Skip to content

Día del Señor 22

February 2, 2007

57. ¿Cómo te consuela la resurrección del cuerpo?
En que no solamente mi alma será, después de esta vida, inmediatamente llevada a Cristo, su Cabeza, sino que también este mismo cuerpo mío, resucitado por el poder de Cristo se unirá de nuevo a mi alma y hecho semejante al glorioso cuerpo de Cristo.[1] Luke 16:22; 23:43; Phil. 1:21-23. [2] Job 19:25, 26; I Cor. 15:20, 42-46, 54; Phil. 3:21; I John 3:2.

58. ¿Cómo te conforta el artículo sobre la vida eterna?
Que así como ahora mismo experimento en mi corazón el comienzo del gozo eterno, así mismo poseeré, después de esta vida una felicidad tan perfecta, que ni ojo vio, ni oído oyó y que ningún corazón humano se ha imaginado jamás. Una bendición por la cual alabar a Dios eternamente.

[1] John 17:3; Rom. 14:17; II Cor. 5:2, 3. [2] John 17:24; I Cor. 2:9.

Día del Señor 23

February 1, 2007

59. ¿De qué te sirve el creer todo ésto?
Que en Cristo soy justo delante de Dios y heredero de la vida eterna.[1] Hab. 2:4; John 3:36; Rom. 1:17; 5:1, 2

60. ¿Cómo eres justo delante de Dios?
Únicamente por la verdadera fe en Jesucristo y aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra los mandamientos de Dios y de que jamás he cumplido uno sólo de ellos y aunque sigo inclinado a todo mal no obstante, sin merecimiento alguno mío y por pura gracia Dios me concede y me acredita la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo como si yo nunca hubiese pecado y como si nunca hubiese sido pecador(a) y como si hubiese sido tan perfectamente obediente como lo fue Cristo por mí, con tal que acepte este don de Dios, con un corazón creyente.[1] Rom. 3:21-28; Gal. 2:16; Eph. 2:8, 9; Phil. 3:8-11. [2] Rom. 3:9, 10. [3] Rom. 7:23. [4] Deut. 9:6; Ezek. 36:22; Tit. 3:4, 5. [5] Rom. 3:24; Eph. 2:8. [6] Rom. 4:3-5; II Cor. 5:17-19; I John 2:1, 2. [7] Rom. 4:24, 25; II Cor. 5:21. [8] John 3:18; Acts 16:30, 31; Rom. 3:22.

61. ¿Por qué afirmas ser justo para con Dios únicamente por la fe?
No es por causa de que mi fe tenga algún valor por lo que Dios se agrada de mí Sólo la Satisfacción, Justicia y Santidad de Cristo me hacen justo para con Dios y la única manera como puedo recibir esta justicia y hacerla mía es por la fe.[1] I Cor. 1:30, 31; 2:2. [2] Rom. 10:10; I John 5:10-12.

Día del Señor 24

January 31, 2007

62. ¿Por qué no puede, el bien que hacemos, hacernos justos para con Dios o al menos ayudarnos a ello?
Porque la justicia que puede pasar el escrutinio de Dios debe ser absolutamente perfecta y debe también, en todo respecto, estar al mismo nivel de la Ley divina Pero aun lo mejor que podamos hacer en esta vida es imperfecto y está manchado por el pecado.

[1] Deut. 27:26; Gal. 3:10. [2] Is. 64:6.
63. ¿Cómo puedes decir que el bien que hacemos no valgan nada si Dios promete recompensarlas en esta vida y en la otra?
Esta recompensa no se gana. Es un don que se concede por gracia.

[1] Matt. 5:12; Heb. 11:6. [2] Luke 17:10; II Tim. 4:7, 8. 64. ¿ Pero esta doctrina no convierte a los hombres en negligentes e impíos?
No. Porque es imposible que no produzcan frutos de gratitud aquellos que por la verdadera fe han sido injertados en Cristo.

[1] Matt. 7:18; Luke 6:43-45; John 15:5.

Día del Señor 25

January 30, 2007

65. Siendo que es únicamente por la fe que participamos de Cristo y de todas sus bendiciones… ¿De dónde procede esa fe?
El Espíritu Santo la produce en nuestros corazones por la predicación del santo evangelio y la confirma por el uso de los santos sacramentos.[1] John 3:5; I Cor. 2:10-14; Eph. 2:8; Phil. 1:29. [2] Rom. 10:17; I Pet. 1:23-25. [3] Matt. 28:19, 20; I Cor. 10:16.

66. ¿Qué son los Sacramentos?
Son señales santas y sellos para ser vistos por nosotros instituidos por Dios para que al usarlos… El nos haga comprender más claramente la promesa del evangelio y ponga así su sello en esa promesa: Y ésta es la promesa del evangelio de Dios: darnos el perdón de nuestros pecados y la vida eternal sólo por gracia y por el único sacrificio de Cristo, consumado en la cruz.

