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Hallamos al Mesías

diciembre 13, 2012

El día de ayer tuve la oportunidad de llevar la meditación para el culto de oración que celebramos todos los miércoles en la IBRL y quise meditar en el pasaje de Juan 1: 35-42. En este pasaje el apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, escribió,

35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. 40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). 42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).”

Para poder comprender mejor lo que está sucediendo en esta escena, debemos recordar algunas cosas importantes. Primero, el pueblo de Israel estaba esperando al Mesías. Todas las Escrituras hasta el momento hablaban de uno que vendría a ponerle fin a lo que había hecho Satanás en el jardín del Edén, y más específicamente a restaurar a Israel.

El Antiguo Testamento habla de este hombre como el Mesías. Ese término proviene del verbo hebreo que quiere decir, “ungir,” y fue designado para describir a Aquel ungido de Dios que sería dado para cumplir el plan de Dios con respecto a Israel, y podríamos decir a las naciones gentiles también, pues esto fue parte de la promesa hecha or Dios a Abraham. Este varón sería ungido por Dios para cumplir un servicio especial.

Las Escrituras hablan claramente sobre lo que el Mesías, éste ungido, haría a favor de Israel. Por ejemplo, cuando el profeta Isaías habla de Él dice que vendría a traer luz a Su pueblo, y llenarlo de gozo y alegría. Y luego profetiza de Él así,

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” Isaías 9: 6-7

Luego, más adelante afirma que sería un Rey justo, lleno del Espíritu Santo, que reunirá a los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra (Is 11: 1,2,4,12); uno que proclamaría las buenas nuevas de Jehová a los abatidos, a los quebrantados de corazón, a los cautivos, y a los presos [noten que Jesús afirma ser este Mesías esperado-Lucas 4:16-21]; y lo haría, siendo un siervo sufrido, un varón de dolores (Isaías 53).

Además, la escena descrita por Juan ocurre luego de que el pueblo israelita tiene 400 años de no tener un profeta en medio de ellos. Por causa de su pecado, Jehová había quitado a Su Espíritu, la gloria de Jehová se había apartado de Israel, y ya no habían hombres por los cuales Dios hablara a Su pueblo.

Pero, de pronto, surge Juan el Bautista, un hombre vestido de piel de camello, quien vino a su pueblo proclamando el bautismo del arrepentimiento, preparando a Israel y dando testimonio del Mesías con el fin de que todos creyeran en Él. Para los judíos esto era tan impresionante que pensaron que Juan era el Cristo, el ungido esperado, y los sacerdotes y levitas conociendo las Escrituras le mandan a preguntar si él era Aquel que esperaban. Juan, obviamente, les responde negativamente (Juan 1: 21-22).

Pero, al día siguiente, estando Juan con sus discípulos, ve a Jesús venir y profetiza diciendo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Qué habrán pensado los que le escucharon? Juan había estado afirmando que él no era el Mesías, y de pronto aparece en escena este hombre y el profeta afirma que de Él es de quien da testimonio la Escritura.

Un día más y vuelve Juan a ver a Jesús y dice, “He aquí el Cordero de Dios” (Juan 1: 36). Y lo interesante es lo que pasa después. Dos de los discípulos de Juan, probablemente curiosos por las palabras de su maestro, se levantan y siguen a este hombre Jesús. Jesús se da cuenta que Andrés y otros discípulo de Juan le siguen y les pregunta, “¿Qué buscáis?” Juan relata la interacción entre ellos diciendo,

“Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.” Juan 1: 38-39

Ahora, noten lo más interesante: Andrés y este otro discípulo, que asumimos es el apóstol Juan, pasaron algún tiempo con Jesús. Pero, noten lo que escribió el apóstol, “40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su hermano Simón.

