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Libro: The Future of Justification de John Piper-Qué es el Evangelio?

January 29, 2008

El capítulo 5 es importante para la crítica de Piper sobre Wright. Piper declara que la falta de Wright de no incluír la justificación como parte del evangelio, hace una mala representación del mismo. Es obvio que para Piper, parte del evangelio es la declaración de Cristo como el Señor del universo, como lo dice Wright, pero lo que Piper no comprende es como Wright no incluye la justificación dentro de su definición [1].

Piper continúa diciendo que a menos que la justificación sea incluída en el ‘evangelio’, las buenas noticias acerca del señorío de Jesús continúan mal definidas. Si las buenas noticias solo incluyen el señorío de Cristo, lo único que son es malas noticias.

“El anuncio que Jesús es el Mesías, el Señor imperial del universo, no es buna noticia, pero es un mensaje absolutamente terrorífico para un pecador que ha pasado toda su vida ignorando o blasfemando a Dios y Padre del Señor Jesucristo y por lo tanto es culpable de traición y propenso a ser ejecutado.” [2]

Para Piper, como hemos visto, el mensaje de Wright no son buenas noticias, debido a que o que hace el Señorío de Jesús buenas noticias es el hecho de que los pecadores son perdonados debido a lo que Cristo hizo en la cruz. Piper dice, Read more…

John Piper: Con Respecto al Documento, “A Christian Response to a Common Word Between Us and You”

January 28, 2008

John Piper, habla acerca de la carta escrita por un grupo de prominentes cristianos hacia diversos líderes musulmanes. Pueden leer mi comentario aquí. Vean el video, Read more…

John Gill y la Inspiración de la Biblia

January 28, 2008

John Gill el gran académico y teólogo del siglo XVII escribe lo siguiente de 2 Timoteo 3:16,

“Toda la Escritura es dada por inspiración de Dios…Esto es, toda la sagrada Escritura; pues sólo de ello está hablando el apóstol; y quiere decir el todo de ella; no solo los libros del Antiguo Testamento, sino también del Nuevo, la más maravillosa parte que ahora era escrita; pues esta segunda epístola a Timoteo es para muchos la última de las epístolas Paulinas; y esto también será bueno de lo que sería escrito; pues todo es inspirado por Dios, o exhalado por Él: las Escrituras son el aliento de Dios, la palabra de Dios y no de hombres; ellas son “escritas por el Espíritu,” como dice la versión Siria; o “por el Espíritu de Dios,” como la versión etíope. Las Escrituras son comendadas de su divina autoría; y lo que es atestado y confirmado por varios argumentos; como la majestad y lo dulce de su estilo. Que en muchos lugares es inimitable por hombres; lo sublime de la materia en ellas contenido, que trasciende todo el entendimiento humano y la capacidad jamás obtenida y descubierta; como la trinidad de personas, la encarnación de Cristo, la resurrección de los muertos…su testimonio interno, que es lo eficaz de estas Escrituras en los corazones de los hombres; el leer y escucharla, siendo obtenida por la conversión, conforta y edifica a miles y miles, y diez mil veces diez mil.” [1] Read more…

Libro: The Future of Justification de John Piper-Imputación

January 28, 2008

En el capítulo 4, Piper va a entrar en el mayor desacuerdo con N. T. Wright con respecto a la imputación de la justicia de Dios.
Para Piper, la visión de Wright de la justicia es mínima y no profundiza en su definición. Además, según nos dice Piper, Wright falla en el hecho de que el ‘juez’ de la corte es omnisciente [1]. El autor, acierta en el comentario de que Dios sería injusto si falla a favor del pecador sin mantener un estándar de justicia. La idea de Piper es que debido a que todo lo que hace Dios lo hace para glorificarse, entonces debe hacer justicia.

Para N. T. Wright, por el contrario, Dios tiene clemencia del pecador, no contando el pecado en contra del pecador, sin que tenga que imputar justicia. Piper dice, Read more…

Spurgeon: Soberanía y Salvación

January 27, 2008

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” Isaías 45:22.

Hace seis años, hoy, casi a esta misma hora del día, me encontraba “en hiel de amargura y en prisión de maldad.” Sin embargo, por la gracia divina, había sido ya conducido a sentir la amargura de esa servidumbre, y a clamar en razón de la maldad de esa esclavitud. Buscando el descanso sin hallarlo, entré en la casa de Dios y me senté allí, temiendo que si alzaba mi mirada, podía ser cortado y consumido completamente por Su severa ira. El ministro subió al púlpito y, al igual que acabo de hacerlo yo, leyó este texto: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” Yo miré al instante y la gracia de la fe me fue otorgada allí; y ahora creo que puedo afirmar verdaderamente:

“Desde que vi por fe el torrente,
Que es alimentado por Sus heridas sangrantes,
El amor redentor ha sido mi tema,
Y lo será hasta que muera.”

Nunca olvidaré ese día, mientras conserve mi memoria; tampoco podré dejar de repetir este texto cada vez que recuerde aquella hora, cuando conocí por primera vez al Señor. ¡Fue un encuentro sorprendentemente lleno de gracia! Y ahora es una experiencia portentosa y maravillosa para quien oyó estas palabras hace tan poco tiempo, para provecho de su propia alma, que pueda dirigirme a ustedes hoy, como oyentes del mismo texto, con la plena esperanza y confianza que algún pobre pecador, dentro de estas paredes, oiga también para sí las buenas nuevas de salvación, y que hoy, 6 de Enero, pueda “abrir sus ojos, para que se convierta de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios.”

Si estuviera dentro del alcance de la capacidad humana, concebir un tiempo en el que Dios moraba solo, sin Sus criaturas, poseeríamos entonces una de las ideas más grandiosas y estupendas de Dios. Hubo una época cuando el sol no había recorrido todavía su ruta, ni había comenzado a proyectar sus dorados rayos a través del espacio para alegrar la tierra. Hubo una era en la que ninguna estrella brillaba en el firmamento, pues no había ningún mar de azur en el que pudiera flotar. Hubo un tiempo en el que todo lo que ahora contemplamos del grandioso universo de Dios, no había nacido todavía, sino que dormitaba, increado e inexistente, en la mente de Dios; sin embargo, Dios existía y Él era “sobre todas las cosas, bendito por los siglos.” Aunque ningún serafín cantaba todavía los himnos de Su alabanza; aunque ningún querubín de potentes alas se apresuraba como el rayo para cumplir Sus órdenes; aunque Él no tenía todavía un séquito, se sentaba como un rey en su trono, Dios todopoderoso, a ser por siempre adorado: el Augusto Supremo moraba solo en la vasta inmensidad en solemne silencio, haciendo de las plácidas nubes Su dosel, y la luz de Su propio rostro formaba el lustre de Su gloria. Read more…