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El Apóstol Juan y las Doctrinas de la Gracia-Parte V

junio 20, 2008

Estamos llegando al final de la serie acerca de las doctrinas de la gracia enseñadas en el evangelio de Juan, y cuando llegamos a la Perseverancia de los Santos, nos damos cuenta que esta es una doctrina bellísima. El saber que el cristiano que inicia su vida como creyente la culminará, le brinda gran alegría a su corazón. Charles H. Spurgeon escribió,

“Él vive, Él vive para interceder, pero ¿cómo puedo honrar Su intercesión, si es infructífera? ¿Acaso no ora: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo”; y si no fueran llevados finalmente a estar con Él donde Él está, ¿dónde estaría el honor de Su intercesión? ¿Acaso no habría fallado el Intercesor, y el Mediador habría sido despachado sin éxito? ¿Acaso no está unido en este día con Su pueblo? Pero, ¿cuál sería el valor de la unión con Cristo, si esa unión no asegurara la salvación? ¿Acaso no está hoy a la diestra de Dios, preparando un lugar para Sus santos, y les prepararía un lugar para luego perderlos en el camino? ¡Oh!, ¿sería posible que Él consiga el arpa y la corona, y no salve almas para usarlas con ellas? Hermanos míos, si pereciera un verdadero hijo de Dios, sería tal deshonra para Jesús, que no puedo pensar en ello sin considerarlo una blasfemia. ¡Un verdadero creyente en el infierno! ¡Oh!, cuánta risa habría en el infierno: ¡qué desafío, qué júbilo tan impío! “¡Ah!, Príncipe de la vida y de la gloria”, -dice el príncipe del abismo- “te he derrotado; he arrebatado la presa de manos del fuerte, y he liberado al cautivo legal; he quitado una joya de tu corona. ¡Mira, aquí está! Tú redimiste a esta alma con sangre y sin embargo está en el infierno.” Oye lo que grita Satanás: “Cristo sufrió por esta alma, y sin embargo, la hace sufrir a ella misma. ¿Dónde está la justicia de Dios? Cristo bajó del cielo a la tierra para salvar a esta alma, y falló en el intento, y yo la tengo aquí”; y conforme sumerge a esa alma en olas más profundas de dolor, el grito del triunfo se elevaría más y más blasfemamente: “¡Hemos conquistado el cielo! Hemos rasgado el eterno pacto; hemos frustrado los propósitos de Dios; hemos derrotado Su decreto; hemos triunfado sobre el poder del Mediador, y hemos tirado Su sangre al suelo!” ¿Sucedería algo así jamás? ¡Atroz pregunta! Eso no podría suceder nunca. Aquellos que están en Cristo son salvos. Aquellos a los que Jesucristo ha tomado realmente en unión Consigo mismo, estarán con Él donde Él está. Pero, ¿cómo podrías saber si estás en unión con Cristo? Hermanos míos, sólo podrían saberlo obedeciendo las palabras del apóstol: “Tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección.” [1]

Qué tan bueno sería ser elegido por el Padre, si al final una persona puede perderse? Qué tan bueno sería ser redimido por el Hijo si al final alguien podría ser condenado? Qué tan bueno sería ser eficazmente llamado si al final una persona podría caer? Estas verdades de las doctrinas de la gracia son preciosas sólo si al final uno está eternamente seguro en Cristo.

Definición:

La perseverancia de los santos quiere decir que todos aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo serán guardados por el poder de Dios y perseverarán como Cristianos hasta el final de sus vidas, y que sólo aquellos que perseveran hasta el final han nacido de nuevo [2]. Veamos los pasajes en el evangelio de Juan que nos enseñan esta verdad.

1. Juan 3:15

“para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Lo que vemos en este pasaje es que en el momento en que una persona cree, recibe vida eterna. Veamos el tiempo verbal, “tenga.” Es algo que ocurre con certeza. Lo que Cristo nos dice es que en el momento de la regeneración o del nuevo nacimiento, una persona tiene vida eterna.

2. Juan 3:16

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Ya hemos analizado antes este verso, y como hemos aprendido, lo que dice es que todos aquellos que están creyendo, no se pierden, sino que tendrán vida eterna.

