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Romanos 3:19-31

August 24, 2007
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Versículos 19-26 :En estos versos, Pablo intenta combatir con la mentalidad que ha sido característica de la humanidad a través de toda la historia, es decir: “el hombre es el centro del universo” o “el universo fue creado para el hombre”.

Con esta mentalidad hemos nacido y crecido la mayoría de nosotros, y es reforzado diariamente por los medios. A esta mentalidad Pablo la llama “los designios de la carne” en Romanos 8: 6 y ademeas nos dice que esa es la manera en que el hombre natural piensa (1 Corintios 2: 14). Esa mentalidad es cierta para nosotros hasta que nos enfrentamos con la realidad bíblica.

La Biblia, es radicalmente diferente en su pensamiento, al del hombre, ya que en las escrituras, Dios es la realidad básica del universo, el gran “YO SOY EL QUE SOY” de Exodo 3: 14, implicando su eterna existencia e infinito poder. Esta doctrina bíbica implica que Dios como Creador de todas las cosas tiene el derecho por sobre todas esas cosas. Él tiene un propósito de acuerdo a su natraleza y carácter.

Nuesro mundo ve un problema como algo que no se ajuste a los derechos y metas del hombre, pero la Biblia habla de problemas como aquello que no se ajusta primero a los derechos y metas de Dios. Qué significa esto? Quiere decir que Dios como Creador y Soberano por sobre toda la creación debe de recibir gloria (alabanza, agradecimiento), pues fue para esta razón para la cual fuimos creados. En el momento en que la humanidad, representada por la cabeza federal en Adán, se negó a hacer esto, todos caímos bajo la maldición del pecado, pero como dijimos en el análisis del capítulo 1, el propósito de Dios para la creación es ser glorificado (Efesios 1: 6), y ese plan Dios lo va a llevar a cabo, cómo? Salvando a Su Iglesia (conjunto de personas) por medio de la salvación que Él mismo dio a esa iglesia, es decir, mandar a Su Hijo Jesús para que muriera por nosotros, cargando nuestrso pecados, y la ira de Dios fuera puesta sobre eEl, para que Su justicia fuera imputada sobre nosotros, a pesar de no merecerlo. Esta verdad es la solución al problema más básico del universo, y es incomprensible para el hombre natural (1 Corintios 2: 14) debido a que se necesita de la gracia de Dios para que nuestros ojos sean abiertos a esta realidad.

Esta solución es lo que Pablo comenta en los versos 25 y 26:

“a quien Dios puso como propiciación (un sacrificio que quita la ira de Dios contra los pecadores) por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Romanos 3: 25-26

Analicemos esto un momento. Dios envió a Su Hijo a morir a la tierra para manifestar Su justicia. Pero porqué tuvo que hacer esto? Porqué tuvo que reivindicar Su justicia? Vemos la respuesta en el verso 25: “haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.” La causa de que Dios tuviera que manifestar Su justicia, ses nuestro pecado, el cual ha deshonrado el nombre de Dios.

Veamos un ejemplo: En 2 Samuel 12, David en enfrentado por Natán (un profeta) debido a que cometió adulterio con Betsabé y luego mandar a matar a el esposo de esta. El profeta le dice: “Porqué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?” 2 Samuel 12: 9. A esto David responde: “Pequé contra Jehová.” 2 Samuel 12: 13.

Esto es lo que la “carne” no logra entender. Nuestro pecado es pecado contra Dios. Todo lo que nosotros hagamos, que no sea para dar gloria a Dios es pecado. Cuántos de nosotros agradecemos a Dios por el aire que respiramos? Cuántos damos gracias a Dios por un día más de vida; o por el alimento que nos da; o por el techo que nos cubre día a día, o por el amor de nuestra familia? Ninguno de nosotros hace esto cada segundo que pasa, y por eso somos pecadores. Si están pensando que eso es demasiado radical, están pensando con los “designios de la carne” la cual se rebela constantemente contra la noción que Dios es Dios y merece eso y mucho más.

Pero veamos el pasaje de 2 Samuel 12, ya que lo podemos relacionar con lo que dice Pablo acerca de haber pasado por alto los pecados pasados. En ese pasaje Natán le dice a David lo siguiente:

“Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.” 2 Samuel 12: 13.

Y dice luego David:

“Porque no ha hecho con nosotros conforme a nuestra iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen.” Salmos 103: 10-11

Aquí es donde la mente natural malinterpreta y afirma que Dios es misericordioso con los pecadores, a pesar de haber blasfemado Su nombre, deshonrado Su gloria, y desestimado Su valor. El hombre cree que así como si nada, Dios va a perdonar los pecados, y con ello hacen lucir a Dios como si no valiera nada. Cuando el nombre y la gloria de Dios están en juego, la ira de Dios se manifiesta sobre aquellos que la han deshonrado.

Pero, cómo resolvemos el problema que Dios pasa por alto nuestros pecados pasados? El problema lo resolvió Dios con la muerte de Su Hijo, veamos de nuevo el verso 25:

“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”

Dios sería injusto si pasara por encima nuestros pecados sin castigo, como si Su gloria (la cual ha sido deshonrada) no valiera nada. En Cristo, fue vindicada la justicia de Dios. Dios tomó los pecados que todos y cada uno de nosotros cometemos a diario, blasfemando así el nombre de Dios, y los puso sobre las espaldas de Cristo, y liberó todo el poder de su ira sobre Él, y lo crucificó en la cruz, para que Jesús pagará el castigo que nosotros debimos haber pagado, “el justo por los injustos” (1 Pedro 3: 18).

