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La Promesa del Espíritu

febrero 23, 2011

Cuando hablo de la promesa del Espíritu Santo no me estoy refiriendo a algo que el Espíritu Santo haya prometido a la Iglesia. Me estoy refiriendo al Espíritu Santo como la promesa misma. Lo que quiero hacer el día de hoy es ampliar un poco la cita que hice de James Hamilton en esta entrada. Entiendo que muchos de nosotros nunca nos hemos hecho preguntas como estas, sin embargo considero que son preguntas importantes en las cuales debemos ahondar mucho más.

A lo largo de la historia han existido diferentes opiniones al respecto, las cuales no pienso discutir en esta entrada, pero para los que deseen estudiarlas encontraran una excelente discusión en los escritos de los reformadores, principalmente en los siglos XV y XVI. Lo que sigue es una interpretación de algunos de los pasajes bíblicos que tratan de la promesa del Espíritu Santo de Dios para Su pueblo.

Entonces, de qué estoy hablando? La afirmación es la siguiente: El Espíritu Santo no moraba dentro de los creyentes del Antiguo Testamento. Debo aclarar que esto no significa que los creyentes del Antiguo Testamento no fueran regenerados. Eso no es lo que se afirma. Todo lo contrario, la afirmación establece que los creyentes del Antiguo Testamento eran personas que habían sido regeneradas (nacido de nuevo) por el poder del Espíritu Santo, pero que el ministerio del Espíritu Santo en los creyentes de ese entonces no era el mismo que el ocurrió en los creyentes del nuevo pacto, en los cuales el Espíritu Santo sí moraba dentro de ellos.

A lo largo de la historia de Israel Dios les dio variadas promesas. Sin embargo es una de ellas las que nos concierne, esta es, la promesa con respecto al Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando Dios le habla a Su pueblo por medio de Ezequiel y les habla acerca del pacto futuro que haría con ellos les dice lo siguiente,

Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” Ezequiel 36: 27

Notan la promesa de Dios a Israel? No sólo los recogerá de todas las naciones; no sólo los limpiaría de sus pecados; no sólo les daría un nuevo corazón; sino que también esa promesa incluía poner al Espíritu Santo dentro de cada individuo de Israel. Pero muchos años antes de esta profecía Dios le había prometido algo similar a Abraham. Así es como lo entendió el apóstol Pablo. Cuando le escribió su carta a los Gálatas les dijo lo siguiente,

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” Gálatas 3:14

De nuevo, el apóstol habla de una promesa que Dios le hizo a Abraham con respecto al Espíritu Santo, y esa promesa era que en Cristo Jesús la bendición de Abraham se extendiera hasta los gentiles, para que por fe en Él [Cristo Jesús] recibiésemos al Espíritu Santo. Ahora, cuándo es que Dios otorga el cumplimiento de esta promesa del Antiguo Testamento? Juan el evangelista inspirado por el Espíritu Santo nos da la respuesta:

37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Este pasaje es sumamente interesante! Jesús afirma que en (dentro de) todos aquellos que crean en Él correrían ríos de agua viva. Dónde? Respuesta: “de su interior.” Pero, entonces, no ocurría esto en los creyentes del Antiguo Testamento? El evangelista Juan en su comentario inspirado de las palabras de Jesús dice que no! Porqué? “porque Jesús no había sido aún glorificado.” Juan, entonces, afirma con toda claridad que esta experiencia que ocurriría dentro de los creyentes ocurriría hasta que Cristo fuera glorificado. Cuándo es que ocurriría esta glorificación? Juan 17: 5 nos dice que esto sería cuando Cristo volviera a Su Padre. Hasta ese momento el Espíritu Santo correría como ríos de agua viva dentro de los creyentes en Cristo, no antes. En Pentecostés, una vez que Cristo ya había ascendido a Su Padre; no en el Antiguo Testamento.

Cómo estoy seguro de que esto es así? La respuesta está en una de las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, los cuales eran parte del Antiguo Testamento. Aún, el nuevo pacto no se había consumado, pues Cristo no había muerto y resucitado (Juan 19:30). Entonces, en Juan 14 Jesús dice algo sorprendente,

12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. 15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Juan 14: 12-17

Lo primero que debemos notar es que Jesús, desde el inicio del capítulo, viene haciendo ciertas promesas a sus discípulos, y el Señor basa su cumplimiento en esto, “porque yo voy al Padre” (versículo 12). Jesús afirma que el cumplimiento de todas las promesas vendrá con Su ascensión al Padre.

