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Warfield y Juan 3: 16

febrero 25, 2010

Uno de los versículos más abusados de la BIblia es Juan 3: 16. Digo que es abusado precisamente porque cuando un hombre toma un versículo y tuerce su significado para enseñar algo que no está en el texto, eso no es otra cosa que abusar, por decirlo amablemente.

Para muchos creyentes el pasaje es interpretado de la siguiente manera: “De tal manera amó Dios a el mundo, es decir a todos los hombres que han vivido, viven y vivirán, que dio a Su Hijo para que todos aquellos que utilizando su propio libre albedrío crean en Cristo, puedan tener vida eterna.” Sin embargo un análisis no muy profundo de esa interpretación a la luz de la verdad bíblica causa graves daños al caracter de Dios. Dios abre, dicen ellos, tan sólo una puerta para que los hombres puedan ser salvos, pero no puede hacer más ante la soberanía de la voluntad humana. La salvación es determinada por la voluntad del hombre, no por Dios. El hombre es totalmente libre pero la voluntad del Creador del universo está limitada por el hombre. A esta interpretación Warfield, el gran teólogo de Princeton en su libro, “El Salvador del Mundo,” responde,

que todos sabemos que el amor de Dios ha hecho muchos más que eso por innumerables hijos de los hombres, esto es, que no les ha abierto meramente un camino de salvación, sino que de hecho los ha salvado. Y este texto también dice algo al respecto. No se afirma que el amor de Dios al mundo tenga meramente como efecto abrir un camino de salvación para todos y cada uno de los hombres, sino que de hecho salva al mundo” página 85-86

Pero qué dice el autor de este mundo? Más adelante en el libro escribe,

el mundo que Dios amó de tal manera que entregó a Su Hijo por él no es el “mundo” al que amó tan poco como para permitir que aceptara o rechazara al Hijo que así le entregaba, siguiendo los dictados de su rebelde corazón; sino el “mundo” al que amó lo suficiente, tras haber dado a Su Hijo por él, como para luego actuar con su Espíritu vivificador y conducirlo por Su misericordia a la salvación que le ofrecía. En pocas palabras, se trata del mundo de “creyentes,” tal como se les denomina en el versículo siguiente, o tal como se le denomina en otros lugares de la Escritura: el “mundo” de los elegidos de Dios. Fue a estos a quienes desde antes de la fundación del mundo Dios amó con un amor inefable, intenso, constante y duradero, un amor infatigable por la sencilla razón de que era amor, el cual como dice Pablo, se caracteriza porque es sufrido, es benigno; todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta; y por ello no podía estar satisfecho hasta haber alcanzado el objeto de su amor….debemos abstenernos de imponer alguna clase de limitación a este amor, como si fuera incapaz de cumplir lo que se propone. El amor que celebra es, fuera de toda duda, el amor salvador de Dios; y el “mundo” que se declara como objeto de este amor es un “mundo” verdaderamente salvado, no al que meramente se le ofrece la posibilidad de salvarse. Dado que nadie excepto los creyentes- o si preferimos considerarlos sub specie aeternitatis, nadie excepto los elegidos-alcanza la salvación, parece una proposición obvia decir que el amor de Dios aquí celebrado abarca exclusivamente el mundo de los creyentes, o el mundo de los elegidos.” página 87,88

Ahora, porqué un versículo como ese fue tan revolucionario a la audiencia de Cristo hace más de dos mil años? Warfield continúa,

qué puede haber más natural que encontrar el “mundo” planteado en contraste con el exclusivismo judío?…la revolución que se produjo en el pensamiento religioso de hombres como Juan, educados en el exclusivismo judaico y acostumbrados a concebir el Mesías como propiedad particular de Israel, cuando se hizo ver a sus mentes y sus corazones la misión mundial del cristianismo. No cabe duda que, para Juan y otros como él, este universalismo era lo más asombroso del cristianismo. Y la declaración de que de tal manera amó Dos al mundo-que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel-de toda nación, no ya solamente la judía-que en Él cree tenga vida eterna.” página 89

El mundo es entonces, según lo expresa el contexto de Juan 3, aquellos que creen en Cristo, por la fe que han recibido y el arrepentimiento que viene de Dios, luego de que han obtenido la regeneración que sólo puede producir el Espíritu Santo. El amor y la salvación de Dios no fallan en sus propósitos. Si Dios se propuso salvar a los hombres, estos serán salvos. No depende del que corra, sino de Dios, quien elige a aquellos para derramar Su gracia sobre ellos.

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2 comentarios leave one →
  1. Juan C. Feliciano permalink
    noviembre 23, 2013 2:00 pm

    Hola, mi nombre es juan carlos feliciano, y me gustaria k por favor me envie el articulo completo de Juan 3:16 por warfield. Me gusta mucho su explicacion sobre ese pasaje biblico. Si usted tiene el articulo El inmensurable amor de Dios por Warfield, por favor enviemelo. Y envieme todos los comentarios de el sobre Juan 3:16 del libro El salvador del mundo. Muchisima gracias.

  2. diciembre 3, 2013 10:20 pm

    Eduardo, hace un tiempo leí este comentario sobre Juan 3;16 de D.A.Carson, en su libro, “La dificil doctrian del amor de Dios”, que parece diferir un poco con Warfield, lo cito a continuación: “Tanto amó dios al mundo que entregó a su Hjo (juan 3:16). Sé que hay quienes tratan de tomar la palabra kosmos (aquí, mundo) como referencia a los elegidos. Pero la verdad es que eso no encaja. Toda la evidencia del uso de esa palabra en el evangelio de Juan va en contra de esa idea. Es cierto que el mundo en Juan no se refiera tanto a la grandeza como a la maldad. En el vocabulario de Juan, el mundo es en primer lugar el orden moral rebelándose de forma pecaminosa y culpable contra Dios. En Juan 3:16, el amor de Dios al enviar al Señor Jesus es admirable no porque su alcance sea tan grande como el mundo, sino porque se extiende a algo tan maldado. No obstante, en otro lugar, Juan habla de TODO el mundo (1 Juan 2:2) uniendo así la grandeza y la maldad. Lo más importante es que, en la teología de Juan, los discipulos mismos pertenecían anteriormente al mundo pero fueron sacados de él (véase Juan 15:19) A la luz de eso, el amor de Dios al mundo no puede sustituirse por el amor a los elegidos. Aprendemos esa misma lección al analizar muchos pasajes y temas de las Escrituras. Por mucho que Dios juzge con firmeza al mundo, también se presenta como el Dios que invita y ordena a todos los seres humanos a que se arrepientan. Ordena a su pueblo que lleve el evangelio hasta lo último de la tierra proclamándolo a hombres y mujeres por todas partes. A los rebeldes les dice: Vivo yo… que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel? (Ezequiel 33:11).-

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