Por eso dice el verso 26: “el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Es decir, el que no ama a Jesús (Juan 14: 15), el que no cree que Jesús es la única manera de ser salvo (Juan 14: 6), y el que no cree que Jesús fue la razón del porqué Dios nos dio el regalo de la fe, esa persona esta condenada al infierno. La única manera de ser salvo es teniendo fe en Cristo.

Versículos 27-31:

En estos versos vemos dos cosas muy importantes que Pablo trae a la mesa: el tema de la jactancia y el de invalidar la ley por medio de la fe. Veamos primero lo que se nos dice en el verso 27: “Dónde, pues, está la jactancia?” y la respuesta de Pablo es: “Queda excluída”. Pero para entender estos pasajes, debemos comprender que significa jactancia.

La jactancia es una manifestación externa de una condición interna llamada orgullo. Y el orgullo es la causa de todos los males y miserias en el mundo (Romanos 1: 18 al 3: 20). En Romanos 1: 18 vemos que la verdad está disponible a toda la humanidad, pero que “los hombres detienen con injusticia la verdad”. Y cuál es la verdad? Que habiéndo conocido a Dios no lo glorificamos como tal (Romanos 1: 21), es decir, la verdad es que Dios es mucho más grande e importante que nosotros, y debería ser glorificado como la realidad más maravillosa en el universo, pero por el contrario los hombres “profesando ser sabios, se hiiceron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible”. Eso es lo que hace el orgullo. Hemos cambiado la verdad por una mentira, creyendo que debemos adorar y glorificar los deseos de nuestro corazón (avaricia, dinero, mujeres, casa, trabajo, etc).

En los versos Romanos 1: 30-31, vemos a lo que puede llegar el orgullo en el corazón del hombre:

“murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia”

Pero no solo existe el orgullo en los malvados, sino también en los legalistas y religiosos, lo cual vemos en Romanos 2: 3. Existe el orgullo enlas personas “religiosas” que usan el nombre de Dios para exaltarse ellas mismas (Romanos 2: 17). Este es el argumento de Pablo en Romanos 3: 9: Todos los hombres están bajo pecado; hasta llegar al clímax donde nos dice: “No hay temor de Dios delante de sus ojos.” Romanos 3: 18. Entonces, la jactancia, Pablo la ve como la manifestación de un problema de toda la raza humana.

Este orgullo es la razón de porque no hemos querido ver a Dios como el soberano de toda la creación; porque no hemos querido darle gracias por lo que nos ha dada; porque no hemos querido entregarle nuesstra vida. Sencillamente estamos tan cegados a la verdad, que hemos creído que todo lo que tenemos lo hemos obtenido por nuestros propios méritos: “Yo, yo, yo…” (palabras mías).

Es por ese orgullo que la ira de Dios está sobre nosotros (Romanos 1: 18). Pero si hemos comprendido que hemos pecado contra Dios, por nuestro orgullo, cómo podemos quitar la ira de Dios puesta sobre nosotros? La respuesta es: ninguno de nosotros puede hacerlo. La única manera de que la ira de Dios sea removida de nosotros es la justificación, la cual como hemos discutido solamente nos la puede otorgar Dios.

La justificación es el medio por el cual Dios, como gran juez, dicta la sentencia: “Inocente”. Pero esta justificación no viene por nuestros méritos, sino que es puesta sobre nosotros “gratuitamente por Su gracia” (Romanos 3: 24), mediante lo que hizo Cristo en la cruz. Veámoslo de esta manera: Sólo hay dos formas de ser justificados:

1. Vivir una vida perfecta, es decir, obedecer la ley de Dios a la perfección y amar a Dios perfectamente (Exodo 20).

2. Que otra persona, la cual debe ser perfecta en obediencia y amor para con Dios, pague la condena que nosotros debimos haber pagado por nuestros pecados.

Debido a que como dice Romanos 3: 9-12, 23, todos somos pecadores y estamos destituídos de la gloria de Dios, no podemos optar por la primera opción. Ahí es donde entra Cristo, quien estando sin pecado, y obedecer la ley de Dios a la perfección y amarle perfectamente, murió para justificación de nosotros (con “nosotros” me refiero a la Iglesia de Cristo). Este acto de Jesús, liberó una avalancha de gracia sobre nosotros, a través de la cual hemos recibido la fe para creer en Cristo, el regalo de la justificación, y al Espíritu Santo, el cual nos da lo que necesitamos para nuestra santificación. Esto es lo que quiere decir en el verso 24: “mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

Entonces, pregunto: Quién fue el que trajo nuestra salvación? La respuesta es solo una: Dios. Por eso es que Pablo pregunta: Dónde, pues, está la jactancia?” Romanos 3: 27. Entonces si TODO lo hizo Dios, no debemos jactarnos de nada. Aquel que se jacta que hizo algo para merecer la salvación, probablemente vaya al infierno, porque si Dios nos da lo que merecemos, entonces lo que merecemos es el infierno. El Dr. John Piper hace un comentario muy acertado:

“Cuando estemos parados frente al juicio de Dios, y Dios nos pregunte: Porqué estamos nosotros en el cielo y algún conocido fue al infierno? Si nuestra respuesta es: Porque yo hice lo necesario para estar ahí, es decir yo obedecí la ley de Dios y la otra persona no lo hizo. Si esa es nuestra respuesta, Dios nos enviará al infierno. Pero si respondemos: Porque tu gracia fue puesta sobre mí, un pecador, y enviaste a Tu Hijo para que muriera la muerte que yo merecía, y con ello, me regalaste la fe y a Tu Espíritu Santo para creer en ti y poder cumplir tu ley. Solo si respondemos de esa manera podemos entrar en el cielo.”

