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Romanos 12: 1-8

November 6, 2007

Qué quiere decir “ser salvo”?…Las miserias de las cuales, aquellos que serán salvos, son rescatados son espantosas; no son más que el pecado, la maldición de Dios, y las llamas del infierno por la eternidad. Qué más abominable que el pecado? Qué más insoportable que la terrible ira del temible Dios? Y qué más temerosos que el fozo interminable del infierno? Digo, qué más temible que ser atormentado ahí eternamente con el diablo y sus ángeles? Ahora, “salvar”, de acuerdo a mi texto, es rescatar al pecador de estos, y todo a lo que estos conllevan. Y a pesar de que los pecadores puedan pensar que no es importante contestar esta pregunta, debo decirles que no existe un hombre, que pueda saber exactamente lo que significa ser salvo, que conozca no experimentalmente algo de lo terrible de estas tres cosas, como es evidente, porque todos los demás, hacen aún en sus prácticas como si no fuera algo de importancia, cuando debe ser lo más imprtante entre los hombres; “Porque, qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).” John Bunyan. Saved by Grace. 1678.

Pablo nos ha enseñado hasta ahora gran cantidad de cosas importantes para nuestra vida como cristianos. Pero lo meas importante en la mente de Pablo para nosotros es: la SOBERANIA de Dios. Hemos aprendido como, por la gracia de Dios, ese regalo que NO merecemos, hemos sido rescatados del pecado y de la muerte. Hemos visto como el poder de Dios nos ha quitado el vendaje que teníamos puesto sobre nuestros ojos para ver la verdad. Cuál es esa verdad? Que todos y cada uno de nosotros estabamos muertos en nuestros pecados, en constante rebelión contra Dios, el Creador de todas las cosas; habiéndo cambiado la gloria de Dios por la de las cosas creadas, y por lo cual teníamos la ira de Dios puesta sobre nosotros.

Dios nos ha rescatado de Su ira. Y lo hizo enviando a Cristo, Su Hijo, para que Él cargara con todos nuestros pecados, y sufriera el castigo de Dios (experimentara la ira de Dios que debíamos sufrir nosotros), por lo cual hizo lo que nosotros nunca podríamos haber hecho: ser justificados. Fue Dios quien nos justificó, no por lo que nosotros hubiéramos hecho, pero por lo que Jesús, en su perfección, hizo en nuestro lugar.

No es raro entonces, que encontremos un puente en Romanos 11, que conecta la doctrina bíblica, con la parte de la aplicación de los capítulos 12-15. Este puente lo constituye la doxología de Pablo, es decir “las palabras de alabanza” en griego, de los versos 33 al 36 en el capítulo 11.
“33 !!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !!Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” Romanos 11:33-36

Cuando leemos esta epístola, quedamos perplejos con la sabiduría, el poder, el amor, la justicia, y la misericordia de Dios. Por eso es fácil entender porque Pablo hace tal exclamación. En la cabeza de ningún hombre pudo haber sido pensada una redención tan perfecta. A ningún hombre se le pudo ocurrir tal salvación. Dios mismo, cargando los pecados de aquellos a los que predestinó para ser salvos. Dios mismo sufriendo Su ira para justificar a aquellos a los que eligió. Un argumento más para callar las bocas de aquellos que no creen en la divina inspiración de la Biblia. Pero entramos ahora en la parte de la epístola en donde el apóstol quiere enseñarnos a aplicar lo que nos ha mostrado.

1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. 4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” Romanos 12:1-8

En estos versos podemos aprender lo que necesitamos para discernir la voluntad de Dios que nos ha sido revelada. La vida cristiana no se trata de una religión de “el poder de mi voluntad”. Es el resultado de una nueva mente y un nuevo corazón creados por el Espíritu Santo. Es algo sobrenatural. Ninguno de nosotros lo puede producir por sí mismo.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5: 17

“de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.” Romanos 7: 6

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2: 10

Todo lo que leemos en Romanos 12 trata sobre este nuevo ser, acerca de este nuevo corazón y mente que recibimos por la gracia de Dios. Por eso el verso 1 nos dice que debido a que Dios es nuestro máximo tesoro; debido a que Dios es nuestra mayor satisfacción, debemos presentarnos como lo que somos: nuevas criaturas. Y esto no por nosotros, sino por lo que el Espíritu Santo hace en nuestra vida a cada segundo.

Pero en el verso 2 vemos algo interesante. El resultado de tener una nueva mente y un nuevo corazón, es decir, reconocer la voluntad de Dios. Saber lo que Dios quiere para nosotros. Qué es lo contrario de una mente renovada? Leamos Romanos 23 y 28:

“y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” Romanos 1:23

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” Romanos 1:28

Lo opuesto es una mente depravada, que es lo que todos nosotros tenemos antes de que Dios derrame Su gracia sobre nosotros y nos convierta a Él. Lo contrario entonces es apreciar más las cosas creadas que a Dios mismo. O usando las palabras de Pablo, “cambiar la gloria de Dios” por otras cosas. Una mente renovada es aquella que valora más el conocimiento de Dios, que lo demás. Estima a Dios como la meta más relevante de su vida.

