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Celebridades Cristianas?

noviembre 27, 2013
John Piper y Yo!

John Piper y Yo!

Cuando llegué en el 2008 a la que es ahora mi iglesia recuerdo haberle dicho a mi esposa, “De esta iglesia no nos vamos a ir nunca.” La razón de esta declaración no fue porque la iglesia fuera grande, ni numerosa, ni porque el edificio en donde se reunía estuviera en perfectas condiciones. De hecho, gracias a Dios se le han podido hacer muchas reparaciones con el paso de los años y que lo han hecho un lugar más cálido para reunirse. Mis palabras tenían que ver con la predicación a la que fuimos expuestos la mañana de ese domingo.

El que fuera el pastor de nuestra iglesia en ese entonces, Steve Henning, era un excelente expositor. Era un hombre piadoso, estudioso, sabio, y sumamente poderoso en el púlpito. Sin embargo, una de las cosas que recuerdo de él son sus palabras una vez que expresé mi agradecimiento por el sermón predicado. Él me dijo que agradecía mis palabras pero que no le gustaban las felicitaciones.

Y no era que yo le estaba felicitando, sino que estaba mostrando mi agradecimiento por la exposición que había hecho ese día. Quizás el error fue que yo no me hice entender, sin embargo, sus palabras me hicieron pensar mucho. Pronto escuché a una hermana en la iglesia quien comentaba acerca de este deseo del pastor. Y ella decía que las razones del pastor para esto era evitar caer al pecado del orgullo.

El pastor Steve sabía que los pastores son hombres, ciertamente redimidos por la gracia de Dios, pero hombres que moran aún en su carne, y por lo tanto capaces de caer en todo tipo de pecados, y especialmente por su posición en la iglesia en el pecado del orgullo. No sólo quería evitar caer en ese pecado, sino también quería evitar ser llevado a ese pecado por hermanos que sin intención lo adularan.

Ahora, no estoy diciendo que no debemos expresar nuestro agradecimiento a nuestros pastores que semana tras semana nos traen la exposición de la Palabra de Dios para el beneficio de nuestras almas. Todo creyente debe ser agradecido, especialmente con sus pastores que los alimentan espiritualmente cada semana. Y deben expresar ese agradecimiento. Sin embargo, Henning tenía razón.

Ahora, viendo para atrás veo la sabiduría de sus palabras. Vivimos en los días de la ‘cultura de las celebridades.’ El mundo anda buscando personas para exaltarlas a niveles de ‘celebridad.’ En la música, el arte, el cine, la televisión, etc. Vivimos en la cultura del ‘jet set’ -o así de ridículo como suena, la cultura de la ‘avioneta set’ para países del tercer mundo como el mío. Pero la realidad es que el mundo anda en la búsqueda de la gloria personal. La idea de exaltar a alguien a la popularidad es exaltarme a mi mismo. Si uno se hace millonario y exitoso el otro también.

Sin embargo, ese el mismo sentir que se está dando en la iglesia. Los últimos años han visto la explosión de las ‘celebridades cristianas.’ Por todos lados se puede ver la intención de las casas editoriales de presentar a pastores y maestros de diferentes iglesias alrededor del mundo como ‘estrellas de Hollywood.’ Se hacen giras por todo Estados Unidos llevando a estos autores para promocionar su último libro; se hacen sesiones de fotografías y para firmar sus libros a sus ‘fans.’

Lo mismo ocurre entre los cantantes cristianos. Las casas disqueras promocionan a muchos de estos artistas y los llevan por todo el mundo, tratándolos como cristianos ‘especiales’ simplemente por haber producido un disco que les puede traer a estas casas disqueras mucho dinero.

Y los problemas de esta cultura los estamos viendo ahora. Recientemente hemos visto a pastores siendo acusados de plagio y a las casas editoriales saliendo en su defensa, no porque sea cierto -de hecho toda la evidencia está en contra de su ‘protegido’- sino porque la consecuencia de aceptar las acusaciones es perder millones de dólares reclamando de vuelta los libros ya impresos.

Por alguna razón, así como ocurre en Hollywood, esta ‘cultura de las celebridades’ en el Cristianismo ha hecho que estos pastores y líderes no estén sujetos a la misma clase de rendición de cuentas que los demás cristianos. Ellos pueden pecar y mentir sin que la iglesia a la que ellos pertenecen los llamen a cuentas. Porqué? Quizás por el miedo de que los números de la iglesia disminuyan si su estrella es puesta en disciplina.

Y el problema es este: la iglesia quiere ser como el mundo! SI el mundo tiene celebridades, entonces la iglesia debe tener las suyas propias.

Pero, qué tan diferente es el cristianismo de la Biblia! Una de las mayores críticas del Señor Jesús hacia los fariseos fue su deseo de llamar la atención. Ellos se paraban en las esquinas de las calles a orar, no porque quisieran hablar con Dios, sino porque deseaban que los hombres admiraran su ‘piedad.’ También criticó su deseo de sentarse en las primeras sillas. Ellos querían que los hombres de atrás -los menos importantes- los vieran y admiraran. La meta de los fariseos y escribas era llamar la atención; tener su propia gloria aquí en la tierra.

