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Dar Testimonio de Cristo?

febrero 22, 2014

Lástimosamente este blog no es lo que una vez fue, y espero que esto pueda cambiar próximamente. La razón de esto es que mi vida está carente de tiempo -y quisiera que los días fueran de 32 horas- lo cual ha impedido que pueda escribir todo lo que tengo en mi cabeza con respecto a los asuntos cristianos.

Sin embargo, hoy puedo sentarme a escribir un poco. Esta entrada es una continuación de una entrada previa, “El Grave Error Pentecostal,” y mis pensamientos surgen de la serie que estamos estudiando en la IBRL sobre el libro de los Hechos.

El punto de esa entrada previa era que el grave error pentecostal era pensar y enseñar que el don del Espíritu Santo era para atraer la atención de los hombres hacia Sí mismo. Ciertamente el Espíritu Santo es Dios. Él es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, su rol en la redención de los hombres no es atraer la atención hacia Sí mismo, sino, como dijo un teólogo, es ser una linterna que lleva la luz y la atención de los hombres hacia Cristo.

Es por ello que los cultos pentecostales, en su gran mayoría, carecen de la predicación del evangelio. Todo su culto está basado en la manifestación de los “extraordinario” – a pesar de que lo extraordinario no se manifiesta como se manifestó en los tiempos de Cristo o los apóstoles. Dios, Cristo, el pecado, la necesidad de arrepentimiento, esteran ausentes totalmente de muchísimos de estos ‘espectáculos’ cristianos.

Pero, la verdad es que la Biblia es muy clara con respecto al rol del Espíritu Santo en la vida del cristiano. Y el libro de Hechos nos da la respuesta a esa pregunta: Con qué fin nos es dado el Espíritu Santo a los creyentes? Bueno, no sólo para santificarnos, pero sobre todas las cosas, para dar testimonio de Cristo. Hechos 1:8 dice, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

El poder no se trata de hacer milagros y sanciones. El poder no se trata de echar fuera demonios. El poder se trata de aquello que nos es dado por parte del Espíritu Santo con el propósito de dar testimonio de Cristo a todos los hombres. Esta es la gran comisión! En Mateo 28:19-20, Cristo le dijo a Sus discípulos que en Su autoridad les estaba comisionando a una tarea imposible: habiendo ido a todas las naciones para predicar el evangelio, que hagan discípulos, los bauticen y les enseñaran todo lo que Él les había hablado.

Y esta comisión era imposible! Y el Señor lo sabía. Es por ello que les ordenó volver a Galilea y esperar la promesa del Espíritu Santo. Sin Él esta gran comisión es imposible para los hombres. Ir a las naciones, hacer discípulos, y enseñarlos es imposible en nuestras fuerzas. Para esto es necesario un poder divino: el poder dado por el Espíritu Santo.

Ahora, como dije, este poder es dado específicamente para dar testimonio de Cristo. Pero, la pregunta es: Qué significa dar testimonio de Cristo? Y esto es lo que deseo contestar de Hechos capítulo 2.

El libro de Hechos es, como dije antes, el plano para saber cómo fue que los discípulos de Jesús entendieron la gran comisión. Muchos presbiterianos, por ejemplo, argumentan que ellos bautizan a sus hijos porque son sus discípulos. Pero, el libro de los Hechos nos dejan claro que los los discípulos de Cristo entendieron que los discípulos a los cuales debían bautizar era aquellos que respondieran a la predicación del evangelio. Esos eran los verdaderos discípulos de Cristo y a ellos debían bautizar (Juan 8:31).

Pero, también nos sirve para comprender qué entendieron los discípulos del Señor que era la tarea que debían hacer una vez que iban a las naciones. Qué significó para ellos dar testimonio de Cristo? Bueno, el sermón de Pedro es la respuesta a esa pregunta. Noten el testimonio que dio Pedro de Cristo:

1. Cristo fue un hombre en la historia de la humanidad:

El Cristo verdadero no es el de los liberales. Jesús no es un mito, como muchos escépticos quieren enseñar. Jesús fue un hombre real, que existió y habitó entre los hombres. Y no sólo eso, sino que fue sujeto de muerte, habiendo sido entregado por sus enemigos en manos de los romanos, con el fin de que fuera crucificado. Pedro dijo,

22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; 23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.”