Juan nos cuenta que después de haber pasado tiempo a solas con Jesús, Andrés, “halló primero a su hermano.” Literalmente lo que se nos quiere dar a entender es que lo primero que hizo Andrés luego de estar con Jesús fue ir a buscar a Simón, su hermano. La idea implícita es la de urgencia. Andrés tenía la urgencia de buscar a su hermano. Porqué? Juan nos dice porqué. Andrés tienen que darle una gran noticia a su hermano. Y cuando lo encuentra le dice, “Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Juan 1: 41).

Lo interesante es que Andrés y Juan se fueron tras este hombre que acababan de conocer llamado Jesús. Pero, luego ocurrió algo que cambió sus vidas y que debían, con urgencia, anunciar a sus familiares: ellos habían ido tras Jesús, pero encontraron al Mesías esperado por Israel.

Este Mesías, escribió Juan previamente, era Dios mismo (Juan 1:1), el Creador de todas las cosas (1:3); era la vida eterna (1:4), el que podía hacer hijos a los de la fe en Él (1:12), el dador de gracia (1:17), y más maravilloso, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1:29). Y cuando Andrés se dio cuenta de esto no pudo hacer otra cosa que ir en busca de su hermano a contarle las buenas noticias, “Hemos hallado al Mesías.”

Pero, Andrés no lo dejó allí, sino que lo trajo con el fin de presentarle al ungido de Dios, al Mesías esperado por Israel. Y esto es lo mismo que ocurre con Felipe en la siguiente narración. Jesús va a su encuentro y de pronto él reconoce quien es Jesús y tiene que ir a buscar a Natanael para avisarle, “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1: 45).

Y la pregunta para nosotros es: qué fue lo que sucedió en ese tiempo que pudieron compartir Andrés y Juan con Jesús y luego con Felipe? Porqué ocurrió ese cambio de percepción?

Bueno, Juan contesta esta pregunta en el capítulo 3 y nos dice que lo que ocurrió en la vida de Andrés, Juan y Felipe fue la acción del Espíritu Santo sobre ellos. Dios el Padre, por medio de Su Espíritu Santo les reveló, por gracia, al Hijo, al esperado y prometido Mesías de Israel. Y cuando ellos le reconocieron se alegraron, se llenaron de gozo y lo único que pudieron hacer fue salir corriendo, con urgencia, a contar lo que les acababa de ser mostrado.

Cuando Jesús le pregunta a Pedro, “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13), Pedro le contesta, “Juan el Bautista, Elías, Jeremías, o alguno de los profetas” (Mt 16: 14). Pero, cuando Jesús le pregunta directamente a él, quien dice Pedro que es Él? Pedro contesta, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16:16). Y qué afirma Jesús de esta declaración? El Señor afirma que esta diferencia en la percepción fue porque Dios el Padre se lo había revelado (Mt 16:17).

Habían hecho Pedro, Andrés, Juan o Felipe algo mejor que los otros hombres para afirmar la verdadera identidad de Jesús? Eran ellos meas inteligentes que los demás? De hecho, ellos eran todo lo contrario, eran pescadores, la clase baja, los que no eran instruidos. Pero, la realidad era que Dios por gracia les había revelado la verdadera identidad de Jesús, y cuando a ellos les fueron abiertos sus ojos espirituales lo único que pudieron hacer fue adorarle, seguirle de todo corazón, y ir a todas las naciones a contar lo que habían visto.

Pues, de igual manera, nosotros los que por gracia hemos creído y a los que Dios nos ha revelado al Hijo, debemos hacer exactamente lo mismo: debemos vivir nuestras vidas para Cristo, en adoración y agradecimiento, y vivir nuestras vidas para ir a todo el mundo a contarle que hemos hallado al Mesías esperado, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

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One Comment leave one →
  1. diciembre 13, 2012 6:45 pm

    Muchas Gracias, como siempre. Esto es una bendición que no te revelo carne ni sangre. La actitud de los hijos que afirman la multiforme gracia de Dios tienen como objetivo darle el 100% de la gloria a Dios. Te bendigo hermano.

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