3. Juan 4: 13-14

“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Vemos en este pasaje que la satisfacción que obtiene un creyente es eterna, lo que implica que el creyente estará eternamente bajo la gracia de Dios. A. W. Pink escribe lo siguiente,

“Aquí el Señor habla de acuerdo a lo entero del regalo dado: del gozo en él, que es condicionado por la manera en la que la fe nos mantiene en comunión con el Dador. Nunca tendrán sed denta satisfacción. No tendrán sed argumenta la eterna seguridad del receptor. Si es cierto que el creyente puede perder la salvación, este verso no sería verdadero, pues todas las almas perdidas tendrán sed, eterna sed en el infierno. Este regalo es una presente posesión, impartida por gracia, y es algo dentro del creyente.” [3]

4. Juan 5: 24

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Veamos, de nuevo, el tiempo verbal que aplica Cristo a este pasaje. Esta es la mejor noticia que ha recibido un creyente. Dios nos ha salvado de Él mismo, de Su juicio, de Su ira, de Su condenación. Es lo mismo que Cristo dice unos capítulos más atrás: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18).

5. Juan 6: 39

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Todo lo que Él le ha dado al Hijo, ni más, ni menos, no se perderá. Si alguna oveja se llegara a perder, sería un juicio contra el pastor, y por lo tanto no sería el “buen pastor.” Pero Jesús dice: “no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” No se trata de que nosotros nos sujetemos a Cristo, sino de que Cristo nos sujete a nosotros en Sus manos. Y la verdad es que Él nos tiene en Sus manos, y nunca nos dejará caer.

6. Juan 6: 40

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Es Jesús mismo, sin involucrar ángeles, ni otros poderes, sino Cristo mismo quien los levanta en el día postrero. Es lo mismo que dice en otros pasajes del mismo capítulo 6 (Juan 6:44, 54).

7. Juan 6: 51

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Qué es lo que nos enseña Cristo? Que el que cree vivirá junto a Dios eternamente, gozando de la comunión con Él. Sólo aquellos que hayan recibido el regalo de la fe para creer en Cristo (Efesios 2:8), tendrán vida eterna.

8. Juan 10: 27-28

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”

Más claro que esto no puede estar. Algien tiene que ser más poderoso, más grande, para poder abrir la mano de Cristo y robar una de Sus ovejas. Pero Jesús dice que Sus ovejas están totalmente seguras, y fuera de peligro de la condenación. En este capítulo vemos una doble protección sobre el creyente. Primero, la mano de Cristo, y luego en el verso 29, la mano del Padre. Alguien tendría que sobreponer el poder de la Trinidad para poder lograr la condenación de un creyente.

9. Juan 11: 25

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”

Cristo es la vida, y por lo tanto, el creyente nunca estará más vivo que cuando está a punto de morir. Cristo nos enseña que aquel que cree en Cristo no se puede perder, ni ser condenado, pues vivirá. Cómo? Cristo le dará vida.

10. Juan 14: 16-17

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”

En el momento en que una persona es regenerada, el Espíritu Santo viene y habita en el corazón de esa persona para siempre. Es el Espíritu Santo el que nos mantiene en un estado de gracia y nos previene caer y perecer eternamente, preservando lo que el Padre inició, como dice Pablo,

“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6

11. Juan 17: 12,20,24

“Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.”

Cristo inicia orando por sus discípulos, y para que nadie llegara a pensar en que la caída de Judas fue algo que se salió del control de Dios, o que fuera un error de Cristo, nos dice que eso estaba planeado desde el principio. Pero luego Cristo va más allá, y habla de nosotros, los creyentes además de los discípulos, que hemos existido a través de todas las eras. Cristo dice,

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” Juan 17:20

En el verso 24 hablando de todos los elegidos del Padre, no sólo los discípulos, sino todos, Cristo dice que los llevará al cielo, donde Él habita eternamente. El pasaje dice,

“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.”

Recordemos que el Padre escucha todas las oraciones de Cristo, y las concede. Todo esto para qué? Para que Sus elegidos vean la gloria de Cristo.

Esta verdad, las doctrinas de la gracia, no fueron inventadas por los reformadores, pues el mismo Jesús las enseñó y fueron expuestas por el apóstol Juan en sus escritos. Espero que podamos ver la gloria de estas enseñanzas., y que sean de bendición para sus vidas.

____________________________________________

[1] Charles Haddon Spurgeon. Perseverando hasta el fin.

[2] Wayne Grudem. Systematic Theology. Página 788.

[3] A. W. Pink. Exposition of the Gospel of John. Capítulo 13.

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