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Institución de la Religión Cristiana

enero 2, 2009

La obra maestra de Juan Calvino, publicada por primera vez en marzo de 1536, cuando el autor tenía tan sólo 26 años de edad. Esta primera edición era un breve manual de tan sólo seis capítulos en los cuales exponía el decálogo; el Credo Apostólico; la oración del Señor; el bautismo; de los sacramentos; y de la libertad cristiana, la iglesia y la disciplina.

Según el mismo Calvino, esta obra inicial fue escrita en latín, a diferencia de muchos quienes aseguran que fue escrita en francés. Jules Bonnet, en el Bulletin de la Société de l’histoire du protestantisme français de 1858, deja claro como Calvino en el prefacio de la edición francesa de 1541 escribe que la primera edición fue escrita en latín, para los lectores de todas las naciones y que luego la tradujo para  sus coterráneos.

La segunda edición contenía diecisiete capítulos, la tercera veintiuno, hasta que para la última edición en 1559 había crecido casi cuatro o cinco veces la de la original. Esta edición fue dividida en cuatro libros, cada uno con un cierto número de capítulos, y cada uno separado en secciones, todo siguiendo el Credo Apostólico, hablando acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El primer libro trata del conocimiento de Dios, el segundo es cristológico, el tercero acerca del Espíritu Santo y el cuarto acerca de los medios de gracia, es decir, la Iglesia y los sacramentos.

Esta obra es, para hombres como Schaff, “la obra maestra de un genio precoz de  poder intelectual y profundidad espiritual.” [1] Para el historiador, esta obra literaria le dio el sobrenombre  de “Aristóteles” y “Tomás Aquinas” de la Iglesia Reformada. Otros grandes hombres reconocían  el poder de este libro. Bucer le escribió a Calvino diciendo, “Es evidente que el Señor te ha elegido como su órgano para otorgar la más rica bendición a Su iglesia.”

La obra fue dedicada al rey Francis I de Francia (1494-1547) quien reinó durante un período en el cual la iglesia protestante era incesantemente perseguida por la iglesia Católica Romana. La idea de Calvino fue la de apelar al rey para defender a sus hemranos protestantes.  Para la iglesia Católica Romana, esta obra era el Korán y el Talmud de la herejía. De la Sorbonne, universidad parisina, salió la orden de quemar todos los ejemplares encontrados, mucho más que cualquier otra obra literaria del siglo XVI.

Calvino intentó proveer una exposición que reivindicaría la causa de los protestantes, defendiendo la doctrina suya y de sus coterráneos, contra lo que él veía era una amenaza contra el evangelio de Cristo, esto es, la doctrina de la iglesia romanista. De nuevo Schaff escribe,

“Él [Calvino] escribe bajo la inspiración de una fe heroica que está preparada para la estaca, y con un maravilloso entusiasmo por el evangelio puro de Cristo, que había sido obscurecido y privado de su efecto por las tradiciones humanas, pero que ahora había renacido de esta basura a una nueva vida y poder.”

Con esta breve introducción deseo, el día de hoy, hacer un resúmen de las razopnes que le da Calvino a el rey Francis I, para escribir esta obra. Juan Calvino, deja claro que la idea inicial no fue entregársela al rey, sino escribir los rudimentos para que cualquier persona pudiera entrenarse en todos los asuntos de la santidad. La razón, según Calvino, fue la sed y el hombre del pueblo por Cristo, que estaba siendo cegado por las tradiciones de hombres que se hacían llamar la Iglesia de Cristo, apuntando a los líderes de la Iglesia Católica Romana.

Estos líderes estaban trayendo calumnias en contra de los protestantes (hugonotes) en su país natal, Francia. Calvino escribe, ” Mas yo tomo la causa de todos los píos, y la del mismo Cristo: la cual el día de hoy está en vuestro reino tan menoscabada y pisada, que parece que ya no tenga remedio; y esto, mas por la tiranía de ciertos fariseos, que por vuestra voluntad.”

Porqué acude al rey? Correctamente, como el gran teólogo que era, Calvino le escribe al rey, “Porque el pensar esto hace a uno verdadero Rey, si reconoce ser verdadero ministro de Dios en el gobierno de su reino. Y por el contrarios, aquel que no reina para este fin, de servir a la gloria de Dios, este tal no es rey, sino ladrón. Y engáñase cualquiera que espera luenga prosperidad en reino que no es regido con el cetro de Dios, quiero decir, con su Santa Palabra.”

