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Libro: Spurgeon-Un Príncipe Olvidado de Iain Murray

enero 19, 2009

Este año he adquirido abundante literatura biográfica. He llegado a creer que leer biografías de grandes cristianos me puede llegar a edificar espiritualmente. Aprovechando la idea que tuve el año pasado de leer una biografía al mes de Juan Calvino, adquirí otros libros de hombres como Lutero, Jonathan Edwards, Juan Bunyan, y George Whitefield, entre otros.

La semana pasada leí un gran libro por un gran autor, Iain Murray. El título del libro es, “Spurgeon-Un Príncipe Olvidado.” Realmente disfruté leyendo esta biografía, pues más que tratar acerca de la vida de este gran hombre de Dios, trata acerca de su visión doctrinal, y los problemas que encontraba con el hipercalvinismo y el arminianismo de su época.

Lo que podemos aprender de un hombre como Spurgeon no tiene límite. Como deja claro el autor, “más de sesenta volúmenes del New Park Street y Metropolitan Tabernacle Pulpit (cada volumen con un promedio de setecientas páginas de letra pequeña), veintiocho volúmenes de The Sword and Trowel (revista mensual) y más de un centenar de otro libros de diversos tamaños.” Un hombre con tal pasión por evangelizar y enseñar debe ser admirado.

En los primeros capítulos, Murray se dedica brevemente a describir al Príncipe de los Predicadores. Nos muestra su gran poder imaginativo, originalidad, su poder mental para digerir y popularizar casi todo lo que leía. Pero, lo más interesante es que era un asiduo lector de la Biblia desde que tenía seis años.

Para el autor, así como para muchos historiadores de Spurgeon, su poder venía del Espíritu Santo. El autor escribe, “Creía que sin el Espíritu de Dios nada podía hacerse. Cuando su congregación cesara de sentir su dependencia entera y absoluta en la presencia de Dios, estaba seguro de que antes de poco tiempo vendrían a ser objeto de desprecio y comentario velado, o quizás un mero leño sobre el agua.”

Este poder quedaba claro en su mensaje, dice el autor, “amaba proclamar la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” Pero quizás lo más importante de este libro es la descripción de la posición doctrinal de Spurgeon. Este hombre tuvo dos grandes enemigos, el hipercalvinismo, y el arminianismo. Contra ambos luchó incesantemente, dejando ver sus errores y peligros. Con respecto al hipercalvinismo dice Spurgeon,

“El hipercalvinismo, en su tentativa de hacer que todas las verdades del Evangelio cuadren con el divino propósito de salvar a los elegidos, niega que haya un mandato universal para arrepentirse y creer, y afirma que sólo estamos justificados en invitar a ir a Cristo a los que están concientes de experiencia de pecado y necesidad.”

Para Spurgeon, el gran problema del hipercalvinismo era su falta de celo por el evangelismo. Pero la gran batalla de su vida se dio en contra del arminianismo, lo que se conoce como la Gran Controversia. Spurgeon miraba el arminianismo como el error que estaba influyendo en todos los sectores de su patria, dentro y fuera d ela iglesia. En un sermón dijo,

“Esto podrá parecernos de poca importancia, pero en realidad es asunto de vida o muerte. Quisiera suplicar a todo cristiano: Piénsalo bien, amado hermano. Cuando algunos de nosotros predicamos el calvinismo, y algunos el arminianismo, no podemos ambos tener razón, es inútil tratar de pensar que podemos; Sí y No, no pueden ser los dos verdad…La verdad no oscila como el péndulo que marcha atrás y adelante. No es como el cometa, que está aquí y allá, y en todas partes. Es preciso que uno tenga razón y e otro esté equivocado.”

El problema que veía el predicador inglés en la doctrina arminiana era que estos no predicaban la depravación del hombre ni la soberanía de Dios, claramente enseñadas en la Biblia. Con respecto a esto dijo,

“He sabido que hay hombres que se muerden los labios y rechinan los dientes rabiosos cuando he estado predicando la soberanía de Dios…Los doctrinarios de hoy aceptan un Dios, pero no ha de ser Rey, es decir, escogieron un dios que no es dios, y antes siervo que soberano de los hombres. El hecho de que la conversión y la salvación son de Dios, es una verdad humillante. Debido a su caracter humillante, no gusta a los hombres. Esto de que me digan que Dios ha de salvarme si he de ser salvo, y que estoy en sus manos, com la arcilla está en las manos del alfarero, “no me gusta,” dice uno. Bien, ya pensé que no te gustaría; quién soñaría siquiera que iba a gustarte?”

Lo que Murray nos muestra es que la lucha de Spurgeon contra el arminianismo era la gran cantidad de errores que tenía en su teología. No sólo tenía una visión inadecuada de Dios y Su caracter, del hombre, del pecado, y de la salvación. Spurgeon creyó que el arminianismo llevaría a gran cantidad de falsos conversos, con lo que se llamaría el “decisionismo.” Es decir, los hombres deciden si aceptan o no a Cristo. Esto es lo que vemos en la actualidad, y es lo que ha precipitado a la iglesia visible en un problema del que le costará salir.