El otro punto que toca Pablo es acerca de si la fe invalida la ley. A esta pregunta Pablo responde: “En ninguna manera” Romanos 3: 31. Este es un gran problema en el crisitanismo y en la teología de muchas personas; pensar que si creemos en la soberanía de Dios en la salvación de nuestras almas, debemos pensar que el hombre no es responsable ante Dios. Ya vimos que ningún hombre es inocente de desechar la verdad, porque la existencia de Dios les es manifiesta a través de la creación. Todo el poder y la divinidad de Dios fue manifestada ahí (Romanos 1: 19-20). Y demostramos en los párrafos anteriores que Dios es soberano en la salvación.

Lo que los críticos de Pablo están diciendo en los versos 27 al 30, es que si solamente podemos estar bien con Dios por la ley de la fe, estamos invalidando la ley que Dios le dio a Moisés.

En el análisis del capítulo 2 dijimos que los judíos estaban bajo pecado porque no habían interpretado adecuadamente el significado de la ley. Ahora vamos a ver si podemos explicar porque Dios le dio la ley a Moisés y que quiere decir Pablo que de que mediante la ley de la fe confirmamos la ley (Romanos 3: 31).

La Montaña Rusa

Supongamos que estamos en los rieles de una montaña rusa, en la parte más baja de una de las bajadas, con una subida al frente de 1000 metros, casi en ángulo recto. En la parte más alta de esa subida de 1000 metros se encunetran carritos listos para descender la montaña rusa. Digamos que don Moisés nos pide que escalemos esa pendiente por los rieles y que si lo logramos, entonces nos podemos montar en el carrito y disfrutar del paseo en la montaña rusa.

Entonces empezamos a escalar la pendiente, apoyándonos de las tablas que se encuentran entre los rieles y entonces llega don Pablo, que se encuentra fuera de la montaña rusa y nos dice: “No hagan eso. Las tablas y los rieles no están hechos para subirlos de esa manera. Vengan acá abajo y yo les diré como subir la pendiente.” En ese momento algunas personas dicen: “Don Moiso nos dijo que debíamos subir la pendiente, y que esa era su ley; y ahora usted les dice que se bajen de la montaña rusa? Usted está invalidando la ley de Moisés!”

Pero don Pablo nos dice: “No, eso no es lo que estoy haciendo. No estamos invalidando la ley de don Moisés, más bien la vamos a confirmar de la única manera en que puede ser confirmada”. Entonces, don Pablo nos muestra una grúa con un cable muy largo y un arnés al final del cable, y nos apunta hacia arriba para que veamos a un hombre que está sentado arriba en la grúa. Y este hombre nos saluda y nos sonríe. Y Pablo nos pone el arnés. Y si nosotros confiamos en el hombre que maneja la grúa, en el cable y en el arnés, él nos llevará a lo más alto de la pendiente y nos pondrá dentro del carrito. Y don Pablo nos dice: “Es más seguro de esta manera”.

Nosotros lo consideramos un momento y luego confiamos en él y nos levanta y nos coloca en lo más alto, donde está el carrito, y empezamos a bajar la montaña rusa. Y el carrito toma velocidad hasta que logramos dar la vuelta completa y llegamos al punto donde estabamos parados al inicio y pasamos en el carrito justo por donde pensabamos que debiamos empezar a escalar, y seguimos dando vueltas en la montaña rusa sin parar.

Entonces cuando estamos arriba vemos a don Moisés y don Pablo abrazados, como mejores amigos, como si nunca hubiera habido un malentendido.

Cuál es el punto? Que la ley de Moisés no fue hecha para que la siguieramos por nuestros propios medios. La ley de Moisés fue dada para que fuera seguida por medio de la fe. La ley no es una escalera la cual podemos subir por nuestra propia fuerza o astucia. La ley fue hecha para ser disfrutada por medio del poder del Espíritu Santo.

Cuando Pablo dice que el hombre es justificado por la ley de la fe y no por medio de la ley de Moisés, está diciendo que hemos interpretado mal el porque fue dada la ley. Repito, la ley fue dad para que por medio de la fe pudieramos disfrutar y gozarnos en los mandamientos de Dios, no para seguirlos como una receta de cocina. Si lo hacemos de esta manera vamos a fallar, porque todos nosotros somos pecadores y sin el poder del Espíritu Santo estamos envanecidos y nada sabemos. Pablo dice que el evangelio de la justificación por medio de la fe no produce pecadores. Por el contrario produce amor. Cuando amamos al hombre que maneja la grúa, y lo que hizo para colocarnos en el carrito, no llegamos al final de una pendiente y nos salimos de la montaña rusa. Más bien queremos seguir dando vueltas en la montaña.

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de laley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8: 2-4

Dios envió a su Hijo para que fueramos justificados por le fe en Cristo, fuera de las obras de la ley, para transformar nuestras vidas con amor, y para que caminaramos por el Espíritu. El Espíritu es el que nos da el momentum y fuerza necesarios para que podamos el carrito siga rodando en la montaña rusa, no es nuestro poder.

Más de la justificación por le fe será analizada por Pablo en los capítulos 6 al 8.

Romanos 3: 9-18

August 22, 2007
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Versículos 9-18:En Romanos 1: 18 Pablo inicia con la condenación, o el verdicto final, de la raza humana, y en este pasaje intenta mostrar que toda la humanidad es esclava del pecado, y que nadie puede estar bien con Dios si no obtiene el regalo de la justicia que sólo Dios nos puede dar a través de la fe en Cristo (Romanos 1: 16-17).

“Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.” Romanos 3: 9

Una de las verdades más importantes que debemos tener muy clara es que la raza humana, a pesar de que fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1: 27), está corrompida por el pecado. Ninguno de nosotros es moralmente bueno por naturaleza, por el contrario, en las palabras del pastor Mark Driscoll: “Somos malos”. De donde podemos tomar pruebas para aclarar esto:

“entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Efesios 2: 3

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” Colosenses 3: 5-6

No es que nosotros cometamos pecados…nosotros SOMOS pecado. No somos victimas del pecado…nosotros somos conspiradores junto con el pecado en contra de Dios. Esta verdad no nos cae nada bien, pero es tan cierta como el médico que llega donde el paciente y le dice: “Su tumor es maligno”. Pero al fin y al cabo esa verdad es mucho más esperanzadora que las mentiras que se dicen ahora en iglesias, congregaciones, y por los medios de comunicación. Porqué es más esperanzadora? Porque sabemos de la Biblia que existe un medicamento contra ese mal, es decir, la justicia de Dios impuesta sobre aquellos que tienen fe y ponen toda su confianza en Cristo.

Pero, cómo hace Pablo para argumentarle a la iglesia en Roma acerca de su maldad? Lo hace citando seis pasajes del Antiguo Testamento. Por ejemplo cita el Salmo 14: 1-3 (en Romanos 3: 9-12) donde habla de la maldad de los gentiles; pero luego cita Isaías 59: 7-8 (en Romanos 3: 15-17), que habla acerca de la maldad de los judíos. El punto de Pablo es dejar claro que todos los hombres, tanto judíos como gentiles, son pecadores:

“Si pecaren contra ti (pues no hay hombre que no peque)” 2 Crónicas 6: 36

Lo que Pablo además quiere que vean y entiendan es que si no es la gracia de Dios, la que imputa en nosotros la justicia de Dios, nadie puede ser considerado como justo ante los ojos de Dios. Lo vemos como Pablo utiliza a David para demostrarlo, ya que David nunca dijo que él no era un pecador, o que no existían personas redimidas por el poder de Dios y que por ello fueran justas. Sólo quiere decir que fuera de l;a gracia de Dios, todos y cada uno de nosotros es corrupto:

“He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender la sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.” Salmos 51: 5-7

David es muy claro en que él sólo tiene acceso a la casa de Dios a través de la misericordia y la gracia de Dios, quien es el único que lo puede limpiar de su pecado.

Otra pregunta que podemos hacernos de este pasaje es la siguiente: Qué significa “estar bajo pecado (Romanos 3:9)” ? Estar bajo pecado quiere decir, primero, que nuestra relación con Dios está arruinada (ver Rom. 3: 10-12, 18), y segundo, que nuestras relaciones con otras personas están igualmente arruinadas (Rom. 3: 13-17).

Debemos saber muy bien que el pecado significa estar en rebelión contra Dios. A diferencia de lo que el mundo nos quiere hacer pensar, diciendo que el pecado es hacer mal a otras personas, el pecado es rebelarse contra Dios. La mayoría de las personas creen ser “buenas personas” y que no necesitan del evangelio para que les enseñe que no deben matar, ni robar, ni hacerle daño al vecino (Exodo 20). Pero, lo que deberíamos preguntarnos es lo siguiente: Amamos a Dios con todo nuestro corazón? Amamos a Su Hijo Jesús? Ninguna persona es justa (digamos buena) si no cumple el primer mandamiento (Exodo 20: 1-7 y Mateo 22: 36-40).

Qué hace el pecado? Nos ciega y nos mantiene el la oscuridad, para que no veamos la verdad (Romanos 1: 25). Por otro lado, el pecado significa que nuestras relaciones interpersonales también están arruinadas. Esto lo vemos a diario en los periódicos: asesinatos, corrupción, venganzas, etc (ver Romanos 3: 13-17). La boca (verso 14) fue hecha para traer vida, pero por el pecado la nuestra trae muerte.

Romanos 3:1-8

August 20, 2007
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“Por mucho, ésta epístola es la parte principal y más excelente del Nuevo Testamento; el más puro evangelio, y también una luz y camino hacia la totalidad de las Escrituras; creo que todo hombre debe conocerlo de corazón, pero también ejercitarlo continuamente, como el pan diario para el alma. Ningún hombre puede leerla demasiado, o estudiarla muy bien, pues entre más se estudia, más fácil es; entre más se mastica, más agradable es; y entre más se escudriñe, más preciadas son las cosas que se encuentran en ella. Grande es el tesoro de cosas espirituales que se encuentran escondidas ahí.” William Tyndale. Preface to the Epistle to the Romans. 1534.

Resumen Capítulo 2:

En el capítulo 2, Pablo nos enseñó uno de los atributos de Dios: Su Justicia. Esta justicia, hace que todos los hombres sean culpables ante Dios, y además no tengan excusa de porque no obedecen la verdad.

Tanto judíos como gentiles son culpables ante Dios. Es por ello que nadie está en derecho de juzgar las acciones de otras personas, pues el juicio es de Dios, quien juzgará a las personas de acuerdo a la verdad que posean, es decir, judíos, son encontrados culpables por no obedecer a la ley de Moisés y los gentiles por no obedecer la ley que Dios mismo escribió en sus corazones (Romanos 2: 15,21).

Dios entonces pagará a cada quien dependiendo de las obras que hagan. Vimos como ninguno de nosotros puede hacer el bien, pues todos somos pecadores y Dios nos entregó a los deseos de nuestros corazones, ya que decidimos gloriar a la creación y no al Creador (Rom. 1: 25, 28). Pero, quiénes son los que perseveran en hacer el bien? (Rom. 2: 7) Aquellos que por la gracia de Dios les es dado el regalo de la fe, y que por el poder del Espíritu Santo, son santificados día a día.

