Día del Señor 49
124. ¿Qué significa la tercera petición: Hágase Tu Voluntad, así en el cielo como en la tierra?
Significa: Ayúdanos a nosotros, y a todos los hombres a rechazar nuestras propia voluntad y a obedecer tu voluntad sin objetar. Pues sólo tu voluntad es buena. Ayuda a todos y a cada uno a cumplir la tarea a la que estamos llamados tan voluntaria y fielmente como lo hacen los ángeles en el cielo.
[1] Matt. 7:21; 16:24-26; Luke 22:42; Rom. 12:1, 2; Tit. 2:11, 12. [2] I Cor. 7:17-24; Eph. 6:5-9. [3] Ps. 103:20, 21.
Las Consecuencias del Pecado
Los que saben de estrategia militar, saben que entre más conozcamos a nuestro enemigo, mejor podemos luchar contre él. Creo que es nuestra responsabilidad como cristianos conocer todo lo que representa el pecado, en primer lugar para poder reconocerlo, y luego para saber cual es nuestra arma para enfrentarle.Cuando buscamos el significado de la palabra pecado, encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española lo siguiente:
1. Transgresión voluntaria de preceptos religiosos.
2. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.
3. Exceso o defecto en cualquier línea.
Algunos de sus sinónimos son: culpa, iniquidad, maldad, ofensa, prevaricación y transgresión. Entendamos una cosa…el pecado NO es de Dios. O en otras palabras, el pecado es la ausencia de Dios; así como la oscuridad es la ausencia de luz. El pecado hace que la luz se vaya de nosotros y quedemos en oscuridad.
La Biblia tiene gran cantidad de pasajes acerca del pecado y de lo que éste le puede causar a nuestra vida. Dios nos demuestra a través de Su palabra que TODOS somos pecadores y que si no estamos caminando junto a Él, entonces podemos caer.
Lo primero que quiero comentar, es la lista que Dios nos da en la Biblia sobre los pecados que son abominación de Dios. En la epístola a los Gálatas, Pablo pone de manifiesto las obras que nos traen destrucción:
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de los cielos.” Gal. 6:19-21
Es el mismo Pablo quién en su primera epístola a los Corintios le habla a aquellos que una vez eran pecadores y que aceptaron a Jesus como su salvador, fueron lavados con Su sangre, de los pecados que tenían, pero lo que debemos leer son esos pecados que los mantenía lejos de la presencia de Dios:
“No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. ” 1 Cor 6:9-10
Leyendo Génesis, podemos ver que Dios tardó siete días en la creación. Al sexto día creó al hombre (Génesis capítulo 1). Y Dios lo hizo todo, sin que existiera el pecado en su creación. Todo era perfecto. El hombre no tendría que trabajar para comer, ni necesitaría abrigo para protegerse de la naturaleza, ni una edificación para protegerse del mundo exterior, ya que vivía en el Edén…en el paraíso. Era tan maravilloso y perfecto que Dios se paseaba en el huerto (Génesis 3:8). Cuando leo este pasaje, me come el deseo de saber que sería de esos tiempos cuando podíamos ver a Dios caminando en el mismo lugar donde vivíamos. Lo escribo en plural, porque a pesar de que fue Adán y Eva quienes pecaron, nosotros venimos de ellos y por tanto compartimos el mismo pecado.
Y si buscamos sabiduría, entonces veremos que somos nosotros los únicos responsables de las consecuencias del pecado que cometimos como raza humana. Y cayó la maldición sobre la tierra: debimos trabajar para comer, debemos morir (“…Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Gen. 3:19), la mujer estará por debajo del hombre, y hasta tendrá partos con dolor.
Lo perdimos todo. Perdimos toda la magnificencia que Jehová preparó para nosotros. Y fue por ello que solamente un sacrificio divino fue necesario para que pudieramos tener perdón de nuestros pecados.
Es ahí, en el capítulo 3 de Génesis, donde se menciona que por el orgullo del hombre, uno de los atributos más peligrosos en la raza humana, caimos en pecado. Quisimos ser como Dios…
Y si aún así no queremos aprender, entonces debemos ver que fue lo que le pasó a ese ángel llamado Lucero, que siendo el ángel más hermoso que Dios creó, por su orgullo, quiso ser como Dios, y fue desterrado de la presencia de Dios y echado en el Seol (Isaías 14:12-15).