Ahora, Pedro no estaba inventando esto. Él le dice a su audiencia que ellos conocieron y tuvieron conocimiento de Jesús. “Entre vosotros” ocurrieron estas cosas. Es más, “ustedes mismos saben que esto es así.”

Los apóstoles están escribiendo unas cuántas décadas después de estos hechos. Y Lucas registra este sermón unos años después de haber ocurrido. La realidad es que para todos los judíos, fariseos, escribas, saduceos, sacerdotes, y hasta para los gentiles romanos, Jesús había sido una realidad; Él había existido en medio de ellos. Y ellos lo mataron!

En el mundo de nuestros días muchos desean desacreditar la Biblia argumentando que Jesús nunca existió. Sine embargo, los apóstoles están proclamando la verdad de la existencia de Jesús ante el mundo que lo había crucificado. Y no sólo estaban predicando, sino que también estaban escribiendo acerca de Él. Y lo más extraño de todo es que sus enemigos y los enemigos del Señor Jesús nunca escribieron nada para intentar refutarlos. No existe ningún manuscrito de parte de los enemigos del Cristianismo que diga que lo que los apóstoles y seguidores de Jesús estaban predicando era mentira.

De hecho, lo contrario es la verdad. Lo que tenemos son escritos de gentiles y judíos confirmando la existencia de Jesús años antes de que ellos escribieran. Tenemos los escritos de Tácito, Suetonio, e inclusive un prominente judíos llamado Josefo confirmando la existencia de nuestro Señor.

Bueno, Pedro dio testimonio de Jesús afirmando su historicidad. Jesús existió, y esa verdad es un verdadero problema para los hombres.

2. Cristo no fue un hombre común y corriente; Él fue el hombre perfecto:

Cuántos de nosotros no hemos escuchado decir de los enemigos del Cristianismo, “Jesús fue un hombre común y corriente…como nosotros.” Bueno, el testimonio que Pedro da en su sermón no afirma tal cosa. Ciertamente Jesús fue un hombre como nosotros, pero en cuanto a su naturaleza. Él era de carne y hueso, comía, se cansaba, necesitaba beber líquidos, etc.

Esta fue una de las luchas que el apóstol Juan y mucha otros en la iglesia primitiva tuvieron que luchar contra los gnósticos quienes negaban que Jesús tuviera un cuerpo físico como nosotros. Él, decían algunos de ellos, era un espíritu.

Sin embargo, Pedro afirma que, a pesar de que Él era un hombre de carne y hueso que habitó en un momento específico en la historia humana, Él no era como nosotros. Cristo, dice Pedro, era perfecto! El apóstol cita el Salmo 16 para afirmar la perfección de Cristo, versículos 25 al 28,

25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; 27 Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. 28 Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.”

Éste Jesús, dice Pedro, que ustedes conocieron y escucharon y mataron, era el Santo de Dios. Él era perfecto, Santo, sin mancha. Esto fue lo que siempre afirmó el apóstol (ver 1 Pedro 1:19). La realidad es que Jesús no era como nosotros en el sentido de ser pecador. La naturaleza del Señor era perfecta. Es por eso que  nunca vería corrupción.

David murió, fue sepultado y su cuerpo permanece aún debajo de la tierra. Lo mismo han experimentado todos los descendientes de Adán y Eva. Pero, este Jesús, no era como nosotros; Él era perfecto, por lo tanto era imposible que fuera dejado en la tumba para siempre. Su alma, dice David, no sería dejada en el Hades.

El Espíritu Santo le fue dado a Pedro para que con poder diera testimonio de la perfección del Señor Jesús, la cual es un problema para todos los hombres.

