.

Nuestro Señor no fue guiado por las circunstancias que lo rodeaban en cuanto a lo que debía hacer. Cualquiera, excepto nuestro santo Señor, hubiera obedecido al tentador, y luego habría dicho, “yo tenía mucha hambre, y me encontraba en el desierto, y me pareció tal providencia que un espíritu me hubiera encontrado y sugerido cortésmente, precisamente esa cosa que yo necesitaba, es decir, convertir las piedras en pan.” Era una providencia, pero era una providencia examinadora.

Cuando sean tentados a hacer el mal para subsanar sus necesidades, díganse a ustedes mismos, “esta providencia me está probando, pero de ninguna manera me está indicando qué debo hacer; pues mi regla es, ‘Escrito está.'” Si ustedes convierten a la providencia aparente en su guía, harán miles de errores, pero si siguen al “Escrito está” sus pasos serán ordenados con sabiduría.

Tampoco debemos hacer de nuestros dones especiales y de nuestros privilegios especiales, nuestra guía. Cristo está sobre el pináculo del templo, y es posible, más aún, es cierto que si Él hubiera decidido echarse abajo, habría podido hacerlo sin hacerse daño; pero Él no hizo de Sus privilegios especiales una razón para la soberbia. Es cierto que los santos serán preservados: la perseverancia final, yo así lo creo, es indudablemente la enseñanza de la palabra de Dios: pero yo no debo presumir acerca de una doctrina, yo debo obedecer el precepto. Que un hombre diga, “yo soy un hijo de Dios, yo estoy seguro, por tanto vivo según me agrade,” sería una demostración que él no es para nada un hijo de Dios, pues los hijos de Dios no convierten la gracia de Dios en libertinaje.

Sería equivalente a seguir la lógica del diablo si alguien dijera: “yo soy favorecido más que otros, y por lo tanto yo puedo provocar al Señor más que ellos.” “Escrito está, nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero, y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.”

Entonces Satanás intentó convertir su propia ventaja personal en la guía de nuestro Señor. “Todo esto te daré,” le dijo, pero Cristo no ordenó Sus actos para Su propia ventaja personal, sino que respondió, “Escrito está.” Cuán a menudo he escuchado que la gente dice, “no me gusta permanecer en una iglesia con la que no estoy de acuerdo, pero mi utilidad se perdería si dejara esa iglesia.” Bajo este sistema, si nuestro Señor hubiera sido un simple mortal, podría haber dicho, “Si me postrara e hiciera este pequeño acto de ritualismo, alcanzaría una noble esfera de utilidad. ¡Todos los reinos de la tierra serían míos! Allí están todos esos pobres esclavos oprimidos; Yo podría liberarlos. En cuanto a los hambrientos y los sedientos, cómo podría Yo suplir sus necesidades; y Conmigo como Rey, la tierra sería muy feliz. Ciertamente, ésa es exactamente la razón por la que voy a morir, y si puede lograrse tan fácilmente y al instante, doblando mi rodilla ante este espíritu, ¿por qué no hacerlo?”

Nuestro Señor estaba lejos, muy lejos, del perverso espíritu de compromiso. Ay, demasiadas personas dicen ahora, “debemos ceder en pequeños puntos; no tiene caso separarse y estar absurdamente casado con tus propias ideas; no hay nada como ceder un poco y mantener tu punto de vista en las cosas más grandes.” Así hablan muchos hoy día, pero nuestro Señor no habló así. Aunque el mundo entero hubiera estado a Su disposición si sólo una vez hubiera inclinado Su cabeza ante el diablo, Él no lo hubiera hecho. “Escrito está” era Su guía; no así Su utilidad ni Su ventaja personal.

Mi querido hermano, sucederá a veces que hacer lo correcto paracerá ser lo más desastroso; hará naufragar tu fortuna y te meterá en problemas, pero yo te exhorto a que hagas lo correcto a costa de lo que sea. En lugar de que seas honrado y respetado, y seas considerado un líder en la iglesia cristiana, serás visto como un excéntrico, y un intolerante, si hablas claramente; pero habla claramente, y que no te preocupe lo que venga. Tú y yo no tenemos nada que ver con lo que nos pase a nosotros, o a nuestra reputación, o lo que pase con el mundo, o lo que pase con el mismo cielo; nuestra única responsabilidad es hacer la voluntad de nuestro Padre.

“Escrito está” debe ser nuestra regla, y con obstinación tenaz, como la llaman los hombres, pero con resuelta consagración, según la estima Dios, a través del lodo y a través del fango, a través de la inundación y a través del fuego, sigamos a Jesús y a la palabra infalible. Sigan enteramente la palabra escrita, y nunca echen a perder la perfección de su obediencia a Él, por causa de la utilidad o de cualquier otro argumento mezquino, que Satanás quiere poner en su camino.

