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La Historia Gloriosa

noviembre 4, 2009

Muchos podrían pensar que me estoy refiriendo al evangelio, sin embargo siento desilusionarlos. Con este título me estoy refiriendo a un síntoma del evangelicalismo actual.

Como bien han puntualizado muchos teólogos, el evangelicalismo actual ha sucumbido a las herejías del pasado. El pelagianismo está tan inmerso dentro de la iglesia que pareciera que ya no hay nadie que esté libre de su filosofía. Lo mismo podríamos decir del gnosticismo.

Ambas, el gnosticismo y pelagianismo, son doctrinas que fueron condenadas por la iglesia del pasado como herejías. Pero, porqué afirmo que son parte del pensamiento de muchos que dicen ser evangélicos?

Primero, el gnosticismo era un sistema religioso que quiso mezclar el cristianismo con las filosofías griegas con respecto a la gnosis (conocimiento). Los líderes de este movimiento suponían que todos los hombres tenían algo divino dentro de ellos y que ese espíritu divino estaba atrapado en un mundo material que era maligno, el cual fue creado por un dios malo llamado Yahweh. Lo que pretendían era volver a lo que era espiritual. Es decir, si el mundo material era perverso, entonces debían volver a la divinidad que estaba dentro de ellos. Cómo lo lograban? Alcanzando el conocimiento. La Biblia, la iglesia, los credos, etc, todo era innecesario para poder alcanzar la meta. Lo que se requería era una mente especial para poder alcanzar la ciencia.

El pelagianismo afirmaba que el hombre nacía en un estado de pureza en el cual no había mancha alguna. El hombre aprendía de su entorno a hacer el bien o el mal. El pecado no era parte del hombre, sino que era algo que se aprendía. Capacitado con la posibilidad de hacer el bien o el mal, el hombre, decía Pelagio, era capaz de llegar a la perfección espiritual.

La historia demuestra que ambas enseñanzas fueron condenadas por la iglesia como herejías. Porqué? Porque ambas negaban las verdades bíblicas necesarias para la salvación de los hombres. Sin embargo, el pelagianismo no se fue. Esta doctrina fue suavizada por los teólogos de la Edad Media y se llegó a una doctrina semi-pelagiana. Esta es la doctrina de la iglesia católica romana con respecto a la capacidad humana con respecto a su salvación. Los romanistas argumentaban básicamente que verdaderamente el hombre era un pecador y que era esclavo del mal, sin embargo, tenía la capacidad por sí mismo de buscar a Dios para salvación.

A pesar de ser otra herejía, el semi-pelagianismo, o una forma de ella, ha sido adoptada por la iglesia. Cuántos creyentes afirman que el hombre tiene la capacidad de colaborar con Dios para su salvación? Cuántos de ustedes tienen conocidos o familiares que dicen, sin saberlo, ser sinergistas? La mayoría.

El problema con estas doctrinas es que no están basadas en las verdades que Dios nos ha revelado acerca de la naturaleza humana, sino que se han originado en la mente humana. Todos los hombres tienen una religión, y esta religión es el humanismo. Todos los hombres, desde los más jóvenes hasta los más viejos, exceptuando a los que han sido regenerados por el Espíritu Santo y han visto la verdad del evangelio, son humanistas. Ellos creen que el hombre es el centro del universo y que tiene la capacidad de hacer lo que le venga en gana.

Nadie, ni siquiera Dios tiene la potestad de inmiscuirse en las decisiones de los hombres. Dios como Creador y soberano no tiene el derecho de hacer con su creación lo que a Él le plazca (ver Daniel 4: 35). Dios le dio a todos los hombres una voluntad o libre albedrío con el cual los hombres pueden escoger amarle o rechazarle. Esto no es menos que pelagianismo. Al fin de cuentas el hombre no es tan malo como para no poder buscar a Dios (ver Salmo 53; Romanos 3: 9-12).