Segundo, Jesús afirma que una de esas promesas que nos serán dadas es el Espíritu Santo, el otro Consolador, otro consolador del mismo tipo que Él (ἄλλον παράκλητον). Pero, porqué habría de ser el Espíritu Santo una promesa para los creyentes? Vamos al tercer punto. Jesús promete al Espíritu Santo precisamente porque su ministerio [el del Espíritu Santo] con respecto a los creyentes sería diferente al del Antiguo Testamento. En el nuevo pacto el Espíritu Santo estaría dentro de los creyentes. Noten las palabras de Jesús,

el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Juan 14: 17

Jesús les dice a los discípulos que ellos sí conocen al Espíritu Santo. Porqué le conocen? El Señor dice que es porque Él “mora con” ellos. Sin enbargo, la promesa del Espíritu es algo totalmente diferente. El Espíritu ya no estaría morando con ellos, sino que estaría en [dentro de] ellos. La antigua promesa de Dios con respecto al Espíritu Santo es que Él moraría dentro de los que creyeran en Cristo Jesús.

Ahora, un comentarista dice que este versículo 17 debería entenderse como una figura literaria, ya sea una redundancia o pleonasmo, queriendo argumentar que Jesús “repite una misma idea de distintas formas para enfatizar la fuerza de lo que se quiere decir.” Es decir que Jesús no está diciendo “que recibirían al Espíritu Santo como una novedad (porque ya lo tenían, incluso Cristo había soplado sobre ellos), sino como una nueva forma de hacer y cumplir la misión evangelizadora del pacto de gracia a todas las naciones.”

Pero, es esta interpretación correcta? Creo que no. Primero, las palabras de Jesús son muy claras. No podemos encontrar evidencia alguna de pleonasmo o redundancia en Sus palabras. Segundo, el análisis simple del pasaje nos demuestra que Jesús tiene en mente y que Él se está refiriendo a dos cosas totalmente distintas una de la otra. Sólo tenemos que notar el tiempo de los dos verbos dichos por el Señor: “mora” y “estará.” Si Jesús se estuviera refiriendo a la misma cosa, entonces hubiera empleado un mismo tiempo verbal. Igual de ilógico es pensar que la frase “estar en” significa una acción más poderosa que “morar con” alguien. Es claro que se trata de dos cosas distintas.

Además, Jesús usa dos preposiciones totalmente distintas, “con” y “en.” Debemos entender que Jesús está haciendo notar una diferencia entre el ministerio del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y lo que sería Su ministerio en el nuevo. En el período de la ley, en el cual aún se encontraban los discípulos (porque Cristo no había muerto aún), el Espíritu moraba con los creyentes, pero con la inauguración del nuevo pacto el Espíritu estaría dentro de los creyentes. Es indudable y clara la enseñanza y promesa de Jesús a Sus discípulos.

Ciertamente uno de los propósitos de esta promesa era darle poder a los discípulos para dar testimonio de Cristo a todas las naciones (Hechos 1:8, Juan 20: 19-23). Esto porque uno de los nuevo ministerios del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento era dar testimonio de Cristo, esto en una parte por medio de los creyentes (Juan 15:26). Pero, esto no es lo que afirma nuestro Señor Jesucristo. Él no está hablando en este pasaje de la misión que habían de cumplir los creyentes, ni de cómo la realizarían, sino que está hablando de la diferencia en la experiencia del Espíritu entre los creyentes del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento. En el pasado moraba con ellos, pero a partir de Pentecostés, con Su ascensión al Padre, estaría dentro de los creyentes.

Por último, en el nuevo pacto esta promesa sería algo permanente. No más podría ser quitado el Espíritu Santo, pues moraría dentro de los creyentes para siempre (versículo 16).

Viene ahora la pregunta: Pero, no eran entonces los creyentes del Antiguo Testamento regenerados? La pregunta viene porque existe la idea de que para que un pecador sea regenerado el Espíritu debe morar dentro de Él. Pero, el simple estudio de la doctrina de la regeneración nos ayuda a despejar este tipo de dudas.