Pero, el Evangelio según Marcos nos muestra la diferencia de la vida en el reino de Dios. En Marcos 10: 35-45 leemos lo siguiente,

35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36 El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; 40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. 41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Y el contexto en el que ocurre este pasaje es el de la enseñanza de Jesús acerca de Su misión a Jerusalén. Por tercera ocasión el Señor le había dicho a Sus discípulos que le era necesario subir a Jerusalén a morir, a ser entregado por los líderes judíos; condenado a muerte, golpeado, escupido, etc. Y resucitar al tercer día. Y los discípulos tienen tanto temor de esta enseñanza que ni van a Él buscando más explicaciones de estas palabras.

Pero, lo que vemos en este pasaje es la mentalidad de los discípulos con respecto a la vida en el reino de Dios aquí en la tierra y lo que Jesús pensaba de esa vida. Lo que vemos es lo diferente que veía el Señor la vida de uno de Sus discípulos aquí.

Los discípulos saben que Jesús es el Cristo, el ungido de Dios. Lo que no saben es como es que Su reino va a ser revelado al mundo. Para ellos Jesús iba a Jerusalén a tomar a Roma, derrocar a César y ponerse sobre Su trono y gobernar. Y por consecuencia los israelitas iban a gobernar el mundo con Él. Ya los discípulos se han peleado por saber entre ellos cuál sería el mayor en el reino. Y ahora, Jacobo y Juan, los hijos del trueno, van a Jesús para hacerle una solicitud: que los llene de gloria poniéndolos una a Su derecha y al otro a Su izquierda.

El deseo de estos hermanos era tener supremacía para que los hombres los admiraran, hablaran de ellos, y los envidiaran. Ahora, este deseo no era sólo de ellos, sino de todos los demás apóstoles. En el versículo 41 se nos narra que los demás se enojaron cuando vieron lo que hicieron Juan y Jacobo. Y no se habían enojado porque habían visto la maldad de esa petición, sin porque se les habían adelantado a ellos, y hasta habían llevado a su mamá para hablar con el Señor (Mateo 20:20).

El deseo de todos era el mismo que el de los fariseos: ser celebridades!

Pero, vemos en el mismo pasaje lo diferente que veía la vida de los creyentes el Señor Jesús. Él dijo, “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.” Es decir, el deseo de los hombres del mundo era buscar la gloria, buscar ser gobernantes. Porqué? Porque eso les permitiría gobernar, ser admirados por los hombres, tener poder! Y eso era lo que deseaban los discípulos: ellos buscaban gobernar para ser admirados y tener poder.

Pero, noten la respuesta del Señor, “43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.” Es decir, el creyente, aquel que ha entrado en el reino de Dios no buscará tener poder ni ser servido, sino que buscará ser servidor; no buscará ser el primero para ser admirado, sino que buscará ser como un esclavo de todos, es decir, que verá a los demás como si fueran sus amos.

La vida del creyente es una en donde ve las necesidades y la vida de los demás como superiores a las suyas propias y buscará servir y no la prominencia; ser el último antes que el primero.

Pero, es esto lo que vemos en esta ‘cultura cristiana’ de las celebridades? La verdad es que no! Y la culpa no es sólo de estos pastores y líderes que han permitido ser llevados por los demás a tales posiciones, en donde son admirados y buscados por los hombres.

La culpa es nuestra también! Así es, cada uno de nosotros es culpable de lo que está ocurriendo en medio nuestro. Cada vez que nos acercamos a estos hombres, nos fotografíanos con ellos, les pedimos que nos firmen sus libros, autógrafos, asistimos a sus giras literarias, etc. Lo que estamos fomentando es a lo que el pastor Henning tanto le temía: el orgullo que mora en cada uno de nosotros.

Cómo creen que hubiera actuado el mundo en nuestros días si el apóstol Pablo viviera entre nosotros? Apostaría que le hubiera entregado un contrato multimillonario para escribir libros, le hubiera ofrecido millones de dólares para irse de gira promocionando sus obras. Sin embargo, creo que Pablo hubiera actuado muy diferente a muchos de los hombres hoy en día. El apóstol hubiera rechazado tal cosa! Porqué? Porque ese tipo de celebridad, en lugar de promocionar el evangelio, lo oscurece. Pablo siempre buscó ser el menos, pasar desapercibido. Porqué? Para que Cristo pudiera ser visto por los hombres.

Cuando una multitud quería hacerlo un dios, Pablo les dijo, “Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14:15). Ciertamente la multitud les ofreció sacrificio, pero no fue lo que Pablo buscó ni les instruyó. Todo lo contrario, siguiendo el ejemplo de Cristo en Marcos 10:45, Pablo no buscó su preeminencia entre los hombres, sino buscó la preeminencia de Jesucristo.