3. Cristo fue un hombre resucitado:

En la historia de Israel habían habido algunas resurrecciones. El profeta Elías fue uno por medio de quien Dios levantó de los muertos a algunos hombres. Jesús mismo hizo milagros, inclusive algunas resurrecciones; la más extraordinaria de ellas fue la de Lázaro y por la que los fariseos sentían la necesidad de matarlo.

Sin embargo, la resurrección que experimentó Jesús no fue como ninguna de éstas. Si la audiencia de Pedro investigaba se daría cuenta que las personas que fuero resucitadas en el Antiguo Testamento habían vuelto a morir. Ninguna se encontraba viva en sus tiempos, y ninguno de sus padres predicó alguna vez que estas personas de la antigüedad no hubieran vuelto a morir.

Si iban a Betania, la ciudad de Lázaro, se darían cuenta que este hombre amado por Jesús, también había vuelto a morir. Pero, la resurrección de Jesús era diferente, pues Él no había vuelto a morir. Su tumba había sido hallada vacía, y los fariseos nunca pudieron probar que su cuerpo había sido robado. Ésta mentira era conocida por todos en Jerusalén (ver Mateo 28: 11-15).

La realidad era que Jesús, el hombre histórico y perfecto, había resucitado y los apóstoles y Sus discípulos habían sido testigos de esto. Pedro dijo,

29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, 31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”

Y Pablo afirma que no eran unos pocos los que podían dar testimonio de esto, pues eran más de quinientas personas que le habían visto resucitado (1 Corintios 15: 6).

Ahora, este testimonio de Pedro con respecto a Jesús era problemático para los hombres que le estaban escuchando. No sólo habíamos matado a un hombre, sino que habíamos matado a un hombre perfecto; pero aún peor, habíamos matado a Aquel a quien Dios resucitó!

4. Cristo es el Señor:

Los apóstoles no sólo habían conocido a Jesús el hombre; a Jesús el Santo de Dios, y habían escuchado de Su propia boca mientras respondía la pregunta de los sacerdotes, “Yo soy y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:62).

Pedro, Jacobo y Juan, le habían visto glorificado; y le habían escuchado interpretar el Salmo 110, en el cual Jesús mismo afirmó ser el Señor de Su padre David (Marcos 12: 36-37). Pero, sobre todo lo habían visto resucitado y antes de recibir la gran comisión le escucharon decir, “Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28: 18). Y luego, lo vieron ascender al cielo.

Los apóstoles sabían que Jesús había subido al cielo para ser exaltado por Su Padre y era Jehová mismo!

Para los judíos el término ‘Señor’ no era desconocido. La versión griega del Antiguo Testamento que leían y escuchaban leída cada día de reposo traducía el término hebreo Jehová como kurios que quiere decir ‘Señor.’ Cuando ellos le llamaban a Jesús Señor era entendiendo lo que decían las Escrituras de Él. Fue por ello que en su sermón Pedro dice,

33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

Este Jesús que habitó en medio de los hombres, ese hombre perfecto que nadie pudo acusar de pecado, ni siquiera sus peores enemigos, aquel que había resucitado de entre los muertos, fue exaltado por Dios y sentado a la diestra Suya. Este hombre al que crucificaron los judíos y los gentiles no era otro que el Señor, Jehová, Dios mismo! Y esto era realmente un problema para toda su audiencia.

Ahora, cómo entendieron estos judíos en Hechos 2 el mensaje de Pedro? Bueno, entendieron que ellos estaban en graves problemas! Y qué pasó? Bueno, Lucas nos cuenta que ellos “ se compungieron.” Qué quiere decir con esto? Bueno, en el original ese término quiere decir que estaban grandemente perturbados; su corazón estaba terriblemente afectado por el testimonio que acababan de escuchar de boca de Pedro. Ellos sabían que estaban en graves problemas. Noten cual fue la lógica del sermón de Pedro que trajo tal temor a sus corazones:

  1. Ellos habían asesinado a un hombre
  2. Ese hombre era totalmente inocente
  3. Es más, no sólo era inocente…era perfecto
  4. Pero, a ese hombre Dios lo había resucitado de entre los muertos para dar testimonio de su identidad
  5. Y la identidad que el Padre estaba dando de Jesús era que era Su Hijo, y que Su Hijo no era otro que el Cristo, el Señor de David, de todo Israel, y de todo el universo!