La regeneración es el acto instantáneo de Dios en el cual hace nacer de nuevo a un hombre, dándole vida espiritual. La regeneración es necesaria porque todos los hombres que han nacido están muertos espiritualmente (Efesios 2: 1-3). Cada hombre que ha de ser salvo debe ser re-generado o re-creado. Es por esto que Pablo puede afirmar que los creyentes han sido hecho nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5: 17). En el pasaje de Ezequiel lo vemos en las siguientes palabras, “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26). En la regeneración Dios nos hace, como diría John Piper, “un trasplante de corazón.” Nos quita el corazón de piedra y pone en nosotros un corazón de carne.

Ciertamente esta obra divina es llevada a cabo por el Espíritu Santo (Juan 3), sin embargo entendiendo las palabras de Jesús en Juan 14: 17 y leyendo sobre la experiencia del Espíritu en el Antiguo Testamento, queda claro que el Espíritu Santo no necesariamente debe morar dentro del creyente. Primero, nunca leemos de esto en el Antiguo Pacto. Segundo, lo que leemos de la experiencia del Espíritu Santo en los regenerados es de un ministerio muy limitado, es decir, era algo que era experimentado sólo por unos pocos, por ejemplo, profetas o líderes de algún tipo en Israel. Tenemos el ejemplo de Moisés, de los ancianos que le ayudaban haciendo juicio entre el pueblo. Además, en los que Dios había elegido para construir el tabernáculo o inventar los diseños necesarios para el mismo. También en los jueces y gobernantes de Israel.

Tenemos el caso de Saúl, a quien Dios le había ungido con Su Espíritu para que pudiera gobernar a Israel, pero en el momento en que pecó, Dios le quitó al Espíritu Santo. No dice que dejó de morar en Él, sino simplemente que el Espíritu “se apartó de él” (1 Samuel 16:14). Es como si el Espíritu Santo estuviera con Saúl y no dentro de él.

Otro ejemplo es el del rey David y su petición a Dios en el Salmo 51. En el versículo 11 el rey pide lo siguiente, “No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.” La preposición “de” puede tener varias interpretaciones, sin embargo cuando estudiamos el lenguaje original es más correcto pensar que David está pidiendole a Dios que no le quite al Espíritu Santo de su lado. Lo más probable es que el rey israelita esté recordando lo ocurrido con Saúl y admitiendo su pecado contra Dios pide que no le suceda lo mismo a él. Noten lo que escribió Alexander McLaren, un teólogo bautista que vivió a finales del siglo XIX y principio del XX, acerca de este versículo,

Ahora, respecto a la petición fundamental, “Y no quites de mi tu santo Espíritu,” una cosa por notar es que David se ve a sí mismo como poseyendo ese Espíritu. Nosotros no debemos leer en este salmo la bien desarrollada doctrina del Nuevo Testamento de un Paracleto personal, el Espíritu a quien Cristo revela y envía. Hacer eso sería un terrible anacronismo. Pero debemos recordar que es un rey ungido el que habla, sobre cuya cabeza ha sido derramado el aceite que le designaba para este oficio, y que en su gentil fluir y dulce fragancia, simbolizaba desde la antigüedad la inspiración de la divina influencia que acompañaba cada llamado divino…Ese Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, había descendido sobre él cuando fue ungido rey, pero no era una mera consagración oficial la que recibió. Había sido adaptado para las funciones reales por medio de un lavamiento personal y por medio de dones espirituales.” Alexander McLaren. David’s Cry for Purity.

Lo que enfatiza McLaren es que el Espíritu Santo ministraba a los santos del Antiguo Testamento de una manera distinta a la del Nuevo Testamento, pues en el Antiguo Pacto lo que hacía era ministrarle al pueblo de Israel ungiendo a ciertos de sus líderes, como David, y adaptándolos por medio de la regeneración y el otorgamiento de dones espirituales.

