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Características de un Verdadero Arrepentimiento

mayo 16, 2013

La Biblia tiene mucho que decirnos acerca del arrepentimiento. En general, las Escrituras tratan el tema como una conversión, es decir, como un volverse de una vida a otra. En el Nuevo Testamento el término es usado para indicar “un cambio de mente.” Ahora, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: Porqué es necesario un cambio de mente?

Bueno, la Biblia enseña que todos los hombres son pecadores. Muchos pueden estar de acuerdo con esta afirmación, pero no muchos entienden lo que esto significa. Dios nos ha dicho en Su palabra que todos los hombres desde el momento en que son concebidos están corrompidos por una maldad terrible, la maldad heredada de su ancestro original, Adán (Salmo 51:5, Salmo 58:3, 1 Reyes 8:46, Romanos 3: 9-12, etc). Esa maldad no es otra cosa que la rebelión contra Dios su Creador. La declaración más clara de la corrupción moral del hombre es esta, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1 y 53:1).

Génesis 3 nos revela a todos nosotros que este fue el pecado de Adán. Fue en Edén cuando el hombre creyó la mentira de la serpiente y se deleitó en la idea de ser su propio dios. “Para qué estar sujetos al Dios Creador si yo puedo decidir lo que está bien o mal para mí?” Eso fue lo que pensó Adán en ese trágico momento, cuando tomó del fruto prohibido y comió.

Desde ese momento, Adán consumió a todo su descendencia en el pecado. Génesis 5:3 nos dice que luego Adán el pecador engendró hijos a su imagen y semejanza. A partir de ese momento todos los hombres heredarían la corrupción del corazón de Adán. La evidencia es clara unos capítulos después cuando Dios decide mirar a la tierra y su diagnóstico fue, “que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

Fue por esa razón que Dios decidió raer de sobre toda la tierra a todos los hombres excepto al varón de su favor , Noé, y a su familia. Sin embargo, Dios tuvo misericordia de Noé, no porque éste fuera un buen hombre, mejor que todos los demás, sino a pesar de serlo. Dios por gracia había decidido rescatar a esta familia de Su ira. Y la demostración de que Noé era un pecador la vemos después de 40 días de diluvio cuando al salir del arca él se emborracha y pierde el control de sus sentidos y termina desnudándose (Génesis 9: 18-29).

Y noten esto: si el resto de la humanidad proviene de Noé, y si Noé era un pecador, entonces cómo sería su descendencia?

La realidad es que en la Biblia Dios, como un buen médico nos provee del diagnóstico del corazón humano: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Y cuál es el propósito de Dios? Nos quiere hacer sentir mal? Pues de una manera sí! Nos quiere maltratar? Jamás! Dios nos dice la verdad acerca de nuestra condición, precisamente porque no quiere que perezcamos. Por causa de nuestro pecado somos Sus enemigos y estamos bajo Su ira (Romanos 5:10). El decirnos la verdad tiene el propósito de llevarnos al arrepentimiento.

Si un paciente con cáncer no conoce su verdadero diagnóstico, entonces no podrá buscar ayuda. Así el buen médico buscará no sólo informarle al paciente de su verdadera condición, sino también mostrarle las opciones terapéuticas para su padecimiento.

Hace unos años tuve como paciente a una mujer a quien le había diagnosticado un cáncer de páncreas, uno de los peores tumores que existen. Sólo el 15-20% de los pacientes con este diagnóstico pueden ser operados y de estos sólo un pequeño porcentaje pueden ser curados con cirugía mayor. Sin embargo, a diferencia de la mayoría, esta paciente estaba entre ese 15-20%. Mi recomendación para ella fue someterse a una cirugía para quitar el tumor.

La paciente de pronto se puso muy molesta y me dijo que ella no tenía nada! Yo, según la paciente, estaba leyendo mal los exámenes. Pronto salió de mi oficina y no la volví a ver más hasta un año y medio o dos años después, cuando llegó con un tumor irresecable y con progresión a otros órganos de su cuerpo. En ese momento ya no podíamos hacer nada. La mujer se comportó en el momento inicial como una ‘necia,’ es decir cerró sus oídos a la verdad. Y cuál fue el resultado? Murió!

Bueno, Dios en Su misericordia nos ha dado nuestro diagnóstico espiritual en la Biblia, y ahí nos ha dicho que padecemos de una enfermedad terrible, el pecado, por el cual estamos muertos espiritualmente. Todos los hombres son rebeldes sin causa, rebelándose contra el Dios que los creó y que los sostiene con Su poder. Pablo le escribió lo siguiente a la iglesia en Roma,

21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” Romanos 1: 21-25

De nuevo, como el buen médico, Dios nos ha dado el diagnóstico, pero el fin es llevarnos al arrepentimiento. Y es aquí donde muchos se han equivocado, pues han visto el arrepentimiento como algo sumamente superficial. Como dije al principio, el arrepentimiento es una conversión, una cambio de mente, en donde un pecador viendo su maldad se vuelve de su pecado a Cristo. Este es el signo de la salvación. Si esto no ocurre el pecador no ha nacido de Dios.

Y muchos han enseñado que un pecador puede ser salvo solamente por creer en Cristo como Salvador pero no como Señor, que un pecador puede ser salvo y seguir viviendo en su pecado. Esto, hermanos y amigos, va en contra de la enseñanza bíblica del arrepentimiento.