Pablo concluyó el capítulo 2, mostrándo quienes son los verdaderos hijos de Dios; o los que pertenecen al verdadero pueblo escogido de Dios, esto es: los que por el poder de Dios han obtenido un cambio en sus corazones, circuncidando lo malo de su ser.

Versículos 1-8:

En Romanos 2: 25, Pablo dice que si un judío no sigue la ley de Dios, entonces “tu circuncisión viene a ser incircuncisión”. Otra manera de interpretar lo que nos quiere decir es que si el judío no sigue la ley de Dios, será contado igual que un gentil. Todo esto, para hacernos ver que tanto judíos como gentiles (nosotros) estamos bajo el poder del pecado (Romanos 3: 1) y en necesidad del evangelio que Pablo está predicando acerca del regalo de la justicia de Dios (Romanos 1: 16-17).

En Romanos 2: 26-27 nos da una clave que desarrollará en el capítulo 9, acerca de que algunos gentiles pueden llegar a ser judíos, aún sin ser circuncidados físicamente. En otras palabras: Un gentil puede ser parte del pueblo escogido de Dios sin llevar las marcas externas que implican ser parte de ese pacto.

En el verso 1, Pablo se pregunta: “Qué ventaja tiene,pues, el judío? O de que aprovecha la circuncisión?” Con esto trata de que meditemos en las promesas del Antiguo Testamento, donde los judíos eran los escogidos de Dios y que esto les haría tener las promesas de Dios.

Por supuesto que hay muchas promesas, pero Pablo les da solamente una en el verso 2 (las otras las retomará en Romanos 9: 4-5): “Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.”

Pero si volvemos al capítulo 2, vemos que Pablo está diciendo que los judíos están siendo condenados tanto como los gentiles (Romanos 2: 12). No es que el pacto de Dios con los judíos lleva la seguridad de las promesas de Dios?

A esta pregunta Pablo le da respuesta en el verso 3: “Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?” Es decir, Pablo rechaza la propuesta de que si algunos judíos están pereciendo, eso haga que Dios sea infiel. El apóstol refuta esa propuesta diciendo que Dios no sería injusto si nos juzga a todos. Veamos lo que dice en el verso 4:

“De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”

Luego para dar un soporte a lo que dice, cita el Salmo 51:4. Qué es lo más interesante? Qué ese Salmo trata acerca de la plegaria que le hace David a Dios cuando cometió adulterio con Betsabé, en donce David dice:
“Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.” Salmos 51: 4

David dice que la única razón del porque Dios será justo, será porque castigará el pecado que se ha cometido contra Él. Es decir, el castigo de Dios por el pecado de David, hace a Dios Justo. Por eso es que Pablo cita este Salmo cuando trata de argumentar el porque unos judíos están pereciendo a pesar de ser judíos. Perecen porque están pecando contra Dios.

Pero veamos a lo que puede llegar la mente humana. Veamos la vileza de nuestro corazón cuando tratamos de justificar nuestra vidas. Qué vemos en el verso 5? Vemos la respuesta de Pablo a una pregunta de los Romanos. Cómo argumentan los romanos? Dicen: Si nuestros pecados (injusticia) resaltan la justicia de Dios cuando nos juzga, entonces nosotros no somos instrumentos de pecado, sino más bien instrumentos que hacen resaltar la gloria de Dios, y por lo tanto no merecemos ser castigados, lo que hace que Dios sea injusto (Romanos 3: 5)

A el argumento hecho por los romanos Pablo responde en el verso 6 y dice: “En ninguna manera; de otro modo, cómo juzgaría Dios al mundo?” Les deja muy claro que habrá un juicio de Dios para el mundo, y que Su justicia será resaltada en ese juicio.

Luego viene el otro argumento de los romanos en el verso 7: “Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, porqué aún soy juzgado como pecador?” Es decir, los romanos intentan decir que si su pecado hace que la gloria de Dios reslate, porque son juzgados, si su pecado magnifica a Dios (Romanos 3: 7-8). Pero a toda estos argumentos necio Pablo responde: “cuya condenación es justa” (Romanos 3:8).

Y en este error caemos muchos de nosotros, quienes torcemos las palabras de la Biblia para satisfacer nuestros deseos. Oímos a muchos decir que Dios es misericordioso y por lo tanto al final salvará a toda la humanidad. Tangamos mucho cuidado, y no juguemos con las palabras de la Biblia.

Romanos 2: 11-26

August 17, 2007
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Versículos 11-16:En estos versos vemos que Dios no juzgará dependiendo de la cultura, experiencias personales o circusntancias de cada persona (verso 11), sino dependiendo de algo más íntimo, es decir, la relación de cada uno con Cristo.

Los verso 12 y 13 nos dicen que cada uno será juzgado dependiendo de la medida de verdad que cada uno tenga. El haber escuchado la ley de Moisés no salva a nadie (ni judío ni gentil). Lo que salva a una persona es como esa persona responde a esa ley. Los gentiles tenemos la ley de Dios en nuestros corazones. Esa ley fue escrita por Dios, en cada uno de nosotros (versos 14 y 15). Al tener, todos y cada uno de nosotros, esa ley moral de Dios en nuestros corazones, eso nos hace culpables ante los ojos de Dios a todos y cada uno de nosotros, así que no hay excusa.

El verso 11 nos da a entender que todos nosotros tenemos la medida de la verdad que necesitamos para ser considerados responsables y ser juzgados por la manera en que respondemos a esa verdad que poseemos. Por otro lado, no seremos juzgados por la verdad que no tenemos.

Pero entonces, quienes serán los que serán justificados (verso 13)? Serán aquellos que respondan positivamente al evangelio que les fue dado por la gracia de Dios. La respuesta al evangeliod de Dios, será la manera en que Dios juzgará a los hombres (verso 16).