Lo que vemos en el Antiguo Testamento es al Espíritu con ciertas personas, gobernantes, líderes, jueces, profetas, de una manera temporal. La diferencia con el Nuevo Testamento es que el Espíritu Santo no sólo estaría con los creyentes, sino que estaría en ellos para siempre. Y es ahí donde entendemos claramente las palabras de Hamilton,

Eran los creyentes del antiguo pacto habitados por el Espíritu Santo? No. Ellos no necesitaban estarlo. Dios habitaba en el templo. Él estaba por lo tanto con ellos. Cómo eran y permanecían los creyentes del antiguo pacto fieles? Ellos eran fieles por la obra regeneradora del Espíritu Santo…no porque el Espíritu habitara en ellos, sino por el Espíritu habitando en el templo (Salmo 73:17), en donde ellos anhelaban estar. Además, el Espíritu estaba activo por medio de los profetas de Israel. Mientras los profetas proclamaban la palabra de Dios, el Espíritu instruía y amonestaba al pueblo de Dios. Bajo el antiguo pacto, el Espíritu daba vida y estaba con el pueblo mientras Él habitaba en el templo. Bajo el nuevo pacto, el Espíritu da vida y habita en los creyentes; ellos son Su templo.”

Entonces, por lo que podemos entender de las claras palabras de Jesús es que a pesar de que los creyentes de la antigüedad (AT) ciertamente eran regenerados, ellos no tenían la promesa que era parte del nuevo pacto, es decir, la promesa de que el Espíritu habitaría dentro de los creyentes. Este es un paso más en la economía de la redención del pueblo de Dios, la Iglesia. Ya no tendrían que ser enseñados las cosas de Dios por medio de profetas, sino que el mismo Espíritu que moraría con ellos les enseñaría todas las cosas de Dios (Jeremías 31:34).

Espero haber sido suficientemente claro en esta exposición. Sé que habrán muchas opiniones y preguntas al respecto. Espero que la discusión sea sana para la edificación de la iglesia. Bendiciones.

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6 comentarios leave one →
  1. febrero 27, 2011 11:17 pm

    Me parece muy bueno. Yo tengo un recién inicado blog similar, pertenezco a una iglesia de corte bautista. Es grato ver en la Web que se enseña de manera rápida y entendible, utilizando la palabra de Dios (sobre todo lo último). Agradezco a Dios por haber encontrado este escrito porque era una de las muchas dudas que tenía sobre el pueblo del AT. Sólo una duda, si la quisieras utilizar en algún tema, o si ya lo has tratado, sería bueno saberlo ¿Qué pasó con las almas de aquellos que murieron antes de la Cruz de Cristo? ¿Su salvación era también por fe? ¿Por obras?… Dios te bendiga y sigas siendo instrumento de su Gloria.

  2. Gione permalink
    junio 12, 2011 11:21 pm

    Me gustó mucho este escrito, estoy estudiando teología tenía que estudiare acerca de este tema, me sirvió de mucho. Dios te bendiga.

  3. agosto 15, 2011 6:38 pm

    Hola Eduardo, el fin de semana estuvimos hablando con mi hermano – Javier – acerca de la accion regeneradora de Cristo preencarnado, Me sostuve en el versículo de Apocalipsis 13:8.
    Hablábamos de que la fe de Abraham fue sin duda una acción de Cristo primeramente, porque nadie puede tener fe sin haber sido regenerado. Es decir, si decimos que la “fe de Abraham” le fue contada por justicia, entonces no se necesitaría de un mediador que nos justificase, porque sólo habría que tener fe en Dios para ser justo delante de Dios. Y esto se opone a las dcoctrinas reformadas.

    Quería pedirte un favor: puedes publicar una entrada con un estudio sobre esto?
    He estado buscando algo de esto en páginas en español, pero son nulas las referencias a este tema.

    Te lo agradezco de antemano.
    Viviana.
    CHILE

    • agosto 15, 2011 9:09 pm

      Viviana,

      Gracias por el comentario. Cuando tratamos el tema de la fe y la justificación en el AT debemos tener en cuenta que la revelación de Dios es progresiva. Con respecto a este tema déjame preguntarte varias cosas: primero, a quien le creyó Abraham? Acerca de cuál promesa le creyó Abraham a Dios? No fue esa fe la que le justificó? No es esa la misma fe que te justificó a ti? Es decir, a quien le creíste tu cuando naciste de nuevo? A Dios. Con respecto a qué? A la promesa de que Él te reconciliaría, expiaría tus pecados, te justificaría por la obra de Jesucristo. La fe que te justificó fue aquella que confió en Jesucristo y su obra perfecta. Buena, Abraham hizo lo mismo con la revelación que Dios le había dado a él hasta ese momento. Pero, a pesar de que Abraham no sabía lo que tu sabes, su fe y la tuya es la misma. Y por eso ambos son justificados.

  4. agosto 16, 2011 3:39 pm

    Gracias por la respuesta!

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