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El Testamento de Juan Calvino

febrero 13, 2009

Al final de su vida, Calvino escribe,

“En nombre de Dios, Yo, Juan Calvino, servidor de la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, debilitado por muchas enfermedades…, doy gracias a Dios; porque no solamente se ha compadecido de mí, su pobre criatura… y me ha soportado con todos mis pecados y debilidades, sino también porque Él, muy por encima de todo ello, me ha otorgado la gracia de poder servirle mediante mi trabajo… Declaro con la fe que Él me ha concedido que deseo vivir y morir en dicha fe, en tanto no tengo otra esperanza ni otro refugio que la elección de su Gracia, sobre la cual está fundada toda mi salvación, y que no dependo de nada más para la salvación que la libre elección que Él ha hecho de mí. De todo corazón abrazo Su misericordia, por medio de la cual todos mis pecados quedan cubiertos, por causa de Cristo, y por causa de Su muerte y padecimientos.

Me atengo enteramente a la gracia que Él me ha dispuesto en nuestro Señor Jesucristo y acepto los méritos de los padecimientos y muerte de Cristo, por los cuales todos mis pecados son sepultados. Y ruego a Dios humildemente me lave y purifique con la sangre de nuestro sublime Redentor, derramada por todos los pobres pecadores, a fin de que cuando esté en su presencia pueda ostentar su imagen.

Declaro a continuación que conforme a la medida de su gracia que Él me ha concedido, me he esforzado en enseñar su Palabra puramente y en interpretar las Sagradas Escrituras con toda fidelidad. Según la medida de la gracia que me ha sido dada, he enseñado esta Palabra pura y sencilla, mediante sermones, acciones y exposiciones de esta Escritura.

En todas las luchas que contra los enemigos de la verdad he llevado a cabo no me he valido de astucias ni sofisticaciones, sino que he luchado la buena batalla de manera frontal y directa. Sin embargo, mí voluntad y mi celo han sido tan fríos y negligentes que reconozco mi culpabilidad. Sin la infinita bondad de Dios vanas hubieran sido todas mis ardientes aspiraciones e incluso la misma gracia que Él me otorgó contribuiría a hacerme aún más culpable.

Mi única esperanza, pues, queda puesta en Él es el Padre de la misericordia, el cual querrá concedérsela al pobre y miserable como lo soy yo.

Por lo demás, quisiera que después de mi partida sea mi glorioso cuerpo sepultado como es costumbre y esperando el día glorioso de la resurrección.” [1]

__________________________________

[1] John Wherly. Martín Lutero y Juan Calvino: Su obra en la Iglesia Evangélica de hoy.

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4 comentarios leave one →
  1. mispergaminos permalink
    febrero 13, 2009 12:41 pm

    Todo el que ame la palabra de Dios debiera tener en su oficina un retrato de Juan Calvino. Si en la resurrección persiste la costumbre humana del ósculo santo, inclinado besaré las manos de este expositor bíblico, y me sentaré contento sobre una nube de gloria para escucharlo hablar de la elección por gracia, de las profundidades de la sabiduría de Dios, de los misterios de la predestinación, del llamamiento eficaz y otras enseñanzas, por unos cinco mil años.

  2. febrero 16, 2009 1:16 am

    YO MEJOR ME SENTARE (AL IGUAL QUE COMO CALVINO SEGURAMENTE LO HARA) A LOS PIES DE JESUCRISTO QUIEN ES POR SIEMPRE EXALTADO.

  3. febrero 19, 2009 5:28 pm

    Eduardo,

    Es el 14 de abril de 1564 cuando Calvino redacta este testamento, a casi un mes de su muerte (27 de mayo). Por favor, permíteme utilizar esta entrada para mi blog.

    Saludos,
    I. Daniel

  4. Debora permalink
    agosto 23, 2010 12:18 pm

    jajaj q buen comentario el segundo. Pero es cierto. Calvino nunca buscó una gloria para el, sino para JESUCRISTO. De ahí nuestro error, seguimos siguiendo hombres en vez de seguir a Cristo. La enseñanza que me queda de Calvino es qe a quien debo aferrarme es a Cristo y a su Palabra, no a los hombres…entonces..porq esperar sentarme a los pies de Calvino, si el lo único qe hizo fue recibir la revelación de la gracia de Dios en Cristo Jesús, qe está disponible para todos???
    Quiero vivir en esa gracia y conocer cada día a ese Dios que a través de su palabra quiere revelarse a mí… no a otros hombres y la revelación q ellos recibieron…

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