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El Pecado es Grave

enero 2, 2010

Cuando leemos la historia de Israel en el Antiguo Testamento nos queda claro que menospreciaron la gravedad del pecado. Muy pronto Dios los libertó de la esclavitud en Egipto, y experimentaron Su presencia, se volvieron a los ídolos. Dios les había dado, en Su misericordia, Su Ley, por medio de la cual les mostraba su incapacidad moral y su decadente estado espiritual, esto, cuando se veían en el espejo de la santidad que Dios requería del pueblo al que quería fuera Santo como Él. Además les dio todo un sistema sacrificial mediante el cual pudieran expiar sus propios pecados y así poder acercarse a Él.

Sin embargo, poco a poco el pueblo se fue olvidando de Dios, de Su santidad, de Su Justicia, y se volvieron a sus dioses falsos y a sus profetas, los cuales no penalizaban ni hablaban en contra del pecado del pueblo. El pecado no era algo tan grave! Porqué? Porque eran dioses falsos a los cuales se había vuelto. Estos ídolos no eran santos, sino que eran una reflexión y creación de sus propias mentes, y por lo tanto eran tan perversos como ellos mismos. Esos dioses no eran más que hombres deificados.

Los profetas de estos dioses no creían en el pecado, ni predicaban en su contra. Sus ídolos no necesitaban perfeta santidad. Pero, aún así, viendo tal infidelidad de Su pueblo, les envió profetas verdaderos que predicaron en contra de la idolatría y el pecado de Israel, y en contra de sus falsos profetas. Israel había desecrado el sistema sacrificial ocupándose de una religión externa y no de un cambio radical en su corazón. Para ellos, tanto la esclavitud en Egipto como en Babilonia eran su mayor problema.

Cuando Cristo llegó a Galilea predicando arrepentimiento y en contra del pecado, los judíos no podían comprender el mensaje. Ellos no necesitaban ser libertados del pecado, sino de Roma. Ese era-según ellos-su principal problema. Nunca se vieron como esclavos de un enemigo mayor que Roma. Esto es evidente en una de las cnversaciones entre Cristo y los fariseos. En Juan 8 leemos lo siguiente,

Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” Juan 8: 33-34

Cristo vino predicando una verdad dura para los hombres: Son todos pecadores! Tal era la gravedad de esta afirmación que Jesús dijo que nadie en ese estado podía entrar en el reino de Dios. Nadie podía ser salvo de la ira de Dios mientras permaneciese en ese estado. Los mismos apóstoles habían malentendido la misión de Cristo en la tierra. Para ellos el Señor les iba a libertar de la opresión romana. La entrada triunfal a Jerusalén es una señal de la celebración previa a la supuesta caída del Imperio Romano que según los judíos vendría por manos de Jesucristo.

Es así como vemos a Mateo en su evangelio escribir lo siguiente: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 21). En la entrada anterior hablé un poco sobre otra perspectiva de esta afirmación, pero deseo mostrar otro error dentro del evangelicalismo actual.

Para nadie es un secreto que la gran mayoría de nuestras iglesias no predican todo el consejo de Dios. Se ha olvidado el pecado, la Santidad de Dios, Su Justicia, Su ira, etc. Todas estas doctrinas han sido aborrecidas en las últimas décadas en muchísimos púlpitos de nuestra América Latina. La necesidad de enriquecerse hace que la predicación en contra del pecado sea cada vez más ajeno al pensamiento evangélico. A tal punto que muchos creyentes piensas de la misma manera que pensaban los fariseos y judíos en tiempos de Jesús. “Nuestro principal problema no es el pecado“, dicen ellos, “sino…” Insértese allí: pobreza, hambre, falta de éxito, no tener un TV de plasma de 51 pulgadas, no tener un Wii, etc.

Los creyentes de hoy en día no conocen la Santidad de Dios ni la gravedad del pecado. Han sido engañados por tantos años que creen que lo único que les hace falta para ser completamente felices es Cristo. Esta es la gran mentira predicada en muchos púlpitos. El hombre no está casi completo, sino que desde el punto de vista bíblico, está desprovisto de todo aquello que se requiere para estar en comunión y en paz con Dios. El hombre sin Cristo está bajo la ira de Dios por su pecado. Así de grave es el pecado! Tal como lo había olvidado Israel, los creyentes hoy día se han olvidado de la maldad de su pecado, y no logran ver el castigo que merecen.Pero, peor aún, tal como en la antiguedad, los falsos profetas continúan engañando al pueblo de Dios haciéndole creer que el pecado no es tan grave. Jeremías  profetizó contra el grave estado en el que se encontraba Judá, y escribió lo siguiente,

9 A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras. 10 Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta. 11 Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová. 12 Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová. 13 En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel. 14 Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.” Jeremías 23: 9-14

El estado de la iglesia actual no debe de impresionarnos, pues conocemos que se han despreciado las doctrinas bíblicas. Se ha despreciado el evangelio de Cristo y se ha cambiado por un falso evangelio sin poder. La iglesia debe saber que Cristo vino a salvar a Su pueblo de sus pecados. El peor enemigo del hombre no es la pobreaza, ni la contaminación ambiental, sino el pecado. Si el pecado es quitado de nuestras predicaciones, los hombres no podrán ver la gloria del evangelio de Cristo. Seamos fieles hasta el final y prediquemos todo el consejo de Dios.

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