Fue el pecado lo que nos trajo destrucción. Fue el orgullo humano, lo que nos trajo la maldición de Dios. No fue Dios el que nos trajo enfermedades, ni hambre, ni dolor, ni muerte, ni pestes…Dios nos quiso dar desde el principio la perfección (nos hizo a su imágen y semejanza). Fuimos perfectos, y era nuestro destino tener vida eterna en el Edén, sin dolor, sin enfermedades, sin penas. Pero el pecado que cometimos nos trajo todo esto.
Hace unos meses leía un artícuo de un pastor que explicaba lo que el pecado le hizo a nuestro código genético. Si leemos los diferentes pasajes del Antiguo Testamento, en cuanto a la vida de los primeros hombres que habitaron la Tierra. Adán vivió 930 años, Set vivió 912 años, Enós vivió 905 años, Cainán 910 años, Jared 962 años, Matusalén 969 años, Lamec, padre de Noé vivió 777 años. Pero varios cientos de años después, Abraham vivió 175 años, Ismael vivió 137 años, Isaac vivió 180 años. Podemos seguir en esto por mucho tiempo, pero el punto que quiero que veamos es que el pecado causó algo en nuestro cuerpo. El pecado no quitó la perfección y trajo daños a nuestro cuerpo, e hizo que se fuera desgastando hasta que murieramos. Conforme iban pasando las generaciones, probablemente aumentaban en número las mutaciones en nestro código genético, lo cual hacía no solo que muerieramos más tempranamente, sino tambíen que padecieramos de enfermedades. Y en nuestra arrogancia olvidamos que una vez fuimos perfectos y que a partir de Adán la raza humana ha ido decayendo. Creemos hoy en día que estamos superando a las enfermedades e inclusive a la muerte.
Debemos tener mucho cuidado. El pecado es nuestro enemigo. Es toda aquello que nos separa de Dios. El único propósito que tiene el diablo para tentarnos es porque sabe que si caemos en pecado nos destruirá. Es nuestro deber luchar contra las tentaciones de nuestro cuerpo. Y son muchas: sexuales, drogas, vicios, mentiras, idolatría. Y no nos engañemos. Con idolatría no solo hablamos de adoraración de objetos y personas que no son Dios. El pecado, sea cual sea, es idolatría, ya que si no hacemos nada por evitar mentir, o fornicar, o pecar, estamos poniendo en primer lugar esas cosas antes que Dios en nuestras vidas. Eso es lo que hace que Dios se desagrade de nosotros, que estando en pecado, estamos lejos de Él.
Que nos dice Jesús acerca de lo que se encuentra en el corazón de los hombres:
“Porque dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” Marcos 7:21-23
Porque del corazón? Pues es con el corazón que deseamos…Entiendan esto, de los deseos de nuestro corazón sale el orgullo, el querer poner los deseos de nuestro cuerpo, por sobre lo que Dios quiere que hagamos con nuestra vida. Debemos tener cuidado, pues el pecado está a las puertas y si abrimos sin tener las armas con las cuales luchar, vamos a caer por el simple hecho de que somos hombres y que por sí solos somos débiles. El diablo anda buscando presas a quienes destruir, a quienes pueda quitarles el regalo que Dios tiene para nosotros. El diablo lo único que desea es sacarnos fuera de la presencia de Dios, ahora y en la eternidad.
Ahora bien, si creemos que somos personas buenas, que no hacemos mal. Por ejemplo, muchos podrían decir: “Yo no he matado a nadie, ni he adúlterado, ni fornico. Yo doy a los pobres…merezco tener vida eterna”. TODOS somos pecadores. Fue por esa razón que Dios envió a su Hijo a que muriera en la cruz. Fue por todos nosotros que Jesús murió. Dios en su inmensa sabiduría sabia que sin un sacrificio divino no podríamos ser salvos. Podría enviar alguno de nosotros a su hijo a la muerte para salvar a alguien más? Creo que el que responda afirmativamente es un hipócrita.
“Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:4-9
Debemos cambiar nuestra forma de pensar. No son las obras que hagamos las que nos lleven a Dios, pues como muy claro lo dice la Biblia, las obras las hacemos para glorificarnos nosotros mismos. La única manera de ser salvos es através de Cristo Jesús. La única forma quitar el pecado de nuestras vidas es a través del Hijo de Dios, primero aceptándolo en nuestros corazones como nuestro Salvador y luego pidiéndole a Él perdón de nuestros pecados.
Olvidemos pues las mentiras enseñadas por esos falsos profetas de los que hemos hablado en otras entradas, que hablan acerca del pecado venial, o sea el pecado que a pesar de ser malo, no nos aparta de la presencia de Dios. Eso no está escrito en la Biblia y por ello no debemos creer en eso. Son palabras de hombre para aquellos que tienen comezón de oídos (2 Timteo 4:3) y quieren oír lo que más les parezca. Una mentira es una mentira, y así es pecado, pues no glorificamos a Dios con ellas…solamente nos servimos a nosotros mismos.
Hagamos un alto en el camino, pensemos que en la Biblia está escrita la verdad y es para nuestro beneficio. Somos pecadores y si no aceptamos a Jesús como nuestro camino para llegar a Dios; si no hacemos las cosas que Él nos enseñó, entonces no seremos salvos. Debemos santificarnos día a día. Debemos luchar contra las tentaciones que pone el diablo en nuestro camino. Lo único que traen es perdición. Y que cosa tan maravillosa es saber que tenemos el arma más poderosa para luchar contra el pecado…el nombre de Cristo Jesús. En Su nombre podemos hacer cualquier cosa. En futuras entradas hablaremos acerca del poder del nombre de Cristo, pero solo quiero terminar con este pasaje:
“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” Juan 14:13-14
Jesús nos promete que si estamos siendo tentados pidamos al Padre, en su nombre, que sea alejada la tentación y el pecado, y Él lo hará. Amén.
Día del Señor 50
125. ¿Qué significa la cuarta petición: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy?
Significa: Provee para todas nuestras necesidades físicas en tal forma que crezcamos en saber que Tú eres la única fuente de todo bien y que ni nuestro trabajo, o afán y ni aún tus dones pueden beneficiarnos sin tu bendición. Y ayúdanos a quitar nuestra confianza de las criaturas, y a ponerla únicamente en Ti.
[1] Ps. 104:27-30; 145:15, 16; Matt. 6:25-34. [2] Acts 14:17; 17:25; James 1:17. [3] Deut. 8:3; Ps. 37:16; 127:1, 2; I Cor. 15:58. [4] Ps. 55:22; 62; 146; Jer. 17:5-8; Heb. 13:5, 6.
La preciada roca
La Roca? Ha sido quizás una de las preguntas que nos ha separado como Iglesia durante muchísimos años. Hemos sido nosotros mismos, los que hemos querido interpretar la Biblia y con ello, hemos dejado de lado el mensaje primordial.La persona de Jesús, la promesa de Dios para con nosotros; fue descrita desde la Creación. El mismo libro de Génesis menciona quién sería el que vencería a la serpiente, la persona que derrotaría a Satanás, es decir al pecado. Nada más tenemos que leer el pasaje en el cual Dios maldice a la serpiente y le hace ver que a pesar de que engañó al hombre y le indujo a pecar, vendrá un Salvador que derrotará al pecado. En otros libros del Antiguo Testamento, los cuales revisaremos en otras ocasiones, se nos dice que lo hará con el fin de que podamos ser salvos.
Gen. 3:14-15: “…y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar.“
Hace unos meses escuchaba a un pastor norteamericano cuando decía que un pasaje de la Biblia no podía leerse por si sólo. O sea, que debemos siempre compararlo con algún otro pasaje de la Biblia con el mismo mensaje. Esto, pues podemos caer en falsas interpretaciones.