Observen, además, que nuestro Señor usó “Escrito está” para mantener Su propio Espíritu. Me encanta pensar en la serenidad de Cristo. Él no está para nada perturbado. Tiene hambre y se le pide que produzca pan, y Él responde, “Escrito está.” Él es transportado al pináculo del templo, pero Él dice, “Escrito está,” tan tranquilamente como tú o yo lo haríamos estando sentados en una butaca. Allí se encuentra Él con el mundo entero bajo Sus pies, contemplando su esplendor, pero no está deslumbrado. “Escrito está” es todavía Su tranquila respuesta. Nada hace que el hombre sea más controlado, tranquilo, y capaz de enfrentar cualquier emergencia que apoyarse siempre en el Libro infalible, recordando la declaración de Jehová, que no puede mentir. Los exhorto, hermanos, para que hagan esto.

El último pensamiento sobre este punto, es que nuestro Señor nos enseña que el uso de la Escritura es para vencer al enemigo y batirlo en retirada. “Vete,” le dijo al diablo, “pues escrito está.” Ustedes también harán huir a la tentación si se aferran con firmeza a esto, “Dios lo ha dicho, Dios lo ha prometido; Dios no puede mentir, cuya misma palabra de gracia es fuerte como esa que construyó los cielos.”

III. Así como el Señor eligió el arma, y nos enseñó sus usos, así ÉL NOS MOSTRÓ CÓMO MANEJARLA. ¿Cómo debemos manejar esta espada: “Escrito está”? Primero, con la más profunda reverencia. Que cada palabra que Dios ha hablado sea ley y evangelio para ustedes. Nunca la vean de menos; nunca intenten evadir su fuerza o cambiar su significado. Dios les habla a ustedes en este libro, tanto como si viniera otra vez a la cumbre del Sinaí y elevara Su voz desde el trueno. Me gusta abrir la Biblia y orar, “Señor Dios, que la palabras salten de la página a mi alma, y que Tú las hagas vigentes, vivas, poderosas y frescas para mi corazón.”

Nuestro mismo Señor sintió el poder de la palabra. No fue tanto el diablo el que sintió el poder de “Escrito está” como el propio Cristo. “No,” dijo Él, “no voy a ordenar que las piedras se conviertan en pan; Yo confío en Dios que me puede sustentar sin necesidad de pan. No me voy a echar abajo desde el templo; no voy a tentar al Señor mi Dios. No adoraré a Satanás, pues Dios es únicamente Dios.” La humanidad de Cristo sintió la fuerza de la palabra de Dios, y así se convirtió en poder para Él. Restarle importancia a la Escritura equivale a privarse de su ayuda. Dénle reverencia, se los suplico, y miren a Dios con devota gratitud por haberles dado la Escritura.

Asimismo, tengan siempre lista la Escritura. Tan pronto como fue atacado, nuestro Señor tenía preparada Su respuesta: “Escrito está.” Un calculista veloz es una persona admirable en un comercio; y un habilidoso manejador de los textos es una persona muy útil en la casa de Dios. Tengan la Escritura en la punta de la lengua; mejor aún, ténganla en el centro de su corazón. Es cosa buena almacenar la memoria con muchos pasajes de la Palabra; las palabras exactas. Un cristiano no debería cometer más errores al citar un texto de la Escritura, que un erudito clásico cometería al citar a Virgilio o a Homero. Al estudioso le encanta citar las ipsissima verba (las mismísimas palabras), y nosotros deberíamos hacer lo mismo, pues cada palabra es preciosa para nosotros.

Nuestro Salvador sabía tanto de la Santa Escritura, que de un solo libro, el libro de Deuteronomio, Él extrajo todos los textos con los que combatió en la batalla del desierto. Él tenía muchas más opciones, pues el Antiguo Testamente estaba ante Él; pero Él se apegó a un libro, como para hacer saber a Satanás que no tenía escasas municiones. Si el diablo hubiera decidido continuar la tentación, el Señor tenía abundante defensa en reserva. “Escrito está ” es una armería donde están almacenadas miles de adargas, todos los escudos de los hombres valientes. No es simplemente una, sino mil, más aún, diez mil armas de guerra. Tiene textos de todo tipo, adecuados para venir en nuestra ayuda en cada emergencia, y eficaces para repeler cualquier ataque.