La parábola del Hijo pródigo, o de los dos hijos perdidos como también se le ha llamado, es muy útil para aprender lo que el Señor Jesús creía del arrepentimiento verdadero. En esta parábola en Lucas 15: 11-32 el Señor afirma seis características del arrepentimiento verdadero:

  1. El verdadero arrepentimiento admite el diagnóstico divino: Cuando el hijo pródigo volvió en sí, es decir, cuando se dio cuenta de su verdadera situación; cuando dejó de taparse los ojos a la realidad, pudo ver realmente lo bajo que había llegado; en la suciedad en la que se encontraba. Pues, de igual manera, hasta que el Espíritu de Dios no abra nuestros ojos, seguiremos creyendo que la vida de pecado es lo mejor que hay. O para ponerlo de otra manera: hasta que el Espíritu Santo no abra nuestros ojos no nos daremos cuenta de lo sucio y terrible que es el pecado y de la condenación que le espera a los rebeldes como nosotros. El arrepentimiento es un regalo de Dios (2 Timoteo 2:25), sin embargo, el primer paso para el arrepentimiento que Dios le da a un pecador es abrir sus ojos a la realidad espiritual. El hombre que actúa como la paciente con cáncer perecerá, pues no sentirá la necesidad de buscar una cura, pero aquel que acepta esa realidad está en camino a la salvación, pues será posible que vea a Cristo!
  2. El verdadero arrepentimiento es una conversión: O para decirlo de otra manera: volverse del pecado a Dios. El hijo menor dijo, “Me levantaré e iré a mi padre” (v. 18). El joven se dio cuenta que el único que podía ayudarlo era su padre. Si él hubiera dicho: “Bueno yo me metí en este hueco. Voy a buscar otro trabajo, voy a ganar más dinero, y voy a salir de este aprieto,” no hubiera pensado en ir de vuelta con su padre. No fue hasta que se vio sin otra salida, sin recursos, abandonado, que pudo pensar correctamente, dejar la pocilga y volver con su padre.
  3. El verdadero arrepentimiento clama por misericordia: Al verse un pecador en la terrible condición espiritual en la que se encuentra delante de Dios, ver lo terrible del pecado, y ver que se ha pecado contra un Dios infinitamente Santo y Justo, lo único que puede haber es un clamor pidiendo misericordia. Qué fue lo que pensó el hijo en decirle a su padre: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (v. 19). El verdadero arrepentimiento es aquel por el cual el pecador sabe que no hay nada que le pueda ofrecer a Dios para pagar la deuda que tiene con Él. Igualmente no hay nada que podamos ofrecer para apaciguar la ira de un Dios Justo y Bueno por causa de nuestros pecados. Lo único que queda es ir delante del trono celestial y clamar por misericordia.
  4. El verdadero arrepentimiento confiesa sus pecados: Noten lo que pensó decir el hijo, “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (v. 18). El verdadero arrepentimiento admite sus pecados en contra de Dios. El verdadero arrepentimiento admite que nuestro pecado es una ofensa contra Dios. Por eso es tan grave. El hijo menor no hizo excusas por su pecado! Él no dijo: “Si no me hubieras dado todo ese dinero sabiendo que era un inmaduro, no hubiera pecado.” Ni tampoco dijo, “Yo no me hubiera ido a malgastar todo si tu no fueras un padre tan exigente.” No! El hijo asumió su culpabilidad. Él admitió haberse rebelado contra su padre quien lo amaba. De la misma manera aquel que se arrepiente verdaderamente admite que su pecado es algo terrible hecho voluntariamente contra Dios.
  5. El verdadero arrepentimiento se acompaña de fe: Este hijo tuvo fe, es decir, creyó que su padre era capaz de perdonarlo y tener misericordia de él. Bueno, cuando un pecador se arrepiente verdaderamente, cree que Dios es capaz de perdonarle y de tener misericordia de él. Por eso acude a Dios! Por fe! Porque sabe que sólo Él es capaz de salvarlo de su mísera condición (Hebreos 11:1,6). Sólo por fe puede un pecador aferrarse a Cristo, su cura, su medicina, Aquel que fue capaz de vivir la vida que ningún hombre pudo vivir, y el único que pudo morir en la cruz por los pecados de Su pueblo.
  6. El verdadero arrepentimiento actúa: El hijo menor no se quedó en la porqueriza pensando ir a su padre algún día. No! Él se levantó y fue con su padre. Noten que en el v. 18 piensa lo siguiente, “Me levantaré,” y cuando termina de pensar lo que va a hacer, qué hace? V. 20, “Y levantándose, vino a su padre…” Esta es la verdadera conversión, un cambio de mente, un cambio de corazón, un volverse del pecado a Dios. Y el propósito de la parábola es mostrar el gozo que le trae a Dios cuando un pecador experimenta este arrepentimiento o esta conversión. Y este accionar se evidencia en un odio por su pecado y luego en la mortificación de su pecado remanente durante su vida cristiana.

Ahora, la pregunta es ésta: Se ha arrepentido usted de esta manera? Muchos dicen haberse arrepentido, pero nunca se han vuelto de sus pecados. Su corazón continúa estando atado a sus pecados (pornografía, avaricia, adulterio, engaño, etc). Jesús nos ha mostrado en el hijo pródigo la conversión o el arrepentimiento cristiano.

Un arrepentimiento o una conversión que no produzca un odio hacia el pecado y un amor por Dios no es verdadera. Aquel que dice ser cristiano, pero continúa viviendo en su carne, no ha experimentado este arrepentimiento para vida que trae gozo a Dios. Se ha arrepentido usted verdaderamente?

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One Comment leave one →
  1. Fernando Leiva permalink
    mayo 26, 2013 2:04 pm

    Excelente articulo para un estudio biblico..gracias Pastor Eduardo

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