Calvino acudió al rey, para dejarle claro el puesto que tenía y la justicia que debía administrar, como un siervo de Dios. Los romanistas estaban enseñando cosas fuera de la palabra de Dios. Estaban enseñando tradiciones de hombres, y acusaban a los protestantes de enseñar cosas nuevas, herejías y corrupciones. La idea de entregar esta obra al rey era que él mismo verificara que los romanistas mentían, pues la doctrina de los protestantes era la correcta. Con respecto a esto Calvino escribió, “Pero nuestra doctina está en más alto lugar que toda la honra del mundo, e invencible por todo su poder, pues no es nuestra, sino del Dios viviente, y de Su Ungido, al cual el Padre ha constituído por Rey, para que se enseñoree desde el mar hasta el mar, y desde los ríos hasta los fines de la tierra…Permita que nuestra doctrina sea probada y nuestra victoria es segura.” Y Calvino continúa escribiendo acerca de las acciones de los romanistas,

“Considere vuestra Majestad por otra parte a nuestros adversarios (hablo del sacerdocio, por cuyo antojo y apetito todos los otros nos son enemigos) y advertid juntamente conmigo la pasión que los mueve. Ellos fácilmente permiten a sí mismos y a los demás ignorar, menospreciar, no hacer caso de la verdadera religión que nos es enseñada en la Santa Escritura, y debería valer entre nosotros. Y piensan no hacer mucho al caso que es lo que crea, o no crea, cada cual de Dios y de Jesucristo, con tal que con fe implícita (como ellos llaman) que quiere decir, entricada y revuelta, sujete su entendimiento a la determinación de la iglesia. NI tampoco hacen mucho caso si acontezca que la gloria de Dios sea profanada con manifestaciones blasfemias, con tal que ninguno no hable palabra contra el primado de la silla Apostólica, ni contra la autoridad de la santa madre iglesia. Porqué, pues, ellos con tanto furor y violencia batallan por la misa, purgatorio, peregrinaciones y otros semejantes desatinos, de tal manera que ellos niegan la verdadera piedad poder consistir, si todas estas cosas son tenidas, creídas por fe explñicatísima (por hablar así) aunque ninguna cosa de ellas puedan probar la palabra de Dios? Porqué? Sino por cuanto su Dios es el vientre, y su religión es la cocina, las cuales cosas quitadas, no solamente ellos piensan no ser Cristianos, mas ni aún hombres.”

Calvino refutaba la idea de que su doctrina, la doctrina protestante fuera nueva, como decían los romanistas, o que fuera cismática. Más bien, el reformador lanzó un reto a los papistas diciendo, “Sin duda, es cosa fácil para ellos, en presencia de una multitud ignorante y crédula,mofarse de la causa desamparada; pero si nosotros también tuviésemos nuestras oportunidades de hablar, yo creo que su hervor, que con tanta boca llena y con tanta licencia dicen cuanto quieren, se secaría.” Para los romanistas era muy fácil mentir acerca de la doctrina protestante, pues tenían a los gobernantes de su lado, pero como cobardes no discutían ni defendían su doctrina, pues era claro que quedarían como mentirosos y herejes. Calvino, entonces, escribe siete puntos al rey, razonando el porque la doctrina protestante es de Dios y la católica romana era de Satanás.

1. Juan Calvino asegura que ninguna persona encontrará algo nuevo en su doctrina. Aquellos que creen en las palabras de Pablo acerca de Jesús muriendo por nuestros pecados y resucitando para nuestra justificación, no objetarán la doctrina protestante.

2. Es por ignorancia de la palabra de Dios que los romanistas creen que la doctrina protestante es algo nuevo.

3. Los líderes de la Iglesia Católica Romana pedían milagros que verificaran la doctrina protestante.  Calvino responde, “Al demandarnos milagros, ellos lo hacen deshonestamente. Porque nosotros no nos inventamos otro Nuevo Evangelio, mas retenemos aquel mismo para confirmación de cuya verdad sirven todos los milagros que  Cristo o sus discípulos hicieron. Pero ellos tienen la peculiaridad que a nosotros nos falta, podrán decir que ellos pueden confirmar su doctrina con continuos milagros que se hacen hasta el día de hoy! A lo cual respondo que ellos alegan milagros, los cuales podrían hacer dudar, y mal pensar a un hombre que estuviese desinteresado y sin pasión,  son  frívolos, o vanos, o mentirosos y falsos.”

Los papistas decían poder hacer milagros, los cuales confirmaban que su doctrina, según ellos, era verdadera, pero para Calvino no eran más que engaños de Satanás, ya que Satanás se viste como ángel de luz.Así que el reformador escribe, “Así que no nos faltan milagros, milagros seguros que no pueden ser opuestos; sino que esos que nuestros oponentes se jactan, no son sino puras ilusiones de Satanás con que retiran al pueblo del verdadero servicio de Dios a vanidad.”

4.” Es una calumnia,” dice Calvino, “representarnos como opuestos a los patriarcas (me refiero a los antiguos escribas de una era pura), como si los patriarcas apoyaran su impiedad. Si la prueba debiera ser decidida por tal autoridad (para hablar en los términos más modestos), la mejor parte de la victoria sería nuestra.” Calvino, entonces le muestra al rey Francis I las contradicciones entre los papistas y los patriarcas de la iglesia a quienes ellos tanto apelan. Cita a Epifanio, quien en su epístola escribe, “Es una abominación horrenda ver en templos Cristinos la imágen pintada de Cristo o algún santo.” Cita el Concilio de Elvira donde se deja claro que nada de lo que es adorado debe estar pintado en las paredes de las iglesias. Cita a Paphnutius quien enseñó que ningún ministro de la iglesia debe ser célibe, ni debe de prohibirsele el matrimonio.