Y esto es muy triste. Ver a una iglesia sumida en este tipo de errores doctrinales es terrible. Pero son embargo vemos a líderes dentro de la iglesia protestante enseñar falsas doctrinas que denigran y blasfeman contra el evangelio de Cristo que ellos mismos dicen amar.

No quiero sonar muy duro, pero cuando escucho enseñanzas de personas que dicen ser creyentes como ésta, me da mucha pena, no por los supuestos maestros, sino por los oyentes. Todo aquel que dice ser portavoz del evangelio debe saber a la perfección lo que debe enseñar, y cuando no lo hace el castigo no tarda. La misión de un maestro es enseñar a los hombres la verdad de Dios.

Cuál fue el problema que encontré en ese estudio bíblico? La mujer detrás de la enseñanza es un reflejo de la ignorancia evangélica contemporánea. En la actualidad los protestantes creen que la Biblia es un libro de reglas para seguir por aquellos que dicen ser seguidores de Cristo. En lugar de ser un libro que cuenta con un mensaje central, el evangelio.

Cristo ya no es aquel que se nos cuenta en la Biblia, es decir, Dios encarnado venido a la tierra para cumplir la perfecta y justa Ley de Dios y morir en la cruz sobrellevando la ira de Dios por los pecados de un pueblo que le fue entregado en Sus manos por el Padre. Ahora, el Cristo del evangelicalismo es un mero ejemplo a seguir. Ya no es la respuesta, el camino, la verdad, ni la vida. Sino el ejemplo que cada creyente debe seguir para construir su propia historia gloriosa.

Entonces, esta historia gloriosa no es el evangelio, sino la enseñanza dentro de muchísimas iglesias que dicen ser protestantes. Cada hombre puede construir su propia historia gloriosa utilizando sus capacidades, supuestamente naturales, para tener fe en Cristo y ser santificados siguiendo al pie de la letra las reglas dictadas en la Biblia.

En el estudio bíblico al que me he referido escuchamos a esta mujer enseñando acerca del primer mandamiento. Es notable que ella afirma que hace unos meses se dio cuenta que no estaba amando a Dios con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con todo su ser. A pesar de todas las cosas que Dios le había dado, como su carro, casa, viajes, etc, ella no le amaba a Dios como Él lo quería. Ella se dio cuenta que ella era el centro de su vida.

Todo su mensaje fue dado para llegar a la única aplicación para sus oyentes: Deben amar a Dios con todo su corazón. Ahora, pregunto: Es este el evangelio? Si logran esuchar a todo el mensaje, pregúntense esto: Fue el evangelio predicado en esa reunión? La respuesta es no!

Y el problema al que quiero llegar es que para un creyente es muy fácil llegar hasta ese punto. Todos somos legalistas por naturaleza. Todos los hombres como humanistas que somos tendemos a creer que debemos seguir ciertas reglas o leyes para ser, por nuestros propios medios, mejores personas y así adquirir una mejor vida después de la muerte.

Porqué es que esta mujer cae en este error? La simple respuesta es: ignorancia. La ignorancia es un gran enemigo del cristianismo. Así es como las herejías del pasado que están tan arraigadas al corazón de los hombres florecen de nuevo. Quiero asumir que esta ignorancia es por mera ingenuidad.

Muchos pastores enseñan que la ley de Dios fue dada a Moisés para que los israelitas las siguieran al pie de la letra. Si la cumplían entonces heredarían las promesas de Dios, pero si no lo hacían, entonces, morirían. Pero, no es esto lo que nos enseña la Biblia? (ver Deuteronomio y Levítico).

Lamento decirles que esto no fue así. La Ley de Dios no fue dada con esa intención. La Biblia nos dice que Dios le dio una Ley a Adán (ver Génesis) y éste la quebrantó. Esto le produjo la muerte. Cuál muerte? Física? No. Adán ciertamente moriría algún día (de edad de casi mil años), pero su muerto no fue sino espiritual. Adán, al pecar en contra de Dios, murió espiritualmente. Se vendió voluntariamente en esclavitud al pecado (Juan 8: 34). Y así sumió a toda su descendencia en esa misma esclavitud (ver Romanos 5). Es por ello que la Biblia dice que todos los hombres pecan (1 Reyes 8: 46), que están muertos espiritualmente (Efesios 2: 1-3), y que por lo tanto son enemigos del Dios Viviente (Romanos 5: 10).