Para aquellos que desean leer aún más acerca de este gran hombre, les recomiendo este gran libro. Además, si no pueden adquirirlo para sus bibliotecas, lo pueden leer aquí.

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8 comentarios leave one →
  1. enero 19, 2009 4:20 pm

    Eduardo,

    Este título es uno de mis libros para este año. Pensé que Murray abordaría la vida de Spurgeon desde otra perspectiva; aún así, el tema que trata y el cómo lo presenta es muy atractivo. Gracias por la breve reseña.

    Bendiciones

  2. enero 19, 2009 5:40 pm

    O.o!!!
    Excelente.. porque por donde vivo hay 2 librerías cristianas, pero ninguna tiene libros que recomiendas tú u otros, solo libros de ahora de gente famosa…. :S

  3. enero 20, 2009 3:33 am

    Eduardo… creo que tú conoces a Spurgeon más que yo… es verdad que él interpretaba el mundo de Juan 3:16 como toda la humanidad??

    Bendiciones

    • enero 20, 2009 4:11 am

      Marcelo,

      En los sermones de Spurgeon queda claro la inteligencia y sabiduría de este gran hombre. Jamás podría pensar o predicar lo que predican los arminianistas, pues queda claro que para Spurgeon el arminianismo era un error. Jamás podríamos pensar que era un universalista tampoco.

      Al igual que los grandes reformadores, y como un calvinista, Spurgeon profesaba que Dios entregó a Su Hijo para que aquellos que creían tuvieran vida eterna. Spurgeon nunca creyó que Dios entregó a Su Hijo para salvar a toda la humanidad, sino a los elegidos por el Padre. Si deseas leer una exposición de su sermón, lo puedes hacer aquí. Bendiciones!

  4. enero 21, 2009 4:38 pm

    Eduardo,

    Lo preguntaba porque varias he leído eso sobre Spurgeon, por ejemplo en http://www.apuritansmind.com/Arminianism/McMahonExegesisOfJohn3_16.htm#_ftn59 se lo incluye en una pequeña lista de teólogos que entienden mundo en Jn 3:16 como toda la humanidad

    • enero 22, 2009 2:03 am

      Marcelo,

      Lei el artículo al que te refieres, pero en realidad no lo puedo ver en los escritos de Spurgeon. Mira lo que escribe en su Defensa del Calvinismo,

      “Algunas personas aman la doctrina de la expiación universal porque dicen: “Es tan hermosa. Es una idea maravillosa que Cristo haya muerto por todos los hombres. Esta doctrina es adecuada,” dicen, “a los instintos de la humanidad. Hay algo en ella lleno de gozo y belleza.” Admito que lo hay, pero la belleza puede estar a menudo asociada con la falsedad. Hay mucho que yo puedo admirar en la teoría de la redención universal pero sólo voy a demostrar qué suposición está necesariamente involucrada en ella. Si Cristo hubiera tenido en la cruz, la intención de salvar a todos los hombres, eso quiere decir que Él pretendía salvar a esos que estaban perdidos antes de Su muerte. Si la doctrina es verdadera (que Él murió por todos los hombres) entonces Él murió por algunos que estaban en el infierno antes que Él viniera a este mundo, pues sin duda ya había entonces millones de millones allí que habían sido arrojados a ese lugar por sus pecados.

      Va de nuevo, si hubiera sido la intención de Cristo salvar a todos los hombres, cuán deplorablemente Él ha sido decepcionado, pues tenemos Su propio testimonio que hay un lago que arde con fuego y azufre y a ese abismo de dolor han sido arrojadas algunas de las mismas personas que, según la teoría de la redención universal, fueron compradas con Su sangre. Esa concepción me parece a mí, mil veces más repulsiva que cualquiera de esas consecuencias que se dicen asociadas con la doctrina calvinista y cristiana de la redención particular. Pensar que mi Salvador murió por hombres que estaban o que están en el infierno, parece ser una suposición demasiado horrible para que yo la considere. Imaginar por un instante que Él fue el Sustituto de todos los hijos de los hombres y que Dios, habiendo castigado primero al Sustituto, después castigó a los propios pecadores, parece estar en conflicto con todas mis ideas acerca de la justicia divina.

      Que Cristo hubiera tenido que sufrir una expiación y dar una satisfacción por los pecados de todos los hombres, y que luego algunos de esos mismos hombres tuvieran que ser castigados por los pecados que Cristo ya había expiado, me parece que es la iniquidad más monstruosa que pudo haber sido imputada jamás a Saturno, a Jano, a la diosa de los ladrones, o las más diabólicas deidades paganas. ¡Dios no permita que alguna vez pensemos eso de Jehová, el Justo y Sabio y Bueno!”

      No creo que Spurgeon interpretara Juan 3: 16 como todo el mundo, sino como el conjunto de los elegidos de Dios. Puedes leer todo el artículo aquí. (Lo encuentras al final del índice).

  5. wilson permalink
    agosto 6, 2009 4:45 pm

    quiero comprar libros de spurgeon y l moody

  6. Fabian permalink
    diciembre 11, 2012 8:57 pm

    Hermano, quisiera saber si tiene el pdf ya que el link está muerto. Espero que pueda repararlo, bendiciones.

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