La mente renovada produce una vida de alabanza espiritual. Conlleva a comportamientos que revelan el valor de Dios en nuestras vidas. La mente renovada tiene una pasión por la supremacía de Dios. Pero vemos como en el verso 3, Pablo desarrolla rápidamente la manera en que una mente cristiana piensa.

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.”

De todas las cosas que pudo haber atacado acerca del hombre, Pablo va por lo más importante: el orgullo. Ataca lo que la mente del hombre piensa de sí mismo y como se relaciona con los demás. Vemos como cada vez, Pablo, es más específico en relación a la mente renovada del cristiano, la cual no se conforma al mundo, pero más bien es transformada. Tres veces en la epístola Pablo ha hablado en contra del orgullo (Romanos 11:18; Romanos 11:20; Romanos 11:25) y lo vuelve a tocar aquí en el verso 16 y más adelante en Romanos 14:4. Por esto, podemos entender que el problema del orgullo humano es algo que no sólo Pablo, pero toda la Biblia, quiere atacar.

Pablo, nos hace ver que el orgullo no es sólo un problema en la iglesia en Roma, sino un problema grande en cada uno de nosotros. Ese es el problema principal en la mente de cada uno de nosotros, la insubordinación hacia Dios. No nos sometemos a la verdad que Dios es la suma de todo lo bueno, justo, hermoso y de valor, en el universo. La mente humana piensa en sí mismo como lo de mayor valor.

Qué quiere decir Pablo con lo que describe en el verso 3?

1. Lo esencial en la mente renovada del cristiano es su fe, y por lo tanto Cristo es valorado como el mayor tesoro. Ya que la fe significa poner nuestra visión en otro y no en nosotros mismos; significa tener una total dependencia en otro. Cuando nos paramos frente a un espejo, no valoramos lo que está en frente, sino que por medio de la fe podemos ver la gloria de Cristo del otro lado, y lo disfrutamos como nuestro Dios.
2. La fe es un regalo de Dios y por ello se elimina toda jactancia en la boca de los hombres (Romanos 12:3; Efesios 2:8; 1 Corintios 4:7).
3. Dios asigna la fe en diferentes proporciones entre su pueblo, lo cual produce humildad, dependencia y servitud entre la iglesia.

Una visión equivocada de nosotros mismos es muy peligroso para nuestra alma en la eternidad. Creer algo que nos somos es sumamente peligros, y es por ello que Pablo nos lo hace ver. Pero, no es eso lo que vemos en la actualidad? Exaltarse a uno mismo es lo que busca el mundo. Lo vemos en comerciales, escuelas, colegios, política, algunas iglesias “cristianas”. Muchos de estos explotan la auto-exaltación, y al final significa el suicidio espiritual.

Pablo nos advierte en contra de el orgullo. Nos insta a que lo primero que debe ocurrir en la mente renovada del cristiano es la obliteración del orgullo y el crecimiento de la humildad. Ahora veamos lo siguiente:

1. Experimentamos nosotros diferentes medidas de fe? SI. Tanto en relación a otros creyentes, como dentro de nuestra propia vida. Veamos algunos pasajes:

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” 2 Tesalonicenses 1:3

Por lo tanto la fe no es estática, sino que puede crecer. Además, algunos son más débiles en la fe que otros:

“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.”Romanos 14:1

2. Nos ayuda o nos perjudica saber que es Dios quien hace el trabajo en nosotros? La respuesta es que nos ayuda. Para aquellos de nosotros que sabemos lo frágil y débil de nuestra voluntad, es un alivio el saber que es Dios el que sostiene nuestra fe y al final no nos deja solos (Filipenses 1:6). Es por ello que los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fé” (Lucas 17:5). Jesús no les responde: “Ese no es mi trabajo, es el de ustedes.” Jesús lo hace porque de no ser así, sería imposible para nosotros. Dios es el que trabaja en nuestra vida espiritual, y no nosotros.
3. Porqué razón Dios ordena tal diversidad de fe en la iglesia? La verdad es que la Biblia no lo dice claramente, pero debemos confiar en la infinita sabiduría de Dios. Pero creo que parte de esa razón la podemos encontrar en Romanos 15,

“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 15: 5-6

Lo que podemos entender de este pasaje, para responder en parte a la pregunta, es que Dios ha creado una iglesia de tal manera, en la que esa diversidad de fe y de diferentes dones, hacen que Dios sea más glorificado, por la manera en que Él mismo nos ayuda a vivir en armonía. Esa unidad, esa armonía, ese amor que debe existir entre los miembros de la iglesia, no sería el mismo si todos tuviéramos la misma fe; no sería la misma si todos fuéramos fuertes espiritualmente. Veamos un pasaje:

“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” 1 Tesalonicenses 5: 14

Podemos ver como en nuestra depravación Dios nos transforma paso a paso, en diferentes medidas, diferentes consistencias. Esto produce una dependencia humilde entre todos nosotros, lo que nos lleva a una unidad más compleja y más fuerte, lo cual al final muestra mejor la gloria de Dios.

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