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Romanos 8: 10-17

September 14, 2007

Versículos 10-17:

Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Romanos 8:10-17

Este pasaje es muy interesante, y tiene un mensaje muy claro. Cada uno de nosotros debe ser muy hábil para poder acabar con el pecado. Y cuando me refiero al pecado, me refiero a algo personal. Al pecado dentro de cada uno de nosotros. Un puritano llamado John Owen, en su libro “Mortification of Sin” de 1683, escribe algo muy interesante: “Mi madre escribión en mi Biblia cuando yo tenía 15 años de edad-aún conservo esa Biblia-“Este libro te mantendrá alejado del pecado, o el pecado te mantendrá alejado de este libro”.

El libro de Owen, habla acerca de las diferentes maneras en las que debemos matar nuestro pecado. El verso 13 nos dice claramente que es a través del Espíritu que matamos las obras de la carne. Pero cuál es el medio que utilizamos para hacerlo? Veamos Efesios 6:17,

“Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

Esto es un llamado para que sepamos, como cristianos, que estamos en guerra contra nuestra carne, la cual es débil y desea rebelarse contra Dios. Pero para ello debemos recordar siempre que por estar unidos a Cristo tenemos al Espíritu Santo, quien nos santifica. Varias preguntas salen a relucir:

1. De esta guerra puedo perder la salvación que adquirí estando en Cristo?

La respuesta bíblica es NO. Alguien que está en Cristo y ha sido justificado por medio de la fe, no puede ser condenado. El soporte más contundente a esta pregunta lo encontramos en este mismo capítulo, específicamente en el verso 30:

“Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”

Pablo enseña que de principio a fin, la salvación es la obra de Dios, la cual nadie puede alterar. Si alguien ha sido justificado, igualmente será glorificado. La prueba entonces de haber sido justificado es el hecho de que esa persona está en una constante batalla con el pecado, por el poder del Espíritu Santo.

Si alguno de nosotros está viviendo de acuerdo a la carne, sin luchar contra los deseos de nuestro corazón, sin batallar con el pecado, probablemente no esté unido a Cristo y por lo tanto no haya sido justificado. Si el crecer en la gracia de Dios y el ser santificado no tiene importancia para alguno de nosotros, probablemente no seamos salvos.

Debemos saber que nosotros le debemos nuestras vidas al Espíritu Santo (si hemos sido justificados), y será Él quien nos resucitará en gloria (verso 11). Solo a través del Espíritu Santo podemos vencer nuestro pecado. Si intentamos sobrevivir esa guerra sde alguna otra manera, no vamos a sobrevivir, de hecho moriremos. Es de mucha importancia que tengamos claro que estamos en una guerra abierta, en donde nuestras almas dependen de las cosas que hagamos. El diablo intenta engañarnos y entregarnos a una mentalidad de conformismo y adormecimiento para que no veamos esa realidad. Nuestra vida en la eternidad depende de si logramos ver esa guerra delante de nosotros. Jesús dijo: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Si queremos entrar en el reino de los cielos, debemos tomarlo con violencia, cómo? Escuchemos lo que dijo Jesús: “si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.” Esa es la visión meas radical de cómo debemos enfrentar nuestro pecado (ver el verso 13).

Debemos luchar contra cualquier pensamiento que nos lleve al conformismo o a creer que debemos buscar la paz espiritual. Eso no va a ocurrir mientras estemos en esta vida. Porque cada segundo estamos batallando contra el pecado. Si no sentimos esa batalla, probablemente es porque el pecado nos tiene dominados. Pero si hemos sido libertados, entonces sentimos las acechanzas del diablo, cuando intenta acabar con nuestras vidas. El cristianismo es una guerra contra el intentar alcanzar fama, dinero, alcohol, fumado, pornografía, agradarle a los demás, poder, racismo, injusticias, etc.

2. Cuáles son las obras de la carne que debemos matar?

Las obras que nos lleven a pecar, como deseos impuros, injusticias, etc. Las obras son las armas que utiliza el pecado para aniquilarnos (Romanos 6:6, 12-13)

3. Qué quiere decir con “hacéis morir”?

Quiere decir que dejamos de alimentar esos deseos que vienen de nuestro corazón y que nos llevan a pecar contra Dios.

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.” Mateo 15:18-20

Lo que ocurre es que la condición de nuestro corazón es tan depravada que hace que nuestras obras sean malas para Dios. Debemos entonces cambiar la fuente que produce esas obras.

4. Cómo hacemos esto “por el Espíritu”?

Primero, poniendo la mente en las cosas del Espíritu Santo. No solo se trata de decir NO. Sino que también ponemos toda nuestra mente y corazón enfocados en esas cosas del Espíritu (Romanos 8:5-6). Segundo, cuales “cosas del Espíritu”? Veamos Primera de Corintios:

“lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2: 13-14

Las “cosas del Espíritu” son las palabras de la Biblia. Para matar las obras del pecado, debemos enfocarnos en las palabras de Dios. Vemos que la persona natural (los que caminan en la carne) no pueden esntender las cosas espirituales. Sólo las personas que tienen al Espíritu Santo pueden entender las cosas de Dios. Por ejemplo: Para una persona que no está en Cristo, el evangelio le parece una locura. Es decir, el hecho de que Dios haya enviado a Su Hijo para pagar por los pecados de pecadores, es una locura. Pablo mismo enfrentó este problema en Atenas y en Corinto. Todos los hombres que desean entender las palabras de Dios requieren del Espíritu Santo. No importa que tan inteligentes y educados sean…Porqué? Porque solo así Dios es glorificado. No depende de nuestro intelecto. Las cosas de Dios solo se pueden entender por el poder de Dios.