Ustedes creen que Dios no sabía este estado espiritual del hombre? No dice Dios que el vio desde los cielos buscando tan sólo un justo, y no pudo encontrarlo (Salmo 53 y Génesis 6)? Si Dios sabía que el hombre era incapaz de obedecer sus leyes a la perfección por ser un cadáver espiritual, cómo entonces iba a dar una ley que debía ser cumplida?

La respuesta es que no fue esa la intención de la Ley. Es más, la Biblia dice que la Ley de Dios fue grabada por el mismo en el corazón de todos los hombres (ver Romanos 2). La intención de Dios al dar Su santa Ley a Israel fue la de mostrarles que Él era Su Rey y soberano. Cuando un rey tomaba a un pueblo como su vasallo, le dictaba una ley, para que supieran que ese pueblo era ahora suyo.

Dios, entonces les muestra Su carácter. Dios es Santo, Justo, Perfecto. Y así lo es Su Ley. Ella refleja el carácter divino. Pero es un error creer que Dios esperaba que  los israelitas debían obedecer esa ley. Él sabía perfectamente el verdadero estado espiritual de los israelitas. Se podía decir de ellos que, “no hay justo, ni aún uno.” (ver Salmo 53: 1-4, Romanos 3: 9-12).

Entonces, sabiendo esto, con que otro fin quiso Dios dar Su Ley? La Biblia dice que la ley es un ayo. Cómo así? Pablo le escribe a los gálatas lo siguiente, “De manera que la ley ha sido nuestro tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe” (Gálatas 3: 24). La palabra en griego que se traduce tutor o ayo es παιδαγωγός (paidagōgos). Esa es la misma palabra de donde obtenemos nosotros pedagogía, la cual en ese contexto quiere decir “ayo; alguien que le enseña a otro; o que le cuida con enseñanzas.”

Ese era el propósito de la Ley, esto es, guiar a los hombres a Cristo. Alguien puede preguntar: Pero, si Cristo no había nacido para la época en la que fue dada la Ley a Moisés? Ciertamente! Pero ya Cristo había sido predicado, primero por Dios mismo en el protoevangelio (ver Génesis 3: 15); y luego a través de muchas sombras. Los israelitas conocían la promesa que Dios le había dado a Abraham acerca de un descendiente que bendeciría a todas las naciones.

Dios no podía dar otra Ley. No podía adaptarla a la pecaminosidad del hombre. Aún sabiendo la incapacidad espiritual humana, Él no podía bajar los requerimientos de la Ley. Porqué? Porque esa Ley reflejaba lo que Él era. La Ley mostraba a los israelitas el carácter verdadero de Dios. La Ley no tenía el sentido de mero requerimientos u obligaciones que los hombres debieran cumplir, sino que le mostraba a Israel lo lejos que estaban de ese Dios tres veces Santo. Si Dios era perfecto, ellos eran imperfectos. Si Dios era infinitamente Santo, ellos eran pecadores, malignos, depravados. Si Dios era Justo, ellos eran totalmente injustos.

Dios quería que ellos se vieran en ese espejo que Dios les dio. Dios, conociendo la depravación espiritual de los hombres, incluyendo a los israelitas, sabía la tendencia que existe de compararnos con otros hombres. Es decir, cuando yo me comparo con Hitler podría decir que no soy tan malo. Pero cuando me comparo con la medida de Dios, estoy totalmente perdido. La Ley era y es un espejo. En él Dios pretende que los hombres se vean a sí mismos y reaccionen.