Versículos 17-24:

En estos versos, el punto de Pablo es que los judíos son tan pecadores como los gentiles y que, como dijimos antes, requieren del evangelio para su salvación, tanto como ellos. Por eso más adelante Pablo les dice:

«Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos [gentiles]? En ninguna manera; Pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.» Romanos 3: 9

El hecho de que los judíos tengan la ley de Dios dada a Moisés, no los excluye de la necesidad de tener que oír el evangelio y creer en él para ser salvos.

El punto importante para Pablo es el que hace en el verso 23: «Tú que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras a Dios?» Para intentar comprender esto, debemos entender que es el pecado. Veamos, si Dios creó el universo para mostrar su gloria, entonces el pecado es no hacerlo. Veamos lo que nos dice Pablo en el capítulo 3:

«por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios.» Romanos 3: 23

Es decir, pecar es no tratar a Dios como el tesoro más deseable que pueda existir para satisfacer nuestras vidas. Dios escogió al pueblo de Israel para que Su nombre fuera glorificado (Isaías 43:7), pero por el contrario, hicieron como si Dios no existiera y por culpa de ellos el nombre de Dios fue blasfemado, como dice el verso 24 (Isaías 52: 5). Por ello fue que Dios los entregó en manos de sus enemigos.

Que hace entonces el evangelio en un mundo en el que abunda el pecado? El evangelio:

1. Reivindica el valor de la gloria de Dios (Juan 17: 4) y sirve para mostrar que esa gloria merece el mayor sacrificio (Juan 12: 27-28).

2. Nos rescata a través de Jesús, de la ira de Dios a todos los que deshonramos Su gloria, mediante su muerte en nuestro lugar y servir como la justicia que nosotros NUNCA podríamos obtener (Romanos 3:24; Filipenses 3: 9: 2 Corintios 5: 21).

3. Vino a cambiarnos totalmente en personas que valoran la gloria de Dios como el tesoro más preciado que podemos obtener (1 Corintios 10: 31; Mateo 5: 16; 1 Pedro 4: 11).

Nuestro problema es que no somos concientes de nuestro pecado, somos resistentes para verlo y sentirlo. Todos nosotros creemos que somos buenas personas, pero lo que no podemos entender es que lo que dice si somos buenas personas o no, es nuestra relación con Dios. Porqué? Porque uno de los atributos de Dios en la bondad, por lo tanto Dios es el que dicta que es bueno y que es malo. Y Dios ha manifestado que el no darle la gloria que se merece es malo, por lo tanto TODOS somos malos ante los ojos de Dios.

Qué es lo que le reclama Pablo a los judíos? Que teniendo la ley, no la cumplen. Y no solo esto, sino que no entienden la ley, ya que la ley demanda fe, y la fe viene de Dios, para que todos los hombres le honren y le den la gloria.

Versículos 25-29:

En estos versículos Pablo trata acerca de las marcas que distinguen al verdadero pueblo de Dios. Pablo arremete contra los judíos cuando les dice que las marcas externas, es decir, la circuncisión no les sirve de nada para justificarlos con Dios, debido a que ellos mismos transgreden la ley. En el verso 26 nos dice que las marcas externas no son necesarias, sino una verdadera respuesta al evangelio, que hace que podamos responder y perseverar adecuadamente a la ley de Dios, por medio de la fe.

Pero que son las marcas que distinguen al pueblo de Dios? La circuncisión. Pero el problema que Pablo trata aquí con los judíos es que ellos no interpretaron bien la palabra de Dios, sino que por la maldad de su corazón (Romanos 3:9), interpretaron la circuncisión como un acto externo y no como lo que les fue dicho por Dios, a través de Moisés:

«Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.» Deuteronomio 10: 16

Qué es lo que les dice Pablo en los versos 28 y 29? Les dice que el verdadero judío, es decir el verdadero pueblo de Dios es aquel que ha quitado el prepucio de su corazón (representa lo malo). Y es el Espíritu Santo el que transforma a un incircunciso en un circunciso. Es decir, el Espíritu Santo es el que transforma nuestra vida, quitándo el mal que hay en nosotros. Dónde vemos esto?

«sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra» Romanos 2: 29

«Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; Y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daree un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos, y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios» Ezequiel 11: 19-20

«no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de letra, sino del espíritu; Porque la letra mata, mas el espíritu vivifica» 2 Corintios 3: 5-6

En el capítulo 7, Pablo nos enseña que la ley es verdaderamente un llamado a confiar (tener fe) en un Dios misericordioso y lleno de gracia, quien nos dio gratuitamente el regalo del perdón y la justicia en Cristo. Todo esto por medio de la fe.

«Por ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.» Romanos 7: 6

Entonces, el verdadero judío es aquel que cumple la obedicencia de fe. Por eso debemos desear ser judíos, pues representa ser parte del pueblo escogido por Dios, ya que la salvación y las promesas de Dios pertenecen alos judíos. Dónde podemos encontrar la prueba de que somos judíos?

«No que la palabra de Dios haya fallado; Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; Sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.» Romanos 9: 6-8

Entonces, los verdaderos judíos (pueblo escogido/hijos de Dios) son aquellos que tienen al Espíritu Santo (recuerden la promesa que nos dice Dios en Ezequiel 11: 19-20). Deseemos ser entonces contados como judíos (pueblo de Dios) pues la salvación es para los hijos de la promesa.