Y lastimosamente este cultura que hemos creado en nuestro medio cristiano ha velado en cierta manera el testimonio de Cristo, y le ha dicho al mundo, “Los cristianos quieren lo mismo que nosotros. Entonces porqué ser diferentes?” La culpa ha sido nuestra. Hemos promocionado nuestros pastores como si fueran más especiales que el Señor Jesús; hemos promocionado nuestros líderes, no sólo en Estados Unidos sino en Latinoamérica, como si ellos fueran la meta del ministerio que Dios les ha dado. Y por cuidarlos muchas iglesias han llegado a pecar contra el Señor permitiéndoles hacer lo que ellos quieran, sin llamarlos a cuentas ni optar por disciplinarlos.

Nuestros pastores son hombres, nosotros somos hombres; todos pecadores! Nuestra meta no es magnificarnos a nosotros mismos, ni buscar ser magnificados por los hombres. Nuestra meta debe ser magnificar a Cristo y llevar las miradas de todos los hombres a Él. Cuidémonos de promocionar incorrectamente a nuestros pastores y líderes. Ayudémosles a luchar contra el pecado del orgullo. Pongamos los pies sobre la tierra y reconozcamos que el éxito de nuestras iglesias no depende del hombre que esté en el púlpito, sino de u Dios fiel que da el crecimiento y cuida de Su pueblo aquí en la tierra. Desechemos la idea de crear ‘celebridades cristianas.’

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8 comentarios leave one →
  1. Beto permalink
    noviembre 29, 2013 4:18 pm

    Hno Dios te bendiga.

    Gracias por tus observaciones, me han sido de bendicion y me has hecho reflexionar – ¿o no debo darte las gracias porque pueden alentar tu orgullo? – quiero decirte que comparto contigo lo que dices, lo que me llama la atención, es el tema de tu comentario y a la vez y la fotografía que esta al principio, no entiendo el sentido de poner tu foto con el hno Piper, ¿no es un contrasentido?, tu propósito va mas alla de mi entendimiento.

    Dios te bendiga, hno Beto.

    • noviembre 29, 2013 4:57 pm

      Estimado Beto,

      El sentido es corroborar mi comentario de que mucho del problema lo hemos creado nosotros mismos, tratando a estos hombres de Dios como estrellas de cine.

  2. Juan Carlos Valladares Sosa permalink
    diciembre 7, 2013 4:09 am

    El cristiano debe ser un instrumento en las manos de Dios, el Señor dijo algo bien claro guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres porque de cierto te digo que ya tienes tu recompenza (Mat.6:1) El Señor demanda mucha humidad y sencillez de corazón y también dijo : Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mat.5:3)

  3. Arturo Fdez permalink
    diciembre 9, 2013 5:53 pm

    Eduardo,

    Precisamente mi pastor predicó este domingo acerca de Marcos 9:30, sobre la ansia de poder y el querer llamar la atención. Excelente aporte, bendiciones!

  4. José Alberto Mora permalink
    enero 31, 2014 3:11 pm

    Excelente pastor Eduardo!!! Me hizo recordar una frase que escuche hace un tiempo de un predicador que a cada instante que los hermanos le agradecían por sus predicas decía algo así como: “Agradezco por las palabras de estimulo y agradecimiento; pero aborrezco el placer que siento”.

    Jejeje… miserables de nosotros… quien nos librara de este orgullo vano y espontaneo en nuestro ser…: Nuestro buen Dios y Salvador Jesucristo!!

    Saludos desde Iglesia Bautista Reformada de Caracas pastor..

  5. raquel permalink
    febrero 1, 2014 3:32 pm

    la humildad es lo mejor ,nadie es perfecto ,pero si debemos cuidarnos del orgullo ,satanas bien sabe de eso ,y tratara de hacernos caer de cualquier forma.

  6. raquel permalink
    febrero 1, 2014 3:42 pm

    yo no estoy de acuerdo con artistas cristiano estoy mas bien de acuerdo con lo que enseña EL MAESTRO ,el enseña muchas cosas, y vos le decis queno deben ser artistas, ellos dicen si pero el SEÑOR nos da estrategia para ganar almas a traves de libros ,cd, eventos de todo.bueno ojala si fura por todo eso cuando estemos en el cielo encontremos los miles que han estado en cualquiera de los eventos realizado.Llamese disco ,cd .Y todos esos miles de oido hayan escuchado por fe ,para salvacion, y sus corazones abiertos No todos quieren ser salvos .DIOS bien ya lo sabe.

  7. Raquel M permalink
    marzo 4, 2015 10:43 pm

    Excelente. De verdad que he sido testigo de estos casos donde llegaban ¨los ministros del señor¨y teníamos que atenderlos como hotel cinco estrellas y para no ir tan lejos muchas veces me daban elogios después de haber “danzado para dios” y mi orgullo era mucho más grande que el amor que sentía por Dios por esto y lo que nos has compartido debemos pedir a Dios que nos de esa sencillez y humildad para aceptar que si debemos gloriar a alguien ese debe ser el Señor… Y de antemano también agradecer a nuestros pastores y predicadores por tan buenas enseñanzas que verdaderamente Dios ha mostrado una vez más su misericordia a trávez de ustedes.

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