Hermanos, estudien mucho la Palabra de Dios, y ténganla a la mano. De nada sirve tratar la Biblia como el insensato lo hizo con su ancla, que había dejado en casa cuando se encontró en medio de la tormenta: tengan a su lado al testigo infalible, cuando el padre de las mentiras se aproxime.

Esfuércense también por entender su significado, y entenderlo de tal manera que puedan discernir entre su significado y la perversión de ese significado. La mitad del mal del mundo, y tal vez más, es hecho no por una mentira ostensible, sino por una verdad que ha sido pervertida. Conociendo esto el diablo, toma un texto de la Escritura, lo recorta, le añade, y ataca a Cristo con él; pero no por eso nuestro Señor despreció la Escritura porque el propio diablo la haya citado, sino que le contestó con un texto llameante en su propia cara. Él no dijo “ese texto no está escrito, tú lo has alterado;” sino que le dio una probada de lo que realmente era “Escrito está” y así lo confundió. Hagan ustedes lo mismo.

Escudriñen la Palabra, prueben con su boca el verdadero sabor, y adquieran discernimiento; de tal forma que cuando digan “Escrito está,” no cometan ningún error; pues hay algunos que piensan que su credo es escritural, y sin embargo no lo es. Los textos de la Escritura fuera de su contexto, torcidos o pervertidos, no son “Escrito está,” sino que el claro significado de la palabra debe ser conocido y entendido. Oh, lean la palabra, y oren pidiendo la unción del Espíritu Santo, para que puedan conocer su significado, pues así podrán contender con el enemigo.

Hermanos, aprendan también a apropiarse de las Escrituras. Uno de los textos citados por nuestro Señor fue modificado ligeramente. “No tentarás al Señor tu Dios.” “No tentaréis a Jehová vuestro Dios.” Pero el modo singular está contenido en el modo plural, y es algo bendito poder encontrarlo allí. Aprendan a usar la Escritura de tal manera que se lleven a casa para ustedes mismos toda su enseñanza, todos sus preceptos, todas sus promesas, todas sus doctrinas; pues el pan puesto sobre la mesa no alimenta; es el pan que comen el que realmente los sustenta.

Cuando se hayan apropiado de los textos, actúen de conformidad a ellos sin importar lo que pueda costarles. Si renunciar al texto te permitiría convertir las piedras en pan, no renuncies a él; si rechazar el precepto te permitiría volar por el aire como un serafín, no lo rechaces. Si ir en contra de la palabra de Dios te hiciera emperador del mundo entero, no aceptes los sobornos. A la ley y al testimonio, permanece en ellos. Sé un hombre de la Biblia, camina hasta donde llega la Biblia, pero ni un centímetro más allá. Aunque Calvino te llame, y tú lo estimes, o te llame Wesley, y tú lo estimes, apégate a la Escritura, y únicamente a la Escritura. Si tu ministro se descarría, ora para que regrese al buen camino, pero no lo sigas. Mas aun si nosotros, o un ángel del cielo te anunciare otro evangelio diferente del que este Libro te enseña, te lo suplico, no nos hagas caso, no, ni siquiera por un solo instante. Aquí encontramos la única infalibilidad; el testimonio del Espíritu Santo en este libro.

Por último, recuerden que su Señor en este momento estaba lleno del Espíritu. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu,” para ser tentado. La palabra de Dios, aparte del Espíritu de Dios, no les servirá de nada. Si no puedes entender un libro, ¿sabes cuál es la mejor manera de captar su significado? Escríbele al autor y pregúntale qué es lo que quiso decir. Si tienes que leer un libro, pero siempre tienes acceso a su autor, no necesitas quejarte de que no lo entiendes.

El Espíritu Santo ha venido para habitar con nosotros para siempre. Escudriñen las Escrituras, pero clamen por la luz del Espíritu, y vivan bajo su influencia. Así combatió Jesús al antiguo dragón, “siendo llevado por el Espíritu.” Él hirió a Leviatán con esta arma, porque el Espíritu de Dios estaba con Él. Vayan ustedes con la palabra de Dios como con una espada de dos filos en su mano, pero antes de alistarse en las filas, oren para que el Espíritu Santo los bautice en Él, y así vencerán a todos sus adversarios, y triunfarán hasta el fin. Que Dios los bendiga, por Cristo Jesús.

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2 comentarios leave one →
  1. noviembre 2, 2008 10:08 pm

    Que Dios traiga más gente como él!!

    Gracias a Dios por Spurgeon!!

  2. noviembre 2, 2008 10:31 pm

    Ale,

    Asi es…este mundo necesita hombres como Spurgeon. Este hombre fue una bendicion para la iglesia. Gracias a Dios tambien por hombres como Allan Roman que han traducido muchos de sus sermones al espanol.

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