Romanos 2: 1-10

August 13, 2007
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“Cuando uno logra comprender esta epístola, uno tiene el camino abierto para poder entender la totalidad de las Escrituras” Juan Calvino. Carta a Simon Grynaeus. Octubre 1539.Resumen Capítulo 1:

El primer capítulo de la epístola a los Romanos nos enseña varias cosas, las cuales, Pablo va a desarrollar conforme avanza en la carta. Nos enseña que la gracia de Dios es el poder por el cual Dios ha llamado a sus santos, para desarrollar Su propósito para la creación. Por la gracia, que es algo que recibimos gratuitamente de Dios y no por algo que podamos hacer nosotros, Pablo nos dice que recibió el apostolado y el poder para obedecer la fe que le fue dada por Dios (Efesios 2: 8-9).

Esta fe, hace que podamos abrazar el evangelio (buenas noticias) de Dios para nuestra salvación. Es decir, que Dios envió a Su Hijo Jesús a la tierra, para que viviera la vida que ninguno de nosotros puede vivir, sufra la muerte que nosotros merecemos, cargando nuestros pecados, y que fue resucitado al tercer día, para perdón de nuestros pecados (1 Corintios 15: 3-4).

Pero, para qué necesitamos de ese regalo de Dios, que es la fe? Pablo nos da la respuesta en los versos 18-25. Aquí nos dice que, todos y cada uno de nosotros necesitamos de la fe para la salvación de nuestras almas. Y la salvación de qué? De la ira de Dios que está puesta sobre nosotros, ya que cambiamos a Dios, por la creación, con lo cual hemos deshonrado el nombre de Dios, y debido a que la creación fue hecha con el único propósito de que mostrar la gloria de Dios, nosotros hemos transgredido la Ley de Dios y por lo tanto merecemos ser castigados.

Pero, cómo pueden saber las cosas de Dios aquellas que nunca han escuchado acerca de Dios? Pablo es muy claro en decir que: “no tienen excusa” (verso 20). Porqué? Vemos una palabra muy importante en el verso 20, donde dice: “por medio de las cosas hechas”, esa frase se traduce en griego a poihma (poiema) y es de donde tomamos nosotros la palabra poema. Es decir la creación; el universo, corresponden a la obra maestra de Dios y a través de él, Dios ha manifestado todo su poder y divinidad (verso 20), pero los hombres decidieron rechazarlo y cambiar su gloria por cosas creadas por Él (verso 23).

Es por ello que todos nosotros somos culpables ante los ojos de Dios y debemos saber que estamos bajo la condena de muerte si decidimos no abrazar el evangeliod e Dios por medio de la fe.

Versículos 1-5:

En el segundo capítulo, Pablo trata de de enseñarnos que ningun de nosotros tiene excusas que sean válidas para defenderse y evitar la ira de Dios. Además trata de enseñarnos algo contra la hipocrecía espiritual, es decir pensar que somos mejores que otros (lo cual lo va a desarrollar aún más en el capítulo 3.

La sociedad actual, por la acción de Satanás, y el permiso que le fue otorgado por Dios a éste para cegar a la humanidad (Rom. 1: 24,28), han querido engañarnos, aduciendo que Dios es solamente misericordioso, y que jamás condenaría a alguna persona al infierno. La sociedad nos ha metido en la cabeza que cada uno de los hombres son hijos de Dios y que por lo tanto Dios no podría castigar a sus hijos.

Lo contrario nos enseña la Biblia y Pablo en la epístola a los Romanos. Primero, los verdaderos hijos de Dios son los que Pablo llama los «amados de Dios» en Romanos 1: 7, quienes como vimos en el análisis del capítulo 1, son aquellos llamados por Dios, o sea seleccionados divínamente, por medio de la fe. Sabemos que la fe, es un regalo de Dios, y que es Dios quien la da a algunas personas, por lo tanto, todos los hombres NO son los hijos de Dios, sólo sus amados.

Segundo, cuando se estudia la Teología Sistemática, se nos enseña que NUNCA debemos sobresaltar algún atributo de Dios por sobre otros. Es decir, Dios es perfectamente misericordioso; Perfectamente justo; Perfectamente santo; Perfectamente sabio; Perfectamente poderoso; Perfectamente amor, etc. La misericordia de Dios NUNCA sobresale a su justicia y vice versa.

Dios es justo

«1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” Romanos 2: 1-5

Pablo quiere correlacionar el verso 1 con lo que nos dijo en Romanos 1:20 y 32; mostrándonos que ningún hombre tiene excusa para no creer en Dios, en su poder ni en su deidad, ya que todo lo que Dios quiso mostrarle, se lo mostró en la creación, en su obra maestra (poeima). Además nos dice que debido a que Dios es un Dios Justo, su justo juicio caerá sobre todas aquellas personas, que a pesar de ser muy religiosos y “morales” hacen las mismas cosas que los paganos, que han desechado la verdad (Rom. 1: 28-31).

Dios es bondadoso

El verso 4 nos enseña la bondad de Dios:

«¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”

La palabra paciencia, en griego es “makroquma” que significa “sufrir”. Entonces vemos lo infinitamente bondadoso que es Dios, quien sufre nuestras transgresiones para darnos arrepentimiento. El hecho de que estemos vivos, se debe a esa benignidad de Dios. El hecho de que nos permite continuar tomando aire, nos da un hogar, nos da un trabajo, nos da una familia, nos da salud, y más importante, el hecho de que nos da un día más de vida para que volvamos a verle y le podamos adorar, a pesar de que cada día de nuestras vidas no le glorificamos como Él lo merece, es señal de su infinita benignidad.

Dios nos guía al arrepentimiento. Esto también es un don de Dios, con lo cual nos permite aborrecer el pecado y podemos volvernos a Cristo para tomar Su justicia (2 Corintios 7: 9; 2 Pedro 3: 9).