La palabra de Dios es lo que vimos en Efesios 6: 17 como la “espada del Espíritu”, y las espadas son armas para matar, y es el arma que debemos utilizar para matar a nuestro pecado. Tercero, debemos escuchar el evangelio de Cristo con fe. Esto es claro en Gálatas:

“Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” Gálatas 3:5

Es decir, el pecado viene a tentarnos, entonces decimos NO, y luego vamos a la palabra de Dios y escuchamos con fe las promesas que Dios ha dado a todos los que están unidos a Cristo. Esa es la manera en que acabamos con la fuente de nuestro pecado, purificando nuestro corazón por medio del Espíritu de Dios que nos permite entender la palabra de Dios y sus promesas.

Pero, llegamos a una paradoja. Quién es que el que está haciendo la “matanza”? Esta paradoja viene del verso 13. Pablo nos dice que debemos hacer morir las obras de la carne, pero nos dice que lo hacemos “por el Espíritu”. Debemos tener muy presente que el Espíritu Santo no es una herramienta o un arma. El Espíritu Santo es una persona. Es Dios. Podemos ver por lo que nos dice Pablo, que es el Espíritu Santo es que hace la matanza. Esa es la paradoja: nosotros lo hacemos, pero lo hacemos de tal forma que es el Espíritu Santo quien lo hace. Esa es la diferencia esntre el cristianismo y cualquier forma de programa de auto-ayuda, donde nos inundan la cabeza con ideas como: “Tú puedes hacerlo”; “Si tan solo pones tu mente en ello”, etc. Por sí solos NO podemos vencer al pecado que está en nuestro corazón. Recordemos lo que dijo Jesús (ver Mateo 15:18-20).

Pero comprobemos si esto es lo que quiere decir Pablo:

“Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí” Romanos 15:18

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15: 10

Pablo dice que es el Espíritu Santo el que batalla contra el pecado, y es el que vence. Si estamos cuestionando esta verdad, debemos preguntarnos: Quién es el que lucha contra el pecado, yo o Dios? Porque al final, el que creamos que es, ese recibirá la gloria. Lo que la Biblia dice es que Dios es quien hace todo en nosotros, Él nos justifica, nos santifica y nos glorifica (Romanos 8:30).

De la misma forma en que somos salvos, asimismo somos santificados, o para decirlo de la forma en la venimos hablando: de la misma forma en que somos salvos, asimismo luchamos contra el pecado.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe” Efesios 2:8-9

La fe es lo que produce que escuchemos la palabra de Dios y eso hace que el Espíritu Santo se mueva en nosotros para luchar contra el pecado. Es por fe, y esto es un regalo de Dios. La gloria de Cristo depende de la forma en que veamos esto. Porqué? Porque todo en esta vida está hecho para que toda la gloria sea para Cristo. Todo lo que hacemos debe de magnificar Su gloria. Si pensamos que somos nosotros los que hacemos la batalla, entonces la gloria es para nosotros y no para aquel que murió por nosotros para darnos Su Espíritu para que pudieramos luchar contra nuestra carne, o sea Cristo. Ese es el peligro, y es pecado pensar así.

Pero porqué no podemos orar para que Dios quite el pecado de nosotros? En Lucas Jesús dice: “Pedid y se os dará” (Lucas 11:9). Bueno, la oración es fundamental. Pero, porqué Dios triunfa sobre el pecado haciendo que nosotros escuchemos el evangelio por fe (Gálatas 3:5)? Veámoslo así, si Dios simplemente acabara con el pecado sin hacer que nosotros escucharamos el evangelio, Cristo no recibiría la gloria por nuestra santificación. Qué fue lo que dijo Jesús?:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber.” Juan 16: 13-14

El Espíritu Santo vence a nuestro pecado de una forma en la que Cristo es quien recibe toda la gloria, y ocurre porque el Espíritu se mueve cuando se escucha el evangelio con fe. Todas las promesas de Dios fueron dadas a nosotros a través de la muerte de Cristo. Por lo tanto si Dios simplemente quitará el pecado sin hacernos escuchar el evangelio de Cristo, entonces Su Hijo no sería glorificado.

Pero creo que la promesa meas maravillosa se encuentra en el verso 16. Aquellos que han sido justificados por Cristo, han sido santificados, esto quiere decir que hemos recibido al Espíritu Santo. Esto es lo que testifica que hemos sido adoptados como hijos de Dios. Y como hijos de Dios hemos recibido la promesa de ser parte de Dios (1 Pedro 3:18), ser glorificados y heredar el mundo. Es el Espíritu Santo lo que nos identifica. El Espíritu de Dios, es quien hace que llamemos a Jesús nuestro Señor, es decir, que le entreguemos nuestras vidas (1 Corintios 12:3), y el que hace que obedezcamos los mandamientos de Cristo (Juan 14:15). Si alguno de nosotros no ha entregado su vida entera a Cristo, no tiene al Espíritu Santo, y si en su corazón siente el deseo de unirse a Cristo para poder llegar a Dios, deben orar, para que Dios tenga misericordia y nos regale la fe que necesitamos de Él para creer en Su Hijo. Si están leyendo esto, probablemente, Dios esté preparando el camino para que sus vidas sean llenas de Su amor, y de Cristo y de su Espíritu Santo. Escuchen sus corazones.

One Comment leave one →
  1. September 18, 2008 9:44 pm

    este libro (la Bíblia) te mantendrá alejado del pecado, o el pecado te mantendrá alejado de este libro

    Genial…

    El resto del artículo es puro monergismo.

    :)

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