[1] Gen. 17:11; Deut. 30:6; Rom. 4:11 [2] Matt. 26:27, 28; Acts 2:38; Heb. 10:10

67. ¿Es entonces el propósito de ambos: de la Palabra y de los Sacramentos enfocar nuestra fe hacia el sacrificio de Jesucristo en la Cruz como el único fundamento de nuestra salvación?
Ciertamente. El Espíritu Santo, en el evangelio nos enseña y por los Sacramentos nos asegura que toda nuestra salvación descansa en el único sacrificio de Cristo cumplido por nosotros en la cruz.

[1] Rom. 6:3; I Cor. 11:26; Gal. 3:27.

68. ¿Cuántos Sacramentos instituyó Cristo en el Nuevo Testamento?
Dos: El Bautismo y la Cena del Señor.

[1] Matt. 28:19, 20; I Cor. 11:23-26

El Significado de Amar a Jesús

January 30, 2007

 

” El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene.”
1 Corintios 16: 22

Creo que éste es un tema controversial por las implicaciones que trae, para aquellos a quienes Jesús ha llamado, y que a través de su Espíritu Santo les ha abierto los ojos a la verdad. La Biblia nos deja un mensaje muy claro: Jesús es Dios y quiere que le sigamos. Todo aquel que hace caso omiso de ello, entonces será condenado.

 

Todos aquellos que creemos en Él, tenemos un compromiso, el cual es amarle. Pero, qué significa amar a Cristo? Vamos a analizar varios puntos, que creo son base fundamental para poder ser llamados hijos de Dios, pues el amor se funda en un pilar: Dios. Porqué así? La respuesta se encuentra en la Biblia:

 

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”
1 Juan 4: 8

Ahora bien, es cuestión de analizar las relaciones que tenemos con nuestros seres queridos, para poder entender el verdadero significado, y lo que implica amar a Cristo. Porqué es ésto importante? Muchos cristianos andamos por el mundo pensando que por el hecho de que hemos entregado nuestras vidas a Cristo, eso implica que no tenemos mayores obligaciones en ésta maravillosa relación de la que nos hemos hecho partícipes.Muchos pensamos que la Biblia, como enseñanza, termina con la historia de la redención del hombre. Qué quiero decir con ésto? Si la vemos desde un punto de vista muy amplio, la Biblia se basa en cuatro historias entrelazadas entre sí: La creación, la caída del hombre, la redención a través de Cristo y finalmente la santificación de nuestras vidas.

Ahora bien, muchos de nosotros vivimos nuestras vidas pensando en que la historia de la Biblia termina con la redención, olvidando un detalle muy importante, que todos debemos vivir una vida de amor a Cristo con el fin de santificarnos diariamente.

Si analizamos nuestras relaciones interpersonales, podemos decir que amamos a alguién porque: confiamos en esa persona; le obedecemos; deseamos estar con ella; hablamos de ella con otras personas; haríamos cualquier cosa por ella; intentamos ser como ellos, e intentamos agradarle. Ahora, analicemos estos puntos por separado, para ver si podemos decir que verdaderamente amamos a Cristo.

Confianza

Porqué debemos confiar en Cristo? Sencillamente porque Él es Dios. Dios Padre le describe como tal en Hebreos 1: 8:

“Mas del Hijo dice:
Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino.”

 

Toda la Biblia nos dice que debemos confiar en Jehová, nuestro Dios, pues Él es nuestra Roca, es Él quién en toda su sabiduría y omnipotencia sostiene nuestras vidas (Salmos 37:17; 63:8; Isaías 42:6). Si debemos confiar en Dios, entonces debemos confiar en Cristo pues Él es Dios.

” No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.” Juan 14: 1″ Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de quedar preso” Proverbios 3: 26

“En el temor de Jehová está la fuerte confianza;
Y esperanza tendrán sus hijos.” Proverbios 14: 26

“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.”
Jeremías 17: 7

“conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” Efesios 3: 11-12

“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” 1 Juan 2: 28

Obediencia Muchos amamos a Cristo, pues siendo Dios, se hizo hombre y vino a la tierra a enseñarnos el reino de los cielos, y para que con su muerte, pudieramos ser libres del pecado. Pero ese amor implica también obediencia a lo que vino a enseñarnos.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Juan 14: 15″ El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Juan 14: 21

” Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” Juan 14: 23-24

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Juan 15: 10

Si no le obedecemos, entonces no somos sus siervos. Pues fue Cristo quién nos libró de la muerte eterna; de nuestra condenación en el infierno. Fue Jesús quién nos hizo libres, pero a la vez nos convirtió en sus siervos, y por lo tanto debemos obedecerle.


“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6: 46

Amar su Compañía Fue Cristo quien trajo el reino de los cielos a nosotros. Fue Cristo quien nos acercó a Dios. Fue Él quien nos hizo hijos de Dios, y a través de Él podemos llamar a Jehová nuestro Padre. Qué otra razón tenemos para querer estar junto a Él? Cristo nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. Nos hizo la promesa de que en donde nos congreguemos en su nombre, Él estará con nosotros.

“ enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28: 20″ todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” Juan 14: 13-14

” Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18: 20

Hablar acerca de Él Ahora bien, si le amamos, deberíamos hablar acerca de Él. Jesús muy claramente nos dice que tenemos la misión de hacer llegar su palabra a todas las naciones. No debemos avergonzarnos de Él, o Él se avergonzará de nosotros en el día del juicio. Debemos estar preparados para hablar de Cristo a aquellos que nos pregunten el porqué de nuestra esperanza.


“Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.” Hechos 5: 42

“ Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.” Hechos 8: 4

“sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1 Pedro 3: 15

Sufrir por Él


Claro que lo más importante es que debemos sufrir por Cristo. A que me refiero con esto: sencillamente debemos dejar el mundo y vivir para Él. Desde el momento en que le entregamos nuestra vida a Cristo, empieza nuestra lucha. Primero contra nuestra carne, y luego contra el mundo, el cual desea nuestra perdición.

En la Biblia, Jesús nos deja muy claro que el camino por el cual vamos a caminar es estrecho, más el camino del mundo es amplio. Nos enseña que vamos a sufrir por seguirle. Nunca dijo que ibamos a tener una vida fácil. La vida en Cristo es una vida de constantes luchas y obstáculos, los cuales podemos sobrellevar únicamente por la fuerza que Él nos brindará.

Si vemos dos mil años atrás, los primeros seguidores de Cristo fueron torturados, encarcelados, sufrieron muertes terribles. Posteriormente podemos ver como la historia lo demuestra claramente, los cristianos han sido y serán castigados por su fé. Pablo nos escribe un pasaje muy claro:

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me averg:uenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.”
2 Timoteo 1: 7-12

Dios nos hace fuertes. Cristo no sufrió por nosotros? No fue blasfemado, torturado, y muerto por nosotros? Él nos dio el ejemplo a seguir. Entonces lo que debemos hacer es sufrir sirviéndole. Cómo no vamos nosotros a sufrir por él? Es lo mínimo que podemos hacer, pues si así lo hacemos, tendremos la recompensa al final de nuestras vidas. Debemos ser fuertes entonces, y valorar más nuestro futuro en la eternidad que el dolor que sufriremos estando en el mundo.

” Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”
1 Pedro 2: 19-21″Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” 1 Pedro 4: 1

Imitarle

Si le amamos, intentaremos entonces imitar su vida. O sea, debemos llevar una vida con un corazón humilde, de servicio a los demás, luchando por que el reino de los cielos llegue al mundo entero. Llevándole a Cristo a quienes no le conocen. Nuestra promesa está escrita en la palabra de Dios, si permanecemos en Él.

“Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aún lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.”
2 Corintios 3: 9-11″Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2: 20

Agradarle

Por lo tanto, si lo que buscamos es imitarle, debemos también agradarle. Este es uno de los puntos más importantes de nuestra santificación. Debemos trabajar para que todo lo que hagamos sea para la honra y gloria de Dios. Es nuestro deber luchar contra el pecado, teniendo siempre presente que Cristo murió por todas nuestras aflicciones.Cómo hacemos para agradarle? Hace falta leer las enseñanzas de Cristo. Debemos renunciar a los deseos de nuestro corazón; a los deseos de nuestra carne. Debemos tener claro que la vida NO nos pertenece. Nuestra vida pertenece a Dios. Y debemos hacer que Cristo sea glorificado en ella.

“Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.”
2 Corintios 4: 2″Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.” Colosenses 3: 22

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11: 6

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.” Hebreos 13: 16

Podemos decir entonces que amamos a Cristo? Lo más importante es que cada uno de nosotros debe interiorizar y cuestionarse, en realidad, si es un fiel seguidor de Jesús. Y se debe hacer a diario, ya sea evaluando nuestras acciones diarias; la manera en que manejamos las situaciones del día a día; si hablamos de Él a los demás, etc.En estos últimos meses, me he preguntado cual es la razón detrás de que en algunas ocasiones nos sintamos atemorizados de hablar de Jesús a otras personas. El mundo no dice nada si alguién habla del islam, o del budismo, o de los mormones, pero en el momento en que sale Cristo, entonces nos sentimos atacados por los demás. Debemos confiar en Él y en la esperanza que mora en nosotros. Jamás debemos avergonzarnos de creer en Jesús; o es que no confiamos en que Él es nuestro Dios? Si así creemos, entonces sabemos lo que espera a aquellos que no se averguenzan de Él y a los que perseveran (santifican) en Cristo, esto es, la vida eterna.

Muchos no siguen a Cristo únicamente por no querer dejar de agradar a la carne y al mundo. El que cree en las palabras de Cristo sabe que este camino lleva a la perdición. Ahora, cual camino vamos a seguir nosotros? Amar verdaderamente a Cristo o al mundo? Amén.

“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.” Lucas 9: 26