Qué creen que estaba pasando por la cabeza de todos estos hombres? Bueno, simplemente esto: “Estamos en graves problemas con Dios! Estamos en graves problemas con Jesús, pues Él era el Cristo que esperábamos, nuestro Amo y Señor! Y a este Jesús matamos!

Varones,” le preguntaron ellos a los apóstoles, “qué haremos?” En otras palabras, “Qué podemos hacer para escapar de la condenación tan grande que está puesta sobre nuestras cabezas por tan grave pecado? Cómo podremos ser perdonados?” 

Y aquí es donde viene el mensaje de las buenas nuevas de Cristo! Pedro les dijo, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados” (Hechos 2:38). Para que pudieran ver cual era su verdadera condición delante de Dios, estos hombres debieron ser confrontados con el testimonio de Cristo. Sólo así pudieron darse cuenta de la terrible condición en la que se encontraban. Y fue por medio de ese mensaje que Dios abrió sus corazones para escuchar las buenas noticias de salvación en la persona de Jesucristo y por el cual Dios los salvó de “esta perversa generación.”

Ese día Dios salvó por medio del testimonio de Cristo dado por Pedro a más de mil personas! Para esto les fue dado poder a los discípulos de Jesús. Para esto les fue dado el Espíritu Santo, para convencer al mundo de pecado, de justicia, y de juicio (Juan 16:8). Y es la razón por la cual le hemos recibido nosotros también. Y al igual que hizo Pedro y los apóstoles, nosotros debemos dar testimonio de la persona de Jesucristo, especialmente en tiempos como en los que vivimos. Los hombres deben ser confrontados con la persona de Jesús. Ellos deben saber lo siguiente:

Que el hombre habiéndose rebelado contra su Creador, el Amo y Señor del universo, merecen ser castigados con la muerte eterna. Pero, en Su infinita bondad y misericordia, Dios envió a Su Hijo, a Jehová mismo, quien se despojó a Sí mismo, y se hizo un hombre, pero un hombre perfecto, sin pecado. Y vivió una vida perfecta, la vida que ninguno de nosotros podía vivir y la vida que todos nosotros debíamos haber vivido. Y murió en la cruz del Calvario con el propósito de salvar a todo aquel que clamara a Dios por misericordia; a todo aquel cuyo corazón se compungiera hasta la muerte al saber lo que le habían hecho a Dios. Para salvar a todo aquel que se arrepintiera de sus pecados y creyera en Jesucristo.

Y para esto debemos ver que todos tenemos el Espíritu Santo dentro de nosotros quien nos dará el valor y la sabiduría para predicar este evangelio; para dar testimonio de Cristo! Qué este sea nuestro actuar todos los días de nuestra vida en el lugar en donde Dios nos haya puesto!

 

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One Comment leave one →
  1. Juan Carlos Valladares Sosa permalink
    febrero 24, 2014 1:52 am

    Le animo hermano en el amor de Cristo y su obra el Señor le de Fuerzas, es verdad lo que usted comenta en este estudio hay muchos cristianos que se centran en los dones espirituales y mas desarrollamos una vida cultual, cuando el verdadero trabajo esta afuera en el mundo predicando la Palabra con Poder del Espíritu Santo y haciendo discípulos de Jesucristo, en esto debe estar la Iglesia del Señor al cien por ciento, con obreros aprobados, llenos del conocimiento de la Palabra de Dios y autoridad de parte de Dios, los milagros o las manifestaciones sobrenaturales van a suceder si Dios lo quiere

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