Cuando un hombre mira la Ley lo único que debe sentir es desesperación. Dios dijo que aquellos que estuvieran lejos de ese estándar serían condenados al infierno. Cuál hombre que haya nacido de un hombre y una mujer ha podido cumplir esa Ley divina? Absolutamente nadie. Cuál es la respuesta correcta a la Ley? Terror!

La Ley no puede servir para justificar a nadie, no porque ésta sea mala, sino porque el hombre tiene un corazón de piedra, y por estar muerto espiritualmente no puede cumplirla a la perfección. Entonces, qué es lo que salvará a un hombre de la ira de Dios? El mismo Pablo, en su epístola a los gálatas les dice que la ley sirve como, “tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe.”

Si un hombre va a entrar en la presencia de Dios debe ser perfectamente justo. Pero, si ningún hombre puede obtener la justicia manteniendo la Ley, entonces esta justicia puede ser adquirida únicamente por la fe. Fe en quién? En Jesucristo. Él es el único que pudo cumplir la ley a la perfección. Sólo Él amó a Dios con todo Su corazón, y con toda Su mente, y con todas Sus fuerzas, y con toda Su alma. Y sólo Él podía sufrir la copa de la ira de Dios por los pecados de un hombre. Cómo lo demostró? Resucitando. La muerte no lo pudo retener. Es por ello que Pablo escribe a los Corintios,

Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él.” 2 Corintios 5: 21

Esta es la doctrina de la expiación sustitutiva de Cristo. Dios le imputó a Él nuestros pecados, y Dios nos imputó Su perfecta justicia. Cómo? Por medio de la fe (ver Romanos 3: 23-26). Sólo así puede un hombre ser salvo y adquirir la justicia que Dios requiere. Al final no es nuestra justicia, sino la justicia de Cristo.

La Ley nos lleva a Cristo. Pero, entonces, porqué la mujer que enseñó el estudio bíblico falló? Falló porque desconoce la esencia del evangelio. El evangelio es una noticia en la cual conocemos que a pesar de ser pecadores y estar aislados de Dios por nuestras transgresiones a Su Ley, Cristo vino a la tierra a vivir esa Ley y a cumplirla a la perfección, para que aquellos que creerían en Él pudieran obtener esa justicia requerida por Dios. Para ello, vivió, murió, y resucitó como fue predicado por los apóstoles. Ese es el evangelio.

Debido a que nosotros, ni aún habiendo sido regenerados, podemos amar a Dios de la manera en la que Él lo requiere, Cristo lo hizo por nosotros, y murió por ese pecado tan grave.

Pero, lastimosamente, como lo vemos en el audio de ese estudio bíblico, se quedó en legalismo/moralismo, y nunca se enseñó el evangelio. Y antes de que alguien me malinterprete, quiero decir que esto no es caer en antinomianismo. El evangelio nos libera. A qué? A obedecer la Ley de Dios, ya no con un corazón de piedra que es incapaz de obedecerle y de sujetarse a esa Ley, sino que el evangelio nos libera a causa de habérsenos dado un corazón de carne el cual es capaz, a causa de que Dios nos amó primero, de amar, obedecerle, y sujetarse a Su Ley. El verdadero creyente ama la Ley de Dios. No la puede cumplir por sí mismo, sino que ya la cumplió en Cristo. Él lo hizo por nosotros. Ya no nos desesperamos, sino que podemos dar toda nuestra vida al servicio de Dios sabiendo que en Su Hijo hemos sido justificados.