Versículos 6-10:

En estos versos Pablo nos pone a meditar: Qué pasará con nosotros cuando muramos? Iremos al cielo o al infierno. Ambos son eternos.
Algo interesante que vemos al analizar estos pasajes es que los versículos 7/10 y 8/9 son complementarios, veamos:

«vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” Rom. 2: 7

“pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego” Rom. 2: 10

“pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” Rom. 2: 8

“tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” Rom. 2: 9

Lo primero que debemos analizar es lo siguiente: el cielo y el infierno son lugares reales. Nuestro sentido del cielo y el infierno ha venido sindo atenuado o apagado por la sociedad. Vemos como el Vaticano y la Iglesia Ortodoxa han desde hace unos años desmentido la realidad del infierno. Además, los medios han hecho que dejemos de lado las cosas de Dios, para atraparnos en una sociedad consumista, en donde no podemos desarrollar nuestra espiritualidad.

En el capítulo 1, Pablo le dice a los gentiles (los que no somos judíos) que todos están bajo pecado, no tiene excusa, y por ello necesitan del evangelio para ser salvos (Rom. 1: 16-17). En este capítulo, Pablo dice lo mismo, pero ahora a los judíos, que tienen la ley, pero que al no hacer lo que la ley dice, están también bajo pecado, no tienen excusa, y por lo tanto ellos también necesitan del evangelio de Cristo para ser salvos. El justo juicio de Dios será igual para judíos y gentiles.

Pero, porqué dice Pablo que Dios nos juzgará dependiendo de nuestras obras? Pablo es un hombre sumamente inteligente, y como sabemos que sus palabras son las mismas palabras de Dios, escritas por Pablo, guiado por el poder del Espíritu Santo; debemos asumir que hay algo muy importante en este pasaje.

Vimos en el análisis del capítulo anterior, que la Biblia es clara en que nuestra salvación es or gracia y no por obras (Efesios 2: 8-9). Entonces, porqué Pablo dice que seremos juzgados de acuerdo a nuestras obras? Si vamos a Romanos 1: 5, veremos quienes son aquellos de los que hablan en Romanos 2: 7,10.

En Romanos 1: 5 se nos dice que la gracia de Dios (algo que no merecemos), es el poder de Dios para que podamos obedecer a la fe, que es también un regalo de Dios (Efesios 2: 8). Entonces, aquellos que tienen el regalo de la fe, dado por la gracia de Dios, son los que perseveran en hacer el bien, y buscan a Dios (gloria, honra e inmortalidad-Rom. 2: 7). Debemos saber que Pablo no está pensando en perfecta obediencia, pues en el verso 4 nos dice que son aquellos que les fue dado el regalo del arrepentimiento, los que perseveran en hacer el bien. Como dice en 2 Corintios 3: 18: “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen [del Señor], como por el Espíritu del Señor.”

Es decir, el Espíritu Santo es el que hace que nosotros perseveremos en los buenos caminos que Dios preparó para nosotros de antemano (Efesios 2: 10).

Sin el poder de la gracia de Dios, somos como los paganos que rechazaron a Dios y prefirieron adorar la creación y no al Creador (Rom. 1: 25). Dios derramó su gracia sobre nosotros con el propósito de liberarnos del pecado, y nos dio a Su Espíritu Santo para que podamos perseverar y tener buenos frutos (obras), y poder ser llamados santos y obtener la vida eterna.

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” Romanos 6: 22

Por el contrario, son esas personas, las que no se han arrepentido, de las que hablan en los versos 8 y 9, es decir los que atesoran la ira de Dios para el día del juicio.

La vida eterna es el resultado de la santidad que viene de ser liberados del pecado. Donde más podemos ver esto?:

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8: 12-13

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Gálatas 6: 8-9

Pablo NUNCA nos dice que la vida eterna se gana con buenas obras. Sino que las buenas obras demuestran que Dios nos ha dado la vida eterna, ya que la prueba que la gracia de Dios fue puesta sobre nosotros, es la obediencia de la fe, la cual es el resultado del Espíritu de Dios que mora en los amados de Dios.
Otra pregunta que podemos hacernos, de acuerdo a lo que Pablo nos dice en el verso 7 es la siguiente: Para qué deseamos ir al cielo? Queremos ir al cielo solamente para obtener perdón de pecados? Queremos ir al cielo para escapar del infierno? Queremos ir al cielo para tomar vino, comer sin medida y nunca engordar? Quieren ir al cielo para disfrutar de todas las cosas que tiene Dios para nosotros en el cielo? Si alguien responde así a esta pregunta, probablemente no vaya a ir al cielo. Porqué digo esto? Primero, por lo que se nos dice en Romanos 1: 25. No queremos ir al cielo a disfrutar de las cosas que Dios nos tiene ahí, porque sería hacer exactamente lo mismo que nos trajo la maldición de Dios en Génesis 3. Si queremos ir al cielo por esa razón, entonces queremos ir a adorar a la creación y no al Creador. Segundo, en 1 Pedro 3: 18, muy claramente se nos dice la razón de nuestro deseo de ir al cielo, veamos:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”

El único motivo de querer ir al cielo es: Dios. Si no deseamos a Dios como el último motivo; como el último gozo, entonces merecemos el infierno. Dios creó el universo para que el universo alabara Su gloria Efesios 1: 4-6). Si nosotros no deseamos alabar a Dios, no merecemos estar junto a Él.

Entonces, el juicio de Dios no se basa en méritos, ni obras, sino en la justificación que podemos recibir por lo que hizo Cristo por nosotros (Romanos 3: 24-25; 2 Corintios 5: 21; Filipenses 3: 9). La fe que justifica, siempre santifica, es decir una vida cambiada (no perfecta) es el fruto de estar unidos a Cristo. En el juicio de Dios serán inocentes los que hayan recibido la justificación por lo que hizo Cristo en la cruz.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.” Isaías 53: 6