Veamos uno de los pasajes que ha separado a la Iglesia de Cristo: Mateo 16: 18: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.“ Si leemos el mismo libro desde el versículo 13 al 20, vemos que Jesús le pregunta a los apóstoles quién creen que es el Hijo de Dios. Pedro le responde: ” Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente…“ Jesús les hace ver a los apóstoles que la respuesta se las reveló Dios mismo, pues fue Jesús, el hijo de Dios quién los escogió. Jesús va más allá y les dice que será sobre SUS fundamentos, sobre quién El edificará su iglesia. Si Pedro hubiera sido la roca sobre la cual la iglesia sería edificada, hubiera sido un desastre. No lo digo por restarle mérito a Pedro; pero Pedro fue un hombre y a pesar de que Jesús lo escogió, como nos ha escogido a nosotros para ser salvos; Pedro fue un pecador y por él sólo no hubiera podido prevalecer contra el Hades (pecado). El ÚNICO que podría ser la base de la Iglesia es Jesús. El ÚNICO que puede prevalecer contra el pecado es Jesús. Pedro fue un pecador que pero se dio cuenta que la ÚNICA forma de entrar en el paraíso; y que la ÚNICA manera de ser salvo era a través de Cristo…la roca, y por ello fue salvo.De hecho, en el escrito original del nuevo testamento que está escrito en griego, la palabra dada para Pedro es petros, que significa “pequeña piedra”. La palabra que Jesús utilizó para describir roca fue petra, que significa “gran piedra”. Podemos ver la diferencia? Pedro como hombre, por sí sólo era débil. La mayoría sabemos que fue él quién negó a Jesús en 3 ocasiones y quién trató de convencer a Jesús, cuando Él predice su muerte y resurrección, para que no cumpliera con su promesa…morir por nosotros. Es ahí cuando Jesús le responde:
Mateo 16:23: “Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres.”
Si leemos otros pasajes de la Biblia podemos ver la definición que Dios nos da para esa roca. En 1 de Corintios 10:4, se nos explica quién es la roca: “…y todos bebieron de la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo“ En 1 Pedro 2:6, también se nos escribe acerca esa piedra preciosa: “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en Él, no será avergonzado.” Lucas, en la continuación del evangelio que lleva su nombre; en Hechos (que se podría haber titulado “Hechos del Espíritu Santo”), capítulo 4:11-12 también nos revela quién es la roca que trae salvación: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos“ Más adelante, Pablo; una de las personas que Dios más utilizó para evangelizar y revelarnos SU palabra; en Epístola a los Efesios 2:19-20, nos dice en que nos hemos convertido cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón como nuestro ÚNICO salvador: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo“El mismo Pablo, en su Primera Epístola a los Corintios, en el capítulo 3:11 nos dice:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”
Cuando empecé a leer la Biblia, me asombró ver la increíble promesa que nos hizo Dios. Esto, pues Dios, siempre habló de Jesús…desde el inició de las cosas. En Génesis, Isaías, Malaquías, etc. Pero el mismo rey David nos hace ver quién es la roca:
Salmos 18:2: “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”
Salmos 18:31: “Porque quién es Dios sino sólo Jehová? Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?”
Debemos abrir los ojos. El tiempo está cerca. Dios nos manda a no poner nuestra confianza en los hombres, pues nos desilusionaremos (Salmos 118:8). Debemos poner nuestros ojos en Dios, y basar nuestra salvación en la única roca… Jesús. Es nuestra responsabilidad cuestionar lo que nos enseñan los hombres, pero sólo lo podemos hacer leyendo la palabra de Dios, que fue escrita para nuestra salvación. Leyendo y entendiendo, por medio del Espíritu Santo que nos brinda el discernimiento necesario, la ÚNICA verdad: Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” Solamente caminando por ese camino; basándo nuestra fé en esa gran roca, podemos luchar contra el pecado, luchar contra los deseos de nuestra carne. Solamente con Él podemos vencer y ser salvos…Sujetemonos pues, a la Roca.
Día del Señor 51
126. ¿Qué significa la quinta petición perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores?
Significa: En virtud de la sangre de Cristo no retengas contra nosotros, pobres pecadores como somos, ninguno de los pecados que cometemos ni el mal que está constantemente ligado a nosotros. Perdónanos así como nosotros estamos completamente dispuestos a perdonar a nuestro prójimo como evidencia de tu gracia en nosotros.
[1] Ps. 51:1-7; 143:2; Rom. 8:1; I John 2:1, 2. [2] Matt. 6:14, 15; 18:21-35.