El creyente ya no debe buscar la justificación cumpliendo la Ley, sino que si está en Cristo mediante la fe, ya la ha obtenido. Como los liberales del pasado y de la postmodernidad, esta maestra, ha errado al convertir el evangelio en moralismos ó imperativos, para usar las palabras de J. Gresham Machen. Los liberales creen haber dejado el legalismo del pasado, pero se han convertido en los fariseos de la actualidad. Machen escribió en contra de los liberales y dijo,

“Aquí está la diferencia fundamental entre el liberalismo y el Cristianismo-el liberalismo es de un tono imperativo, mientras que el Cristianismo inicia con un indicativo triunfante. El liberalismo apela a la voluntad humana, mientras el Cristianismo anuncia, primero, un acto de gracia de Dios…El liberalismo mira a Cristo como un ejemplo y guía; el Cristianismo como un Salvador. El liberalismo hace de Él un ejemplo para la fe; el Cristianismo, el objeto de la fe. El liberalismo procede de la base de la experiencia religiosa, mientras que el Cristianismo está atento a la Palabra de Dios, que nos llega desde afuera.” Christianity and Liberalism. Página 47.

El peor error en el que ha caído la iglesia es confundir el evangelio con la ley.  Como esta mujer del estudio bíblico, su medida no es la Biblia, sino su propia experiencia personal, como muy claro lo dejó al inicio de su grabación.

El evangelio no es necesario solamente para los inconversos, sino que los creyentes lo necesitan todos los días, pues este es el medio por el cual vivimos y nos movemos a cada segundo de nuestras vidas. Es sólo sabiendo que Cristo cumplió la Ley de Dios en nuestro favor, como podemos ser libres para cumplir y sujetarnos a esa Ley.

Lastimosamente estos oyentes se quedaron sin escuchar el evangelio y fueron enseñados el viejo fariseísmo. Cuando se den cuenta que son incapaces de amar a Dios de la manera en que Él lo requiere, entonces, o le querrán amar a su propia manera, o se desesperarán. Pero si la Ley lo que quiere es desesperar a los hombres, como serán salvos si no escucharon el evangelio?

Olvidemos entonces querer hacer una historia gloriosa por nuestra cuenta y por nuestras propias fuerzas. Eso sólo trae muerte y desesperación. La historia gloriosa ya ocurrió, hace más de dos mil años, en Cristo Jesús. Confiemos en Él, poderoso para salvar. Prediquemos el evangelio de Cristo.

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2 comentarios leave one →
  1. Rodemil permalink
    noviembre 4, 2009 9:42 pm

    Que triste, mientras hacia otras cosas, escuche el audio, era el evangelio según Erich Fromm, que como sabemos no es el que trajo Jesucristo, esta entrada es un sermon.

  2. Rodemil permalink
    noviembre 6, 2009 1:48 pm

    Eduardo, es tan sutil la manera en que se tuerce el evangelio, que es tan facil errar, si uno no esta bien apercibido, estas enseñanzas pasan de contrabando. Uno piensa que los fariseos se acabaron, pero es evidente que no. hay una ditinción tan sutil, como aquella que muestras en la cita, “…El liberalismo hace de Él un ejemplo para la fe; el Cristianismo, el objeto de la fe…”, tan sutil, pero tan gruesa a la hora de las consecuencias, como que en una estas en el camino ancho y por otra en el saludable camino angosto. Como de notorio habra sido para Pablo, cuando DIos lo trajo a su Camino y por tanto dejo de ser fariseo.
    En cuanto a lo que señalas a la experiencia personal, entiendo a que, en definitiva, te refieres a que dicha experiencia debe someterse a la revelado en la Biblia, pues entiendo que no se puede ser cristiano sin
    tener la experiencia, por ejemplo de un nuevo nacimiento o regeneración, pues es algo tan radical, que sobre pasa lo natural, y claro, este tipo de enseñanzas que se escuchan en el audio, ni se asoman a ver lo que dice la Biblia, en cuanto a la posición de Dios y al estado del hombre, de alguna manera con aquella autojustificación que implicitamente promueve dicha enseñanza, se ve una manifestación de los efectos de la caída, el hombre quiere ser como Dios, por tanto autojustificarse de manera absoluta, soberana e independiente de Otro, para nosotros bendito Otro. gracias por tu enseñanza, he sido muy edificado con ella, y como ves me ha hecho meditar, gracias, Bendiciones y cariños desde Chile.

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