5. Los Católicos Romanos llevaban todo contra sus tradiciones, mostrando que no aceptaban la Biblia como la última autoridad. Calvino, entonces, deja muy claro en este punto que debido al pecado, todo lo que hace el hombre está en error, y por lo tanto, “debemos ver y escuchar únicamente Su eterna verdad, contra la cual ninguna serie de años, ni costumbres, ni conspiraciones, pueden alegar prescripción.” Todo, dice Calvino, debe ser comparado con la Biblia, que es la verdad de Dios, la única verdad.  Para Calvino, las tradiciones romanistas no eran nada menos que una peste que haría perecer a los hombres.

6. Algo que preguntaban los romanistas a los protestantes era: entonces, la iglesia, según los protestantes, estuvo por largo tiempo sin vida? A esta pregunta Calvino respondió negativamente. Para Calvino la iglesia de Cristo ha vivido segura, y vivirá miestras Cristo reine, pues es Cristo quien la protege y estará con ella hasta el fin del mundo. Calvino dejaba entender que para los líderes romanistas, la iglesia era algo visible, y que estaba comandada por la silla en Roma. Calvino escribe, “Nosotros, por el contrario, mantenemos, tanto que la iglesia puede existir sin una forma aparente, y, aún más, que la forma no es establecida por ese esplendor externo que tan tontamente admiran, sino por una diferente marca, esto es, por la pura predicación de la palabra de Dios, y la debida administración de los sacramentos.” Estas son las marcas de una verdadera iglesia. Calvino deja claro que la Iglesia Católica Romana es una falsa iglesia, pues ni predican el verdadero consejo divino, ni administran correctamente los sacramentos.

Para Calvino, es incorrecto creer que todos aquellos que asisten a las iglesias católicas romanas eran parte de la iglesia de Cristo, pues sólo Dios conoce quienes son suyos. Esto, debido a que los papistas creían poder determinar quienes eran parte de la iglesia y quienes no, según los que se sometieran a ellos. Calvino critica a la doctrina de la infalibilidad papal, argumentando que hasta Aarón se equivocó cuando hizo el becerro de oro. Esta falsa doctrina de la infalibilidad papal, para Calvino era falsa, sencillamente porque no se encuentra en las Escrituras. Le escribe Calvino al rey, “Al dedicar una parte de vuestro tiempo a nuestros escritos, verá no oscuramente, que su doctrina [papista]- la misma doctrina que enseñan acerca de que ellos osn la iglesia- es una asesina de almas, la ruina, y destrucción de la iglesia.”

7. Para Calvino, la muestra más fidedigna de que la doctrina papista era falsa, era que contradecía las Escrituras. Era la iglesia Católica Romana la que diseminaba errores y creaba cismas, resistiéndose “al poder de Dios.” Con todas estas razones, Calvino apelaba a la misericordia del Rey Francis I de Francia, buscando el cese de la persecución a los hugonotes, cosa que nunca sucedió.

La otra semana iniciaremos la lectura diaria de la Institución de la Religión Cristiana, con resumenes de cada semana los días viernes en este blog. En las próximas horas estaré poniendo a su disposición el calendario de lectura.


[1] Philip Schaff. History of the Christian Church, Volume VIII: Modern Christianity, The Swiss Reformation.

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8 comentarios leave one →
  1. enero 3, 2009 7:11 pm

    La Institución es una de esas obras que, tomando su fuerza de la Escritura, cambiaron el mundo y lo transtornaron. Émile Leonard llama a Calvino el fundador de una civilización debido a su influencia en el mundo renacentista y moderno y sin duda su obra magna fue el pilar de tal reputación y de su gran ministerio. Aunque no es el culpable directo del capitalismo o del desarrollo de la sociedad de los siglos posteriores, si da la semilla para ideas que marcarían el rumbo de la historia. El mismo John Locke, teniendo por tutor a John Owen, tomaría de la Institución algunas de sus más profundas ideas y las encarnaría en sus tratados acerca del entendimiento humano o del gobierno civil, por cital algunos.
    Siempre es un referente el libro de Calvino, ya que son pocas las obras que con tal magnitud exponen la doctrina protestante y bíblica; creo, que junto con la Sistemática de Hodge y Berkhof, la Institución debe ser un libro de cabecera para todo maestro y estudiante, no solamente reformado, sino que se diga cristiano. Este es el año del jubileo y que mejor que empezarlo con este estudio. Espero pueda seguirte en la lectura y trates también el gran prefacio de Valera a la edición española.

    Bendiciones

  2. enero 4, 2009 8:53 pm

    Este Juan Calvino no tenia temor de los hombres, asi le sucede a todo el que teme verdaderamente a Dios.

  3. enero 9, 2009 9:52 pm

    Wow!!!!!!!!!!!!!!

    En realidad, como dice Viviana, Calvino no tenia temor de los hombres sino de Dios. De velar por la sana doctrina de que nos enseño nuestro Señor.

    Alabado sea Dios.

  4. mayo 28, 2013 12:56 am

    Reblogueó esto en El teologiyo.

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